Abelardo y Eloísa, un amor medieval

Pedro Abelardo, autor de Sic et non e Historia Calamitatum, está considerado uno de los grandes filósofos de todos los tiempos. Sin embargo, más que por su solución al problema de los universales, sigue siendo recordado por su historia de amor con Eloísa. Hoy en día, muchos siglos después de su muerte, la pasión de Pedro Abelardo y Eloísa, su concepción del amor libre y su desafío de las convenciones sociales de su tiempo sigue siendo una fuente de inspiración para amantes de todo el mundo.

Pedro Abelardo (1079-1142) fue el hijo de un caballero medieval y, en consecuencia, como ordenaba la tradición, fue educado para ejercer la carrera de armas, pero se entusiasmó tanto con los debates filosóficos que dominaban la vida intelectual de la Edad Media que decidió no seguir los pasos de su padre y dedicar su vida a la filosofía, concretamente al estudio de la lógica, para lo cual incluso renunció a su generosa herencia.

Pedro Abelardo estudió el trivium (retórica, gramática y dialéctica) en París. Desde muy temprana edad, impresionó a sus profesores por su brillantez intelectual y pronto se convirtió en un maestro de la dialéctica, precisamente en una época que cultivó y desarrolló este arte como ninguna otra. Tras terminar sus estudios, Pedro Abelardo se hizo maestro y se involucró en las más ardientes discusiones filosóficas de su tiempo.

La escolástica se centró en dar una solución al problema de los universales, cuyas raíces se remontan a los orígenes de la filosofía platónica y se basa en la relación entre las realidades materiales y sus representaciones abstractas. Este problema propició un auge de la filosofía sin precedentes, en el cual poco a poco se fue adentrando en los laberintos del pensamiento abstracto, hasta elaborar algunas de las teorías más sublimes y complejas de las historia del pensamiento. Pese al refinamiento de la filosofía escolástica, o quizás por ello, estaba tan alejada de los problemas cotidianos de la vida que carecía de aplicación práctica. Y sin embargo, pese a ser una mera cuestión teórica, un error de argumentación podía costar la carrera o incluso algo mucho más valioso, si era considerada herética por los eruditos de la Iglesia, que dominaba la vida cultural de la Edad Media.

Dentro de la escolástica había tres escuelas, nominalistas, realistas y conceptualistas. Pedro Abelardo fue un carácter apasionado y combativo, engrosó las filas de los conceptualistas y, durante su juventud, recorrió Francia desafiando a duelos dialécticos a miembros de las otras escuelas. Sus habilidades dialécticas lo convirtieron en un rival temible en las justas literarias, que de haber sido conservadas sin duda tendrían un lugar de honor en nuestra sección de rivalidades literarias. Pedro Abelardo disfrutaba no sólo señalando los errores de argumentación de sus rivales, sino humillándolos con su ingenio. Después de sus reyertas dialécticas, muchos de los alumnos abandonaban a sus profesores para convertirse en sus discípulos. En consecuencia, la fama de Pedro Abelardo aumentó tan rápido como el número de sus enemigos.

Pero Pedro Abelardo no sólo empleó su domino de los recursos estilísticos en la filosofía, sino también en el cultivo de la poesía; además compuso numerosas canciones, entre las que se encuentran algunas de las más célebres de su época. Esto, junto con sus rasgos agraciados y sus maneras de caballero, facilitaron su relación con las mujeres. En Francia la fama de seductor de Pedro Abelardo crecía tan rápido como su fama de filósofo.

Pedro Abelardo

Si Abelardo se había hecho un nombre en la sociedad francesa de la época, no menos conocido era el de Eloísa. Supuestamente nacida en 1092, Eloísa fue el fruto ilegítimo de Gilbert de Garlande y la abadesa de Fontevraud que escandalizó a la aristocracia parisina. Incapaz de hacerse cargo de ella, lo cual habría sido equivalente a reconocer su inmoralidad, su madre confío su educación a su hermano Fulberto, canónigo de la catedral de Saint Étienne de París. Su tío cuidó de Eloísa como de una hija propia, sin escatimar amor y diligencia. Algo insólito en la Edad Media, su tío dio especial importancia a su educación, de forma que Eloísa se educó en la orden benedictina de Argenteuil, donde se instruyó en el dominio de las artes de la poética, gramática y oratoria.

El amor de su tío por ella sólo era comparable a su deseo de ofrecerle la mejor educación posible. No destacaba por su belleza, sino sobretodo por su extenso conocimiento literario

Pedro Abelardo, Historia Calamitatum

Pese a las palabras de Pedro Abelardo, las crónicas describen a Eloísa como una muchacha muy hermosa, especialmente alta y esbelta. En cualquier caso, los atributos que hacen famosa a Eloísa en París, no son los físicos, sino los intelectuales, pues su dominio del latín, griego, hebreo y conocimiento de los autores clásicos la convertían en la flor más rara de París.

Eloísa ha sido un motivo artístico recurrente. Aquí representada de acuerdo con los cánones del XVIII

Parece ser que el dulce aroma de esa flor llegó a Pedro Abelardo incluso antes de tener la oportunidad de ponerle los ojos encima. Antes de conocerla Abelardo escribió una serie de poemas y canciones en los que se cita repetidamente el nombre de Eloísa. Las canciones se convirtieron en populares en París e inicio la leyenda de su amor, incluso antes de que se conocieran. Sin embargo, el encuentro estaba condenado a ocurrir más pronto que tarde. En calidad de escolástico, en París Pedro Abelardo disfrutaba de la protección del canónigo Fulberto y la relación entre los dos hombres propició el encuentro con su sobrina.

El efecto que ese primer encuentro causó en Eloísa es desconocido, pero no el que provocó en Pedro Abelardo, quien, como le pasó a Nietzsche con Lou Andreas-Salomé, quedó tan maravillado con los encantos de Eloísa que empezó a acosar a su tío para que le permitiera ser su tutor personal, con la excusa de ampliar su horizonte filosófico. Por entonces Pedro Abelardo contaba 34 años y estaba en el punto más alto de su fama como profesor, el canónigo Fulberto que siempre deseó la mejor educación para sobrina aceptó, contribuyendo involuntariamente a la desgracia de la niña de sus ojos.

Una persona tan respetuosa por el conocimiento como Eloísa, no pudo menos que sentirse impresionada por el prestigio que precedía a su nuevo instructor. Sin embargo, Pedro Abelardo no se sirvió de su fama para conquistar rápidamente a Eloísa, sino que se tomó el trabajo de seducirla hasta asegurarse de que fuera totalmente suya. En lugar ilustrarla sobre el árido problema de los universales, Pedro Abelardo orientó las clases hacia un tema más ameno, la naturaleza del amor. Y poco a poco ambos desarrollan una teoría del amor que precedió en muchos siglos al amor libre de los hippies y que se basa en la idea de que la lujuria no es pecado cuando es producto del amor y no de la perversión. Pedro Abelardo y Eloísa no tardaron en pasar de la teoría a la práctica.

Aquellos placeres a los que ambos nos dedicamos en cuerpo y alma cuando éramos amantes eran tan dulces para mí que sólo lamento que un día puedan desaparecer incluso mínimamente de mi memoria… Esos recuerdos se apoderan de mí incluso cuando duermo, incluso durante las solemnidades de la misa. Cuando la oración debe ser más pura, las obscenas imágenes de nuestras dos almas miserables se apoderan tanto de mí que rezó por más placeres sensuales

Eloísa, Cartas de los amantes

En 1916, el canónigo Fulberto encontraría a los amantes, como dijo Eloísa, entregados al placer en cuerpo y alma. Se puede imaginar cuál pudo ser su reacción cuando vio el honor de su sobrina, la niña de sus ojos, la doncella que habí educado para ser el orgullo de Francia, mancillado y nada menos que por uno de sus protegidos, el hombre al que había confiado su educación. Inmediatamente prohíbe que se vuelvan a ver. Intimidados por la furia y el poder del canónigo, los amantes aceptan separarse y poner fin a su pecaminosa relación.

¡Oh, qué grande fue el dolor de su tío cuando supo la verdad, y qué amarga fue la pena de los amantes cuando los obligaron a separarse!

Pedro Abelardo, Historia Calamitatum

Sin embargo, estar separados les resulta tan difícil que ambos prefieren arriesgarse a la venganza del canónigo que sufrir el martirio de la separación. En una escena digna de la mejor literatura caballeresca medieval, Abelardo entró disfrazado de monja en el convento donde residía Eloísa para raptarla. A continuación la pareja se trasladó a casa de la hermana de Abelardo, en Pallet, por entonces fuera del Reino de Francia, donde ese mismo año nacería el único hijo de la pareja, Astrolabio.

Momento en que el canónigo Fulberto sorprende a los amantes, aunque la situación real podría haber sido más comprometedora

Mientras Eloísa permanecía con su hermana, Abelardo regresó a París. En una reunión secreta con el canónigo Fulberto, suplicó su perdón y pidió su consentimiento para casarse con Eloísa. El canónigo Fulberto consintió, pues a sus ojos el matrimonio salvaba el honor de la familia y el de su sobrina. Curiosamente, la que no estaba dispuesta a aceptar la proposición de matrimonio era Eloísa. Primero porque el matrimonio se oponía a su idea del amor libre. Adelantándose diez siglos a las feministas de hoy en día, de las cuales es considerada una pionera, Eloísa consideraba el matrimonio una institución patriarcal y una prostitución de la mujer. El otro motivo por el cual se negaba a casarse era porque el matrimonio eliminaba cualquier posibilidad de que Pedro Abelardo consiguiera una cononjía, para lo cual era imprescindible llevar una vida célibe.

Qué penas exigirá el mundo de mí, si le robo a su luz más brillante

Eloísa

Sin embargo, finalmente Eloísa aceptó casarse con Pedro Abelardo, afirmando que en nuestra condena el dolor por venir no será menor que el amor que ya hemos conocido. Una frase que Pedro Abelardo recordaría años más tarde, mientras escribía la Historia Calmitatum (Historia de mis desgracias), y sobre la que comentaría que al formularla a Eloísa no le había faltado espíritu profético.

En cualquier caso, el acuerdo de matrimonio entre las tres partes interesadas se alcanzó sobre la base de que debía mantenerse en secreto, para no acabar con las posibilidades de Pedro Abelardo de obtener una cononjía, que le permitiera continuar su trabajo filosófico. Hasta que eso sucediese, para no despertar sospechas, Eloísa debía permanece recluida momentáneamente en el convento de Argenteuil. Sin embargo, una vez más, estar separado de su amada vuelvió a ser intolerable para Abelardo, quien empezó a cabalgar protegido por la oscuridad de la noche hasta el convento, cuyos muros escalaba para yacer con su amada en la intimidad de su celda.

El adiós de Abelardo y Eloísa, según Angelica Kaufmann

Esta es una segunda traición a su confianza que el canónigo Fulberto no perdonará. Después de conocer las visitas secretas de Pedro Abelardo a su sobrina en el convento, ordenó su castración, el castigo común para por la época para los culpables de violación.

Una noche cuando estaba durmiendo tranquilamente en una habitación secreta de mi residencia, los hombres de Fulberto irrumpieron en ella con la ayuda de uno de mis sirvientes a quien habían sobornado. Entonces se vengaron de mí con el más cruel y el más vergonzoso de los castigos; pues amputaron aquellas partes de mi cuerpo con las que había hecho aquello que era el origen de su pena.

Pedro Abelardo, Historia Calamitatum

Como resultado de su cruel castigo, Pedro Abelardo no se consideró más capaz de seguir siendo profesor de Notre Dame. Pero lo que verdaderamente le dolía era saber que jamás podría revivir las noches de pasión que había compartido con Eloísa. Para los amantes sólo había un camino posible, ambos decidieron renunciar a la vida social, para lo cual vistieron los hábitos y se convirtieron respectivamente en monje y monja. En un momento desgarrador, Eloísa se despidió de Pedro Abelardo y su hijo, a quien dejó con la hermana de su amante, sabiendo que no volvería verlos.

El amor de Abelardo y Eloísa fue una fuente inagotable de inspiración para artistas de todos los tiempos. Pocas interpretaciones tan singulares de su pasión como esta de G. von Max ¿Soy el único que ve aquí la influencia de Sigmund Freud?

Sin embargo, pese a la distancia, su amor continuó floreciendo a través de su correspondencia. Las cartas que cambiaron durante veinte años constituyen el contenido de Cartas de los dos amantes, en las cuales dejaron constancia de su amor mutuo y de su visión del amor como un sentimiento libre, incapaz de someterse a las convenciones sociales.

¿Quién entre los reyes y los filósofos podría igualar tu fama? ¿Qué reina, qué mujer noble no envidiaría mis placeres y mi lecho?

Eloísa, Cartas de los dos amantes

Seis siglos después de su muerte, Josefina Bonaparte se conmovió tanto al conocer su triste historia de amor que ordenó que los restos de Pedro Abelardo y Eloísa se enterraran juntos en el cementerio Pére Lachaise de Paris, a donde peregrinan parejas de todo el mundo para rendir tributo a este símbolo de la pasión amorosa. Desde entonces descansan juntos y seguirán haciéndolo por toda la eternidad, pues Pedro Abelardo y Eloísa fue una pareja que separó la vida y unió la muerte.

Detalle de la majestuosa tumba de Abelardo y Eloísa

Sobre la Coca, de Sigmund Freud

A lo largo de su prolífica carrera como investigador Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, elaboró algunas de las teorías más fascinantes en relación con el subconsciente, la libertad y el sexo. Muchas de sus teorías han sido matizadas o refutadas posteriormente, pero no parece justo decir que el complejo de Edipo y Electra, la envidia del pene o el sometimiento del ego a las fuerzas subconscientes son, como afirman sus detractores más enconados, simplemente los desvaríos de un hombre que ha esnifado una inmensa raya de cocaína. Cierto, a lo largo de su vida Freud usó y abusó de la sustancia, pero desacreditar su obra por ello sería como desacreditar los poemas de Baudelaire por estar escritos bajo los efectos del hachís.

En la época en que Freud ponía los cimientos del psicoanálisis, la cocaína era una sustancia de libre consumo en Europa, aunque demasiado cara para llegar al gran público, pero que él podía conseguir gratis gracias a su condición de médico y buena relación con los laboratorios farmacéuticos. La cocaína fomentó el trabajo de Freud y él le devolvió el favor fomentando su conocimiento y aceptación en Europa, gracias al éxito de su libro Sobre la coca, en el cual expuso su punto de vista sobre la droga.

Si hay una persona que se puede considerar responsable por la eclosión de la cocaína como droga recreacional, ese es Freud

Dominic Streatfeild, en su libro Cocaine: An unauthorized biography

Después de leer Sobre la coca, la declaración de Dominic Streatfeild parece un tanto exagerada, pues si bien es cierto que Freud se expresó en términos elogiosos sobre las maravillosas propiedades de la sustancia, siempre lo hizo desde la moderación y desde un perspectiva médica, para incrementar la capacidad de trabajo, curar desordenes digestivos, aumentar el vigor sexual, etcétera. Freud no previó los estragos que causaría la cocaína y no se le puede culpar por ello, pues a finales del siglo XIX nadie podía predecir la deriva que la droga adquiriría con los cambios económicos y sociales que se produjeron en la segunda mitad del siglo XX.

Freud conoció la cocaína a través de la Therapeutic Gazette, publicación propiedad de un tal Parke-Davis, curiosamente relacionado con Pfizer, quien acabó financiando las investigaciones de Freud, que por entonces tenía 28 años y trabajaba de asistente de laboratorio en la Universidad de Viena, al objeto de promocionar sus preparados de cocaína. Merck, otra farmacéutica rival, también envió muestras de su mercancía a Freud. Ante tanta muestra de generosidad, a nadie extrañará que Freud acabara desarrollando una relación especial con el producto.

Fredud, aproximadamente a la edad en que empezó a consumir cocaína, una adicción que lo acompañaría durante muchos años y marcaría profundamente su obra

Por esa época, Freud se esforzaba por encontrar un campo de investigación que diera fama a su nombre dentro de la comunidad científica. Después de un par de éxitos menores con la elaboración de un método para decolorar tejido nervioso y un ensayo sobre la localización de los testículos de las anguilas -un misterio científico de la época-, Freud consideró que estudiar las aplicaciones terapéuticas de la cocaína sería su billete a la gloria científica. El primer envío de muestras de cocaína, procedente de la Farmacia Angel, llegó a su laboratorio en abril de 1884 e inmediatamente empezó a investigar con la sustancia, en sí mismo, en pacientes y amigos.

Posteriormente, en una carta datada poco después de empezar sus investigaciones, Freud declaró que había empezado a tomar coca, no como parte de sus investigaciones, sino para combatir problemas de depresión e indigestión, y con los resultados más brillantes. Sean cuales fueran las razones reales, se rindió inmediatamente a los efectos físicos y psíquicos de la droga.

Siento una gran excitación, una euforia febril y duradera

Freud, despues de tomar coca por primera vez

Un año después publicó Sobre la coca. En este breve ensayo, escrito en el estilo frío y preciso propio del investigador, indagó en los orígenes de la sustancia, para lo cual dirigió su atención hacia las regiones andinas de Sudamérica, donde mascar hojas de coca era una costumbre milenaria vinculada a los cultos religiosos, la práctica del amor y la supervivencia. En Sobre la coca el enfoque histórico se mezcla con el científico y de los usos que los nativos hacían de ella y del asombro y admiración que despertó entre los conquistadores españoles se pasa a describir su azaroso aterrizaje en Europa, donde en 1855 Friedrich Gaedacke sintetizó su compuesto activo por primera vez y lo denominó erythroxylon, aunque poco después todo el mundo lo conocería por el mismo nombre con que se conoce hoy: Cocaína.

Aunque Freud utiliza ambos términos libremente, para mí este es el gran logro del libro, describir la transición de la hoja de coca a la cocaína. Así, de forma indirecta, el libro nos muestra la destrucción de la sabiduría ancestral en la relación con la naturales por el conocimiento moderno, que detrás de sus logros, no es más que una forma de ignorancia, acaso la peor de todas. Con todos sus medios técnicos las farmacéuticas fueron capaces de extraer el alma de la planta, la cocaína, pero no de comprender su esencia y así la panacea que fomentaba la vida en las laderas de los andes se convirtió en un veneno que erosionaría los cimientos de la sociedad y se llevaría por el sumidero miles de vidas.

Sobre la coca, un clásico de la literatura sobre drogas

Sobre la coca es un intento honesto de presentar el potencial de la planta a los europeos, pero está escrito sólo un año después de iniciar sus experimentos y peca falta de experiencia. Me parece digno de mención -y he constatado esto en mí mismo y en otros investigadores que fueron capaces de juzgar tales aspectos- que una primera dosis, o incluso que repetidas dosis de coca, no producen un deseo compulsivo de seguir tomando el estimulante; al contrario, uno experimenta cierta aversión inmotivada en relación con la sustancia. Una descripción que poco o nada tiene que ver con las desesperadas llamadas a sus camellos a las cinco de la madrugada de una parte de la sociedad que busca desesperadamente estímulos. Freud nunca anticipó los potenciales usos recreativos de la droga y quizás no se le pueda culpar por ello, porque no fueron las drogas, sino el desarrollo económico de la segunda mitad del siglo XX el que facilitó la aparición de una sociedad recreativa, que encontró en las drogas su juguete preferido.

A diferencia de Hitler, el führer de las drogas, quizás Freud nunca experimentó el poderoso síndrome de abstinencia que podía generar la cocaína, simplemente porque nunca acabó los generosos suministros de las farmacéuticas. Quizás Freud siempre tuvo una dosis a mano para eliminar el mono. Si uno trabaja con intensidad bajo los efectos de la coca, después de entre tres y cinco horas se produce un descenso del sentimiento de bienestar, y es necesaria otra dosis de coca para eliminar la fatiga.

Entusiasmado por las propiedades de las hojas de coca, Freud empezó a mandar muestras a sus colegas, citando sus aplicaciones potenciales como tónico mental, tratamiento para el asma, desordenes alimentario, cura para la adicción a la morfina y el alcohol y como afrodisíaco, en este último sentido, hay quien se pregunta si el interés de Freud con los fetiches sexuales no se originaría durante un maratón de onanismo de cuatro horas alimentado por la cocaína.

El alto concepto que Freud tenía de la cocaína empezó a tambalearse cuando se la recomendó a Ernst von Fleischl-Marxow, un fisiólogo que tomaba morfina para el dolor crónico que sufría a causa de una lesión en el pulgar que se produjo mientras diseccionaba un cadáver. En lugar de poner freno a su adicción, Fleischl-Marxow añadió un nuevo ingrediente a su cóctel químico personal y pronto se encontró gastando 6000 marcos al mes en drogas. Fleischl-Marxow murió siete años después, a los 45 años de edad.

En cualquier caso era cuestión de tiempo que Freud descubriera la otra cara de la moneda. Freud que llevaba dentro una fuerte inclinación a las adicciones como revela su adicción al tabaco, que no dejó ni cuando le golpeó el cáncer, siguió consumiendo cantidades inmensas de cocaína en nombre de la ciencia, en polvos e inyecciones subcutáneas. Adoraba el sentimiento que le producía la droga y, como todos los adictos, ignoró los signos de que estaba pasando de ser su amo a su esclavo.

El descubrimiento de que la cocaína le hacía hablar sin parar de sus pensamientos reprimidos, así que se convirtió en una parte integral de lo que llamaría la cura del habla y una herramienta imprescindible para que Freud se convirtiera en el explorador del subconsciente. En 1895 estaba tan enganchado a la cocaína que empezó a experimentar agudos dolores de corazón, depresión y dificultades de concentración. Su nariz estaba tan congestionada que requirió una cirugía para abrirle una agujero en sus fosas nasales que facilitara la respiración.

Me veo a mí mismo como un muñeco de nieve, con una zanahoria de nariz, en mitad de un campo cubierto de prístina nieve, la cual se derrite de repente, y entonces se me cae nariz y me quedo con un sentimiento de profundo vacío

Según la interpretación de Freud de este sueño personal, la nariz simboliza el pene. Pero considerando su adicción quizás otra interpretación sería más precisa

Aún así se negó a ver la realidad y, pese a los estragos que estaba causando en su salud, Freud continuó recomendando la cocaína a amigos y pacientes. En el momento culminante de su adicción, tuvo dificultades para tratar la histeria de una paciente llamada Emma Eckstein. Después de infructuosos meses de psicoterapia, Freud empezó a preguntarse si los síntomas de la paciente serían físicos, en lugar de psicológicos. A continuación requirió la opinión de Wilhelm Fliess, otro colega médico adicto a la cocaína.

Previamente el doctor Fliess había publicado un ensayo titulado La relación entre la nariz y los órganos sexuales femeninos, en el cual afirmaba que la nariz era una microcosmos dentro del cuerpo y que cualquier dolencia podía ser tratada encontrando su correspondiente lugar dentro de la nariz. Queda abierto a la interpretación de cada cual si fue el consumo masivo de cocaína lo que indujo a Fliess semejantes ideas con respecto a las funciones de la nariz, lo que se sabe es que convenció a Freud para operar a la paciente. Eckstein quedó desfigurada de por vida y en el quirófano contrajo una infección que casi le costó la vida.

Freud, pese a sus muchas addiciones tuvo una vida considerablemente larga para la época

Semanas después, Freud anotó un sueño personal, en el que un ensangrentado doctor Eckstein le echaba en cara su negligencia durante una fiesta en la que estaba presente la flor y nata de Viena. No hace falta haber estudiado La interpretación de los sueños para darse cuenta de que los remordimientos de Freud estaban saliendo a la luz en sus sueños. Poco después, en octubre de 1896, coincidiendo con la muerte de su padre, Freud afirmó que había dejado la cocaína para siempre.

De acuerdo con la mayoría de sus biógrafos, durante el resto de su vida Freud se mantuvo alejado de la cocaína. Pero nunca escribió sobre el lado oscuro de la cocaína ni consideró necesario revisar la entusiasmada visión de la droga que reflejó en Sobre la coca. Irónicamente, parece ser que el padre del psicoanálisis, un método desarrollado para explorar en el subconsciente y sacar a la superficie nuestros deseos ocultos, prefirió reprimir ese aspecto negativo de su vida.

Gulag, la casa del horror rusa

Con una extensión de más de 17 millones de kilómetros cuadrados, una novena parte de la superficie terrestre, Rusia es el país más grande del mundo, así que no es de extrañar que durante el siglo XX ideara el sistema de represión y tortura más grande que haya conocido la humanidad, el Archipiélago Gulag, como lo bautizó Aleksander Solzhenitsyn quien noveló sus horrores. ¿Pero hay algo que explique las dimensiones del monstruo más allá de las leyes de la proporción?

Durante el régimen soviético, el Gulag se extendió por la vasta geografía rusa, a lo largo de miles de kilómetros, del mar Blanco al mar Negro, de Moscú a Vladivostok, en unos quinientos campos de concentración y trabajo, en los que fueron deportados unos 20 millones de personas, un sexta parte de la población rusa, todos declarados culpables de un plumazo, al más puro estilo de esa gran máquina burocrática que fue la URSS.

Los orígenes del Gulag se remontan al año 1917, cuando los triunfadores de la Revolución de Octubre expulsaron a los monjes del monasterio Slowitzki, situado en la isla homónima del mar Blanco, un lugar ideal para poner en marcha un centro de reeducación a través del trabajo. Sí, los totalitarismos son muy dados a los eufemismos, en realidad un campo de concentración, la primera isla de ese archipiélago del horror que fue el Gulag, un estado dentro del estado, un continente separado del mundo, en el que era muy fácil entrar y del que era muy difícil salir.

Tras llegar al poder el primer objetivo de Lenin fue consolidar la revolución del proletariado, entiéndase por consolidar no sólo aplastar a cualquiera que se opusiera al nuevo régimen, sino también a los que no formaran parte de él. A tal efecto, una de sus primeras medidas fue fundar una policía secreta, la denominada Checa. ¿Su objetivo? Difundir el terror en la población, inocular el miedo en el individuo, armas preferidas de los totalitarismo de todos los colores para mantener al pueblo sumiso. Sí, las dictaduras tienen programas políticos muy primitivos.

Para dirigir la Checa nadie mejor, debió pensar Lenin, que Feliks Dzerzhinski. ¿Qué llamó la atención en su CV? Revolucionario comunista, por supuesto, pero más importante aún: 11 años preso en una prisión zarista. Sabrá hacer su trabajo, comentó Lenin el día de su nombramiento. Vaya que si supo, Feliks Dzerzhinsk respondió a las expectativas con creces. Pocas cosas dan una idea más precisa del grado de represión que ejerció la Checa entre la población rusas que el número de trabajadores que empleó, en su momento de mayor actividad, con Stalin en el poder, alcanzó las 200000 personas, que se repartían en agencias de espionaje, unidades especiales de intervención, servicios de inteligencia y cualquier otro departamento necesario para la siembra de ese fruto tan apreciado por las dictaduras: el terror.

Lenin y Stalin, como dos tortolitos, ya lo dice el refrán, Dios los cría y ellos se juntan.

Como todo el mundo sabe, y si no lo sabe yo se lo cuento, uno de los grupos más perseguidos por los bolcheviques fue la Iglesia, cuyos bienes fueron confiscados y sus miembros sentenciados a penas de muerte o prisión. Dicho lo cual, no resulta casual que el lugar elegido para poner en marcha un sistema de represión fuera un monasterio. En la aislada isla de Slowitzki los guardias recibían a los deportados con esta advertencia: olviden todos los derechos que conocían hasta ahora, aquí tenemos nuestras propias leyes, cualquier movimiento a derecha e izquierda será interpretado como un intento de fuga. ¿El castigo por intentar fugarse? Sí, los totalitarismo tienen en muy poca estima la vida humana.

Monasterio de la isla Slowitzi.

En la isla Slowitzki las jornadas de trabajo se extendían desde la salida a la puesta de sol y los presos tenían derecho a un día de descanso por diez días trabajados. Oleg Volkov aseguró que las penas por no cumplir las cuotas de trabajo eran severísimas, incluso la muerte, y sabía de lo que hablaba, el buen hombre estuvo preso 27 años en diferentes islas del Archipiélago Gulag. En la isla Slowitzki, principalmente, los presos eran utilizados para talar árboles, bajo brutales condiciones climatológicas, especialmente en invierno.

En mitad de la isla había un monte, con una pequeña capilla en la cima, tras la expulsión de los monjes inmediatamente fue despojada de cualquier símbolo religioso y reutilizada como centro de aislamiento, tortura y ejecución. Aunque de acuerdo con el testimonio de Oleg Volkov, cuando hacía buen tiempo, para salir de la monotonía, supongo, los guardias gustaban de salir fuera, colgar una pesa del cuello de los presos y arrojarlos por las largas escaleras que conducían a la iglesia, 350 escalones.

Aproximadamente el 10% de los presos de Slowitzki eran mujeres, en su mayor parte, más que para talar bosques, eran utilizadas como esclavas sexuales de los guardias. Por su parte, los guardias, caracterizados por su crueldad y sadismo, eran en su mayoría antiguos criminales y presos, se ve que los jerarcas del centro pensaban que antes que fraile había que ser cocinero. En este artículo me está saliendo un humor bastante negro, pero con el material a mano ningún otro es posible.

Entre tanto, fuera de la isla Slowitzki, la represión bolchevique era implacable con todo aquel que no comulgara con los ideales del nuevo régimen. Si al principio los presos políticos se contaban por cientos, rápidamente empezaron a contarse por miles. Sí, los totalitarismo de cualquier color hacen enemigos con facilidad, les pones mala cara y te ponen entre rejas.

En 1924 murió Lenin y empezó la guerra por su sucesión al frente del régimen bolchevique. Los dos principales candidatos eran Trotzky y Stalin, este último un joven con ambiciones políticas, secretario general del Comité Central del Partido Comunista desde 1922, cargo que le permitía una gran influencia y control sobre las personas y los mecanismos de funcionamiento del partido. Curiosamente, en 1926 murió Feliks Dzerzhinski, y en el entierro del fundador de la Checa Stalin y Trotzky aparecieron uno al lado del otro portando el féretro; todo fachada, como se puede imaginar, en las sombras Stalin ya había empezado a mover hilos para aislar a su rival político y un año más tarde, en 1927 Trotzky, que no tenía ni un pelo de tonto, eligió el exilio a la deportación. El camino de Stalin al poder quedó expedito.

Con la llegada de Stalin al poder la muy cacareada dictadura del proletariado se convirtió en la dictadura del partido y si la represión con Lenin había sido brutal bajo su mandato alcanzaría cotas difícilmente superables. Una de las primeras medidas de Stalin fue el establecimiento del primer plan quinquenal para acelerar la industrialización del país, con el objetivo de aumentar la producción anualmente un 20 por ciento, absolutamente irrealizable. Lamentablemente crear no es tan fácil como reprimir.

En ese mismo año se publicó en Francia Un prisionero en la Rusia roja de Raymond Duguet. La historia del libro es curiosa, por azar el escritor francés entró en contacto con un ex-prisionero de la isla Slowitzki fugado de Rusia y el relato de los medios con que las autoridades comunistas estaban construyendo una nueva sociedad sin clases le pareció tan interesante que decidió escribir un libro sobre el tema. «15000 hombres esperan la muerte en la isla Slowitzki», Un prisionero en la Rusia roja constituye el primero de los tres grandes testimonios literarios sobre el Gulag. Parafraseando a Hamlet, algo olía a podrido en Rusia, y el libro despertó las primeras sospechas en occidente sobre los métodos comunistas.

Empezó la guerra de propaganda y en 1928, en respuesta al libro de Raymond Duguet, financiada por el Partido Comunista, apareció una película en la que se veía a los presos de Slowitzki jugando al ajedrez, asistiendo a conciertos musicales, nadando y realizando otras actividades lúdicas. El régimen cumplió en celuloide lo que nunca sería capaz de cumplir en la realidad: el paraíso socialista.

Pero la campaña de lavado de imagen no acabó ahí, un año después, en 1929, Gorki acudió a informar sobre el estado de los internos en la isla Slowitzki. Por supuesto, todo estaba arreglado, antes de su llegada se mejoraron las instalaciones completamente y Gorki que tampoco tenía un pelo de tonto se negó a entrar en ellas bajo pretexto de que no era amigo de representaciones teatrales. En la colina donde se llevaban a cabo las ejecuciones, se encontró con presos leyendo el periódico, en una muestra de rebeldía sorda, algunos presos habían puesto los periódicos al revés y Gorki para dar a entender que sabía de qué iba todo les pidió que los pusieran derechos.

Retrato de Gorki en su escritorio, ejemplo del intelectual que pone su pluma al servicio del poder.

Ese sería el único gesto de reconocimiento que los internos recibirían de Gorki. De vuelta en su escritorio Gorki escribió que lugares como la isla Slowitzki son necesarios para que el estado alcance sus objetivos más rápidamente, entre ellos, hacer las prisiones innecesarias. En el resto del artículo Gorki se manifestó absolutamente a favor de los campos de concentración, necesarios para regenerar al hombre a través del trabajo. Acaso alentados por sus palabras, cuatro meses después de su visita, la administración de Slowitzki llevó a cabo una de sus mayores en ejecuciones en masa, más de tres cientos reclusos ejecutados sin juicio en un solo día. Moraleja, cuando los intelectuales traicionan su causa, la defensa de la verdad, un sistema ha alcanzado las más altas cuotas de corrupción.

Entretanto el primer plan quiquenal resultó un fracaso de padre y muy señor mío, ya lo decíamos construir es más difícil que reprimir. Obviamente la culpa no podía ser de quienes lo diseñaron, sino de quienes lo aplicaron y en 1930 se celebró el famoso Juicio de los industriales, en el que ocho responsables de aplicar el plan quiquenal fueron juzgados por sabotaje. Una gran farsa sobre la que se fundaría el sistema legal stalinista y el mito del sabotaje pagado con dinero extranjero, algo así como la versión rusa de la conspiración judeo-masónica de Franco, destinado a explicar los continuos fracasos económicos del régimen comunista. Se me olvidaba decir, de los ocho juzgados, cinco fueron condenados a pena de muerte y tres al Gulag. Sentencia no apelable, por supuesto, recibida con aplausos. Sí, las dictaduras son grandes teatros en los que uno sólo se da cuenta de que no se interpreta una comedia, sino un drama, cuando empieza a correr la sangre.

El temprano fracaso de la industrialización, conllevó el fracaso del otro gran proyecto de Stalin, la colectivización de la tierra. Antes de la revolución la estructura agraria rusa seguía un modelo prácticamente feudal, con unos pocos terratenientes que estaban en posesión de la tierra y un extenso campesinado que formaba aproximadamente el 80% de la población total. Los primeros fueron asesinados y deportados y los segundos trasladados a campos especiales, destinados a producir los alimentos que debían nutrir a la nueva Rusia. La industria era incapaz de producir los tractores, cosechadoras y máquinas que debían modernizar el campo, a su vez el campo no podía producir los alimentos que debían alimentar a los obreros de las ciudades. Un terrible círculo vicioso que entre 1932 y 1934, especialmente en Ucrania, condenó a la muerte por inanición a 7 millones de campesinos. Quien quiera saber más sobre este tema debería leer el excelente libro La hambruna roja de de Anne Applebaum.

Una cosa estaba clara, the show must go on, y si el socialismo no podía construirse con máquinas, entonces, se construiría a la antigua usanza, con esclavos. En ese sentido el Gulag tenía un doble objetivo, primero, político, eliminar a todo aquel que se opusiera a la revolución, segundo, económico, proporcionar mano de obra barata, léase, a coste cero, para el Partido Comunista. A lo largo de la inmensa geografía de la antigua Unión Soviética, rápidamente, como las setas, se extendió un archipiélago de campos de concentración que imitaba a aquella primera isla de Slowitzki. Pero, ahora, ya no se trataba de poner a unos cuantos miles de presos a talar árboles para producir madera, sino de organizar un ejército de esclavos que debía satisfacer las necesidades de mano de obra de un país obsesionado con industrializarse y condenado a no hacerlo nunca.

Imagen del Canal Mar Blanco-Báltico, símbolo de la industrialización de la Unión Soviética.

El primero de los grandes proyectos abordados con la mano de obra proporcionada por el Gulag fue la construcción en 1931 del Canal del mar Blanco y Báltico, una faraónica obra de ingeniería de 227 kilómetros de largo con varias esclusas y diques, para cuya construcción el Gulag proporcionó 120000 esclavos, con semejante fuerza de trabajo a nadie extrañará que la obra estuviese terminada en el tiempo récord de 18 meses. Al frente del proyecto estaba nada más y nada menos que Naftaly Frenkel, hombre de incierto origen, condenado a diez años de trabajos forzados en Slowitzki por contrabando, con el tiempo guardia de la isla y posteriormente director económico del Gulag. ¿Su fórmula secreta para un ascenso tan meteórico? La brillante idea de hacer depender la ración de comida de la cantidad de trabajo realizado. Debemos sacar todo lo posible de los presos en los primeros tres meses, luego podemos prescindir de ellos. El 10% de los presos murieron en la construcción del canal, 12000 personas. Esa era la redención por el trabajo que prometía el socialismo, como se expresa literalmente en un libro conmemorativo dedicado a Stalin y elaborado por más de treinta escritores que visitaron las obras de construcción del canal, entre ellos, por supuesto, Gorki.

En 1933 Stalin inauguró el canal y a los voceros del régimen les faltó tiempo para celebrarlo como un éxito extraordinario y un ejemplo de la capacidad transformadora del comunismo. En realidad el canal fue un fracaso, demasiado estrecho y poco profundo, únicamente apto para barcos de poco calado, que nunca cumplió su objetivo de agilizar el tráfico marítimo. En lo sucesivo el canal apenas se utilizó, un fracaso por el que se pagó un precio en vidas humanas inmenso. Pese a todo, el canal se convirtió en símbolo de lo que la voluntad de trabajo de la Unión Soviética podía lograr y de su rápida industrialización. Sí, los aparatos de propaganda viven en permanente conflicto con la realidad.

You can’t say we never tried, el problema era de base, de principio, de fundamento, pero como dice la canción de los Rolling Stones no se puede decir que los comunistas no lo intentaron. El siguiente gran proyecto fue una mina de oro en el cauce del rio Kolyma, en el este del país, a 10000 kilómetros de Moscú, en una zona de Siberia donde las temperaturas alcanzan 50 grados bajo cero en invierno. Kolyma tiene un invierno de doce meses, el resto es verano, decían los presos, privados de todo, excepto del sentido del humor, y en ese largo invierno, obligados a trabajar en las condiciones más inhumanas posibles, a muchos se les caían las orejas, las narices, los dedos por congelación. En Kolyma cayeron tantos esclavos del Gulag que se bautizó como el crematorio blanco. Nombre que en cierto sentido recuerda al silencio blanco de Jack London, aunque en un contexto completamente distinto.

Imagen de Varlam Shalamov de joven, mirada de loco, pero quién no lo estaría en su pellejo.

En Kolyma estuvo deportado el escritor Varlam Shalamov. Shalamov había sido condenado previamente en 1929 a cinco años por actividades contrarevolucionarias, con él el Gulag falló en su tarea de redimirlo por el trabajo y en 1937 fue apresado otra vez, en esta ocasión lo mandaron a Kolyma. Varias veces convicto, Shalamov era un buen conocedor del Gulag y con sus Relatos de Kolyma produjo uno de los testimonios más desgarradores de su funcionamiento; todo está allí, la arbitrariedad judicial, la corrupción de los administradores, el sadismo de los vigilantes y el sufrimiento de los deportados; pero acaso su gran logro no sea relatar con gran verismo e increíble atención al detalle la vida de los esclavos del Gulag, sino revelar el tercer objetivo que justificaba su existencia: la limpieza política, social y étnica que durante décadas se llevó a cabo en la Unión Soviética con todos los que tenían el atrevimiento de disidir.

En Kolyma se extraían de media 52 toneladas de oro al año, la mitad de la producción de la URRS, que ayudaron a financiar el puerto de Magadan, centrales hidroeléctricas, carreteras, aeropuertos, etcétera, pero en todas ellas el elemento principal siempre fue la mano de obra esclava que proporcionaba el Gulag, destinada a sustituir la maquinaria de la nunca alcanzada industrialización, hasta que el sistema finalmente colapsó. En este sentido la historia de la Unión Soviética es la historia de la maquinaria de represión más grande que ha conocido el hombre, nadie ha dado mejor testimonio de su inhumanidad que Alexander Solzhenitsyn en su Archipiélago Gulag, una obra maestra que merece una entrada aparte.

Freud, el explorador del subconsciente

Sigmund Freud, autor de La interpretación de los sueños y El malestar de la cultura, ha pasado a la historia como el padre del psicoanálisis. Su obra amplió nuestra compresión del inconsciente, la sexualidad y la función de los sueños. Además fue el primero que subrayó la importancia de las emociones infantiles en la formación del carácter y el desarrollo de la persona. Aunque algunas de sus teorías han sido superadas, nadie duda que se trata uno de los intelectuales más importantes de todos los tiempos.

Infancia

Sigismund Freud nació el 6 de mayo de 1856 en la ciudad Frieberg, entonces perteneciente al Imperio Austro-húngaro y hoy parte de la República Checa. Fue el primer hijo de Jacob y Amalia Freud, un matrimonio muy fértil que daría luz a dos niños y cuatro niñas más. Amalia era la segunda mujer de Jacob, que ya tenía dos hijos de un matrimonio anterior. Jacob poseía un negocio de venta de madera, que marchaba razonablemente bien, pero que con el paso de los años se quedó corto para atender a las necesidades de su creciente prole. Jacob y Amalia criaron a sus hijos de acuerdo con las tradiciones y ritos judíos, aunque sin ser especialmente practicantes.

En 1859 la familia se mudó a Viena, al humilde suburbio obrero de Leopoldstadt, el único lugar que se podían permitir. Sin embargo, la familia tenía razones para mirar al futuro con esperanza. En 1849 el emperador Franz Joseph había abolido la leyes que convertían a los judíos en ciudadanos de segunda dentro del Imperio. Aunque entre la población el antisemitismo seguía siendo un sentimiento muy fuerte, ahora los judíos podían fundar negocios, ejercer profesiones liberales y poseer bienes inmuebles. Desgraciadamente, Jacob no supo sacar partido de estos cambios sociales y la familia siguió viviendo durante muchos años en el mísero apartamento del barrio Leopoldstadt.

Freud ingresó en la escuela a los nueve años y rápidamente se convirtió en el primero de la clase. Fue un lector voraz y como Marie de Ebner-Eschenbach desde muy joven habló con fluidez las tres lenguas dominantes en el Imperio Austro-húngaro: Alemán y checo, además de francés que era la lingua franca de la época. Freud se sintió atraído por el universo onírico desde muy joven, sus sueños lo fascinaban y perturbaban por igual, y como si ya de niño intuyera que en ellos se escondía la clave de su verdadera identidad, los anotó cuidadosamente en sus libretas, como un avaro anota cada moneda de su fortuna.

Los sueños son más profundos cuanto más locos parecen

S. Freud

La universidad y el descubrimiento del amor.

Freud era el favorito de su madre y disfrutaba de ciertos privilegios con respecto a sus hermanos, era el único miembro de la familia que disfrutaba de una habitación para sí solo y sus hermanos menores tenían que guardar escrupuloso silencio mientras Sigi -como lo llamaba su madre- estudiaba.

Durante sus años de instituto Freud quería estudiar medicina, pero nunca se vio a sí mismo como médico, cuidando de pacientes al estilo tradicional. Su enfoque era más teórico que práctico. A medida que se acercaba su ingreso en la universidad, se sintió fascinado por la bacteriología, una nueva rama de la ciencia entonces, pero finalmente, cuando llegó la hora de la verdad, en 1873, Freud se matriculó en zoología en la Universidad de Viena, donde pasaría los siguientes nueve años de su vida, primero como estudiante y luego como asistente de laboratorio, investigando el sistema nervioso de animales como peces y anguilas.

En 1878 Freud cambió su primer nombre, de Sigismund a Sigmund, las razones no están claras, quizás un sueño, y en 1881 empezó un internado de tres años en el Hospital de Viena. Freud disfrutaba del trabajo de laboratorio, pero al mismo tiempo se lamentaba de que el sueldo apenas alcanzara para satisfacer las necesidades de un joven que empezaba a lidiar con las necesidades propias de la vida adulta, más para uno que se acababa de enamorar.

Nunca estamos tan indefensos como cuando nos enamoramos

S. Freud

En 1882 Freud conoció a Martha Bernays, una amiga de una de sus hermanas. La atracción fue mutua e instantánea. Inmediatamente empezaron a salir y su noviazgo se prolongó cuatro años, aunque probablemente se hubiesen casado mucho antes, si Freud, que todavía vivía con sus padres, hubiera sido capaz de encontrar un trabajo mejor remunerado.

El joven Freud, con barba y traje dos compañeros inseparables

El Investigador

Intrigado por las teorías sobre funcionamiento cerebral que surgieron a finales del siglo XIX, Freud decidió especializarse en neurología. La tendencia entre los neurólogos de la época era relacionar las enfermedades mentales con causas físicas. Freud también cometió esa pecado, pero después de diseccionar incontables cerebros poco a poco se fue convenciendo de que la naturaleza de las enfermedades mentales respondía a otros factores y desarrolló un especial interés por enfermos con desordenes mentales y emocionales.

De primeras, Freud se horrorizó por los métodos en boga para tratar las enfermedades mentales, como encierros, hidroterapia (rociar a los enfermos con mangueras) y terapias de electro-shock. Freud aspiraba a encontrar métodos más humanos, pero sus primeros intentos no le reportaron más que burlas. Por esa época Freud empezó a consumir cocaína regularmente y en 1884 publicó Sobre la cocaína, un estudio en el que detalló sus experimentos con la droga para tratar enfermedades mentales y físicas. Freud puso la cocaína por las nubes, la cual tomó regularmente como remedio contra los dolores de cabeza y la ansiedad. Pero finalmente canceló sus experimentos con la cocaína, después de que varios pacientes desarrollaran problemas de adicción.

Sobre la coca, una indagación fascinante sobre una planta que ha cautivado y horrorizado a la humanidad

Histeria e hipnosis

En 1885 Freud se trasladó a París para estudiar con Jean-Martin Charcot, un pionero del psicoanálisis, quien poco antes había vuelto a aplicar la hipnosis, descubierta un siglo antes por el doctor Franz Mesmer, como método clínico para tratar a pacientes de «histeria», nombre con el que entonces se englobaba un amplio rango de patologías, depresión, ataques nerviosos, apatía, parálisis, que principalmente afectaban a mujeres. Charcot participaba de la opinión de que la mayoría de los casos de histeria tenía su origen en la mente del paciente y en consecuencia debían ser tratados como enfermedades mentales y no físicas. Para demostrarlo, realizó demostraciones públicas en las que hipnotizaba a pacientes y les inducía los síntomas característicos de la histeria para luego quitárselos.

La paranoia nunca está equivocada del todo

S. Freud

El trabajo de Charcot convenció a Freud de su idea original de que las enfermedades mentales tenían un origen mental y no físico, incluso que era más probable que una enfermedad mental originara una física que a la inversa, además del papel que jugaban las palabras en el tratamiento de enfermedades mentales. Por lo que respectaba al uso de la hipnosis, aunque era un arma que parecía funcionar en ciertos pacientes, sus riesgos eran tan grandes como sus beneficios, y Freud se dispuso a buscar un camino alternativo.

“Anna O”

En 1886, después de un año en París, con la cabeza llena de nuevas ideas sobre las enfermedades mentales, Freud regresó a Viena, donde abrió una consulta privada, dedicada al tratamiento de «enfermedades nerviosas», una declaración un tanto vaga en cuanto a su contenido, pero con la que muchos ciudadanos de la época se podían sentir tentados a llamar a su puerta.

Un día, en retrospectiva, los días de lucha te parecerán los más hermosos de tu vida

S. Freud

De hecho, desde el primer día, Freud se encontró con una clientela numerosa, suficiente para resolver sus problemas financieros y ese mismo año se casó con Martha Bernays. La pareja se mudó a un apartamento en un barrio de clase media en el corazón de Viena. Un año después, en 1887, nació su primera hija, Mathilde, a la que seguirían tres hijos y dos hijas más.

Freud empezó a recibir pacientes con histeria aguda, derivados de otros médicos, con quienes empleó la hipnosis y bajo estado de trance hipnótico los animó a hablar de los sucesos pasados de su vida. Con la paciencia de un escribano, anotó todas sus experiencias, desde memorias traumáticas a sueños y fantasías, y posteriormente las estudió concienzudamente.

Uno de los padrinos de Freud en Viena fue el doctor Josef Breuer, a través del cual conoció el historial de una paciente que tuvo una gran influencia sobre él y sus teorías. «Anna O», cuyo nombre real era Bertha Pappenheim, era una paciente a quien Brauer había descrito como especialmente difícil de tratar. «Anna O» sufría varios problemas físicos, un brazo paralizado, mareos y sordera temporal. Breuer la había tratado con lo que la propia paciente denominó «la cura del habla», con la cual Breuer había sido capaz de relacionar sus síntomas con un suceso pasado de su vida que podía haberlos ocasionado. Hablando sobre ello, «Anna O» experimentó un sentimiento de alivio, que condujo a una reducción de sus síntomas, e incluso a la desaparición de algunos. «Anna O» fue la primera paciente sometida a psicoanálisis.

El inconsciente

Inspirado por el caso de «Anna O», Freud incorporó la cura del habla a su práctica clínica, que reformuló con el término psicoanálisis, y no pasó mucho antes de que abandonase la hipnosis en favor de esta última, centrando el tratamiento de sus pacientes en el diálogo. Al que posteriormente iría añadiendo diferentes técnicas, como la libre asociación que consistía en preguntar algo a sus pacientes y dejarlos hablar sobre lo primero que se le viniera a la cabeza.

Freud anotaba todo lo que sus pacientes decían, esa información constituía los datos del paciente, como para un médico tradicional podía ser la presión arterial, y por tanto tenían rango científico. A medida que ganó experiencia como psicoanalista, Freud concibió la mente humana como un iceberg, considerando que la mayor parte la de mente, permanecía bajo la superficie del agua, a la que se refirió como el inconsciente. Freud no fue el único psicólogo de la época en sostener tal afirmación, pero fue el primero que se aproximó al inconsciente de manera científica.

La mente es como un iceberg, con un séptimo de su masa bajo el agua

S. Freud

En su tiempo se consideró radical la teoría freudiana de que las personas no siempre somos conscientes de nuestros pensamientos y que a menudos actuamos sin ser conscientes de nuestras motivaciones, porque cuestionaba la libertad humana, uno de los pilares de la moral y constituía una humillación para el género humano. A pesar de su enfoque científico, las ideas de Freud no fueron bien recibidas por la comunidad médica, porque carecía pruebas empíricas para ellas. En un intento de convencer a sus colegas médicos, en 1895, publicó con Josef Breuer Estudios sobre histeria. El libro no se vendió bien y no cumplió su propósito de convencer a la comunidad médica, pero no lo desalentó en la seguridad de que había descubierto un gran secreto sobre la mente humana: El ser humano no sólo era prisionero de las estructuras sociales, como predicaba Marx, sino sobretodo de su subconsciente.

El diván

Freud realizaba sus sesiones de psicoanálisis de un una hora en una habitación de su domicilio familiar en la calla Berggasse, 19. La habitación estaba llena de libros, pinturas y escultura, su oficina durante casi medio siglo. En el centro había un diván, regalo de una de sus pacientes, Madame Benvenisti, tumbados en el cual hablaban sus pacientes, mientras él permanecía en una silla, oculto a su vista, porque consideraba que hablarían más libremente si no tenían contacto visual con él. Durante las sesiones Freud nunca juzgaba ni hacía sugerencias, se limitaba a escuchar.

El famoso diván de Freud, que hoy se puede visitar en su casa-museo de Viena

Para Freud, el principal objetivo de la terapia era sacar a la luz los pensamientos reprimidos de los pacientes, para que pudieran ser reconocidos y tratados. Para muchos de sus pacientes el tratamiento fue un éxito, lo que los hizo recomendar a Freud a sus amigos, lo que disparó su popularidad entre burguesía de Viena. Obviamente, sus tarifas se dispararon a medida que sus lista de pacientes aumentaba y en su época de mayor actividad llegó a trabajar 16 horas al día, suponemos que con la ayuda de la cocaína.

Las emociones reprimidas nunca mueren, son enterradas vivas y vuelven a salir a la superficie en formas cada vez más horrorosas

S. Freud

Complejo de Edipo

Después de la muerte de su padre, ocurrida en 1896, Freud se sintió obligado a saber más de su propia psique. Decidió convertirse en su propio paciente y se psicoanalizó a sí mismo, haciendo un hueco diario en su agenda para analizar sus memorias y sueños, empezando por los de la infancia. Durante estas sesiones, Freud desarrolló la teoría del complejo de Edipo, denominado así en honor a la tragedia griega, según la cual todos los niños pequeños se sienten atraídos por su madre y ven a sus padres como rivales. Pero a medida que un niño normal crece, se aleja de su madre. Freud describió un desarrollo similar en relación a padres e hijas, denominándolo el complejo de Electra, también derivado de la mitología griega.

Antes de autodiagnosticarte con depresión o baja estima, asegúrate de que no estás simplemente rodeado de gilipollas

S. Freud

No es difícil imaginar el escándalo que estas teorías suscitaron en la sociedad de la época, pero más controvertido aún fue el concepto de Envidia del pene, con el cual sostuvo la teoría de que el género masculino era el ideal. Freud creía que toda mujer albergaba en su interior el profundo deseo de ser un hombre. Sólo cuando una chica renuncia a su deseo de ser un hombre, y a la atracción asociada por el padre, se podía identificar con su propio sexo. Muchos psicoanalistas posteriores rechazaron esta teoría, el por qué es obvio.

La interpretación de los sueños

Durante sus sesiones de autoanálisis la fascinación que Freud siempre había sentido por sus sueños alcanzó una nueva dimensión, convencido de que estos eran una manifestación del universo inconsciente y en ellos residía la clave para su comprensión. Bajo esta nueva luz Freud empezó a analizar sus sueños, los de su familia y pacientes y determinó que los sueños eran deseos reprimidos, dueños de un lenguaje simbólico común a todas las persona y que la comprensión de ese lenguaje permitía su análisis.

Con la intención de descifrar el lenguaje onírico, en 1900 Freud publicó el revolucionario La interpretación de los sueños, uno de los ensayos más importantes de la historia, a pesar de que inicialmente sus ventas fueron pobres y la respuesta general fue de indiferencia. Sin embargo, el libro le valió una pequeña legión de seguidores entre los estudiantes de psicología, entre los que se contaba Carl Jung. El grupo celebraba sus reuniones una vez a la semana en la oficina de Freud. A medida que su número y prestigio creció, se denominaron a sí mismos la Sociedad Psicoanalítica de Viena, la cual celebró su primera conferencia internacional en 1908. Sin embargo, con el paso de los años, Freud rompería lazos prácticamente con todos ellos.

Freud y Jung

Freud mantuvo una relación muy cercana con Carl Jung, un psicólogo suizo que abrazó muchas de sus teorías y colaboró estrechamente con él, hasta el punto de que cuando, en 1909, la Universidad de Massachusetts invitó a Freud a ser ponente en una serie de conferencias, le pidió que lo acompañara.

Desgraciadamente, su amistad se resintió durante el viaje. En parte por el estrés propio del viaje, Freud no se acostumbró a estar fuera de su círculo familiar y se volvió difícil de tratar. En cualquier caso, su conferencia en la universidad fue un éxito, convenciendo a su audiencia, entre la que se encontraban algunos de los príncipes de la medicina americana, de las bondades del psicoanálisis con sus perfectamente documentados estudios clínicos.

El viaje a los Estados Unidos disparó la fama de Freud. Incluso un magnate de Hollywood le hizo una tentadora oferta de cien mil dólares, una cantidad desorbitada para la época, por colaborar en una producción sobre los romances más famosos de la historia, que Freud rechazó. De la noche a la mañana pasó de ser una personalidad austríaca a una internacional, por entonces tenía 53 años de edad y sintió que el trabajo de toda una vida por fin recibía el reconocimiento que se merecía. Los métodos de Freud, originalmente considerados radicales, pasaron a considerarse aceptables.

Freud en la madurez, con apreciable barriga, abundantes entradas y puro

Sin embargo, su joven discípulo Jung empezó a cuestionar sus teorías. Jung no creía que todas las enfermedades mentales tuvieran su origen en traumas de la infancia, tampoco creía que la madre fuera un objeto de deseo infantil. De todos modos, Freud se resistió a revisar su trabajo o a considerar que pudiera estar equivocado en algún punto. Por 1913, cuatro años después del viaje a los Estados Unidos, ambos habían roto cualquier lazo. Jung desarrolló sus propias teorías y se convirtió en un psicólogo muy influyente y respetado, fundando la psicología analítica.

Quien no cuestionó sus teorías fue Lou Andreas-Salomé, quien en 1911 había conocido al Freud se enganchó con el psicoanálisis, siendo la única mujer aceptada en el Círculo Psicoanalítico de Viena. Lou conjugó sus teorías con la filosofía de Nietzsche, con quien había tenido un amor de verano, en sus estudios sobre la filosofía femenina. Lou, quien previamente había sido amante de Rainer Maria Rilke, mantuvo una relación amistosa de profundo respeto y cariño durante el resto de su vida con Freud, quien la apoyó cuando a partir de 1915 comenzó a dar consulta psicoanalítica en la ciudad alemana de Gotinga.

Ello, Ego, y Superego

El estallido de la I Guerra Mundial supuso un parón de la vida intelectual, especialmente entre la incipiente comunidad de psicólogos, pero Freud se mantuvo ocupado en la medida de lo posible. Durante los años de conflicto desarrolló su concepto de la estructura de la mente humana, según la cual se compondría de tres partes: el Ello, la parte inconsciente relacionada con las necesidades y los instintos, el Ego, la parte racional encargada de la toma de decisiones, y el Superego, la voz interior que nos dice que está bien y que mal y que generalmente se relaciona con la conciencia. Una teoría que durante la guerra aplicó a los países contendientes.

Aunque en Alemania sus libros fueron prohibidos y quemados por ser un autor judío, la I GM contribuyó a popularizar las teorías de Freud. Muchos veteranos de guerra que regresaban del campo de batalla experimentaban graves problemas de adaptación a la vida civil. Estos desordenes emocionales, originalmente denominados shell shock, se derivaban de traumas sufridos durante la guerra. Deseosos de ayudar a los combatientes, los médicos emplearon freudiana la cura del habla, animando a los soldados a describir sus experiencias. La terapia resultó efectiva en muchos casos, lo cual reportó una inesperada estima por Freud.

Final

En la década de los 20, Freud se había convertido en un afamado teórico y médico. Al reconocimiento se sumaba el orgullo de saber que su hija Anna, a quien consideraba su mejor discípulo, continuaría su legado. Así fue, Anna Freud se distinguió con los años como fundadora del psicoanálisis infantil.

Freud fue un fumador empedernido durante toda su vida y, en 1923, se le diagnosticó cáncer de boca. Desde ese momento hasta el final de su vida se sometió a más de 30 cirugías, entre las que se incluyó una que le quitó parte de la mandíbula, pero ninguna le quitó el vicio y siguió fumando hasta su muerte. Aunque la enfermedad le causaba mucho dolor, siempre se negó a tomar calmantes, por temor a que le nublaran el entendimiento. Con la mente clara, en sus últimos años de vida dejó un poco de lado la psicología y se centró en temas más filosóficos, fruto de los cuales surgió uno de sus grandes libros, El malestar de la cultura, quizás su mejor libro.

Qué progreso hemos hecho, en la edad media me habría quemado por mis ideas, ahora se contentan con quemar mis libros

S. Freud

Cuando Adolf Hitler se apoderó de Europa a finales de los años 30 y empezó a perseguir a los judíos, los amigos de Freud intentaron convencerlo para que abandonara Viena, pero él se negó, incluso después de que ocuparan Austria. Sin embargo, cuando la temida Gestapo encarceló temporalmente a su hija Anna, Freud se convenció finalmente de que Viena ya no era segura para la población judía. Gracias a sus contactos fue capaz de conseguir visas para él y su familia más cercana y en 1938 se exilió en Londres, donde conoció la triste noticia de la muerte de sus cuatro hermanas en campos de concentración nazi

Las cenizas de Freud, junto a las de su mujer, se conservan en el Golders Green Crematorium de Londres, en una antigua urna griega de 2300 años. En 2014 intentaron robarlas y la urna se dañó parcialmente

George Orwell, la conciencia del siglo XX

George Orwell fue un escritor inglés del siglo XX. Con Rebelión en la granja y 1984 creó el concepto del Gran hermano y cambió el modo en que la gente mira a la sociedad y sus gobiernos. Si hay alguien que merezca el título de escritor político es él, además de novelas escribió ensayos y crítica literaria, en las cuales abordó los problemas del imperialismo, fascismo y comunismo. Hoy es celebrado como uno de los escritores más importantes del siglo XX

Familia e infancia

Eric Arthur Blair nació el 25 de junio de 1903, en Motihari, India, donde su padre, un oficial británico, estaba destinado. Sin embargo, con un año de edad, su madre regresó a Inglaterra con él y su hermana mayor y se establecieron en Henley. Su padre permaneció en India y su único contacto con la familia fue durante sus esporádicas visitas. En 1908 nació su hermana Avril. Como Nietzsche, Eric creció entre mujeres, de hecho apenas tuvo contacto con su padre hasta que este se jubiló en 1912 y regresó a Inglaterra. Por entonces, Eric contaba nueve años de edad y padre e hijo nunca llegaron a forjar un vínculo de confianza, la razón parece ser el carácter de su padre, distante, severo y conservador, más que los años de separación.

George Orwell de niño, con un bonito traje de marinero

Eric fue un niño enfermizo, cuya infancia discurrió entre bronquitis y gripes. De acuerdo con uno de sus biografos su primera palabra fue “beastly”. Eric empezó a escribir muy joven, una especie de Mozart de la literatura, que compuso su primer poema con cuatro años y a los once logró la hazaña de publicar otro en un periódico local.

Tenía la costumbre infantil de inventar historias y celebrar conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio mis ambiciones literarias estaban relacionadas con el sentimiento de estar solo e infravalorado.

George Orwell

Educación

In 1911, Eric entró parcialmente becado en el colegio de San Cipriano del pueblo costero de Eastbourne. Esta sería una experiencia que marcaría profundamente su conciencia, pues en las aulas tuvo la primera muestra del clasismo de la sociedad británica, tan profundo que permeaba hasta las aulas de los colegios. Desde el primer día notó que la escuela trataba mejor a los niños ricos que a los pobres, este hecho quizás hubiese resultado baladí si él hubiera pertenecido a los ricos, pero pertenecía a los pobres, a los maltratados, y en su interior emergió un sentimiento de rebeldía contra las injusticias que no lo abandonaría durante el resto de su vida.

Todas las personas son iguales, pero unas son más iguales que otras

George Orwell

Por lo demás Eric no fue un niño popular. Más bien al contrario, su pobre salud le impedía participar en los juegos y su carácter introvertido no le permitía hacer amistades con facilidad. Se refugió en la literatura. Sus lecturas preferidas de esa época eran Rudyard Kipling y H.G. Wells.

Colegio de Eton

A Eric podía faltarle don de gentes, pero no aplicación. Sus excelentes calificaciones le valieron una beca completa para continuar sus estudios en el prestigioso Colegio Eton, después de lo cual puso punto y final a su educación por falta de medios. Sus padres no podían pagarle la universidad y en 1922, después de romper abruptamente con su novia de juventud, Jacintha Buddicom, Eric se alistó en la India Imperial Police Force y los siguientes cinco años de su vida trascurrirían en Birmania, donde conoció de cerca los mecanismo del colonialismo.

El nacimiento de George Orwell

Eric regrsó a Inglaterra decidido a hacer realidad sus ambiciones literarias, pero descubrió que ganarse la vida blandiendo la pluma era difícil incluso para un niño prodigio de las letras. Durante los siguientes años llevó una doble vida, escribiendo sin parar manuscritos que las editoriales rechazaban y, al mismo tiempo, desempeñando todo clase de trabajos basura para ganarse los garbanzos, entre ellos lavaplatos.

En 1933 publicó Sin blanca en París y Londres, un ensayo sobre los más desfavorecidos. Como Jack London unos años antes con La gente del abismo, Eric retrató las terribles condiciones de vida del proletariado en las dos grandes ciudades de Europa y la brecha social, cultural y económica que separaba a los que tenían de los que no. Irónicamente, aunque el libro es un ataque al capitalismo, Eric todavía conservaba en sí escrúpulos burgueses para avergonzarse de ser uno de aquellos a los que pretendía hacer justicia con su pluma. Como Faulkner o Rilke, aunque por motivos muy diferentes, decidió cambiarse el nombre. Eric no quería escandalizar a su familia con sus opiniones ni con su vida de paria y ofreció a su editor una lista de posibles seudónimos: P.S. Burton, Kenneth Miles y H. Lewis Allways, aunque ninguno de estos fue el elegido. Con Sin blanca en París y Londres, con 30 años cumplidos, nació George Orwell.

Un año después publicó Días de Birmania, donde Orwell trasladó al papel sus experiencias de ultramar y ofreció una mirada ácida e inmisericorde a las condiciones en que el colonialismo británico mantenía a los súbditos del imperio. Este es el primer escrito propiamente político de Orwell, una tendencia que no dejaría de acentuarse en lo sucesivo. En 1936, apareció en la revista New Writing el ensayo Matar a un elefante. El título se debe a una anécdota real, como oficial británico el escritor era odiado por la población autóctona y en una ocasión disparó a un elefante para parecer más duro. El ensayo deja entrever a un oficial de colonias a disgusto con su trabajo.

El colonialismo es el mal

George Orwell

En la primavera de 1935, cuando su nombre empezaba a sonar en los círculos literarios, Orwell conoció en una fiesta a su primera mujer, Eileen O’Shaugnessy. Orwell y Eileen eran liberales y bohemios, a lo largo de su vida mantuvieron una relación abierta, llena de infidelidades por ambas partes que ambos se consentían de buen grado. Pese a su desprecio por la moralidad burguesa, la pareja decidió oficializar su unión y pasar por la iglesia. El matrimonio intentó desesperadamente tener hijos, hasta que un examen médico reveló que Orwell era estéril y en 1944 adoptaron un niño, Richard Horatio.

A veces fui infiel a Eileen, y también la traté mal, y creo que ella a veces también me trató mal, pero éramos un matrimonio real, en el sentido de que ambos pasamos muchas penalidades juntos y ella entendía todo sobre mi trabajo

George Orwell

La carrera de Orwell parecía despegar lentamente y su matrimonio con Eileen trajo cierta estabilidad a su vida, el único punto de su vida que no mejoraba era su salud. En realidad empeoraba y en 1938 se le diagnosticaría tuberculosis y, como los enfermos de la La montaña mágica, pasaría varios meses recuperándose en el Sanatorio Preston Hall. En aquella época no había remedio conocido para la tuberculosis y la enfermedad fue un fiel compañero de viaje durante el resto de su vida.

Eileen, Orwell y ella tuvieron un matrimonio abierto, pero cuando Orwell fue a luchar en la Guerra Civil ella fue con él

Guerra Civil Española

En diciembre de 1936, poco después del alzamiento rebelde, Orwell se unió a un grupo de voluntarios para combatir contra las tropas rebeldes del general Franco en la Guerra Civil Española, un conflicto que también atrajo la atención de otros escritores como Dos Passos o Hemingway. Orwell sufrió una herida grave mientras combatía con la milicia, una bala le atravesó el brazo y restos de metralla se le incrustaron en la garganta, que le impidieron hablar durante semanas. Durante su convalecencia, Orwell y su mujer, Eileen, fueron capturados por los rebeldes y acusados de traición. Sin embargo, el pasaporte británico los salvó del destino que esperaba a muchos españoles acusados de los mismos cargos y ambos pudieron salir con vida del país. Orwell dio su visión de la Guerra Civil Española en un libro valiente y trágico, Homenaje a Cataluña.

Uno no establece una dictadura para salvar una revolución, uno hace una revolución para establecer una dictadura

George Orwell

Con el estallido de la II Guerra Mundial Orwell se sintió tan obligado a combatir a Hitler como se había sentido a combatir a Franco e inmediatamente se trasladó a París. En España había peleado dentro de la milicia del POUM, un grupo marxista, opuesto al stalinismo. De acuerdo con la mayoría de los historiadores, las diferencias entre los diferentes partidos de izquierda fueron una de las claves de la derrota de la República, entre marxistas y stalinistas estas diferencias eran tan grandes que los últimos, mucho más poderosos y mejor organizados, arrestaban, torturaban e incluso mataban a los primeros. Aunque oficialmente Orwell estaba en París como corresponsal de guerra, se sentía bajo el punto de mira del stalinismo, siempre dispuesto a purgar a sus enemigos políticos. Para protegerse de un posible ataque Orwell decidió adquirir un arma, para lo cual se dirigió al Ritz, donde a la sazón residía su amigo Hemingway, muy admirador de su obra. Después de explicarle sus temores, Hemingway le ofreció una Colt calibre 32. No hay información sobre si Orwell alguna vez hizo uso de ella, pero hay que imaginar que con ella en el bolsillo al menos caminaría más tranquilo por las avenidas parisinas.

Crítico literario y productor de la BBC

En 1941, después de dos años en París, regresó a Inglaterra, incapaz de vivir de la literatura, Orwell buscó otras fuentes de ingresos. A partir de entonces comenzó a colaborar con varios periódicos y revistas literarias. Gracias a su experiencia en Birmania, encontró trabajo como productor en la BBC, desarrollando y programas documentales relacionados con el Imperio Británico en Asia. El magnetismo de Orwell era grande y por su programa pasaron nombres como T.S. Eliot.

Orwell fue un hombre promiscuo, con fama de don Juan, pese a lo cual o quizás por ello, siempre temió no ser atractivo para las mujeres

Con la la II Guerra Mundial todavía en marcha, para ayudar al esfuerzo bélico de Inglaterra, Orwell se vio obligado a trabajar como propagandista. Cae por su propio peso que odiaba esa parte de su trabajo en la BBC, en sus diarios la describió como algo a medio camino entre un colegio para chicas y un asilo para lunáticos, y todo lo que estamos haciendo ahora es inútil, o incluso peor que inútil. Las primeras ideas sobre el Gran Hermano, le surgieron mientras trabajaba de propagandista para el Imperio británico.

Estoy gastando mi propio tiempo y el dinero público haciendo trabajos que no producen ningún resultado. Creo que en la situación política actual la publicación de propaganda británica a la india es una tarea sin sentido

George Orwell, en 1943, después de renunciar a su trabajo en la BBC y empezar a trabajar como editor de un periódico izquierdista.

Pese a la frustración que revelan las palabras de Orwell, su trabajo como propagandista dejó enseñanzas de incalculable valor que en 1946 dieron lugar al ensayo Política y lengua inglesa, originalmente publicado en la revista Horizon. Para Orwell el lenguaje y el uso que de él hacían los medios constituía una de las armas más eficaces de opresión ideológica y dominación de masas.

El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdad y el asesinato respetable

George Orwell, Política y lengua inglesa
Orwell odiaba su trabajo en la BBC. Irónicamente hoy a una estatua suya a las puertas del edificio, con su cita: Si la libertad significa algo es el derecho a decir a la gente lo que no quiere escuchar. Si Orwell se levantara de su tumba…

Dos obras maestras

No sólo Orwell sufría de mala salud, en 1945 la salud de Eileen O’Shaugnessy se deterioró gravemente y ese mismo año murió de un fallo cardíaco. Orwell se sintió terriblemente solo después de su muerte, una soledad agravada por el hecho de que un año antes el matrimonio había adoptado a su hijo Richard. Desesperadamente necesitado de una compañera, en los años siguientes el escritor pidió matrimonio a cuatro mujeres distintas y en octubre de 1949 finalmente se casó nuevamente, con Sonia Brownell, secretaria de la revista Horizon. Sonia no estaba carente de atractivos, tanto físicos como intelectuales, y algunos críticos sugieren que le sirvió de modelo para el personaje de Julia de 1984.

Sonia Brownell, segunda mujer de Orwell

Y es que los años entre la repentina muerte de Eileen y el matrimonio con Sonia fueron los más productivos de la vida de Orwell. En ese período publicó las dos novelas a las que debe su inmortalidad: Rebelión en la granja, titulado en inglés Animal farm (Granja de animales) y 1984. Dos obras maestras, con sendas versiones cinematográficas, que han traspasado las fronteras de la literaturas para entrar a formar parte del imaginario colectivo universal.

Rebelión en la Granja es una sátira del comunismo que tiene como protagonistas a dos cerditos, que supuestamente representan a Joseph Stalin y Leon Trotsky. A pesar de que la novela fue un éxito inmediato que trajo consigo fama y dinero, le costó abrirse paso en el mundo editorial. Victor Gollancz, editor de los primeros libros de Orwell y ferviente comunista, rechazó la novela por miedo a criticar a la Unión Soviética. No fue el único editor que la rechazó por motivos políticos, antes de que Alexander Solzhenitsyn con Archipiélago Gulag sacara a la luz las vergüenzas del comunismo, la Unión Soviética era la tierra prometida para los intelectuales de izquierda.

Tus cerdos son mucho más inteligentes que los otros animales, y por tanto los mejor cualificados para dirigir la granja

T.S. Eliot, a la sazón editor de Faber & Faber, tras rechazar el manuscrito

El editor Jonathan Cape estuvo a punto de publicar la novela, pero se echó para atrás cuando el ministro de información británico -quien después se supo que era espía ruso- le advirtió de los peligros de enfadar a la Unión Soviética. Finalmente la pequeña editorial de Fredric Warburgs se atrevió con el libro y el resto es historia, la novela es tan buena que cuenta con un lugar en la lista de mejores libros breves.

Cuatro años después, Orwell publicaría su segunda obra maestra. 1984 es una sobrecogedora visión de un mundo dividido en tres bloques totalitarios que despertó una gran polémica entre los críticos, que encontraron ese mundo privado de libertad desgarrador. La novela originó la idea del Gran hermano y es una visión del mundo en que los gobiernos controlan cada pequeño detalle de la vida de sus individuos, incluso sus pensamientos, una futuro al que cada día estamos más cercanos.

Orwell creó en 1984 la idea del Gran Hermano

La novela es fruto, por un lado, de la experiencia de Orwell como propagandista británico y su conocimiento de los mecanismos de control del pensamiento de masas y, por otro, de la vigilancia que sufrió durante su vida. Mientras luchaba en la Guerra Civil un agente secreto soviético vigilaba todos sus movimientos, además la policía republicana incautó sus diarios y se los entregó a la KGB. Estar vigilado no era un experiencia nueva para Orwell, el propio gobierno británico lo vigilaba desde que empezó a escribir para un publicación izquierdista francesa a finales de los años 20 y monitorizó sus movimientos y sus contactos con el mundo de sindicales y obrero durante la fase de documentación de su libro El camino al muelle Wigan.

Orwell tiene ideas muy comunistas, se viste como un bohemio, tanto en el trabajo como fuera de él

Informe de un agente del MI5 sobre Orwell, irónicamente el escritor era un enemigo declarado del comunismo

Muerte

El reconocimiento y la gloria literaria no pudieron hacer nada por aliviar la salud de Orwell. Poco después de la muerte de su primera mujer, la tuberculosis de Orwell se agravó y murió en enero de 1950, a los 46 años de edad, pocos meses después de casarse por segunda vez con Sonia Brownell. Demasiado joven para morir, pero el verdadero drama de su muerte es que por aquella época ya se había descubierto una cura para la tuberculosis: Estreptomicina.

Orwell, poco antes de morir, con su hijo Richard

La estreptomicina estaba disponible en los Estados Unidos desde 1946, pero no en la Europa devastada por la II GM. En cualquier caso, gracias al éxito de Rebelión en la granja, Orwell pudo conseguir la droga en 1948, pero experimentó una severa reacción alérgica: Se le cayeron el pelo y las uñas y sufrió terribles úlceras intestinales, entre otros síntomas. Una dosis menor podría haberlo salvado, pero su médico recomendó parar el tratamiento. Orwell dio el resto de la droga a otros pacientes que sí lograron curarse. En 1949 hizo un nuevo intento con la estreptomicina, pero esta vez tampoco su organismo tampoco pudo tolerarla.

Lo importante no es permanecer vivo, es permanecer humano

George Orwell

10 Mejores trilogías literarias

Hay historias tan poderosas y fascinantes que no se consumen en un sólo libro. El Quijote está formado por dos libros, detrás de cuya génesis hay una historia muy curiosa. Los acontecimientos que tuvieron lugar en Egipto durante la II GM dieron lugar a la famosa tetralogía de Lawrence Durrel El cuarteto de Alejandría; el celebérrimo En busca del tiempo perdido consta de siete libros, pero cuando una historia no se agota en una entrega el formato preferido de los autores es la trilogía. Así que pasemos a listar las mejores que puedes encontrar en cualquier biblioteca.

  1. La trilogía de los Snopes de William Faulkner

La trilogía de los Snopes abarca los títulos, El villorrio, El pueblo y La mansión. En conjunto frisa las mil páginas, cuyos protagonistas principales son los miembros de la familia Snopes, especialmente Flem Snopes. Los títulos son extremadamente significativos, pues a lo largo de la trilogía asistimos a la ascensión social de Flem Snopes, quien primero llega como un paria al condado de Yoknapatawpha, posteriormente un matrimonio destinado a ocultar la vergüenza lo traslada al pueblo, donde finalmente, convertido en presidente de un banco, acaba residiendo en una mansión. La trilogía de los Snopes es la obra que da sentido a las novelas de William Faulkner, el escritor del sur en ella la aristocracia blanca de sur, cuyo prestigio se basaba en la posesión de tierras y los méritos de guerra, es sustituida por la aristocracia del dinero.

2. La trilogía de El Padrino de Mario Puzo

Gracias a las películas, El Padrino es tan famoso que no merece presentación. Sin embargo, a diferencia de sus adaptaciones cinematográficas, distinguidas con la secuencia I, II y III, las novelas llevan los títulos de El padrino, El siciliano y El último don. La primera parte narra la vida de Vito Corleone, un inmigrante italiano para quien la única posibilidad de cumplir el sueño americano es recorriendo caminos al margen de la ley. El resto de las entregas se centran en sus descendientes y la consolidación de la familia . El gran mérito de la trilogía es haber creado un nicho literario completamente nuevo, el de la mafia.

3. La trilogía del detective anónimo de Eduardo Mendoza

Del crimen al humor y tiro por que me toca. Siempre es bueno momento para leer a Eduardo Mendoza; es más, yo diría que cuando no se sabe qué leer sus novelas son un acierto seguro. Un maestro de la risa que alcanza una de sus cimas con La trilogía del detective anónimo, compuesto de El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras, esta última una de las mejores novelas de humor por derecho propio. Un héroe anónimo, pululando por la Barcelona post-transición a la democracia, envuelto en las aventuras más hilarantes. Una vuelta de tuerca al género de la picaresca que no renuncia a la crítica social a través del prisma del humor.

4. La trilogía autobiográfica de J.M. Coetzee

Muchos escritores escriben sus memorias, así que J.M. Coetzee no es una excepción, la excepción es que haya decidido hacerlo a través de novelas, en concreto tres, Infancia, Juventud, Verano. A lo largo de la trilogía asistimos al itinerario vital de J.M. Coetzee, desde su infancia en Worcester, un pequeño pueblo al norte de Ciudad del Cabo, sus años de formación en Londres, la frustración de sus sueños de juventud y las dificultades para materializar su vocación literaria. Curiosamente, J.M. Coetzee, La trilogía de Jesús, que narra la vida de un niño extraordinario, y que bien podría estar en la lista, pero dos del mismo autor me parece mucho, incluso para uno de los Nobel más merecidos de los últimos años.

Afirmaría que J.M. Coetzee es el mejor escritor vivo, si no fuera que para hacer tal afirmación habría que haberlos leído a todos

Mario Vargas Llosa

5. La trilogía americana de Phillip Roth

La trilogía americana está compuesta de Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana. A primera vista lo que vincula los tres títulos entre sí es el hecho de que las tres historias están narradas por Nathan Zuckerman, alter ego del propio autor, que sigue los hechos desde la distancia. Esta es una técnica narrativa propia de Roth, pero , en realidad, lo que da a las tres novelas su carácter de trilogía, además de estar publicadas consecutivamente en el tiempo, es que en ellas se abordan los fantasmas de la sociedad americana: el odio racial, la guerra fría, Vietnam… En realidad, el verdadero protagonista es América. Se pueden leer independientemente y de las tres mi preferida es La mancha humana, que además considero la mejor obra del autor.

Recientemente se ha lanzado una serie basada en Pastoral americana, aquí está el tráiler

6. La trilogía Nuevas historias de pueblo y castillo de Marie de Ebner-Eschenbach

Las trilogías no son algo característico del siglo XX, como demuestra este ciclo literario de Marie de Ebner-Eschenbach, la gran dama de las letras alemanas, compuesto por los títulos Los incomprendidos del pueblo, Él se deja besar la mano y La buena luna. Marie de Ebner-Eschenbach es un clásico y en estas novelas, con la agudeza y humor que dio fama a su Libro de aforismos, mezcla personajes pertenecientes a la nobleza, burguesía y el campesinado, para describir el deterioro de las relaciones comunales imperantes en Europa y la conflictiva transición de una sociedad feudal a una en que el dinero es el rey.

7. Trilogía El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien

Leí El señor de los anillos en mi juventud, compuesto de La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey, y he de confesar que me resultó una lectura pesada y, aunque al final experimenté los beneficios que procuran los tochos, no está entre mis lecturas preferidas. De hecho, consideré dejarla fuera de esta lista. Pero sus seguidores son legión, aunque no se puede decir que creó un nicho literario como hizo Mario Puzo con su trilogía de El Padrino, sí lo consolidó, el de la literatura fantástica, y la metáfora sobre la corrupción inherente al poder, el verdadero significado del libro, son méritos suficientes para ocupar un lugar aquí.

J.R.R. Tolkien en su estudio, una mente fantástica

8. Trilogía de África de Chinua Achebe

Probablemente, o eso creo, el más desconocido del lote, pero Chinua Achebe es un gigante de las letras que revolucionó la literatura africana y mundial. ¿No me creéis? La trilogía de África, compuesta de Todo se desmorona, Flecha de dios y Nunca más tranquilo, ha vendido más de diez millones de copias y ha sido traducida a más de cincuenta lenguas. En ella, a través de la vida de diferentes personajes, pero todos dotados de un fuerte carácter simbólico, guerreros, chamanes, sabios, asistimos a la tragedia del colonialismo. La destrucciones de los valores sobre los que descansaba la vida tribal africana y el frustrado intento de implantar los del hombre blanco en su lugar. Una parábola insuperable sobre el sentido de la vida y el destino.

Para quien no lo conozca este es Chinua Achebe, un maestro

9. Trilogía La crucifixión rosa de Henry Miller

Henry Miller el escritor más libérrimo que jamás empuñó la pluma, aunque la forma más correcta de describirlo sería diciendo que es el escritor de culto por antonomasia, pues lo amas o lo odias. En mí caso lo amo, aunque he de confesar que empecé odiándolo. Pero no me rendí, insistí en sus libros y al final su mezcla de lo sublime y lo sórdido, del instinto y la cultura, acabó conquistándome. Henry Miller no se parece a nada que hayas leído antes, con él no hay trama, sólo hay narración, libre, confusa, caótica, sensual, como la vida misma. Más conocido por su Trópicos, también firmó una espléndida trilogía, la trilogía rosa, compuesta por Sexus, Plexus y Nexus. La materia de las novelas es la propia vida Miller, su obsesión por el arte, el instinto sexual, la experiencia parisina, sus matrimonios, el alcohol…

Solíamos ir a París a comprar los libros de Miller porque estaban prohibidos

John Lennon

10. La trilogía inconclusa de Patrick Leigh Fermor

¿Qué tal si descansamos un momento de tanta novela y nos damos un viaje hasta Constantinopla? La trilogía inconclusa es el clásico por antonomasia de la literatura de viajes, compuesta por El tiempo de los regalos, Entre los bosques y el agua y El último tramo. El título de la trilogía debe su nombre a que la última entrega se hizo esperar tanto que se convirtió en leyenda. De hecho, apareció póstumamente, años después de la muerte del escritor y héroe de guerra británico. La trilogía narra el viaje hecho a pie por el autor desde Holanda a Constantinopla cuando tenía 18 años de edad. Un paseo por una Europa que ya no existe, llena de personajes maravillosos y pintorescos y aventuras inolvidables. Advertencia, esta trilogía puede hacer que pongas la mochila al hombre y te pierdas por el mundo.

Arthur Miller y Marilyn Monroe, cuando la literatura y el cine se enamoran

Los extremos se atraen y una de las mejores demostraciones es la historia de amor entre Arthur Miller y Marilyn Monroe. Dos polos opuestos, por un lado, una estrella de Hollywood; por otro, un sesudo intelectual, famoso dramaturgo, ganador del Pulitzer por Muerte de un viajante. Lo único que tenían en común era que ambos eran dos estrellas en su respectivos campos. Arthur Miller fue el tercer marido de Marilyn Monroe, con el que más tiempo aguantó casada, pero el matrimonio tuvo que lidiar con embarazos frustrados, infidelidades y disputas profesionales, además de la tendencia de Marilyn a ahogar sus demonios internos con alcohol y drogas. Demasiado para cualquier amor.

Primer encuentro, nace una amistad

El primer encuentro entre Arthur Miller y Marilyn ocurrió en 1950. Por entonces Miller estaba considerado como uno de los dramaturgos más importantes de los Estados Unidos, gracias a Muerte de un viajante, una obra maestra que le valió el Pulitzer. En cambio Marilyn todavía no era la mujer más deseada del planeta tierra, sólo una aspirante a estrella que intentaba abrirse paso en el mundo. Y cuando digo abrirse paso quiero decir a cualquier precio, cuando ambos se conocieron Marilyn estaba acostándose con el director Elia Kazan, amigo personal de Miller, que a la sazón estaba en Los Angeles con el propósito de dirigir Muerte de un Viajante.

Quizás fuese la mano del destino o una simple casualidad, sea como fuere un día Elia Kazan pidió a Miller que llevara a Marilyn de fiesta. Ambos hicieron buenas migas. Obviamente Miller se sintió atraído por Marilyn -sólo hay que mirar las fotos, aún no ha nacido hombre inmune a los encantos de la tentación rubia-, pero se comportó con corrección y simpatía a lo largo de la velada. Que no intentara llevársela a la cama fue lo que más le gustó a Marilyn de él, ahí vio un signo de respeto y elegancia que lo hizo destacar de todos los hombres que conocía.

Fue como correr por el bosque. Sabes, como una bebida fría cuando ardes por dentro

Marylin después de su primer encuentro con Miller

Así que la historia entre Miller y Marilyn empezó como una amistad. Ambos continuaron viéndose con cierta frecuencia. Por aquella época Miller estaba felizmente casado con Mary Slattery, su novia de la universidad, con quien tuvo dos hijos. En sus conversaciones Miller solía contar a Marilyn cuánto disfrutaba de la vida familiar, así que Marilyn contaba con que él regresara a su Nueva York natal tan pronto como terminará el trabajo de adaptación de Muerte de un viajante. Esto sucedió en 1951 y para entonces ambos habían llegado a ser tan íntimos que Marilyn acudió a despedirlo al aeropuerto. Ambos siguieron manteniendo una relación epistolar y, según la leyenda, en la estantería de Marilyn había una foto del dramaturgo y solía leer todos los libros que él recomendaba.

Marilyn en todo su esplendor, fotograma de La tentación vive arriba

Reencuentro en Nueva York

Miller y Marilyn no se volvieron a encontrar hasta 1955, cuando ella se mudó a Nueva York para estudiar en el célebre Actors’ Studio. En ese lapso de cuatro años Marilyn se había convertido en la novia de América, todos los hombres caían rendidos a sus pies, incluso la estrella del deporte americano Joe DiMaggio, con quien se había casado poco antes para divorciarse después de solo un año de turbulenta vida en común. Parece que cuando a todos los hombres se les caía la baba por ella, no paraba de crecer su interés por aquel que nunca había tratado de conquistarla. Para acercarse más al dramaturgo, Marilyn entró en su círculo social y empezó a cultivar la amistad de sus amigos, especialmente del matrimonio Rosten.

Los cuatro años transcurridos también habían pasado para Miller. En el apartado profesional seguía disfrutando de un lugar de prestigio entre los dramaturgos americanos, pero en lo personal su matrimonio ya no era tan feliz como había sido. Más pronto que tarde ambos se encontraron envueltos en un affair amoroso. Ya lo dice el refrán, tanto va el cántaro a la fuente… Por entonces la prensa seguía de cerca cada movimiento de Marilyn y su aventura pronto estuvo en los periódicos. Para la prensa sensacionalista, en los puritanos Estados Unidos, la aventura de un hombre casado con un divorciada era más que carnaza, era maná caído del cielo.

Miller cómodamente sentado en su escritorio, reflexionando

Marilyn quería estar con Miller, quien le ofrecía el amor y algo incluso más importante, la sensación de seguridad que le faltó durante toda su vida. Además la relación con Miller traía consigo una ventaja adicional, otorgaba una pátina de prestigio y seriedad a su carrera. Aunque para entonces el corazón de Miller, como el resto de los corazones de los Estados Unidos, pertenecía completamente a Marilyn, se resistía a romper su familia y alejarse de sus hijos. Pero en 1956 estableció su residencia en Nevada, cuyas leyes permitían el divorcio.

Creo que realmente moriría si alguna vez te perdiera

Arthur Miller a Marilyn, Correspondencia.

El comité de actividades anti-americanas

Mientras Miller estaba en Nevada, solicitó su pasaporte para poder acompañar a Marilyn a Inglaterra, donde iba a grabar una película. Lamentablemente, la solicitud del pasaporte derivó en una citación para presentarse ante el Comité de Actividades Anti-americanas, al objeto de testificar sobre su relación con el comunismo. El 21 de junio de 1956 Miller estaba en Washington para testificar ante el Congreso.

Miller nunca había sido miembro del partido comunista, pero sí había ido a fiestas organizadas por algunos de los afiliados relacionados con el show business. A diferencia de muchos otros artistas e intelectuales envueltos por la Caza de brujas, Miller decidió no invocar su derecho a acogerse a la Quinta enmienda y respondió a todas las cuestiones sobre su vida privada y profesional, pero se negó tajantemente a revelar ningún nombre. Esto significaba su más que probable citación ante el congreso por desacato, lo cual no sólo podía afectar su carrera sino también la de su pareja sentimental.

Miller y Marilyn, radiantes

En mitad de la paranoia que dominó los Estados Unidos durante la Guerra fría, los agentes y abogados de Marilyn le recomendaron alejarse de Miller, si no quería perder el favor del público y poner en grave peligro su carrera. Probablemente no hay prueba mejor del amor que Marilyn sentía por Miller que la solidaridad que le mostró durante la época más dura de su vida, no sólo lo apoyó en privado, sino también públicamente. Miller no podía haber encontrado un abogado mejor, pues en la guerra de propaganda que era la Caza de brujas era difícil condenar a un hombre que había conquistado el corazón de la novia de América. Por amor Marilyn estaba dispuesta a perder a los Estados Unidos, pero los Estados Unidos no estaban dispuestos a perder a Marilyn. Miller no cumplió ninguna condena por su negativa a revelar ningún nombre.

1956, suenan campanas de boda

Miller y Marilyn se casaron por lo civil el 29 de junio de 1956, en White Plains, Nueva York. Posteriormente, en julio, celebraron una ceremonia religiosa de acuerdo con la tradición judía. Una vez resueltos favorablemente los problemas judiciales de Miller, ambos viajaron a Inglaterra, donde Marilyn rodó The Prince and the Showgirl con Laurence Olivier.

Esta es la primera vez que he estado realmente enamorada

Marilyn, después de casarse con Miller

Sin embargo, el matrimonio destapó un lado de ambos que ninguno conocía y empezó a torcerse desde el primer día. Ya durante su estancia en Inglaterra surgieron las primeras fricciones, el rodaje no fue tan bien como se esperaba, Marilyn tuvo choques con el director y con Laurence Olivier y eso afectó a su convivencia. A continuación, de vuelta en los Estados Unidos, descubrió una serie de apuntes que Miller había escrito sobre ella. Su contenido nunca trascendió, pero dejaban entrever cierta frustración de Miller con el matrimonio y que a veces se sentía avergonzado por el comportamiento caprichoso e infantil de su nueva mujer.

Miller pensaba que yo era una clase de ángel, pero ahora piensa que no. Piensa que su primera mujer le decepcionó pero que yo todavía hice algo peor.

Marily a Paula Strasberg, sobre sus problemas matrimoniales

Tensa vida matrimonial

Mariliyn idealizaba a Miller y se sintió devastada por las notas, pero no fueron suficiente para acabar su matrimonio. Indudablemente, su matrimonio tuvo buenos momentos, del tipo que suceden cuando el ingenio se encuentra con el encanto, de lo contrario Miller nunca le habría dedicado la edición de sus obras completas. A su lado Marilyn intentó alejarse de los focos y llevar una vida más tranquila, ser una sencilla ama de casa al estilo americano. Pero el destino se inmiscuyó en su felicidad doméstica.

Al contrario que el matrimonio de Miguel Delibes con Ángeles Castro, que fue largo y fértil, el suyo fue corto y estéril. Marilyn sufrió emocionalmente por su incapacidad para tener hijos con Miller. Su primer aborto sucedió en septiembre de 1956, seguido de un embarazo ectópico en 1957 y otro aborto en diciembre de 1958, justo después de haber acabado de rodar Some like it hot. Consumidora habitual de pastillas y alcohol, Marilyn se culpó a sí misma de sus abortos, lo cual no hizo sino empeorar su consumo de drogas.

Miller y Marilyn, esto es lo que se llama ponerse ojitos

Marilyn era demasiado famosa para llevar una vida tranquila y, con el paso del tiempo, Miller cada vez sentía más y más que su compañía le privaba de la tranquilidad que requería para escribir. Sin embargo, fue Marilyn quien dio el paso definitivo hacia la disolución de su matrimonio, supuestamente enfadada por el hecho de que Miller no pusiera interés en escribir los guiones de su película Let’s Make Love, tuvo una aventura con el coprotagonista, Yves Montand. Para entonces su vida conyugal estaba tan rota que Miller ni siquiera luchó por Marilyn. Según las crónicas de la época, ni siquiera se molestó por la infidelidad, lo cual hirió a Marilyn profundamente.

Un amargo final

La relación de Miller y Marilyn alcanzó su punto de no retorno mientras colaboraban en el que sería la última película de Marilyn,The Misfits. El guión, basado en un cuento de Miller, estaba destinado a cumplir el deseo de Marilyn de quitarse la etiqueta de rubia tonta y que la crítica la considerara una actriz seria. Pero el rodaje, realizado durante el verano de 1960, estuvo lleno de problemas.

Arthur dice que se trata de su película, pienso que ni siquiera me quiere aquí. Todo está acabado. Sólo seguimos juntos porque sería malo para la promoción que nos separáramos ahora.

Marilyn

Para entonces el problema con el alcochol y las pastillas de Marilyn se había agudizado hasta el punto de que apenas era capaz de memorizar los diálogos, ya no hablemos de actuar. Convertida en una sombra de lo que fue, pasó una semana hospitalizada en Los Angeles, donde recuperó suficientes fuerzas para finalizar el rodaje.

El 11 de noviembre de 1960 se hizo público su intención de separarse. A tal efecto Marilyn viajó a México el 20 de enero de 1961, fecha elegida a propósito para pasar desapercibida. Ese mismo día Kennedy iniciaba su legislatura.

No me porte siempre bien. Miller debería haber amado también al monstruo. Pero quizás soy demasiado exigente. Quizás no hay hombre que pueda aguantarme. Pedí demasiado de Arthur, lo sé. Pero también él pidió demasiado de mí.

Marilyn

Muerte de Marilyn

Cualquier posibilidad de reconciliación con Miller, sobre la base del amor o de la amistad, se frustró cuando Marilyn murió de sobredosis el 5 de agosto de 1962.

Ella no estará allí

Arthur Miller, sobre su negativa a asistir a su funeral

Aproximadamente año y medio después de su muerte, en 1964, Miller estrenó un drama en los teatros de Nueva York, Después de la caída. Aunque Miller nunca lo reconoció públicamente, uno de los caracteres del drama, Maggie, estaba basado en su exmujer, ambas tenían el mismo background, manierismo y tendencia a la autodestrucción. Maggie era una cantante, no una actriz, pero esa diferencia no podía disimular la realidad. Es difícil saber las motivaciones de Miller, Marilyn es la musa con la que soñaría cualquier artista, pero quizás el sentimiento de pérdida o el deseo de ajustar cuentas jugaron un papel en su decisión de recrear a Marilyn en la ficción. Una cosa es segura, en su descripción abundaba lo bueno, su irresistible encanto, pero más lo malo, sus inseguridades y miedos, incluso un detalle especialmente cruel, retratarla llevando siempre una peluca rubia.

Miller fue muy criticado por convertir a Marilyn en material dramático, quizás por eso siempre negó haberse basado en ella. Quizás se olvidó de que aunque su amor por ella se apagara lentamente con la convivencia, el público la amaría siempre y no hay nada más arriesgado que atacar a un ídolo. A pesar de las críticas, Miller siguió incluyendo personajes basados en ella en sus dramas. En 2004, cuando contaba 90 años de edad, publicó el drama Acabando la película, basado en el tiempo que compartió con ella durante grabación de The Misfits. Marilyn era como el fuego, cuando te quema nunca se olvida.

Marilyn, una mujer que dejó huella

Marie de Ebner-Eschenbach, la gran dama de las letras alemanas

Marie baronesa de Ebner-Eschenbach nació el 13 de septiembre de 1830 en el castillo de Zdislawitz en Moravia, antiguo Imperio Austro-húngaro. Escribió poesía, dramas y novelas. Títulos como El niño de la parroquia y Lotti, la relojera le valieron un lugar de honor entre los escritores de lengua alemana. Adscrita a la corriente realista que dominó la literatura europea de finales del siglo XIX, su literatura se caracteriza por un estilo preciso, agudeza psicológica, fino sentido del humor y la habilidad para describir las transformaciones sociales de su tiempo.

Infancia entre Zdislawitz y Viena

Marie de Ebner-Eschenbach -de soltera Marie Dubský- fue la hija del barón Franz de Dubský y su segunda mujer la baronesa Marie de Vockel, perteneciente a la aristocracia de Trebomyslice. Durante su infancia y juventud acostumbraba a pasar los veranos junto a su familia en el castillo de Zdislawitz y los inviernos en Viena, cuyo paisaje urbano y costumbres cortesanas están muy presente en su poesía de juventud.

Así lucía Marie en su adolescencia

La vida familiar estuvo caracterizada por la tragedia, el barón Franz de Dubský no sólo perdió a su primera esposa, sino también a la madre de Marie, pero también por la alegría propia de las familias numerosas, pues ambos matrimonios fueron fértiles y dieron a luz a seis retoños. Después de la muerte de Marie de Vockel y el apropiado tiempo de duelo, Franz de Dubský volvió a casarse, en esta ocasión con una plebeya de buena familia, Eugénie Bartenstein, con quien Marie estableció una relación muy estrecha y afectuosa. Sin embargo, Eugénie Bartenstein también estaba destinada a compartir el trágico destino de las esposas del barón Franz de Dubský y murió cuando Marie contaba siete años de edad. En 1840 su padre volvió a casarse por cuarta vez, esta vez con la condesa Xaverine Kolowrat-Krakowsky, con quien Marie también estableció una vínculo muy fuerte y fue vital en su educación.

Tu libertad llega tan lejos como llega tu autocontrol

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

La presencia de Xaverine Kolowrat-Krakowsky resultó providencial en su vida, pues por entonces en los círculos aristocráticos no se veía con buenos ojos que una muchacha alentara ambiciones literarias. Influenciada por el gusto por la lectura de su abuela paterna, Marie manifestó una temprana vocación literaria, su nueva madrastra era una mujer muy cultivada y con inquietudes intelectuales, que inmediatamente reconoció y fomentó el talento literario de Marie. En su compañía la joven Marie se convirtió en una presencia habitual en los teatros de Viena, sus representaciones preferidas eran las obras de Friedrich Schiller, que le hicieron desarrollar una inclinación por el drama y cuyo estilo trató de imitar en sus propios dramas.

Educación

Si no libre de los convencionalismos que determinaban el papel de una mujer en la sociedad, especialmente una de alcurnia, Marie puedo al menos satisfacer su deseo de conseguir una educación digna de ese nombre, sin que eso significase revelarse contra la autoridad familiar, algo que no muchas mujeres de su tiempo podían decir. En el castillo de Zdislawitz su abuela poseía una gran biblioteca con la que Marie, desde muy joven, apagó su sed de literatura, al igual que Rainer María Rilke, sentía especial devoción por la poesía romántica de Hölderin, . Además Viena era una de las capitales culturales del mundo germano, donde se encontraban algunas de las librerías más hermosas del mundo, en las que Marie entró en contacto con las distintas corrientes literarias y se formó como autodidacta, a igual que otro clásico de la literatura alemana como Thomas Mann.

La gente demanda milagros de los médicos y profesores, pero cuando el milagro sucede nadie se sorprende

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

Su educación se benefició del hecho de contar en su círculo íntimo con algunas personas cultivadas en extremo, entre las que destacaban su abuela materna, su tía Helen y otras mujeres de la administración de la casa familiar, gobernantas, amas de llaves y empleadas del servicio, puestos que se distribuían equitativamente entre las de origen francés, alemán y local, de forma que desde muy joven Marie se manejó con soltura en checo, alemán y francés.

Portada del exitoso libro Aforismos de Marie

Amplitud de miras y comprensión de las transformaciones sociales

Tanto en la capital Viena, entre burgueses y comerciantes, como en la provincia Zdislawitz, entre campesinos, Marie de Ebner-Eschenbach vivió toda su vida como una noble y aprovechó su privilegiada posición para estudiar las condiciones sociales del campo, las relaciones sociales y económicas entre burguesía y aristocracia urbana y la dualidad entre ciudad y campo. Desde muy joven desarrolló una visión de la sociedad en su conjunto que trasladó con acierto a sus novelas. Como escritora cultivó un nuevo nicho literario, la descripción de la vida de la aristocracia, que poco a poco le granjeó éxito y una fiel legión de seguidores.

Si hay alguna fe que pueda mover montañas es la fe en la propia fuerza

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

Matrimonio con Moritz von Ebner-Eschenbach

En 1848, con 18 años, Marie se casó con su primo Moritz, barón de Ebner-Eschenbach, que era 15 años mayor que ella y residía en Klosterbruck, un pueblo en la provincia de Znaim al sur de Moravia. El matrimonio parecía confirmar la endogamia de la alta aristocracia, un matrimonio de conveniencia destinado a mantener el estatus social. La verdad es que se sabe muy poco de la vida íntima del matrimonio, salvo que no produjo descendencia. En cualquier caso, Moritz era un hombre cultivado, nada menos que profesor de física y química en Viena, que desde el principio apoyó las ambiciones literarias de su mujer. Es probable que su matrimonio no haya sido tan apasionado como el de Arthur Miller y Marilyn Monroe, pero sin duda fue más duradero, probablemente por que entre ellos había suficientes intereses comunes para garantizar una relación amistosa, solidaria y, quizás, incluso feliz. En los años que siguieron a su boda, ahora acompañada por su marido, Marie siguió frecuentando los teatros de Viena, donde asistían preferentemente a dramas y comedias de enredo, y en 1856 el matrimonio se mudó definitivamente a la capital.

No creemos en el reumatismo ni en el amor verdadero hasta que llega el primer ataque

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos
Fotografía de Marie y Moritz

De dramaturga a novelista

En la medida en que el matrimonio Ebner-Eschenbach no tuvo hijos, Marie disfrutó de suficiente libertad y tiempo libre para desarrollar su vocación literaria. Durante esos años escribió varios dramas y comedias, que no disfrutaron de ningún éxito y no llegaron a representarse en la escena teatral de Viena, algo que la hubiese llenado no sólo de orgullo, sino también de júbilo. Frustrada por el continuo rechazo de sus piezas teatrales, Marie decidió cambiar de género y empezó a escribir novelas, las primeras de las cuales, Maria Estuardo en Escocia y La princesa de Banalien, se centraban en la descripción de las costumbres aristocráticas.

Los autores a los que otros roban no deberían quejarse, sino alegrarse. Donde no hay caza, no hay furtivos

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

Su decisión de abandonar el drama no pudo ser más acertada, en 1876 consiguió sus primeras buenas críticas con su breve novela Bozena, que se publicó en la prestigiosa revista literaria Deusche Rundschau, en la que colaboraban nombres tan reconocidos como el de Theodore Fontane, autor del clásico Effi Briest.

Marie, la relojera

Marie sentía una especial atracción por los relojes, especialmente por los relojes de pulsera, y los coleccionó durante toda su vida. Su colección personal está expuesta en el Museo del Reloj de Viena. Pero la pasión de Marie por la relojería excedía con mucho la del coleccionista, 1879 realizó un curso de relojería para asombro de amigos y conocidos. Las mujeres de la aristocracia no trabajaban e incluso entre la burguesía y el proletariado sería muy difícil encontrar una mujer inscrita en un curso de relojería. Pero la pasión de Maríe por la relojería también excedía la mera curiosidad técnica y en 1880 dedicó una novela al mundo de la relojería, Lotti, la relojera, que significó su consolidación como novelista. 1880 fe también el año de publicación de su famoso Libro de aforismo, que desde entonces no ha dejado de publicarse, y que es el mejor testimonio de su ingenio y agudeza. Aunque lamentablemente no está traducido al español, he traducido sus mejores al español, puedes consultarlos pinchando aquí.

Incluso un reloj parado está bien dos veces al día

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

A partir de entonces Marie de Ebner-Eschenbach empezó el ciclo Dorf- und Schlossgeschichten, cuya traducción literal sería Historias de pueblo y castillo, expresión que designa una serie de cinco novelas ambientadas en un entorno rural en las que se estudia la relación entre el campesinado y la antigua aristocracia medieval de castillo, herencia de una sociedad feudal que ya en vida de Marie empezaba a erosionarse por la imparable irrupción del capitalismo, que a sus ojos estaba destrozando los antiguos lazos comunales en los cuales se fundaba la vida rural y los estaba sustituyendo por el individualismo y el ánimo de lucro.

Sellos en honor a Marie. Los pequeños son austriacos y el grande alemán

Este ciclo disfrutaría de tanto éxito que tendría una segunda parte, Nuevas historias de pueblo y castillo, en esta ocasión una trilogía, que se encuentra por méritos propios entre las mejores trilogías literarias de todos los tiempos. Los dos ciclos en conjunto incluyen títulos tan celebrados dentro de la trayectoria literaria de Marie de Ebner-Eschenbach como Krambambuli, Jacob Szela o La buena luna, en los que ahonda en su descripción de los relaciones entre las diferentes estructuras sociales.

Éxito y honores

Desde la publicación en 1880 de Lotti, la relojera y su Libro de aforismo, el éxito de Marie de Ebner-Eschenbach no dejó de aumentar hasta su muerte. Se dice que las editoriales llamaban a su puerta y se peleaban por su firma. Su fama tocó techo en 1887, con la publicación de El niño de la parroquia, una fábula moral que disfruta de un lugar de honor en la literatura en lengua alemana. A partir de ese momento su nombre traspasó las fronteras austríacas y se hizo popular en Alemania, siguieron las traducciones al inglés y al francés y pronto se convirtió en una de los escritoras más populares de su época en Europa.

Marie de Ebner-Eschenbach combatió las convenciones relacionadas con la posición de la mujer en la sociedad de la mejor manera posible, acoso de la única manera posible, con el ejemplo. Realizó su sueño de hacerse escritora con discreción, humildad y honestidad. En este sentido, conviene aclarar que Marie nunca fue una escritora que intentara ganarse la vida con sus libros, pues no tenía ninguna necesidad de ello. Detrás de su carrera literaria se encuentran dos motivaciones principales, primero el amor a la literatura y el puro placer de escribir, y segundo, utilizar sus novelas como instrumentos para cambiar la mentalidad de su tiempo. El fomento del humanismo y la decencia, es el motor de su escritura, sus novelas son fábulas morales que han cautivado a lectores de todas las épocas. Sin embargo, la labor edificadora de Marie de Ebner-Eschenbach no sólo se limitó a la escritura y en vida fundó una asociación para luchar contra el antisemitismo y en su testamento legó todo el dinero que había ganado con sus libros a la promoción de escritores noveles.

Nadie sabe suficiente, pero demasiada gente sabe demasiado

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

Finalmente, por una de esas ironías a las que la vida es tan aficionada, fueron las novelas las que abrieron a Marie de Ebner Eschenbach las puertas de los teatros. Sin amor, escrita en 1888, y Al final, escrita en 1895, cuya arquitectura se basa prácticamente en el uso del diálogo, se representaron en los teatros berlineses de la época con considerable éxito de público y crítica. En el año 1898 el Imperio Austro-húngaro le concedió la máxima distinción civil: La cruz de honor de arte y literatura. Y dos años más tarde, en 1890, con ocasión de su sexagésimo aniversario, la Universidad de Viena le concedió un doctorado honoris causa en Filosofía, la primera mujer en la historia en disfrutar dicho honor. Tres años más tarde apareció la primera edición de sus obras completas en Berlín.

Marie, en plena senectud. Los años no pasan en balde

Muerte en Viena

Moritz, el marido de Marie de Ebner-Eschenbach murió en 1898, después de cuya muerte Marie emprendió una serie de viajes por Italia, pero no dejó de escribir. En los años que siguieron a la muerte de su marido publicó Unsühnbar, Parábolas, leyendas y poemas, ¿Sin fe? y De los últimos días de otoño y una de sus obras más queridas Memorias de los días de infancia y educación.

En la juventud aprendemos, en la vejez comprendemos

Marie de Ebner-Eschenbach, Aforismos

Marie de Ebner-Eschenbach murió el 12 de marzo de 1916 en Viena. Para honrar a una de las escritoras austríacas más queridas de su época, la Universidad de Viena colgó una placa de honor en la fachada de la universidad y la ciudad de Viena inauguró un parque en su nombre, pero el mayor honor póstumo es el de seguir siendo leída más de cien años después de su muerte.

Marie de Ebner-Eschenbach, mejores frases

La biografía de Marie baronesa de Ebner-Eschenbach nos dice que fue una mujer que desafió las convenciones de su tiempo, en cuanto a lo que debía y podía hacer una mujer, especialmente una mujer de la alta aristocracia, para perseguir sus ambiciones literarias. Como casi todos los grandes escritores demostró una especial ingenio verbal y habilidad para jugar con las palabras, en cuyo caso rozó la maestría, pues su Libro de Aforismos es un clásico de la literatura alemana. Aquí os dejo una breve muestra de su talento:

  • Los esclavos felices son los mayores enemigos de la libertad.
  • El coraje del débil, la dulzura del fuerte. Ambos dignos de adoración.
  • No es fácil corregir cada injusticia, pero es fácil destrozar cada buena obra.
  • El autoconocimiento es un remedio infalible contra la vanidad.
  • Que todo pasa, es algo que uno ya sabe en la juventud, pero la rapidez con la que todo pasa, es algo que uno sólo aprende en la vejez.
  • Demandamos con demasiada frecuencia virtudes en los demás, sólo para que nuestros propios vicios se nos hagan más tolerables.
  • El trato con egoístas es tan perjudicial porque la necesidad lentamente nos fuerza a caer en sus errores.
  • La inocencia del hombre se llama honor, el honor de la mujer se llama inocencia.
  • Si hay alguna fuerza capaz de mover montañas es la fuerza en la propia fuerza.
  • El remordimiento mueve al débil a la desesperación y al fuerte a la bondad.
  • Lo que hacemos hoy determina cómo será el mundo de mañana.
  • Haz tu obligación hasta que se convierta en tu felicidad.
  • La misericordia despreciada se puede transformar en maldad tan fácilmente como el amor despreciado se puede transformar en odio.
  • Cuando dos hombres buenos se pelean sobre principio, siempre tienen razón los dos.
  • El sentimiento de estar en deuda es una carga que sólo las almas más fuertes pueden soportar.
  • No te tomes la vida en serio, al final no vas a salir con vida de ella.
  • Cuanto más hablemos, menos aprendemos.
  • Pereza mental, superficialidad, pensamientos fijos son femeninos; temeridad, hedonismo, dureza son masculinos; terquedad, presunción, curiosidad son errores infantiles.
  • Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se puede.
  • No existe nada malo, pero tampoco nada bueno que no esté hecho de vanidad.
  • Ama sin fidelidad, confesión sin remordimiento, fuego sin llama, tiene una vida muy corta.
  • Los ingenuos dicen tonterías, los inteligentes las hacen.
  • Las peores enfermedades no son las mortales, sino las incurables.
  • Quien cree en la libertad de la voluntad humana, es que nunca ha amado ni odiado.
  • Las cartas de las personas amadas, se queman en el acto o no se queman nunca.
  • Amargo el defecto del que con la mejor voluntad no podemos sacar nada de provecho.
  • Sé el señor de tu voluntad y el siervo de tu conciencia.
  • Practicar el remordimiento es virtud, experimentar el remordimiento es felicidad.
  • Cuando el hombre quiere callar sobre algo, entonces no hay fuerza en la tierra que le pueda arrancar su secreto.
  • Somos tan vanidosos que incluso nos preocupamos por la opinión de la gente que no nos importa.

Las 10 librerías más hermosas del mundo

Todo amante de los libros tiene su librería favorita, y aunque es cierto que la librería tradicional de barrio han sido arrinconada por Amazon y por las grandes cadenas de distribución tipo Fnac o La casa del libro, la librería independiente, no sólo sigue existiendo, sino que es el verdadero hogar del lector. Para demostrarlo, aquí va una selección de las librerías más hermosas del mundo, una mezcla de tradición y diseño. Una vez más, la posición de cada una es un mero accidente.

  1. Polare, Maastricht

Aquello de que las librerías son para los lectores lo que las iglesias para los devotos no podía ser más cierto en el caso de Polare. Construida en una antigua iglesia dominica del siglo XIII por los arquitectos Merkx & Girod en 2006, Polare es un templo de los libros que aspira a convertir la lectura en una experiencia religiosa. Símbolo de los tiempos, su futuro es incierto, en febrero de 2014 se declaró en quiebra y su equipo lanzó una campaña de crowdfunding para mantenerla a flote. Actualmente sigue abierta con el nombre de Boekhandel Dominicanen.

  1. El Ateneo, Buenos Aires.

Nunca mejor dicho, en este icono de la vida cultural argentina los libros son los protagonistas. El edificio de El Ateneo data de 1919 cuando se inauguró como el Gran Teatro Espléndido, diez años después, en 1929, se reconvirtió en cine y así siguió, proyectando películas, hasta que años después los libros decidieron steal the show. Techos con frescos, tallas ornamentales, cortinas de felpa roja, su impresionante decoración hacen de El Ateneo la Capilla Sixtina de las librerías.

3. Livraria Lello, Oporto

Para crear una librería que nos robe el corazón no hace falta remodelar una antigua iglesia o teatro, como lo demuestra la Livraria Lello, que se dedica a vender libros desde la construcción del edificio en 1881, originalmente bajo el nombre de Chardron. La joya de su diseño art nouveau es una escalera que se eleva hasta el cielo, como la canción de los Led Zeppelin, rodeada de hermosas estanterías de maderas llenas de libros, muchos libros. Livraria Lello es tan hermosa que incluso han tenido que hacer una vista online de 360º para que todo el mundo pueda disfrutar de su belleza.

  1. Libreria Acqua Alta, Venecia.

Venecia es uno de los lugares más hermosos del mundo, un enorme museo al aire libre con canales, y Acqua Alta está a la altura de la ciudad. Por si esto fuera poco, quizás se trate de la única librería del mundo bajo el nivel del agua. Ubicada junto a un canal, cuando sube el agua -de ahí su nombre- el equipo de la librería tiene que trasladar los libros del suelo a bañeras y estantes. Las frecuentes inundaciones de Venecia no impiden que la librería, a diferencia de otros negocios, siga abierta. Quizás este sea el peor lugar del mundo para mantener una librería y quizás la única razón para seguir abierta es su arrebatadora belleza.

  1. Honesty, País de Gales.

El pequeño pueblo galés de Hay-on-Wye es un lugar cuya vida se basa en los libros, Bill Clinton, anterior presidente de los Estados Unidos, describió su festival literario, inaugurado en 1988, como el Woodstock de la mente. Con más de 30 librerías distintas, más que un pequeño pueblo con librerías, parece una gran librería con pueblo, pero la joya de la corona es la que se encuentra en los jardines del castillo Norman. Los visitantes pueden admirar la arquitectura medieval mientras buscan entre los muchos títulos que adornan sus estantes, casi todos ellos de segunda mano. Los beneficios van destinados a la restauración del castillo y el único pero es la lluvia.

  1. Munro’s Books, Canada

Esta no es sólo una hermosa librería, es una regentada por una mujer ilustre en el mundo de las letras, conocida como la Chejov canadiense. En 1963, 50 años antes de ganar el Nobel, Alice Munro fundó Munro’s Books junto a su marido, un pequeño santuario de la lectura en el corazón de Victoria. El éxito de la librería no fue menor que el de su propietaria y con el tiempo se ha mudado a un imponente edificio de estilo neoclásico, pero no ha perdido nada de su encanto.

  1. Cafébrería el Péndulo, México.

Esta hermosa librería en Ciudad de México es grande y luminosa, con interminables estanterías ordenadas geométricamente que, al menos, a mí me hacen recordar un poco a la librería de Babel de Borges. El hermoso diseño se completa con varios árboles repartidos por el espacio y un péndulo colgado del techo que parece marcar el paso del tiempo, como siempre distinto en una librería. En su cafetería sirven un café exquisito y se puede escuchar conciertos de música en vivo. En su veinte aniversario la librería escondió mil libros en sus estanterías con el mensaje: Este libro es gratuito. Léelo y llévalo a un sitio público. Sin duda, un excelente lugar para escapar del asfixiante calor de México.

  1. Atlantis Books, Santorini.

Hace algo más de diez años, cuando se decía que las librerías estaban abocadas a morir, un grupo de amigos de Chipre, Inglaterra y los Estados Unidos, decidieron abrir esta hermosa librería mirando el mar en Oia, Santorini. Perfectamente integrada en el paisaje, la espectacular costa griega embellece la librería tanto como la librería embellece la costa. Desde su apertura, ha organizado lecturas colectivas en su espectacular terraza, talleres de encuadernación y festivales de cine y gastronómicos.

9. Librería Avant-Garde, Nanjing

Conocida como la librería más hermosa de China, probablemente no haya librería ubicada en un lugar más extraño que Avant-Garden, nada menos que un antiguo aparcamiento subterráneo que anteriormente había sido un búnker antibombas. Para llegar hasta ella, situada bajo el Estadio Wutishan, los clientes tienen que seguir una carretera con una doble línea amarilla. En el interior hay una réplica de la estatua El Pensador de Rodin -todo un guiño literario, pues fue una de las grandes inspiraciones de Rainer Maria Rilke, el poeta errante-, junto a una caja llena de viejos libros y las columnas están inscritas con citas literarias.

  1. Shakespeare & Company, París.

    Podría haber aparecido en la primera, segunda o tercera posición, pero en algún lugar tenía que aparecer, pues ninguna lista que se precie se atrevería a dejarla fuera, por algo es la librería más famosa del mundo. Ezra Pound, Ernest Hemingway o James Joyce solían dejarse caer por allí en los buenos viejos tiempos. En 1951 se mudó, pero no por ello dejó de ser punto de encuentro de escritores, gente como Allen Ginsberg o William S. Burroughs recogieron el testigo. Shakespeare & Company es visita obligada para cualquier amante de los libros de paso por París. Los escritores se pueden alojar en ella gratis. Pero, ojo, como en los viejos castillos, los espíritus de los viejos escritores viven entre sus muros y salen por las noches a curiosear entre sus estantes.

    Hemingway y Sylvia Beach, fundadora de Shakespeare & Company, a las puertas del establecimiento original

    11. Bonus track, Urueña, España

    España es un país muy literario, cada barrio tiene su librería, a veces más de una, a través de las cuales se vertebran las vida cultural de las ciudades. Muchas de ellas son excelentes, en cuanto a servicio, catálogo y diseño; algunas merecerían estar en esta lista, rápidamente se me vienen a la cabeza Cervantes en Oviedo, Desperate Literature en Madrid, Anónima en Huesca, pero el bonus track lo ocupa el pueblo de Urueña, probablemente el único de España con más librerías que bares, pues aquí cada calle tiene su librería.

    Urueña, la villa de los libros