La profesión política de Max Weber

Max Weber fundió sus conocimientos de historia, derecho, economía y política para dar origen a una nueva rama de la ciencia social, la sociología, de la que se puede considerar padre fundador y máximo exponente. Su obra es breve, en parte por los problemas de salud que marcaron su biografía, pero cuenta con algunos de los libros más importantes del siglo XX, como Economía y sociedad y La ética protestante y el espíritu del capitalismo, gracias a las cuales es considerado el mejor sociólogo de todos los tiempos.

En esta entrada, sin embargo, me voy a ocupar de Politik als Beruf. La traducción literal del título original sería «Política como profesión». En el mercado se puede encontrar con este y otros títulos. Entre ellos, «Política como vocación», que no considero desacertado, porque beruf tiene también ese significado en alemán, pero sí limitado, porque este ensayo trata de mucho más que la vocación política. Yo he elegido La profesión política, que considero que capta el espíritu del libro y suena mejor que «La política como profesión».

La profesión política es un libro breve, didáctico y entretenido, que recomendaría sin dudar a cualquiera que tenga interés por la política, ya sea como actor o espectador. En cualquier caso, el lector debe saber que, como Max Weber advierte en el primer párrafo, el objetivo de este ensayo no es dar respuesta a cuestiones tales como si uno debe votar a la izquierda, el centro o la derecha, si es mejor un gobierno o republicano o monárquico o si se deben subir o bajar los impuestos. Pues esto no tiene nada que ver con la cuestión general de qué es y qué significa la profesión política.

La profesión política es un ensayo breve, de unas 90 páginas. Como en los de 900, en él hay partes más o menos interesantes, pero a diferencia de estos, no hay nada superficial, todo es esencial. Max Weber no se anda por las ramas y rápidamente nos dice cuál es la esencia de la profesión política: El estado moderno sólo se puede definir sociológicamente por el empleo de la fuerza física… Por supuesto que la fuerza física no es el único medio del estado, sino el específico del estado… El estado es aquella comunidad humana que reclama para sí el monopolio de la fuerza física dentro de un espacio determinado… En consecuencia la política significa luchar por el reparto del poder o influenciar en su reparto.

Esta idea no es nueva en este blog. Si no me falla la memoria ya se mencionó cuando se hizo mención a El Príncipe de Maquiavelo en los mejores libros breves. La política es el juego del poder, su objetivo es la obtención y conservación del poder, como el del fútbol es meter gol. Esta idea puede chocar a quien piense que consiste en crear hospitales y escuelas, fomentar la economía y patrocinar las artes. Quien piense esto es porque es una persona de una ingenuidad encantadora, a quien le recomiendo que deje inmediatamente de leer esta entrada, porque corre el riego de abrir los ojos a la cruda realidad. También le recomiendo que nunca se acerque a libros como El Príncipe o La profesión política, porque corre el riesgo de perder ese tesoro del alma que es la inocencia. Aquellos que la hemos sacrificado en favor del conocimiento nos arrepentimos durante el resto de nuestras vidas. Advertidos estáis, queridos ingenuos.

Max Weber, un tipo serio

Hablando en plata, entre una medida buena para lo sociedad pero que limitara su cuota de poder o una mala para la sociedad pero que la aumentara, ninguno de nuestros queridos políticos elegiría la primera. Esto es tan obvio que no requiere de más explicación. En cualquier caso, por si hay algún ingenuo que sigue leyendo, no negaré que por supuesto que existen algunos pocos políticos con sólidos principios éticos que estarían dispuestos a sacrificar parte de su cuota de poder en beneficio de la sociedad, el problema es que estos nunca llegan a disfrutar del beneficio del poder. Ergo la afirmación, si no en teoría, es cierta en la práctica.

Antiguamente, cuando la legitimidad de los gobernantes descansaba en la fuerza o en la gracia de dios, estos no tenían ningún motivo real para preocuparse por el bienestar de sus vasallos. No obstante, lo hacían, administraban la justicia, gestionaban la economía y promocionaban las artes, aunque siempre de acuerdo a sus intereses, que se resumían en la obtención y conservación del poder. Actualmente, cuando la legitimidad de los gobernantes descansa en la voluntad del pueblo, estos tiene muchos motivos reales para preocuparse por el bienestar de sus ciudadanos. No obstante, no lo hacen. Por supuesto, administran la justicia, gestionan la economía y promocionan las artes, pero como antaño siempre de acuerdo a sus intereses, que se resumen en la obtención y conservación del poder. Con el paso del tiempo han cambiado las reglas del juego, pero no su esencia. Y si hoy estamos mejor que entonces, lo cual no sería fácil de demostrar, no es por los políticos, sino a pesar de ellos.

El estado es una relación de dominio de personas sobre personas que descansa en la fuerza física legítima (esto es: percibida como legítima). De acuerdo con los estudios de Max Weber existen tres formas de gobierno legítimo. En la primera la legitimidad descansa en la tradición, y correspondería con el gobierno de los antiguos patriarcas. En la segunda, en el carisma y correspondería con el de los profetas, los guerreros victoriosos o el gobernante plebiscitario, el gran demagogo de los partidos políticos. En la tercera, en la ley y correspondería con el gobierno de los burócratas. Este tema de la legitimidad es muy complejo. A quien quiera saber más al respecto le recomiendo echar un vistazo a Los tipos de gobierno, también de Max Weber. Aquí me limitaré a decir que estas formas no son compartimientos estancos y que en la realidad cualquier forma de gobierno presenta elementos propios de las otras.

El líder carismático, al que se obedece no por tradición o ley, sino porque se cree en él, es el que mejor representa la esencia de la profesión política y Max Weber se fija en él para construir su teoría. Este líder necesitará para el ejercicio del poder de un número determinado de hombres de confianza, pero estos, sus gobernantes, no lo obedecerán en virtud de su carisma (legitimidad). La legitimidad es una ficción, es para el pueblo ignorante. Para garantizarse la obediencia de sus gobernantes el político se sirve de dos medios que apelan a su interés personal: dinero y honores.

Además de un gobierno, la conservación del poder requiere de ciertos bienes materiales, en general todos aquellos que permiten el ejercicio de la fuerza física. La teoría política de Max Weber empieza a coger color cuando descubre que históricamente resulta de fundamental importancia si el líder es el único propietario de los bienes materiales de gobierno o si debe compartirlos con sus hombres de confianza. En este segundo caso, el más común, el líder se ve obligado a compartir el poder con una «aristocracia».

Según Max Weber el proceso histórico de formación del estado moderno se podría resumir como el intento del príncipe de expropiar a los demás poseedores «privados» de los medidos necesarios para administrar, hacer la guerra, financiar y de todos los bienes susceptibles de usarse políticamente. Resumiendo, una lucha entre el príncipe y la aristocracia por el poder. El estado moderno es una institución que dentro de un espacio físico determinado ha conseguido monopolizar la fuerza física como medio de gobierno, para lo cual ha expropiado al conjunto de personas que anteriormente tenían derecho a poseer esos medios y se ha puesto a sí mismo en su lugar… En el curso de este proceso de expropiación política surgieron los primeros «políticos profesionales», los principales instrumentos de expropiación al servicio del príncipe… De donde el príncipe los reclute determinará en gran medida la estructura del futuro estado y no sólo esta, sino toda su cultura.

Retrato de Max Weber

Antes de entrar a analizar a estos políticos profesionales, Max Weber hace una pequeña digresión sobre que hay dos formas de «hacer política» ( nunca podemos perder de vista que hacer política consiste en influenciar el reparto de poder), como político ocasional o como político a tiempo completo. Estos últimos son propiamente los políticos profesionales, y entre ellos también hay dos formas de entender su profesión: O se vive para la política o se vive de la política. Esto no requiere de más explicación, pero por si acaso Max Weber nos recuerda que de la política vive quien aspira a hacer de ella una fuente de ingresos permanente, para la política quien no. En este sentido sólo podrían vivir para la política los ricos, concretamente aquellos que no están obligados a participar activamente en la generación de su riqueza, los rentistas. Y un gobierno formado por personas que sólo vivieran para la política desembocaría inevitablemente en una plutocracia. Obviamente esto no significa que el plutócrata no intente vivir también de la política, sino que no necesita hacerlo.

Creo que aquí Max Weber se equivoca parcialmente. No ha existido un pueblo más político que el ateniense, ni una democracia más real que la ateniense. El pueblo ateniense vivía para la política y la gestión de la polis, para ello el ciudadano ateniense contaba con esclavos, en quienes delegaba la resolución de su trabajo privado, para que él pudiera dedicarse su tiempo a lo público. Este es un tema de debate interesantísimo, sobre el que aquí no puedo entrar, pero con lo ya mencionado el lector avezado entenderá por qué en las sociedades modernas no puede haber una democracia real, entendida como tal, una en la que el pueblo gobierne.

La política puede ser honorífica y estar desarrollada por ricos o puede abrir sus puertas a los pobres, en cuyo caso estos deben ser pagados, con lo cual pierde su carácter honorífico. El honor y el dinero tienen una relación muy parecida a la del agua y el aceite. El político que vive de la política puede ser una persona que obtiene prebendas y honores a cambio de determinados servicios (la corrupción sería la manifestación negativa de esta forma de lucro) o un funcionario a sueldo. En el pasado los príncipes retribuían la fidelidad de sus conquistadores victoriosos o de sus mejores administradores con feudos, tierras, prebendas y regalos de todo tipo, hoy el líder del partido recompensa a sus seguidores con puestos de todo tipo en partidos, periódicos, empresas, cajas y gobiernos. Más que por objetivos concretos, la lucha entre partidos es sobre todo por puestos.

Aquí Max Weber se detiene para hacer otra digresión sobre la evolución histórica del funcionariado, todas aquellas personas de las que se sirve el príncipe para el ejercicio del poder. De acuerdo con sus datos, a partir del siglo XV el funcionariado experimentó un gran desarrollo, motivado por la creciente complejidad de tres ramas imprescindibles para la administración de cualquier estado: Las finanzas, la técnica militar y el derecho. Esta creciente complejidad de la administración tiene dos consecuencias inmediatas. Primera, el ejercicio real del poder cada vez descansó más en el funcionario, el único con los conocimientos técnicos requeridos para su ejercicio, mientras que el príncipe cada vez asumía más la figura de un diletante. Segunda, se estableció una lucha por el poder entre el príncipe y el funcionariado, Esta situación sólo cambia con la aparición del parlamento y las aspiraciones de los líderes de los partidos políticos.

Este nuevo desarrollo provocó una división en el funcionariado, cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. Surgieron dos clases de funcionarios, el funcionario profesional y el «funcionario político». La diferencia fundamental entre unos y otros, es que los últimos pueden ser reemplazados o despedidos, y generalmente lo son, cuando hay un cambio de gobierno.

Volviendo al tema central del libro, a continuación Max Weber analiza los principales tipos de políticos profesionales de los que se han servido los príncipes a lo largo de la historia para afirmarse en el poder. A nadie extrañará que en primer lugar esté el clérigo, por su dominio de una técnica imprescindible para el ejercicio del poder: La escritura. La alianza entre poder e iglesia está presente en todas las culturas, por la capacidad de los miembros del clero para ayudar al príncipe a consolidar su poder contra la aristocracia. En relación a la preferencia de los príncipes por contar entre sus asesores con bramanes, budas, obispos y demás ministros de dios Max Weber hace un comentario muy interesante con respecto al celibato. La ausencia de descendencia hace que los clérigos no sean competidores naturales del príncipe por el poder.

El segundo tipo son los literatos. A este respecto, entre otras cosas, Max Weber comenta que esta clase tuvo una especial influencia en la evolución política de China y lamenta que en occidente, por el contrario, su importancia haya sido pasajera.

El tercer tipo es el noble. Después de expropiarlos de los medios de poder político, los príncipes se esforzaron en atraer a los nobles a la corte, donde gradualmente ocuparon el papel que brevemente fue propiedad del literato.

El cuarto tipo es el burgués. Max Weber afirma que este es un fenómeno típicamente inglés. En Inglaterra el príncipe empleó al burgués para contrarrestar la influencia del noble. Según él, su influencia más notoria es que, a diferencia de lo sucedido en el continente, previnieron la burocratización de las islas.

El quinto tipo es el jurisconsulto y a juzgar por el número de páginas que Max Weber dedica a estudiar su rol político sería sin duda el más importante de sus actores. Esta figura es sobre todo característica de la Europa continental, donde la evolución política estuvo condicionada desde un principio por la importancia del derecho romano. En ningún lugar del mundo se observa nada parecido. Para Max Weber el papel del abogado en la política es tan importante que considera que sin él la formación del estado absolutista no sería posible, pero tampoco la revolución ni las modernas democracias.

A continuación Max Weber estable ciertas diferencias sobre el abogado y el funcionario y sobre el funcionario y el político y estudia el papel del periodismo en la política. Por consideraciones de tiempo y espacio no diré nada al respecto, excepto que aunque el periodista ejerce una gran influencia política, muy rara vez, casi nunca, llega a puestos de poder y que para todos los estados modernos parecer ser válida la frase: el periodista cada vez tiene menos influencia política, pero el magnate de la prensa cada vez más.

El «demagogo» es el líder político característico en occidente desde la creación de los estados constitucionales y el triunfo de la democracia. Con esta contundente afirmación empieza Max Weber una nueva etapa de su ensayo, más cercana a nuestra realidad política actual, en la que analiza el proceso de formación de los partidos políticos y el papel en estos del político. Este proceso empieza con la aparición de los primeros grupos de poder patrocinados por algún noble y termina con la formación de las grandes máquinas de captación de votos que son los actuales partidos actuales. Su desarrollo se extiende durante varios siglos y en cada país siguió cursos diferentes. Para su estudió Max Weber se centra sobre todo en el desarrollo histórico de los partidos políticos en Estados Unidos e Inglaterra, con especial hincapié en la figura del boss y del electión agent.

Lo decisivo es que estos grandes aparatos humanos, la «máquina» como dicen los anglosajones, o más bien aquellos que la dirigen, están en condiciones de imponer su voluntad al parlamento… Y esto resulta de especial importancia para la elección del líder… Ahora será líder aquel al que siga la «máquina»… La creación de tales «máquinas» significa el inicio de las democracias plebiscitarias… Los seguidores del partido, sobre todo los funcionarios del partido y los que lo subvencionan, esperan una recompensa por la victoria del líder: Puestos u otras ventajas. De él, no de los parlamentarios, eso es lo decisivo.

Esto en ningún lugar se aprecia mejor que en en los Estados Unidos, especialmente en la época conocida spoil system, durante el cual antes de la civil reform bill, después de cada elección entre 300.000 y 400.000 puestos públicos cambiaban de manos. Algo parecido a lo que pasaba en España durante la época de la Restauración, con el partido liberal y conservador.

Dicho lo cual, llegamos al punto más interesante del ensayo, a la pregunta que pulula por la cabeza del lector desde que abre un libro de esta naturaleza: ¿Cuál es la característica principal del líder? Por supuesto, como el valor al soldado, al líder se la presume voluntad de poder, pero su cualidad fundamental es la demagogia, el poder del discurso demagógico. La situación existente se podría definir como una dictadura basada en la explotación de la emocionalidad de las masas.

Como, si no recuerdo mal, mencionó la Ortega y Gasset en España Invertebrada, la división natural de la sociedad se basa en que unos pocos manden y unos muchos obedezcan. Esto tiene una base biológica incuestionable, el ser humano es un animal de rebaño, en otras palabras, es gregario, su tendencia natural es seguir. Esto fenómeno se puede observar en un manada de lobos, una jauría de perros o una familia de primates, que a fin de cuentas es la especie a la que pertenece el hombre. En el medio natural los seres humanos, como el resto de animales grupales, de acuerdo con la ley natural, seguimos al más fuerte. En el medio civilizado (antinatural), la fuerza ha sido sustituida como vector de liderazgo por otras virtudes, relacionadas con el conocimiento. En el medio político, el conocimiento ha sido sustituido por la demagogia. La demagogia puede ser considerada una forma de conocimiento, aquel que sirve para manipular a las masas; aunque esto sea denigrar mucho el conocimiento y exaltar mucho la demagogia.

Los procesos históricos que desembocaron en las democracias pebliscitarias, por un lado, y la particular idiosincrasia de los partidos políticos por otro, han convertido la política en un fenómeno de masas. Esto es trágico, porque ahí se encuentra la raíz de la demagogia. En ningún aspecto se aprecia mejor que en la pobreza del discurso político, que carece de la inteligencia y simpatía que caracteriza al discurso entre individuos. En la democracia el poder se distribuye en las elecciones y, seamos conscientes de ello o no, a las elecciones de ningún país concurren sus ciudadanos, sino su masa o sus masas o, mejor dicho, sus rebaños. En otras palabras no votamos con la cabeza, después de analizar fríamente qué propone cada candidato, cómo ha llegado a donde está y cuál ha sido su gestión pasada, sino con el corazón. Y ninguna otra víscera es tan sensible al discurso demagógico. Y nada más peligroso para una sociedad que dejar que hable el corazón allí donde sólo debería hablar la razón.

En ocasiones se ha definido a la democracia como el menos malo de los sistemas. Probablemente la definición sea cierta en toda su extensión, lo que es indiscutible es que la democracia es mala. Jean Jacques Rousseu en El contrato social no la prefería a muchos otros sistemas. Considerando sus pésimos resultados, la única explicación del prestigio que disfruta hoy en día entre los ciudadanos es que se haya convertido en un dogma político, como la existencia de dios entre los fieles. Y sin embargo esta tiene tampoco de buena como este de real.

En las democracias actuales el poder está tan alejado de los intereses del pueblo como siempre. En nada se aprecia mejor que en la crispación política. Si los diferentes partidos políticos de un país estuvieran interesados en el bienestar de sus ciudadanos discutirían menos y acordarían más. El ingenuo incurable, si es que ha llegado hasta aquí, responderá que discuten porque discrepan sobre cómo conseguir el bien común. Si tuvieran interés en el bien común, llegarían rápidamente a un acuerdo sobre los medios para alcanzarlo. La realidad es que discuten tanto y llegan a tan pocos acuerdos porque están interesados única y exclusivamente en sus intereses particulares.

En La profesión política Max Weber revela una vieja verdad, la política consiste en la obtención y conservación del poder. Como cualquier ganancia de poder de un partido político siempre, siempre, siempre implica perdida de poder de otro, nunca se podrán poner de acuerdo. En adición a esto, los partidos políticos están financiados en gran medida por capital privado. Los nombres de esos generosas personas físicas y jurídicas son desconocidos, pero todo podemos imaginarnos de quién se trata. En cuanto el lector les ponga nombre, tendrá a los verdaderos beneficiarios de la acción política.

En su ensayo Max Weber analiza los procesos históricos por los que se ha llegado a esta situación. A los cuales yo he añadido un rasgo propio de la condición humana. Ahora bien, como veo más factible redactar un nuevo contrato social, cuya redacción no llevaría más de unos meses, que cambiar al ser humano, cuya evolución es una cuestión de milenios, no quiero terminar esta entrada sin hacer una llamada a la superación de la democracia como principio rector del contrato social. El problema no es que no vea en nuestra sociedad ningún intelectual capacitado para elaborar una teoría política del futuro, es que no veo ningún intelectual. Con lo cual deberé encargarme yo de hacerlo, desgraciadamente tengo cosas más importantes que hacer.

Hijos de la medianoche de Salman Rushdie

Con motivo del 40 aniversario de Hijos de la medianoche Salman Rushdie reflexiona sobre la intrahistoria del libro, el proceso creativo y la historia de la India. Me tomo la libertad de traducirlo y compartirlo, pensando que puede ser de interés, tanto para quien piense leer el libro, quien lo haya hecho o quien quiera echar un vistazo en la compleja maquinaria que da vida a una novela.

La primera cosa que quiero decir en el 40 aniversario de Hijos de la medianoche es que estoy muy contento de que todavía siga teniendo lectores, que todavía encuentran algo de valor en sus páginas. La longevidad es el verdadero premio al que aspiran los escritores y no lo entrega ningún jurado. Superar el test del tiempo, pasar de generación en generación, es tan difícil para un libro que merece una pequeña celebración. Para un escritor de setenta y pico años la buena salud de un libro publicado cuando tenía treinta y pico es sencillamente una gozada. Por esto es por lo que hacemos lo que hacemos: Para hacer obras de arte, que si tenemos suerte, resistan.

Como lector, siempre me han atraído lectura ambiciosas y de gran envergadura, libros que intentan capturar un amplio fragmento de la realidad. Cuando empecé a concebir la obra que se convertiría en Hijos de la medianoche, releí otra vez las grandes novelas rusas del siglo XIX, Crimen y castigo, Anna Karenina (unas de las mejores novelas de amor), Almas muertas, libros del tipo que Henry James llamaba monstruos grandes, sueltos y panzudos, novelas realistas a gran escala, aunque en el caso de Almas muertas rozando el surrealismo. Y a las grandes novelas inglesas de los siglos XVIII y XIX, Tristram Shandy (en extremo innovativa y no por ello menos realista), La Feria de las vanidades (llena de connotaciones satíricas), La pequeña Dorrit (aunque su departamento gubernamental cuyo objetivo es no hacer nada la acerca al realismo mágico) y Casa desolada (cuyo interminable juicio Jarndyce contra Jarndyce la acerca aún más). También tuve en mente los modernos equivalentes de estas obras maestras, El tambor de hojalata y Cien años de soledad, Las aventuras de Augie March y Trampa 22, y los amplios y expansivos universos de Iris Murdoch y Doris Lessing (ambos muy prolíficos para ser definidos con un sólo título, pero El príncipe negro de Murdoch y La creación de un representante del planeta 8 de Lessing fueron grandes influencias para mí).

Salman Rushdie, uno de los escritores más famosos de la actualidad, tanto que ha hecho sus cameos en el cine.

Pero también contemplaba otro tipo de envergadura literaria, las inmensas épicas de la India, Mahabharata y Ramayana, y la tradición fabular de Panchatantra, Las mil y una noches, y el compendio sánscrito denominado Katha-sarit-sagar (Océano de las corrientes de una historia). Pensaba también en la tradición oral de la India, que era una forma de narrar en la que la digresión era casi el principio básico; el narrador podía contar, en una especie de espiral, una historia ficticia, mitológica, política y autobiográfica, él -porque siempre se trataba de un él- podía intercalar sus múltiples historias con canciones y mantener grandes audiencias en vilo. Me encanta que la multiplicidad pueda ser tan cautivadora. A los escritores noveles les dan a veces una versión del consejo que el Rey de corazones le da al Conejo Blanco en Alicia en el país de las maravillas, cuando el conejo se pone nervioso en el juzgado sobre cómo contar su historia: Empieza por el principio, dice el Rey con gravedad, y continúa hasta que llegues al final, entonces para. Para mí resultó inspirador saber, a través de los maestros de la tradición oral, particularmente los de Kerala en el sur de la India, que esta no era la única manera ni la más cautivadora de contar.

La novela que yo tenía en mente era una novela familiar multigeneracional, así que inevitablemente pensé en Los Buddenbrook y considerando todos sus elementos no realistas sabía que mi novela tenía que estar profundamente enraizada en la historia, así que leí con gran admiración Historia: Una novela de Elsa Morante, Y como tenía que ser una novela de Bombay, tenía que estar enraizada en la películas también, películas del tipo que ahora se llaman de Bollywood, en las que desastres como intercambios de niños al nacer estaban a la orden del día y cosas como el “beso indirecto” inventado en la imaginaria película de mi novela Los amantes de Kashmir sucedía en la realidad. Había dos canciones de película en mi cabeza. De la película Shree 420 de Raj Kapoor la canción Mera Joota Hai Japani (mis zapatos son japoneses), y de la película C.I.D. La inmortal Bombay Meri Jaan (Bombay, mi amor). Si una novela pudiera tener una banda sonora o lista de Spotify, Hijos de la medianoche tendría que tener estas canciones en ella, como otras de Faiz Ahmad Faid, la canción escolar de la Cathedral School de Bombay, donde estudie yo y Saleem Sinai: Prima in Indis, gateaway of India, Door of the east with its face to the west… Otra oda a Bombay.

Como pueden ver, quería escribir una novela de desmesurada ambición, caminar sobre la cuerda floja sin red de seguridad, un todo o nada: Bollywood o fracaso, por así decir. Una novela en que la memoria y la política, el amor y el odio, se mezclasen en casi todas las páginas. Yo era una escritor desconocido, sin experiencia ni éxito. Para escribir tal libro tenía que aprender a hacerlo, aprender escribiéndolo. Pasaron cinco años antes de que pudiera mostrárselo a nadie.

A pesar de todos sus elementos surrealistas, Hijos de la medianoche es una novela histórica, buscando una respuesta a la gran cuestión que la historia nos pregunta a todos: ¿Cuál es la relación entre sociedad y el individuo, entre el macrocosmos y el microcosmos? Dicho con otras palabras: ¿Hacemos historia o la historia nos hace o deshace a nosotros? ¿Somos los dueños o las víctimas de nuestro tiempo? Saleem Sinai responde con una afirmación curiosa: Cree que todo lo que pasa, pasa por su culpa. Que la historia es su culpa. Esta creencia es absurda, por supuesto, y su insistencia en ello parece cómica al principio. Después, cuando crece, y el abismo entre su creencia y la realidad se hace todavía más grande -a medida que se convierte en una especie de víctima, no en una persona que actúa sino en una a través de la cual actúan, que no hace sino que padece- empieza a ser triste, quizás incluso trágico. (Mientras escribía me frustré con la cada vez mayor pasividad de Saleem, pero cuando intentaba escribir una escena en la que tomara control de los hechos no resultaba convincente, y al final acepté que tenía que ser quien era y no pude convertirlo en lo que yo quisiera que fuera).

Cuarenta años después de su aparición -cuarenta y cinco desde que hizo su primera declaración en mi máquina de escribir- siento la necesidad de defender su aparentemente loca jactancia. Quizás todos estamos, por usar la expresión de Saleem, encadenados a la historia. Y si es así, entonces sí, la historia es nuestra culpa. A mucha gente -Thomas Jefferson, Alexis de Tocqueville, H.L. Mencken- se le atribuye alguna paráfrasis de la noción de que la gente tiene el gobierno que merece, pero quizás es posible hacer una afirmación más general y decir que la gente tiene la historia que merece. La historia no está escrita en piedra. No es inevitable o inexorable. No avanza sobre raíles. La historia es la consecuencia fluida, mudable y metamórfica de nuestras elecciones, y en consecuencia sus responsables, incluso sus responsables morales, somos nosotros. Después de todo, si no es nuestra, ¿de quién es? De nadie más. Sólo nuestra.

Si Saleem Sinai cometió un error fue que asumió demasiada responsabilidad por los hechos. Ahora quiero decirle: Todos compartimos esa carga. No tienes que llevara tú solo.

La cuestión del lenguaje era clave a la hora de escribir Hijos de la medianoche. En una novela posterior, La tierra bajo sus pies, usé el acrónimo “Hug-me” para describir el lenguaje de las calles de Bombay, una mezcla de Hindú, Urdú, Gujarati, Marathi e Ingles (english). Además de esas cinco lenguas oficiales, también está la jerga propia de la ciudad, Bambaiyya, que nadie más en la India entiende. En mi novela Quichotte el protagonista intenta enseñar Bambaiyya a su hijo.

Ciertamente, una novela que aspire a ser legible no podría ser escrita en “Hug-me” o Bambaiyya. Una novela debe saber en qué lenguaje está siendo escrita. En cualquier caso, escribir en inglés académico me parecía equivocado, como una mala interpretación del rico medioambiente lingüístico en que transcurría el libro. Al final seguí el ejemplo de escritores judíos americanos como Phillip Roth que salpican su inglés con intraducibles palabras yiddish. Si ellos podían hacerlo, también yo. Lo más importante era hacer entender el significado de la palabra por el contexto. Si Roth hablaba de llevarse un zetz en los kishkes, quizá nos sabemos exactamente qué quiere decir, pero por el contexto deducimos que un zetz es algún tipo de golpe violento y que kishkes es una parte muy sensible del cuerpo humano. Así que si Saleem menciona un coche rutputty, debería estar claro que el coche en cuestión es un coche destartalado, casi para la chatarra.

Al final usé menos palabras no inglesas de las que pensaba originalmente. La estructura sintáctica, la fluidez y ritmo de la lengua acabaron siendo más importantes, pensé, en mi intención de escribir en un inglés que no fuese auténticamente inglés. La flexibilidad del idioma inglés le ha permitido ser adoptado en muchos países diferentes, y el inglés de la India es muy particular, como lo es el de Irlanda el de las Indias Occidentales o el de Australia o las muchas variantes del americano. Me propuse escribir una novela en inglés de la India. Desde entonces la literatura de la lengua inglesa ha visto muchos proyectos similares: Estoy pensando el Aliento, ojos, memoria de Edwidge Danticat lleno de palabras criollas, o el empleo de palabras Igbo en Hibisco Púrpura y Mitad de un sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adichie, o el dominicano barriobajero y musical de Junot Díaz en La maravillosa vida breve de Oscar Wao.

Por así decir, me encontré conversando con un gran pionero, Un pasaje a la India de E.M. Forster. Admiraba esa novela mucho antes de tener la suerte, como graduado del King’s College de Cambridge, de conocer al propio Morgan Forster en persona, que estaba allí como profesor honorario, y me animó cuando tímidamente le confesé que quería escribir. Pero cuando empecé a escribir mi libro indio -durante mucho tiempo no sabía como se titularía- comprendí que el inglés de Forster, tan frío, tan preciso, no me servía. No me servía, pensé, para la India. Porque la India no es fría. La India es caliente. Es caliente y ruidosa y olorosa y populosa y excesiva. Cómo podía representar eso en la página, me pregunté. ¿Cómo sonaría un inglés caliente, ruidoso, oloroso, populoso y excesivo? ¿Cómo se leería? La novela que escribí fue mi esfuerzo por responder a esa pregunta.

La cuestión del populosidad necesita una respuesta formal tanto como una lingüística. La multitud es el hecho más obvio del subcontinente. A cualquier sitio que vas hay un montón de gente. Incluso en las remotas áreas rurales. El paisaje nunca está vacío. La figura humana siempre está presente. ¿Cómo una novela podía capturar la idea de esa multitud? Mi respuesta fue contar una multitud de historias, superpoblar la narración deliberadamente, de forma que mi historia, la semilla de la novela, necesitase abrirse paso, por así decir, a través de una multitud de otras historias. Hay personajes secundarios y anécdotas periféricas en el libro que podrían convertirse en sus propias novelas. Este tipo de deliberado desperdicio de material fue intencional. Esto fue mi multitud, mi caos, mi superpoblación.

Bombay, con algunos rascacielos más que hace 40 años, cuando se escribió la novela

Cuando empecé a escribir, la familia nuclear de la novela se parecía mucho más a mi familia de lo que lo fue al final. En cualquier caso, los personajes parece extrañamente inertes y muertos. Así que empecé a hacerlos diferentes a la gente en la que se basaban, y de repente cobraron vida. Por ejemplo, mi abuelo materno era un doctor de familia de origen alemán como Aadam Aziz, pero por lo que sé no estaba muy implicado en el movimiento de independencia, y fue cuando permití que Aadam Aziz se metiese en política que comprendí su personalidad.

De la misma manera, tenía un tío que escribía guiones y su mujer era una actriz, pero aparte de esto eran completamente diferentes a Hanif Aziz y la tía Pia, cuyas historias son completamente ficticias. Y tenía una tía que se casó un geneal pakistaní, que en la vida real era uno de los fundadores y el jefe del muy temido ISI, el Servicio de Inteligencia. Pero hasta donde sé no estaba implicado en planear o ejecutar un golpe de estado. Así que la historia es ficticia. Al menos eso creo.

Como he dicho, Saleem Sinai iba a mi colegio. También vivía, en Bombay, en el mismo edificio que yo, en mi viejo vecindario, y era ocho semanas más joven que yo. Sus amigos de infancia son fragmentos de niños que conocí cuando era joven. Una vez, después de una conferencia en Bombay, un hombre se me acercó y me dijo, Hola, Salman. Soy Gominas. No se equivocaba. El personaje de Gominas Sabarmati, o por lo menos el pelo engominado de Gominas estaba basado en él. Pero nunca lo habían apodado Gominas en su vida real. Eso fue algo que inventé para la novela. No pude dejar de pensar qué extraño era que un amigo de mi infancia se me presentará con un nombre ficticio. Especialmente cuando se había quedado calvo.

Pero a pesar de estos ecos, Saleem y yo éramos distintos. Sobre todo porque nuestras vidas tomaron caminos muy diferentes. La mía me llevó al extranjero, a Inglaterra y luego a América. Pero Saleem nunca dejó el subcontinente. Su vida está contenida y definida por las fronteras de India, Pakistán y Bangladesh. Así, en caso de que quede alguna duda, no fui intercambiado al nacer con otro niño. (Después de que la novela fuera publicada, apareció una historia en las páginas de la prensa deportiva india sobre el legendario jugador de cricket Sunil Gavaskar. Aparentemente, de niño, había sido entregado a otra madre por error. Afortunadamente el error fue descubierto y corregido. No esperaba que la novela se debatiera en las páginas deportivas, pero gracias a la historia de Gavaskar, lo fue).

Como prueba definitiva de que mi protagonista y yo no somos la misma persona, contaré otra anécdota. Cuando fui a Delhi a realizar una de las primeras lecturas en la India de Hijos de la medianoche, escuché la voz de un mujer gritando cuando aparecí en la tarima: ¡Oh, Pero si tiene una nariz perfectamente normal!

Cuarenta años son muchos. Debo decir que la India ya no es el país de la novela. Cuando escribí Hijos de la medianoche tenía en mente una evolución que iba desde la esperanza -la esperanza sangrienta, pero no por ello menos esperanza- de independencia a la traición de ese esperanza en la denominada Emergencia, seguida por el nacimiento de una nueva esperanza. La India hoy, para alguien como yo, ha entrado en una etapa más oscura que los años de la Emergencia. La horrible escalada de abusos de mujeres, el carácter cada vez más autoritario del estado, los injustificables arrestos de personas que se atreven a desafiar la autoridad, el fanatismo religioso, la reescritura de la historia para encajar con la visión de aquellos que quieren hacer de la India un estado nacionalista hindú y la popularidad del régimen a pesar de todo, o, peor, quizás por ello, este tipo de cosas conducen a la desesperación. Cuando escribí este libro podía asociar al narizón de Saleem con el dios con trompa de elefante Ganesh, la deidad protectora de la literatura entre otras cosas, y eso era perfectamente natural a pesar de que Saleem no era hindú Toda la India nos pertenecía a todos, o eso creía firmemente. Y todavía lo creo, a pesar del crecimiento de un sectarismo brutal. Pero me da esperanza la determinación de las mujeres indias y los estudiantes universitarios de resistir el sectarismo, de luchar por la vieja India secular y alejar la oscuridad. Les deseo lo mejor. Pero ahora mismo, en India, es otra vez medianoche.

Klara y el sol de Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro, Nobel de 2017, acaba de publicar Klara y el sol, en el que continúa explorando temas iniciados en Nunca me abandones. Desde la publicación en 1989 de Lo que queda del día, la joya de la corona de su obra, Premio Booker y del que nos ocupamos recientemente hablando de las mejores adaptaciones cinematográficas, cada nuevo libro de Ishiguro es esperado fervientemente por su gran número de admiradores. Después de casi siete años sin publicar, con Klara y el sol la espera ha merecido la pena

La particularidad de Klara y el sol no es que su protagonista sea un robot, sino que es una novela narrada por un robot. Hay muchas novelas que pertenecen a la primera categoría, hasta el punto de que el género de la ciencia ficción no se entendería sin la presencia de robots. Pero esta es la primera novela narrada por un robot de que tengo noticia, aunque estoy muy lejos de ser un experto en el género, así que no descarto la posibilidad de que tenga que tragarme mis palabras, en cuyo caso lo haré con gusto, porque siempre he considerado que tragarse las propias palabras es una dieta muy saludable.

El lector conoce a Klara expuesta en la tienda de un escaparate, donde el dependiente la mueve de lugar para atraer la atención de más clientes. Un escaparate es un buen lugar para observar el mundo. Las impresiones de Klara nos revelan que dispone de algo más que cierto grado de consciencia, algo impreciso que sólo acierto a describir con la palabra humanidad. ¿Cuánto y de qué calidad? En su inocencia Klara recuerda a un niño. Ve a un mendigo durmiendo y se sorprende cuando despierta porque piensa que estaba muerto. En la calle ve a un hombre y una mujer abrazarse tan fuerte que se pregunta si el abrazo no les causará más daño que placer. A veces, le responde el dependiente, en momentos especiales como esos, la gente siente dolor junto con la alegría.

La ingenuidad de Klara parece fuera de lugar -si es que se trata de ingenuidad y no de esa estupidez tan característica de las máquinas, que todos hemos experimentado en alguna ocasión tratando con ellas, y que lejos de la resultar encantadora resulta profundamente irritante-, porque es de suponer que en el futuro, cuando sean un elemento más de la cotidianidad, como el microondas o el móvil, los robots saldrán de fábrica conociendo ciertos aspectos básicos del mundo.

Asumo que es una licencia de autor, porque como se verá más adelante la IA es un excusa que sirve de base a la propuesta del libro. Pero quizá me equivoque y en el futuro, al objeto de hacerlos lo más parecidos al ser humano, los robots participen de los más elementales rasgos humanos ingenuidad, estupidez, candor… Esto es lo que pasa en el libro. Klara se da cuenta de que resulta más humana si comete errores. Cometer errores no tiene mucho sentido en un robot de cocina, nadie quiere que la Thermomix se equivoque con las proporciones de agua y harina de una masa de pan, pero Klara es una AA, amiga artificial y nadie quiere amigos perfectos. Me pregunto si los futuros fabricantes, dependiendo de los gustos de los consumidores, fabricaran AAs juerguistas, deportistas, cachondo… En cuyo caso no se puede descartar que fabriquen también AAs malvados. Pero que nadie se preocupe al respecto, habrá una versión superior configurable.

Kazuo Ishiguro en una foto reciente

Tal y como dice Klara, el rol de los Aases combatir la soledad y servir. Como ya he dicho, para hacer funcionar la novela Ishiguro se toma muchas licencias, y en el futuro, tal y como él lo contempla, desaparecerán los gatos y los perros, en quienes hasta ahora mayormente recaía la responsabilidad de aliviar la soledad de los seres humanos. ¿Puede un robot cumplir estas funciones mejor que un animal? Hay que reconocer que Klara está excepcionalmente dotada es leal, sensible y responde al sufrimiento con ternura. Klara está desarrollada para observar y entender humanos, y sus reacciones se parecen tanto a la empatía que calificarlas de otra manera sería descalificarlas. Creo que albergo muchos sentimientos, cuanto más observo de más sentimientos dispongo.

Sinceramente, Klara es mejor que muchos de mis AR, amigos reales. ¡Qué diablos! Es mejor que todos ellos. Y aunque esto no es difícil, porque no son más que un puñado de HPs, hijo putas, Klara podría estar a la altura del mejor de los amigos posibles. De hecho para maximizar las ventas, sugiero a los futuros fabricantes que cambiar su denominación comercial de AA a MA, mejor amigo.

Klara no es una amiga, es la amiga. ¿Quieren los humanos a Klara? ¿Por qué no iban a quererla? El mundo está lleno de chiflados que quieren a sus tazas de café, sus chaquetas preferidas, sus coches, sus vinilos, sus móviles… Yo mismo me acabo de comprar una sartén de hierro colado y ahora mismo la quiero más que a mi vida, aunque el otro día se me pegó la tortilla y eso es algo que no me pasaba desde hace muchos años. Y aunque en cierto modo me parece más natural querer a estos objetos que a un AA, ¿por qué no se iba a querer a Klara? Aunque la pregunta correcta es ¿cómo se quiere a Klara? Porque no pasa nada si hoy compramos un smartwatch y mañana lo subimos a Wallapop, pero no está bien si mañana dejamos de coger el teléfono a un amigo.

Klara es una AA a quien compran para que haga compañía a Josie, una niña de catorce años que sufre una rara enfermedad. Klara y el sol está ambientada en un futuro supuestamente cercano, aunque no hay referencia a una fecha concreta. La realidad es que en Klara y el sol, al igual que Nunca me abandones, primera incursión de Ishiguro en la ciencia ficción -otra grandísima novela-, no está ambientada en el futuro, sino en el presente. El mundo es idéntico al que todos conocemos, salvo que en Nunca me abandones había granjas en las que se criaban clones humanos -en la novela se presenta de una forma mucho menos truculenta de lo que suena- para donar órganos y en Klara y el sol hay AAs que combaten la soledad. Estos dos detalles dan a las novelas su característica de ciencia ficción y nos hacen saber que transcurren en un futuro, supuestamente próximo. Pero todo lo demás es tan idéntico a la vida tal y como la conocemos que me parece justificado afirmar que las novelas transcurren en el presente.

En principio, a la hora de contar la historia de la amistad entre un robot y una niña la mayor dificultad radica en la verosimilitud, a mi juicio la característica más importante de cualquier historia. A pesar de tomarse muchas licencias Ishiguro consigue hacer su historia muy, muy verosímil gracias a la economía con la que administra la información. Pequeños detalles, tan sencillos y naturales que cuando el fondo empieza a adquirir forma no podemos sino asentir conformes. Al igual que en Nunca me abandones, gradualmente vamos conociendo los detalles del funcionamiento de Klara y la enfermedad de Josie, así como su peculiar relación con su padre divorciado o con su amigo Rick, o la de la madre de esta con su antiguo amor, Vance. Antes de que el argumento se dibuje ante nosotros, ya hemos establecido un vínculo emocional tan fuerte con los protagonistas que inevitablemente nos sentimos parte de la historia.

La perfecta economía de la información de Ishiguro es responsable de la relación emocional que el lector establece con Klara. Porque el lector sabe lo justo en cada momento, pero siempre sabe más que Klara, sabe lo que Klara no sabe, concretamente el destino trágico de la vida. Esto sucede cuando nos damos cuenta de la gravedad de la enfermedad de Josie y empezamos a conocer qué planes tiene su madre con respecto a su AA.

Llegados a este punto, quien espera que Klara se rebele o inicie un complot para acabar con la humanidad es que no conoce a Ishiguro. Las máquinas no son malvadas y sus relaciones con los hombres son cordiales. No hay conspiración de las máquinas contra los hombres, no se trata de ese libro. Las cuestiones sociales y políticas resultan indiferentes a Klara. En general los humanos son respetuosos con los sentimientos de Klara, si es que se los puede llamar así. Cuando Klara se propone salvar a Josie cuanta con la colaboración de los humanos. No comprendo como esto puede ayudar a Josie. Pero si tu dices que lo hace, entonces ayudaré, dice Rick.

Como todas las novelas de Ishiguro ha sido publicada por Anagrama

Klara se alimenta del sol y se asusta cuando el mundo se oscurece. La ausencia de luz, hace que se empiece a preguntar si le pasa algo malo. Es imposible diferenciar la necesidad de luz de Klara de una emoción humana. El sol es bueno, procura una alimento especial. La dependencia de Klara del sol es simbólica, porque en última instancia ella no es menos dependiente de él de lo que lo somos los humanos. Cuando Klara mira al cielo lo ve color limón o gris. Pero cuando Josie está mala se vuelve del color de su vómito o heces pálidas. En la psicología del robot, su vital relación con el sol es el origen de un pensamiento mágico que una vez más es simbólico, porque recuerda a las religiones primitivas. Klara adquiere espiritualidad y finalmente empieza a rezar para pedir la curación de Josie.

Aunque lo parece y muchos la consideren así, Klara y el sol de Ishiguro no es una novela sobre la IA, inteligencia artificial. Personalmente considero que la IA es el pretexto no el tema. Fácilmente puedo concebir un futuro con AA, amigos artificiales, e incluso con NA, novios y novias artificiales, AA, amantes artificiales, etcétera. Es posible que las posibilidades de la IA sean ilimitadas, y en el futuro la técnica permita realizar robots tan humanos que al final desarrollen consciencia y conciencia. Estos robots necesariamente serían antropomórficos, hechos a imagen y semejanza del hombre, pero de ahí no se sigue que las creaciones de estos robots lo sean. En una entrevista reciente el propio Kazuo Ishiguro decía que en un futuro muy próximo podría haber una literatura hecha por robots de una naturaleza totalmente distinta a la humana: No se trata de que la IA pueda producir una novela que no puedas distinguir de una de Ian McEwan, sino de que puede producir un nuevo tipo de literatura, como el modernismo transformó la novela. Porque la IA ve las cosas de forma distinta. No es una posibilidad tan descabellada, en 2016 un ordenador produjo una novela que casi ganó el Shinichi Hoshi, un premio literario japonés -no entiendo la fascinación con la robótica de los japoneses, dicho sea de paso, mi única explicación al respecto es que debe ser una sociedad muy infantil-. En cualquier caso, que la IA evolucione y se constituya en entidad creadora no significa que la naturaleza humana cambie, y sigo pensando que en un momento determinado cualquier niño normal se aburriría de su AA, como los niños se aburren de todos los juguetes, y le abriría las entrañas para ver qué hay dentro.

Aunque están presentes y se perciben, Ishiguro no explora estas posibilidades en Klara y el sol, porque no es una novela sobre el futuro, ni sobre el presente, sino más bien pobre lo eterno, lo que hay de constante en el hombre. Si no nos dijeran que se trata de un robot, nadie podría diferenciar a Klara de un ser humano, la tristeza, el miedo, la alegría y empatía que experimenta son de naturaleza indudablemente humana. Esta es la magia de Klara y el sol, la contradicción entre un ser de naturaleza artificial y las emociones humanas que experimenta hace que nos preguntemos qué consiste exactamente ser humanos. Esa pregunta es la médula de Klara y el sol.

Ishiguro se sirve de un robot para explorar la esencia del ser humano, el verdadero tema del libro. El parecido de Klara con el ser humano es la mayor licencia que se toma Ishiguro. La frontera que separa lo humano de lo artificial desaparece. ¿Es el ser humano algo más que un robot? ¿Es su psicología distinta a un complejo software hecho de instintos, subconsciencia y educación? ¿Son los miembros y órganos del cuerpo algo distinto a hardware que con las técnicas de clonación adecuada se pueden sustituir alargando la vida? ¿Es la religión un virus que afecta al buen funcionamiento del sistema? Hasta ahora la esencia del ser humano consistía en su irrepetibilidad y singularidad de cada uno de nosotros, pero si con las técnicas genéticas adecuadas los seres humanos se podrían fabricar en serie en una cadena de montaje ¿cuál es la esencia de la humanidad? Ishiguro plantea las preguntas, para las respuestas habrá que esperar a la llegada de los EA, escritores artificiales.

El chico de la comunidad de Marie de Ebner-Eschenbach

La Editorial Funambulista acaba de publicar El chico de la comunidad de Marie de Ebner-Eschenbach, una de las novedades literarias más interesantes de la temporada. Marie de Ebner-Eschenbach es la gran dama de las letras alemanas, cuyo nombre en vida eran tan famoso como el de Jane Austen o las hermanas Brontë. Como tengo el honor de la firmar la traducción del libro, me tomo la libertad de decir unas pocas palabras sobre mi relación con la autora y presentar la novela al público de lengua española.

Por los azares del destino el nombre de Marie de Ebner-Eschenbach se ha cruzado frecuentemente en mi camino, en una referencia bibliográfica, una lista de clásicos de la literatura alemana o un artículo del Die Zeit. En los últimos años Marie de Ebner-Eschenbach se ha convertido para mí en uno de esos vecinos que nos encontramos de cuando en cuando a la vuelta de la esquina, a quien saludamos formalmente, pero con el que nunca nos paramos a hablar, acaso por respeto o porque ambos estamos ocupados en nuestros propios asuntos.

Mi presentación formal con Marie de Ebner-Eschenbach ocurrió hace algo más de un año, cuando tropecé una vez más con su nombre en las páginas de Crítica de la razón cínica de Peter Sloterdijk, un gran libro que me ha dado mucho que pensar en los últimos años y del que espero poder tener ocasión de ocuparme en un futuro no muy lejano, aunque sea brevemente. En cualquier caso, volviendo a Marie de Ebner-Eschenbach, encontrarla como referencia de un autor tan importante fue lo que me finalmente me decidió a dirigirme a ella.

Y cuál fue mi sorpresa, después de indagar un poco en su vida y obra, al descubrir que no estaba traducida al español. El primer sentimiento fue de incredulidad, porque no estamos hablando de una autora a la puerta de cuya casa hacían cola los editores, una autora que fue distinguida con la Cruz de honor de arte y literatura, la más alta distinción civil del extinto Imperio Austro-húngaro. Hoy en día es imposible averiguar los motivos de esta omisión, cabe suponer que por alguna razón su obra escapó al radar de las editoriales en lengua española. Esto es extraño, pero no imposible, considerando que Marie de Ebner-Eschenbach fue una autora del siglo XIX, donde la información no fluía tan rápido como ahora. En relación al alcance de los autores alemanes mi impresión es que o bien desbordan las fronteras de la lengua alemana, como Goethe o Thomas Mann, o lo hacen a duras penas, como Sebastian Brandt o Friedo Lampe. En cualquier caso, a este respecto, hay que apuntar que la obra de Marie de Ebner-Eschenbach fue traducida en vida de la autora al inglés y al francés, donde disfrutó de considerable éxito de crítica y público. Por lo cual su olvido, por las razones que fueren, se limitó al mundo español.

Marie barones de Ebner-Eschenbach en su juventud

Esto una cuestión y por qué su olvido se prolongó hasta hoy es otra bien distinta, pero igualmente difícil de responder. A este respecto sólo puedo transmitir mi experiencia personal, con la esperanza de que arroje algo de luz sobre la cuestión. Siempre que me he encontrado con el nombre de Marie de Ebner-Eschenbach ha sido en lugares muy selectos y en compañía tan distinguida que he asumido automáticamente que su obra estaba traducida al español y disponible en las estanterías de las librerías. Por lo cual no descarto que, a lo largo de los años, otros críticos, traductores y editores hayan cometido ese mismo error antes que yo.

Personalmente no considero especialmente triste el siglo de olvido que ha padecido Marie Ebner-Eschenbach, porque me parece una vez más la confirmación de que el tiempo separa la paja del grano, y a medida que lo superficial desaparece de las librerías, quedan los clásicos como testimonio de su tiempo, que se resisten a desaparecer en la hojarasca de los siglos. Dicho lo cual, no negaré que hay cierta tristeza en su olvido, pero sólo acentúa la alegría de su descubrimiento, similar a la que experimentaría un arqueólogo que descubriera una tesoro perdido entre las ruinas de la literatura del siglo XIX.

Marie de Ebner-Eschenbach y su marido

Inmediatamente comuniqué mi hallazgo a la Editorial Funambulista, que haciendo honor a su compromiso con la mejor literatura se interesó por el proyecto. Ahora la cuestión era con cuáles de sus libros presentar a Marie de Ebner-Eschenbach al público español. Una cuestión difícil de resolver, porque basta un vistazo a la biografía de Marie von Ebner-Eschenbach para comprobar que dejó tras de sí una obra fecunda y variada, en la que hay novelas, libros de memorias, de viajes y su famoso Libro de Aforismo, en cuyas frases dejó constancia de su ingenio.

Una cuestión difícil de resolver, pero no tanto, si consideramos que incluso entre escritores tan fecundos como Baroja o Balzac siempre hay un puñado de títulos que descollan sobre el resto. En la obra de Marie de Ebner-Eschenbach descollan Lotti, la relojera; las novelas contenidas en la trilogía Nuevas historias de pueblo y castillo, Krambambuli y El chico de la comunidad. Sería injusto decir que El chico de la comunidad es mejor que las demás, pero sí fue la novela que la consolidó como una de los grandes escritores en lengua alemana de su tiempo. En estas cuestiones siempre hay un elemento de arbitrariedad en ello, más considerando la calidad y extensión de la obra de la autora. Pero hay otra razón de peso en favor de El chico de la comunidad, fue la novela que popularizó su nombre entre los lectores franceses, italianos e ingleses. Como traductor no puedo sino desearle la misma acogida entre los lectores en lengua española.

En El chico de la comunidad Marie von Ebner-Eschenbach nos cuenta la historia de Pavel y de su hermana Milada, cuyas vidas seguirán caminos muy distintos después de que sus padres, un hombre violento y alcohólico y una mujer sumisa, sean condenados por la sangrienta muerte de un párroco rural. Muerte en la horca para el hombre, diez años de prisión incondicional para la mujer. Después de lo cual Pavel y Milada quedarán al servicio de las autoridades locales. La baronesa de Kunovic, cautivada por su delicadeza y belleza, se hará cargo de Milada, que se educará en la virtud.

Muy distinta será la educación de Pavel, en cuyo corazón las autoridades sospechan que anida la naturaleza malvada y criminal de sus padres y cuya educación en consecuencia entregan a un matrimonio de pastores, formado por un ratero y una curandera con fama de bruja. A nadie se le habría ocurrido entregar a ningún otro niño a esta gente; pero Pavel no iba a ver con ellos nada que no hubiera visto ya en su casa, y cientos de veces.

A medida que crece, robando gallinas a los vecinos, leña en el bosque comunal o cualquier otra cosa que se ponga a tiro, Pavel no hace sino confirmar la opinión de las autoridades de que el chico es la encarnación del mal. El mismo Pavel parece tener claro su destino cuando, en una ocasión, el profesor local Habrecht, le pregunta ¿qué va a ser de ti, Pavel? A lo cual Pavel se estiró apoyó las manos en los costados y dijo: Un ladrón.

Las novelas de Marie von Ebner-Eschenbach giran alrededor de un puñado de personajes, perfectamente caracterizados y de gran valor simbólico. En el universo de El chico de la comunidad, en su condición de profesor de escuela, Habrecht representa la ilustración del siglo XIX, en oposición a los campesinos de Kunovic, que con sus costumbres ancestrales, supersticiones e ignorancia representan el oscurantismo. Habrecht sostiene que la maldad de Pavel no es innata, sino adquirida. La naturaleza había sido generosa con él y le había dado fuerza y salud. Pero las buenas intenciones de la naturaleza habían sido desbaratadas por las privaciones de todo tipo. Habrecht intentará por medio de la educación reconducir a Pavel. Si estás fuera de la escuela debes pensar: cómo puedo entrar, y no, si estás dentro, cómo puedo salir.

Sin embargo, el faro que guía a Pavel hacia la redención no son los buenos consejos de Habrecht, sino el ejemplo de su hermana Milada, a quien la baronesa envía a estudiar a la ciudad, al Convento de las Santas Hermanas, donde destaca por su aplicación y bondad. Es difícil ser la más buena, porque aquí hay muchas niñas buenas; ¡pero yo soy la que más! En El chico de la comunidad Milada encarna los valores cristianos de amor, sacrificio y humildad, que en última instancia empujarán a Pavel a reformarse. Amado Dios, ves que he tomado el camino recto; ahora presta atención para que nunca más lo abandone.

Sin embargo, empezar una nueva vida resulta mucho más difícil de lo que Pavel nunca había sospechado, especialmente cuando la antigua está llena de deshonra. Lo peor que los otros digan de ti puede ser puesto en duda, puede olvidarse; puedes negarlo con hechos. Pero lo peor, sí, incluso lo más absurdo y estúpido, que tú digas de ti mismo no se lava, eso se pega a ti como tu propia piel… ¡Incluso te sobrevive!

Sin duda, con su largo historial de delitos menores, Pavel había hecho mucho para tener a todo el pueblo de Kunovic en contra, pero entre sus habitantes hay uno que le guarda especial inquina, Peter, con quien compite por el amor de la bella Vinska. La muerte del alcalde de Kunovic en extrañas circunstancias dará a Peter la oportunidad de destruir a Pavel, a quien acusa de asesinato.

La rivalidad entre Pavel y Peter se desarrolla en varios episodios que alcanza su clímax en una pelea a puñetazo limpio en la taberna del pueblo. En sí la rivalidad no tiene nada de especial, simplemente son dos cabestros chocando astas por el amor de una mujer. Lo más relevante es que se desarrolla a través de una serie de anécdotas que reflejan un mundo en transformación, en el que la aristocracia y la Iglesia pierden gradualmente su papel de ejes rectores de la sociedad y los viejos lazos comunales basados en la solidaridad son sustituidos por otros basados en el dinero.

Finalmente Pavel perderá el amor de Vinska, pero poco a poco se hará digno de la confianza de Habrecht y el amor de su hermana Milada y se ganará el respeto de la comunidad de Kunovic. Según la razón y la comunidad, deberías haberte convertido en un mal tipo, en lugar de eso te has convertido en uno excelente. Es entonces cuando Pavel debe enfrentarse a la prueba más difícil de todas, una que le acecha en la sombra desde los últimos diez años y amenaza con arruinar el respeto y la posición que tanto le ha costado conseguir, el reencuentro con su madre después de que salga de la cárcel. Claro que madre volverá y entonces… El respeto y la simpatía se acabarán cuando madre venga… Y puede venir mañana, ¿quién sabe? Puede estar ya en camino.

El chico de la comunidad es una fábula moral sobre la naturaleza del bien y del mal y el poder de la educación, que la Editorial Funambulista publica en español por primera vez en su colección Grandes Clásicos, poniendo fin al injusto olvido de un siglo que Marie de Ebner-Eschenbach en el mundo editorial en español. Yo he tenido el privilegio de traducirla y si sus lectores obtienen leyéndola sólo una fracción infinitesimal del placer que yo he obtenido traduciéndola, el tiempo y el esfuerzo habrá merecido la pena.

10 mejores adaptaciones cinematográficas

Cuando se habla de literatura y cine, siempre se dice que una buena novela invariablemente se convierte en una mala película. Como todos los tópicos tiene su cuota de verdad. Y no hay que rascarse mucho la cabeza para recordar pésimas adaptaciones, como La hoguera de las vanidades, Alta fidelidad o Desayuno con diamantes. Uno encuentra rápidamente dos explicaciones para este fenómeno, una es objetiva, si la novela es muy buena, el listón está muy alto y hay muchas probabilidades de que la película no cumpla las expectativas. A esto algunos aducirán que si la materia prima es buena debería ser más fácil hacer una buena película. No les falta razón, las relaciones entre literatura y cine son complejas, darían pie a una larga disertación, como la relación entre música y literatura. En otro momento. La segunda es subjetiva, cuando una novela nos ha gustado mucho, esperamos tanto de la película que es más fácil que traicione nuestras expectativas. Pero como todos los tópicos también tiene su cuota de mentira, de la clase que se encuentra en las generalizaciones. Sin más dilación aquí listo algunas de las mejores adaptaciones cinematográficas de todos los tiempos, sirvan como prueba de que una excelente novela no necesariamente se convierte en una película mediocre.

1 Lo que queda del día de Kazuo Ishiguro

Lo que queda del día se ha convertido en una de mis novelas preferidas. Un millonario americano adquiere la mansión Darlington Hall y su mayordomo, el señor Stevens, interpretado por Anthony Hopkins, viaja en busca de su antigua ama de llaves, la señorita Kenton, interpretada por Emma Thompson. Durante el viaje el señor Stevens rememora los sucesos que propiciaron la caída del anterior propietario, un aristócrata que durante la II Guerra Mundial pretendió realizar un tratado de paz con el gobierno nazi.

Uno de los aspectos más maravillosos de Lo que queda del día es el contraste entre la insignificancia de la historia y la inmensidad de las perspectivas que evoca en la mente del lector. Podría escribir un ensayo al respecto, pero me limitaré a citar las para mí más importantes. Primero, sin ser una novela bélica, Lo que queda del día ofrece una visión riquísima de la II Guerra Mundial. Dos, a través del perfeccionismo del señor Stevens la novela constituye una hermosa reflexión sobre la grandeza. Tres, hermosísimo homenaje al paisaje inglés y sus gentes. Last but not least, la historia de amor entre el señor Stevens y la señorita Kenton. Algunos dirán que es una historia de no amor, y tendrán razón, pero la clave de las mejores novelas de amor es que sea imposible.

La película no es tan rica en contenidos y a mí juicio se centra sobre todo en la relación entre el señor Stevens y la señorita Kenton, no obstante es una delicia que mereció 8 candidaturas a los Oscar en 1994. Curiosamente no ganó ninguna, pero eso no le resta ni un ápice de valor. Quizás no sea un diez en nada, pero es un nueve en todo.

Por cierto, los admiradores de Kazuo Ishiguro estamos de enhorabuena, porque acaba de publicar Klara y el sol.

2 Barry Lyndon de William M. Thackeray

Barry Lyndon es un pícaro irlandés que trata de abrirse camino en la sociedad victoriana, para lo cual sólo cuenta con su encanto personal. Carece de moral y en la Guerra de los siete años lucha con ambos bandos, el inglés y el prusiano. Carece de voluntad y prefiere ganarse la vida con los naipes que trabajando duro y honradamente. Gracias a su falta de escrúpulos, Barry consigue casarse con una rica viuda, hacerse con una fortuna y entrar en la aristocracia. Sin embargo, el encanto es una base muy poco sólida para edificar una posición en la sociedad y el ascenso de Barry a las alturas sólo servirá para garantizar que su caída sea más dura todavía.

Barry Lyndon es una de esas grandes novelas condenadas a vivir a la sombra de una mayor, Vanity Fair la obra maestra de Thackeray. Sin embargo, a pesar de su grandeza, todos los intentos de adaptación de la última han dado como resultado absolutos bodrios, mientras que Stanley Kubrick hizo de la primera una auténtica obra maestra, que a pesar de no contar con el mejor reparto, fue merecedora de 7 nominaciones a los Oscar y cuatro estatuillas.

3 Matar a un ruiseñor de Harper Lee

Yo compré Matar a un ruiseñor hace unos cinco años en una librería de viejo en Madrid. El volumen en cuestión estaba bastante castigado y, aunque no recuerdo la fecha de impresión, debía tener sus años. Pero hay una cosa que no recuerdo perfectamente, en la portada decía más de 30 millones de copias vendidas desde su publicación. Matar a un ruiseñor fue Premio Pulitzer de 1961 y su éxito de ventas no ha menguado con el paso del tiempo, convirtiéndose en uno de los pocos ejemplos de novelas que merecen el calificativo de best-seller y long-seller.

La clave del éxito de Matar a un ruiseñor es que Harper Lee recurrió a uno de los trucos narrativos más eficaces que existen, contar una historia a través de los ojos de unos niños. El niño con el pijama de rayas, que cuenta el nazismo a través de los ojos de un niño, es otro buen ejemplo del éxito de este recurso narrativo. Y por el poder simbólico de la literatura la historia de Matar a un ruiseñor, donde un hombre es acusado por el color de su piel de un delito que no ha cometido, la violación de una mujer blanca, no es menos trágica que la millones de víctimas del nazismo. El contraste entre la ternura de la mirada infantil y la injusticia de la historia narrada es lo que hace Matar a un ruiseñor tan maravillosa. Y en mitad de esta tragedia aparece la figura de Atticus Finch, el padre de los niños, interpretado por Gregory Peck, como encarnación de la justicia y de la integridad moral.

¿Está la película a la altura de la novela? Si tenemos en cuenta que fue candidata a 10 Oscar y ganó 3, parece que sí.

4 A sangre fría de Truman Capote

En toda sociedad, de cuando en cuando, sucede un crimen que la sacude por completo. Crímenes horribles suceden a todas horas, pero en los crímenes a los que yo me refiero aquí concurren ciertas circunstancias que nos recuerdan la bestia que es el corazón humano, encadenado por la moral y adiestrado por la costumbre, pero bestia al fin y al cabo. A sangre fría es la historia de uno de esos crímenes.

El 15 de noviembre de 1959, en un apacible pueblo de Kansas llamado Holcomb, la familia Clutter al completo, un matrimonio y dos hijos, fue asesinada en su casa por Dick Hickcock y Perry Smith a sangre fría, sin propósito aparente. El crimen sacudió a la sociedad americana y pocos días después Truman Capote viajó hasta allí para documentarse, curiosamente acompañado por su amiga Harper Lee.

La adaptación cinematográfica de Richard Brooks es una joya del cine, un relato frío y preciso que combina elementos propios del género documental, policíaco y de terror psicológico. Capturar fielmente la esencia de la novela no cayó en saco roto, mereció 4 nominaciones a los Oscar.

5 Moby Dick de Herman Melville

Llamadme Ismael, así empieza Moby Dick, una de las primeras líneas más famosas de la literatura, a la que siguen 700 páginas que la han convertido en una de las novelas más famosas no sólo de la literatura estadounidense, sino de la universal.

Dicho lo cual voy a ser completamente sincero, para mí Moby Dick es una de las novelas más aburridas que he leído nunca. Básicamente mi problema con Moby Dick es que no la considero una novela, tampoco un ensayo ni un reportaje periodístico ni libro de viajes. En esencia Moby Dick es un tratado sobre la pesca de la ballena blanca, en el que se abordan prolijamente todos los aspectos de este negocio y que nunca capturó mi interés en lo más mínimo. Para dar una explicación de lo insoportablemente aburrido que puede llegar a ser Moby Dick, me limitaré a decir que dedica un capítulo completo a disertar sobre el color blanco.

¿Por qué la incluyo aquí entonces? Primero porque hay que ser respetuoso con los clásicos. Segundo, en el fondo, lo que Moby Dick tiene de novela es grandioso, el hombre contra la naturaleza en todo su esplendor. El problema es que de las 700 páginas que suelen tener las ediciones, 550 son tratado de pesca de la ballena blanca y 150 novela. Tercero y más importante, porque la versión cinematográfica de John Houston se limita a lo que hay de novelesco en la historia para rendir una de las grandes películas de todos los tiempos.

6 Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey

Allá por su juventud Ken Kesey se ganaba la vida trabajando en el turno nocturno de un hospital psiquiátrico –cuckoo’s nest es manicomio en slang-. En 1959 decidió convertir en novela sus experiencias con los enfermos y los procedimientos del centro. Pero Ken Kesey no se limitó a escribir una novela sobre psiquiátricos y enfermos mentales. La novela se enriqueció por otra experiencia juvenil de Kesey, cuando se presentó voluntario para participar en ciertos experimentos desarrollados por la CIA sobre los efectos de las drogas en el comportamiento de las personas. Ken Kesey fue una de las primeras personas en conocer el LSD y la sustancia alteró profundamente su visión de la realidad y la sociedad.

Ken Kesey decidió que el protagonista de Alguien voló sobre el nido del cuco fuera una persona cuerda, Rundle McMurphy, protagonizado por Jack Nicholson, un rebelde que se hace pasar por loco para salir de prisión. De esta forma el pequeño sanatorio mental se convierte en una maravillosa metáfora de la sociedad en la que a medida que la narración avanza el lector empieza a plantearse realmente qué entendemos por estar cuerdos y no.

La revista Time seleccionó Alguien voló sobre el nido del cuco entre sus 100 mejores novelas escritas en inglés. La pregunta es ¿está la versión cinematográfica a la altura? Digamos que es una de las tres únicas películas en haber ganado los cinco Oscar más importantes, y la única en haber hecho lo mismo en los Globos de oro.

7 El Padrino de Mario Puzo

No estoy seguro si Mario Puzo tenía muy claro lo que estaba haciendo cuando a finales de los años 60 escribió El Padrino, a la que siguieron otras dos novelas, convirtiendo la saga de los Corleone en una de la grandes trilogías literaria de todos los tiempos. Porque Mario Puzo no estaba escribiendo una gran novela, estaba creando un nuevo nicho, el de la literatura mafiosa, cuya combinación de violencia, drogas y tipos al margen de la ley ha resultado un imán para el público.

Pero si hay algún lugar donde los mafiosos se encuentran como pez en el agua es en la gran pantalla. El Padrino es una película seminal, sin ella quizás no habrían existido Goodfellas, El honor de los Prizi, Una historia del Bronx, Casino o Los Soprano y tantas otras obras maestras.

Y si hay algún título que sirva para desmentir el tópico de que a partir de una buena novela no se puede hacer una buena película ese es El padrino, por eso mismo no podían faltar en esta lista.

8 El perfume de Patrick Süskind

Como Ken Kesey, Patrick Süskind parece haber venido al mundo a escribir una sola novela, o dicho de otro modo, parece haber agotado todo su talento en una historia, a la sombra de la cual vive el resto de su obra. ¡Pero qué historia!

Es difícil adscribir El perfume a un género concreto. Su título completo es El perfume, historia de un asesino, por lo cual podría clasificarse como literatura criminal, pero con esta etiqueta estaríamos muy lejos de la realidad. En El perfume se narra la historia de Jean-Baptiste Grenouille, un ser que carece de olor, pero tiene la capacidad de detectar todos los olores del mundo, por lo cual podría clasificarse de literatura fantástica, pero esto sería estar igualmente de la realidad. El perfume rompe los géneros y demuestra la maravillosa capacidad de la literatura para expresar lo inexpresable. Pero si hubiese que colgarle una etiqueta, yo le pondría la muy personal y exclusiva de libros que gustan a todo el mundo, porque sinceramente no conozco a nadie que haya resultado indiferente a su magia, entre ellos Kurt Cobain. Así que cuando no sepas qué leer o qué libro regalar, elige El perfume.

El perfume se publicó en 1985, fue uno de los éxitos editoriales del año, y el hecho de que hasta 2006 no se realizara una adaptación cinematográfica no se debió a la falta de interés en el proyecto, sino a su dificultad. Uno de los primeros interesados en adaptar la novela fue Stanley Kubrick, pero desistió al considerar imposible trasladar la historia al celuloide. El problema consistía en representar el mundo tal y como lo veía, mejor dicho olía, Jean-Baptiste Grenouille. Tom Tykwer lo consiguió mediante una fotografía espectacular, en el que las sensaciones olfativas se transmiten a través del uso del color.

9 Scaramouche de Rafael Sabatini

Si la primera línea de Moby Dick es famosa, la de Scaramouche no le va a la zaga, yo diría que es mejor, mucho mejor, hasta el punto de que está entre las mejores de la historia de la literatura, nació con el don de la risa y la sensación de que el mundo estaba loco y ese fue todo su patrimonio.

Si uno lee Scaramouche uno tiene la impresión de que Rafael Sabatini es coetáneo de Alejandro Dumas y otros maestros del género folletinesco. Bueno, a decir verdad, el género folletinesco no produjo muchos maestros, más bien era literatura de consumo. Pero Rafael Sabatini podría contarse entre ellos, a pesar de que se publicó en 1921, cuando el género ya había pasado a mejor vida.

En la Francia revolucionaria del S. XVIII Scaramouche es un encantador bastardo que no se preocupa de la política ni de la moral, sino de de disfrutar de los placeres de la vida, hasta que su amigo del alma Philippe de Vilmorin, un idealista que quiere cambiar el mundo, cae asesinado a manos del marqués de La Tour d’Azyr. Para vengar la muerte de su amigo Scaramouche se convertirá en el espadachín más temible de toda Francia y vivirá aventuras increíbles.

La primera adaptación cinematográfica de Scaramouche tuvo lugar en 1923, dos años después de su publicación. Desde entonces ha habido muchas más, pero la mejor de todas es la de 1952 de George Sidney, quien estuvo nominado por ella al Oscar a mejor director.

10 Los santos inocentes de Miguel Delibes

Hasta ahora, todos los títulos citados pertenecen a la literatura inglesa, excepto El Perfume, cuya adaptación la realizó un director alemán, pero que es también una película de habla inglesa. Esto no ha sido deliberado, pero tampoco puede extrañar a nadie. El mundo anglosajón ha sido el gran polo cultural de los últimos cien años, esto es especialmente cierto en el cine, cuya capital es a todos los efectos Holywood y no es de extrañar que las grandes productoras hayan bebido de los títulos pertenecientes a su propia tradición cultural.

Por lo que respecta a la música -al menos a la música popular- la cultura anglosajona también ha dominado los últimos cien años. La literatura es el único arte que no ha sido monopolizado por la cultura inglesa. Sin ir más lejos, la nuestra, la literatura hispanoamericana, puede presumir de haber producido títulos, si no tan famosos como El gran Gatsby o Ulises, sí tan buenos. Sirvan de prueba títulos como Cien años de soledad o los cuentos de Borges.

Uno de los responsables de la buena salud de la literatura hispanoamericana fue Miguel Delibes, una de las estrellas más brillantes de la constelación de este blog. Los santos inocentes ocupa un lugar en la de mejores libros breves, porque es una novela insuperable, situada en un pueblecito de Extremadura, donde se concentra todo el drama de la España del siglo XX. Y ocupa también un lugar en esta lista porque gracias a la maravillosa adaptación de 1984 de Mario Camus sabemos que aunque en ocasiones falten los medios, no falta el talento ni las ideas para hacer gran cine, tan bueno como el que más.

Bonus track.

Hacer una lista significa seleccionar y, como se suele decir, en esta son todas las que están, pero no están todas las que son. Los títulos citados demuestran con creces que de un buen libro se puede hacer una buena película, a veces incluso mejor. No obstante, no quiero dejar pasar la oportunidad de citar algunos títulos más, con el propósito de ampliar los géneros y hacer la lista un poco más representativa. El primo que se me viene a la cabeza es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick, un clásico de la ciencia ficción, que indaga sobre la naturaleza del ser humano, cuya historia es más conocida por el título de su excelente adaptación cinematográfica, Blade Runner, donde se encuentra una frase que casi se ha convertido en tan famosa como el monólogo de Hamlet o Segismundo, he visto cosas que nunca creeríais, he visto…

El talento de Mr. Ripley de Patricia Highsmith, adaptado con el título de A pleno sol, es una perfecta muestra de novela de misterio impecablemente llevada al cine.

Dentro de la novela policíaca, L.A Confidential de James Ellroy es un clásico absoluto, de lo mejor del género, con una trama compleja, pero fascinante, y con una adaptación a la altura de la novela realizada por Curtis Hanson, candidata a 9 Oscar y ganadora de 2. A must have.

La naranja mecánica de Anthony Burgess, que está en la lista de mejores libros censurados, también podría estar perfectamente aquí, no en vano tanto la novela como la adaptación de Kubrick son obras de culto.

Podría seguir y seguir, La colmena, El doctor Zhivago, Memorias de África, Los puentes de Madison, Ivanhoe, La edad de la inocencia, Rebecca… Pero hay que parar en alguna parte.

Cartas a un joven poeta de Rilke

Junto a sus libros de poemas, Sonetos a Orfeo y Elegías a Duino, Cartas a un joven poeta es una de las obras más destacadas de Rainer María Rilke, en cuya biografía destacan su amistad con Auguste Rodin y su historia de amor con Lou Andreas-Salomé.

Detrás de cada libro hay una pequeña historia, o grande. Las hay muy azarosas como por ejemplo la de Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn, quien guardaba los manuscritos de la novela en casas de sus amigos, a las que acudía con cualquier pretexto para trabajar en ellos burlando la censura comunista, o la de como Vida y destino de Vasili Grossman, que salió de Rusia en forma de microfilm, también para evitar la censura comunista. Mario Vargas Llosa publicó Historia secreta de una novela, donde relata la intrahistoria de La casa verde, desde que el germen de la novela nació en la mente del escritor hasta que se materializó en papel.

La historia de Cartas a un joven poeta es una de las más peculiares de la historia de la literatura, porque ni en su concepción ni en su publicación participó Rilke, quien murió sin proponerse publicar las cartas y sin saber que se publicarían jamás. El origen de Cartas a un joven poeta son las tribulaciones de Franz Xaver Kappus, un joven estudiante de la Real Escuela Militar Superior en Mährisch-Weisskirchen, que sentía que la noble profesión de las armas era contraria a su sensibilidad y que sentía en su interior la llamada de la tinta.

Un buen día de 1902, mientras Franz Xaver Kappus estaba leyendo un libro de Rilke en el patio de la Academia se le acercó el capellán militar, el sabio y bondadoso padre Horacek, quien tomó el libro de mis manos, contempló la cubierta y agitó la cabeza. «¿Poemas de Rainer Maria Rilke?», preguntó reflexivamente. Hojeó las páginas rápidamente, deslizó la mirada sobre algunos versos, luego miró pensativamente hacia el horizonte y asintió finalmente. «Así que el discípulo René Rilke se ha convertido finalmente en poeta».

Explore la razón que le impulsa a escribir; compruebe si está enraizada en lo más profundo de su corazón, confiese si usted moriría si no le fuese permitido escribir, fragmento de Cartas a un joven poeta tatuado en el brazo de Lady Gaga. Más frases célebres de Rilke aquí

Así es como Franz Xaver Kappus tuvo conocimiento de que Rilke, quince años antes, en la Escuela Militar de Sankt Pölten, había sido también discípulo del padre Horacek, por medio del cual entró en contacto con el poeta, a quien pidió consejo sobre su incipiente vocación literaria.

La correspondencia entre Franz Xaver Kappus y Rainer Maria Rilke se extendió durante cinco años, de 1903 a 1908. A medida que avanza, el dialogo se aleja de desvía ligeramente de la actividad literaria para abordar temas más generales. como el amor, la amistad, la soledad y la familia. En 1929, tres años después de la muerte de Rilke, Franz Xaver Kappus decidió dar a la luz las cartas, diez en total, que se imprimieron por primera vez en Leipzig. Desde entonces se han convertido en la estrella polar de miles y miles de aspirantes a literatos. La última entrada, en la que recordaba 10 consejos del maestro Bukowski para escribir,

me trajo las Cartas a un joven poeta a la memoria, especialmente la primera, en la que Rilke dirige a Franz Xaver Kappus una sencilla pregunta que se debería responder cualquiera que sienta el latido de una vocación en su interior, ya sea literaria o de otra índole, y que a continuación comparto.

A Franz Xaver Kappus

París,

a 17 de febrero de 1903

Muy estimado señor,

he recibido su carta hace unos pocos días. Quiero agradecerle la enorme confianza que deposita usted en mí. Es lo menos que puedo hacer. Pero lamento no poder pronunciarme sobre la calidad de sus versos; pues cualquier intención crítica me resulta completamente ajena. Con nada se acerca uno menos a una obra artística que con el lenguaje de la crítica: de ahí sólo pueden salir malentendidos más o menos afortunados. Las cosas no son tan fáciles de comprender y de decir como frecuentemente nos quieren hacer creer; la mayoría de las experiencias son inenarrables, acontecen en un espacio al que ninguna palabra tiene acceso, y los más indescriptibles de todos son las obras artísticas, entidades misteriosas cuya vida corre paralela a la nuestra, pero que en lugar de caducar, perduran.

Y una vez hecha esta observación, lo único que puedo decirle es que sus versos carecen de estilo propio, más bien son indicios de una personalidad. Donde más claro percibo esta impresión es en el último poema Meine Seele (Mi alma). Ahí hay algo que busca un modo de expresión propio. Y en el precioso poema An Leopardi (A Leopardi) se percibe cierta familiaridad con el estilo de ese genio solitario. En cualquier caso, los poemas no son todavía nada en sí mismos, nada autónomo, ni el último ni el dedicado a Leopardi. La amable carta que los acompañaba me ha aclarado algunos de los defectos detectados durante la lectura de sus versos, sin poder detenerme a detallarlos en profundidad.

Usted se pregunta si sus versos son buenos. Usted me pregunta. Usted ha preguntado a otros antes. Usted los envía a periódicos. Usted los compara con otros poemas, y se incómoda cuando ciertas redacciones rechazan sus propuestas. Ahora le ruego (ya que usted ha solicitado mi consejo) que renuncie a todo eso. Usted mira al exterior y eso es lo peor que puede hacer en este momento. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo existe un camino. Busque en su interior. Explore la razón que le impulsa a escribir; compruebe si está enraizada en lo más profundo de su corazón, confiese si usted moriría si no le fuese permitido escribir.

Ante todo pregúntese en la hora más tranquila de le noche: ¿debo escribir? Busque en su interior una respuesta sincera. Y si la respuesta es afirmativa, si usted puede responder a esta grave cuestión con un rotundo y sencillo debo, entonces oriente su vida hacia la satisfacción de esa necesidad; su vida debe convertirse, incluso en su hora más insignificante y minúscula, en símbolo y testimonio de esa obligación. Entonces acérquese usted a la naturaleza. Entonces intente expresar, como un hombre sencillo, lo que usted ve y siente y ama y pierde.

No escriba usted poemas de amor; evite al principio ese tipo de composiciones tan corrientes y populares: son las más difíciles de todas, pues se necesita una gran fuerza para dejar huella allí donde confluyen una gran cantidad de tradiciones ricas y opulentas.

En consecuencia sacrifique usted los temas universales en favor de aquellos que la vida cotidiana le ofrece; describa usted sus tristezas y deseos, sus pensamientos pasajeros y su fe en algún tipo de belleza. Describa usted todo eso con sinceridad, serenidad y humildad y utilice para expresarse los elementos de su entorno, las imágenes de sus sueños y los objetos de sus recuerdos.

Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe a ella; cúlpese a usted mismo, dígase que no es usted suficientemente poeta para invocar sus riquezas; pues para el creador no hay ninguna pobreza ni ningún lugar estéril o indiferente. Y si usted estuviera en una prisión, cuyas paredes impidieran que los sonidos del mundo llegaran hasta sus oídos, ¿no dispondría usted todavía de su infancia, ese reino encantador y majestuoso, ese tesoro de recuerdos? Dirija usted su atención hacía ella. Intente recuperar las sensaciones olvidadas de ese pasado lejano; su personalidad se forjará, su soledad se ensanchará y se convertirá para usted en un nuevo hogar, protegido del bullicio del mundo. Y si de ese mirar en el interior, de esa inmersión en el propio mundo brotan versos, entonces no pensará usted en preguntar a nadie si son buenos versos. Tampoco intentará llamar la atención de los periódicos sobre su trabajo: pues usted verá en él su propiedad más preciada e íntima, una parte y la voz de su vida.

Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad. En la razón de su origen reside su juicio: no existe ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no sabría darle otro consejo aparte de este: mire en su interior y bucee en las profundidades que son el origen de su vida; en su fuente encontrará usted la respuesta a la pregunta de si debe usted crear.

Acéptela como es, sin buscarle ningún significado. Quizás resulte que está usted llamado a ser artista. Entonces asuma su destino, vívalo tal y como es, con sus miserias y grandezas, sin preguntarse nunca por la recompensa que podría venir del exterior. Pues el creador debe ser un mundo para sí mismo y encontrarlo todo en sí mismo y en la naturaleza, a la cual se ha vinculado.

Pero quizás, después de descender a las profundidades de su interior y su soledad, deba usted renunciar a convertirse en poeta; es suficiente, como le dije antes, sentir que uno podría vivir sin escribir, para no tener que hacerlo en absoluto. Pero incluso en ese caso la introspección que he solicitado de usted no habría sido en vano. Inevitablemente su vida encontrará a partir de ese momento un camino, y le deseo que sea bueno, provechoso y largo con mucho más fervor del que puedo expresar.

¿Qué más puedo decirle? Cualquier cosa que decida hacer me parecerá correcta. Finalmente me gustaría recomendarle, ir con calma y seriedad a través de las distintas fases de su desarrollo; nada podría ser más perjudicial para usted que mirar hacia el exterior y esperar del exterior respuestas a preguntas que quizá sólo pueda encontrar en los sentimientos más íntimos de sus horas más serenas.

Ha sido para mí un placer encontrar el nombre del profesor Horacek en su carta; conservo por ese queridísimo maestro un inmenso respeto y un agradecimiento que no para de aumentar con los años. Por favor le ruego que le haga llegar éstos mis sentimientos; es muy agradable saber que todavía se acuerda de mí y yo sé valorarlo como se merece.

Le devuelvo los versos que tan amablemente me ha confiado en su carta. Y le vuelvo a manifestar mi agradecimiento por la magnitud y cordialidad de su confianza, de la cual espero, por medio de esta respuesta honesta y manifestada con la mejor de intención, haberme hecho un poco más merecedor de lo que es el desconocido que en realidad soy.

Con toda devoción y simpatía,

Rainer Maria Rilke

Para quien quiera seguir leyendo

Bukowski, tres poemas

Como complemento a los consejos de Bukowski sobre el arte de escribir, a continuación comparto los tres poemas en que se basan, Así que quieres ser escritor, Cómo ser un gran escritor y Tira el dado, de su mejor libro, El amor es un perro del infierno. Las frases de los poemas como es habitual en el autor están regadas de alcohol, pero también ofrecen buenos consejos de escritura y son una buena fuente de inspiración.

CÓMO SER UN GRAN ESCRITOR

 Tienes que follar a un montón de mujeres,
 mujeres hermosas
 y escribir un puñado de poemas de amor decentes.
 Y no te preocupes por la edad
 o recién llegados talentos,
 simplemente bebe más cerveza
 más y más cerveza
 y vete al hipódromo por lo menos una vez a la semana
 y gana
 a ser posible
 aprender a ganar es duro,
 cualquier patán puede ser un buen perdedor
 y no te olvides de Brahms
 ni de tu Bach ni de tu cerveza.
 No te sobreesfuerces
 duerme hasta mediodía.
 Evita las tarjetas de crédito
 o pagar por nada puntualmente
 recuerda que en este mundo ningún culo
 vale más de 50$
 (en 1977).
 Y si tienes la capacidad de amar
 ámate a ti primero
 pero sé siempre consciente de la posibilidad
 de una derrota total
 tanto si la razón de esa derrota
 parece justa o no.
 Un temprano encuentro con la muerte no es necesariamente
 algo malo.
 Aléjate de las iglesias y bares y museos,
 y como la araña sé paciente.
 El tiempo es la cruz de todo el mundo,
 además del
 exilio
 derrota
 traición
 toda esa bazofia.
 Bebe cerveza
 la cerveza es sangre incesante
 una amante incesante.
 Consigue una máquina de escribir grande
 y mientras los pasos van y vienen fuera de tu ventana
 golpea esa cosa
 golpéala fuerte
 haz de la escritura una pelea de pesos pesados
 haz como el toro cuando embiste por primera vez
 y recuerda a los perros viejos
 que lucharon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoevsky, Hamsun.
 Si crees que ellos no se volvieron locos
 en minúsculas habitaciones
 igual que tú estás haciendo ahora
 sin mujeres
 sin comida
 sin esperanza
 entonces no estás listo.
 Bebe más cerveza,
 hay tiempo
 y si no
 está bien
 también. 

ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR

 Si no sale violentamente de ti,
 a pesar de todo,
 no lo hagas.
 A menos que te salga instintivamente del
 corazón y la mente y la boca
 y las entrañas,
 no lo hagas.
 Si tienes que sentarte durante horas
 mirando a la pantalla del ordenador
 o inclinarte sobre
 la máquina de escribir
 buscando palabras,
 no lo hagas.
 Si lo haces por dinero o
 fama,
 no lo hagas.
 Si lo haces porque quieres
 mujeres en tu cama,
 no lo hagas.
 Si tienes que sentarte ahí y
 reescribirlo una y otra vez,
 no lo hagas.
 Si te cuesta esfuerzo sólo pensar en hacerlo,
 no lo hagas.
 Si intentas escribir como otro,
 olvídate de ello.
 Si tienes que esperar a que salga de ti como un rugido,
 entonces espera pacientemente.
 Si nunca sale de ti como un rugido,
 haz otra cosa.
 Si primero tienes que leerlo a tu mujer
 o a tu novia o a tu novio
 o a tus padres o a cualquiera,
 no estás listo.
 No seas como tantos escritores,
 no seas como esas miles de personas
 que se llaman a sí mismos escritores,
 no seas romo y aburrido
 y pretencioso, no te consumas en el narcisismo.
 Las bibliotecas del mundo
 han bostezado para domirse
 sobre los de tu clase.
 No te sumes a eso.
 No lo hagas.
 A menos que salga de tu alma
 como un cohete,
 a menos que estar callado
 te lleve a la locura
 o al suicido o a matar,
 no lo hagas.
 A menos que el sol interior
 te queme las entrañas,
 no lo hagas.
 Cuando llegue la hora,
 y si has sido elegido,
 lo harás por ti solo
 y seguirás haciéndolo hasta que mueras
 o la escritura muera en ti.
 No hay otra forma
 y nunca la hubo. 

TIRA EL DADO

 Si lo vas a intentar, vete hasta el final.
 De lo contrario, ni siquiera empieces.
 Esto puede significar perder novias, mujeres, parientes y quizás tu mente.
 Puede significar no comer durante tres o cuatro días.
 Puede significar helarse en el banco de un parque.
 Puede significar cárcel.
 Puede significar humillación.
 Puede significar burlas, soledad.
 La soledad es un regalo.
 Todo lo demás son pruebas de tu resistencia, de cuánto lo quieres realmente.
 Y lo harás, a pesar del rechazo y tener todo en contra.
 Y será mejor que nada que puedas imaginar.
 Si lo vas a intentar, vete hasta el final.
 No hay otro sentimiento como ese.
 Estarás solo con los dioses, y las noches arderán en llamas.
 Vivirás la vida derecho a la carcajada perfecta.
 Es la única lucha que merece la pena.
 
 
 
 

1O Consejos para escribir por Charles Bukowski

La obra de Bukowski incluye poemas, cuentos y novelas. Entre estas últimas hay libros tan famosos como La senda del perdedor o Factótum, que se convirtió en película. A través de su alter ego Chinaski, sus novelas componen una gran biografía, en las que se describe sus problemas con las mujeres y el alcohol y su duro camino por hacerse escritor. Una lectura muy apropiada para cualquier aspirante a escritor. En esta entrada voy a recordar algunos de sus consejos de escritura, tomados de tres de sus poemas, Cómo ser un gran escritor, Así que quieres ser escritor y Tira el dado.

1 Si no sale violentamente de ti, no lo hagas. A menos que te salga instintivamente del corazón y la mente y la boca y las entrañas, no lo hagas.

Tienes que sentir que estás preñado de palabras, leyendas, mitos metáforas, cuentos y novelas. Tienes que sentirte capaz de engendrar centauros, como Nietzsche. Tienes que saber que ni mil vidas alcanzarían para contar todas las vidas que hay dentro de ti. Entonces la escritura brotara de ti como brota la lava de un volcán, rompiendo la corteza. Esa energía es el germen de un escritor, todo lo demás consiste en adquirir la técnica necesaria para domarla. La técnica es importante para moldear la materia prima, pero faltando esta no sirve de nada. En última instancia, las palabras de Bukowski son una respuesta a la pregunta que plantea Rainer Maria Rilke en la primera de sus Cartas a un joven poeta, que sigue siendo el libro que todo aspirante a escritor debe leer. Sólo si se responde afirmativamente a esa sencilla pregunta se debe empuñar la pluma.

2 Si tienes que esperar a que salga de ti como un rugido, entonces espera pacientemente. Si nunca sale de ti como rugido, haz otra cosa.

La otra cara de la moneda de los primeros versos. Uno no nace escritor, se hace escritor. Si el poema, cuento, ensayo, drama o lo que sea que te propongas escribir está dentro de ti saldrá; si no, no saldrá. No tiene sentido obligar a salir algo que no existe. No te martirices ante la hoja en blanco, haz otra cosa, sal a pasear bajo la lluvia, vete de viaje a Tombuctú, queda con tus amigos, lee Las uvas de la ira que inspiró un gran disco al Boss, emborráchate, haz cualquier otra cosa. Quizás la historia que quieres escribir te está esperando a la vuelta de la esquina. Y si nunca la encuentras, si nunca sale de ti como un rugido, haz otra cosa. Sólo hay una cosa más difícil, y peor, que perseguir el propio destino, perseguir el ajeno.

3 Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas.

Desde la Odisea se sabe que el premio es el camino, no la meta. Hagas lo que hagas, disfruta del trayecto. Nadie ha recorrido antes el camino que tú sigues en la vida ni nadie lo recorrerá después. Es personal, como la canción de Quique González. Su valor más alto reside en que es tuyo. Así que no te quejes porque el camino de otros sea cuesta abajo o esté bien asfaltado. Sigue el tuyo hasta el final. Si te lleva a la selva, piensa que quizás has sido elegido para llevar allí la luz de la civilización; y si te lleva al infierno, recuerda que dios los cría y ellos se junta, mira a tu alrededor, estás en buena compañía. Sé honesto contigo mismo, hazlo sólo porque has respondido afirmativamente a la pregunta de Rilke. Y si lo haces por dinero, fama o mujeres, recuerda que hay caminos más fáciles que la tinta.

Bukowski, muy bien acompañado

4 Si estás intentando escribir como otro, olvídate de ello.

Es natural tener modelos, pero los modelos están para aprender de ellos, no para imitarlos. Es natural que las primeras tentativas literarias sean a imagen y semejanza de los autores que nos deslumbran. Siempre hay un autor que queremos ser. Enrique Vila-Matas quería ser Hemingway, Vargas-Llosa quería ser Flaubert, yo quiero ser Vargas Llosa y tú quizás quieras ser George Orwell. El mundo no necesita una mala copia de Vargas Llosa ni de George Orwell ni de nadie, ni siquiera necesita una buena, porque una copia nunca puede superar al original. La obligación del escritor es encontrar su propia voz, su manera particular de decir las cosas, como no las ha dicho nadie antes y no las dirá nadie después. Y para encontrarla hay que emborronar muchas cuartillas. Querer ser como otro, es renunciar a ser. Un pecado mortal en literatura, pero más aún en la vida.

5 No seas romo y aburrido y pretencioso, no te consumas en el narcisismo.

La primera parte de este consejo es tan obvia que no necesita comentario. Afila tu pluma hasta que corte como una navaja de barbero, trabaja las frases hasta que expresen exactamente lo que quieres expresar. En arte la originalidad es el patrón oro, pero asegúrate de que nadie pueda decir de algo escrito por ti, lo que ha escrito usted es bueno y original, pero lo que tiene de bueno no es original y lo que tiene de original no es bueno (no recuerdo de quien es esta frase, ¡entschuldigund!) La segunda parte de este consejo también es obvia. No confundas la página en blanco con un espejo, no reflejes en él tus miserias, obsesiones y complejos. El reflejo de un narcisista es siempre una imagen horrible y no encuentro ningún motivo por el que nadie quisiera contemplarlo. Es legítimo escribir sobre las propias miserias, obsesiones y complejos, pero cuanto más personal se vuelve la escritura más difícil y necesario es mantener la distancia crítica, que permite encontrar en lo universal lo particular, en el «yo» el «nosotros».

6 No te preocupes por la edad o recién llegados talentos, sólo bebe más cerveza, más y más cerveza.

La literatura es una carrera de fondo y como dice el epitafio de Camilo José Cela el que resiste gana. Trabaja honestamente sin pensar si lo que estás haciendo gustara a este o aquel editor, a este o aquel crítico o a este o aquel lector. Sólo tiene que gustar a una persona, a ti. No puedo concebir una imagen más precisa del fracaso que la de un libro que le gustase a todo el mundo, menos a su autor. Hay millones de personas en el mundo, es imposible que no haya unas cuantas miles que no compartan tu sensibilidad, así que a su debido tiempo encontrarás tu audiencia. Así que no te preocupes por quién copa las listas de ventas, quién gana los premios literarios o por el último prodigio de la literatura, sólo bebe más cerveza, más y más cerveza y sigue tecleando.

Y este último es el único punto en que no concuerdo con el maestro Bukowski. Él podía beber cerveza porque era un alemán criado en los Estados Unidos y la cerveza es una bebida continental, en otras palabras, de bárbaros. Pero como los lectores de este blog son en su mayoría mediterráneos y latinos, en otras palabras, civilizados, necesitan una bebida apropiada a su superior constitución espiritual, el vino. Jamás bebáis cerveza, bebed vino. Charles Baudelaire escribió un opúsculo muy interesante titulado El vino y el hachís. ¿Alguien considera posible que el rey de los poetas se hubiera rebajado a escribir La cerveza y el hachís? El materialismo y vulgaridad de los tiempos se debe en gran medida a la universalización de una bebida tan vulgar como cerveza, especialmente en las regiones mediterráneas y latinas, donde ha desterrado al sublime vino. Espero tener ocasión en el futuro de explayarme sobre la antítesis existente entre estas dos bebidas, que se deriva del hecho de que la cebada es hija de la tierra y la uva del sol. Aquí basta decir, bebed vino.

7 Consigue una máquina de escribir grande, y mientras los pasos van y vienen fuera de tu ventana, golpea esa cosa, golpéala fuerte, haz que sea una pelea de pesos pesados, haz como el toro cuando embiste por primera vez.

Por supuesto hoy ya casi nadie usa máquinas de escribir, que han sido desterradas por los ordenadores, como el lápiz y el papel lo fueron por estos. Es evidente que el ordenador, con las múltiples opciones que ofrecen los procesadores de texto, es infinitamente más práctico que cualquier otra herramienta de escritura, pero en ocasiones no puedo sino pensar que la maestría de los viejos maestros, digamos Cervantes y Shakespeare, estaba de algún modo relacionada con el hecho de que el papel y la tinta en sus tiempos debían ser costosos y escasos. Uno tenía que pensárselo muy mucho antes de malgastarlos, y la necesidad agudiza el ingenio y el ingenio es el alma de la escritura. En cualquier caso, escribas con lo que escribas, déjate el alma. Si tu teclado poco a poco no empieza a revelar tus huellas dactilares no lo estás haciendo bien.

Siempre que veo una máquina de escribir recuerdo los versos de Bukowski, get a large typewriter… hit that thing… make it a heavyweight fight

8 Y recuerda a los perros viejos que lucharon tan bien: Hemingway, Céline, Dostoevsky, Hamsun. Si piensas que ellos no se volvieron locos en minúsculas habitaciones, como tú estás haciendo ahora, sin mujeres, sin comida, sin esperanza, entonces es que no estás listo.

A pesar de que los poemas de Bukowski tienen un estilo en extremo prosaico, resultan tan poéticos y llenos de contenido que con cada una de sus frases tengo la impresión de que no requieren exégesis, hasta el punto de que siento que al comentarlos los profano. Aquí Bukowski dice en verso lo que yo dije en prosa en mi En defensa de los clásicos.

Habíamos quedado en que si estás intentando escribir como otro, olvídate de ello. Pero esos que Bukowski llama los perros viejos son tus hermanos, como a los hermanos de sangre puedes querelos u odiarlos, pero tienes que conocerlos, su vida y su obra. En el mar de las letras, ellos son la única brújula que necesitas para llegar a buen puerto.

9 Si lo vas a intentar, llega hasta el final. De lo contrario, ni siquiera empieces.

Este frase pertenece al poema Roll the dice, uno de los más populares del autor, que para mí siempre ha sido una gran fuente de inspiración y cuya lectura recomiendo encarecidamente. El camino de Bukowski hacia la gloria literaria no fue precisamente de rosas, sino uno plagado de obstáculos, rechazo y soledad. Bukowski pagó un alto precio por la inmortalidad, cualquiera familiarizado con su obra conoce los detalles, puede significar perder novias, mujeres, parientes y quizás tu mente. Puede significar no comer durante tres o cuatro días. Puede significar helarse en el banco de un parque. Puede significar cárcel. Puede significar humillación. Puede significar burlas, soledad.

En la madurez Bukowski alcanzó el éxito y todos los privilegios asociados con él. ¿Le compensó por los malos tiempos? No creo que haya malgastado ni un segundo preguntándoselo. Estoy seguro de que volvería hacerlo, aunque nadie le garantizara el éxito, aunque todos le garantizaran el rechazo. Por el camino encontró algo mucho más valioso que el oro y los elogios, para saberlo qué sólo tienes que leer Tira el dado.

10 Y si tienes la capacidad de amar, ámate a ti primero, pero sé siempre consciente de la posibilidad de una derrota total, tanto si las razones para esa derrota son justas o no.

El que no se ama a sí mismo no puede amar a los demás y difícilmente va a amar su trabajo, e incluso para hacer muy poco hay que amar mucho. No existe ninguna fórmula mágica para ser escritor, como no la existe para ser cualquier otra cosa. Él éxito es una rara combinación de trabajo duro, pasión y suerte, cuyas proporciones nadie sabe a ciencia cierta, probablemente porque varían para cada caso particular. Cada cuál tiene que encontrar la suya particular. Pero nada, absolutamente nada garantiza vivir de la escritura, ya no hablemos gloria literaria, y si alguien te garantiza una fórmula infalible para alcanzarla, huye de él, o ella, como de la peste, porque en cien de cada cien casos se tratara de alguien que va detrás de tu dinero, o tu alma.

Simplemente haz tu camino y ten siempre presentes las palabras del maestro Borges, Mientras escribo me siento justificado; pienso: estoy cumpliendo con mi destino de escritor, más allá de lo que mi escritura pueda valer. Y si me dijeran que todo lo que yo escribo será olvidado, no creo que recibiría esa noticia con alegría, con satisfacción, pero seguiría escribiendo, ¿para quién?, para nadie, para mí mismo.

Baudelaire, mejores frases

Después de haber echado un vistazo a la más que interesante biografía de Baudelaire, es el momento perfecto para recordar algunas de sus mejores frases, ejemplo sin igual de agudeza, ingenio y elegancia.

  • Hay que estar siempre ebrio. Nada más: ése es todo el asunto. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que os fatiga la espalda y os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaos.
  • El juego del amor es horrible, en el es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
  • Creo que hay pocos ejemplos de una vida más dilapidada que la mía.
  • ¿Qué es el amor? El anhelo de salir de uno mismo.
  • Dios sería injusto si nosotros no fuéramos culpables.
  • Para conocer la dicha hay que tener el valor de tragársela.
  • El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.
  • La maldad sucede sin esfuerza, natural, inevitablemente. La bondad es fruto de la práctica.
  • Ser un hombre servil siempre me ha parecido una cosa repugnante.
  • A cada minuto nos sentimos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. Y no hay más que dos recursos para escapar a esa pesadilla, para olvidarla: el placer y el trabajo. El placer nos gasta. El trabajo nos fortifica. Elijamos.
  • Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir.
  • En un acto social, cada uno disfruta de los demás.
  • Un hombre sano puede pasar dos días sin comer, pero no sin poesía.
  • ¡No renuncies jamás a tus sueños, los cuerdos nada saben del sueño admirable de un loco!
  • ¡Hombre libre, siempre adorarás el mar! El mar es tu espejo; contemplas tu alma en el desarrollo infinito de su oleaje, y tu espíritu no es un abismo menos amargo.
  • Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse.
  • Hay que ser sublime sin interrupción.
  • La soledad es el estado propio del genio y del elegido.
  • La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.
  • ¿Qué es el arte? Prostitución.
  • Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras: inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.
  • Solo son grandes entre los hombres el poeta, el sacerdote, el soldado. El hombre que canta, el hombre que sacrifica y que se sacrifica. El resto es digno del látigo. Desconfiemos del pueblo. del buen sentido, del corazón. de la inspiración y de la evidencia.
  • El amor puro es un sol cuya intensidad absorbe todas las demás tareas.
  • No hay gobierno más razonable que el de la aristocracia. Monarquía o república basadas en la democracia son igualmente absurdas y débiles.
  • Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.
  • Lo bello es siempre raro.
  • Lo que no es ligeramente deforme presenta un aspecto inservible.
  • La risa es satánica, por lo tanto, es profundamente humana.
  • El dandy debe vivir y morir ante el espejo.
  • Despiadada dictadura la de la opinión en las sociedades democráticas.
  • El dolor es la única nobleza.
  • La jugada más hermosa del diablo es persuadirte de que no existe.
  • La fatalidad posee cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.
  • Se debe trabajar, si no por inclinación, por desesperación, ya que, bien probado, el trabajo es menos aburrido que divertirse.
  • ¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?
  • Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.
  • Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al león.
  • Consentir que nos condecoren es reconocer al Estado o al príncipe el derecho de juzgarnos, ilustrarnos, etc.
  • Esta vida es un hospital en el que cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
  • ¡Ay, los vicios humanos! Son la prueba de nuestro amor por el infinito.
  • El más irreparable de los vicios es hacer el mal por necedad.
  • El odio es un borracho en el fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
  • Todo el mundo es experto en juzgar a los otros, todo el mundo es bárbaro cuando es juzgado.
  • ¿Quiénes son los infortunados a quien la tarde no calma, y toman, como los búhos, la llegada de la noche por señal de aquelarre?
  • El alma es cosa tan impalpable, tan inútil a menudo, y en ocasiones tan molesta, que, al perderla, no sentí más que una emoción algo menor que si hubiera extraviado, yendo de paseo, una tarjeta de visita.
  • ¡La desgracia grande de no poder estar solo!, dice en algún lado La Bruyère, como para avergonzar a todos los que corren a olvidarse entre la muchedumbre, temerosos, sin duda, de no poder soportarse a sí mismos.
  • Cielo o infierno, ¿acaso importa?
  • Hay mujeres que inspiran deseos de vencerlas o de gozarlas; pero esta infunde el deseo de morir lentamente ante sus ojos.
  • Lo que crea el espíritu está más vivo que la materia.
  • La inspiración es trabajar todos los días.
  • En el color se encuentran la armonía, la melodía y el contrapunto.
  • El veneno del poder enerva al déspota.
  • En un hombre maduro el gusto por la concentración debe reemplazar al de la dispersión.
  • Sólo se puede olvidar el tiempo sirviéndose de él.
  • Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.
  • Me gustarían los campos rojos, los ríos amarillos y los árboles azules. La naturaleza carece de imaginación.
  • Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
  • Aquel que nunca despertó en un lecho anónimo, al lado de un rostro que ya no volverá a ver; y no salió de un burdel al alba, con ganas de tirarse a un río por asco físico de la existencia, se ha perdido algo.
  • El diablo mueve los hilos que nos hacen bailar.
  • Apenas puedo concebir una clase de belleza en la que no haya horror.
  • He cultivado mi histeria con placer y terror.
  • Sé siempre poeta, incluso en prosa.
  • La genialidad no es ni más ni menos que la infancia recuperada a voluntad.
  • Recordar es otra forma de sufrir.
  • Si el mundo no existe, invéntalo. Pero primero asegúrate de que no existe.
  • La vida sólo tiene un verdadero encanto, el de jugar, pero ¿qué pasa si nos da igual ganar o perder?
  • Extrae lo eterno de lo efímero.
  • Soy un cementerio despreciado por la luna.
  • ¿Qué le importa una eternidad de condena a quien ha disfrutado, aunque sólo fuera un segundo, un infinito de placer?
  • No busques más mi corazón, las bestias lo han devorado.
  • No puedo entender cómo un hombre de honor puedo coger el periódico sin sentir un escalofrío de disgusto.
  • La felicidad es una multitud de pequeños placeres.
  • El que mira por una ventana abierta ve menos cosas que el que mira a una cerrada.
  • De niño sentía en mi corazón dos sentimientos contradictorios, el horror de la vida y el éxtasis de la vida.
  • Me dispuse a descubrir el porqué de las cosas, y a transformar mi placer en conocimiento.
  • Los verdaderos viajeros son aquellos que parten sólo para estar partiendo; con los corazones ligeros como globos. Nunca se libran de su destino y sin saber por qué siempre dicen ¡adelante!
  • El baile revela todo lo que está en la música. El baile es poesía hecha con brazos y piernas.
  • Manejar una lengua con maestría es practicar una suerte de magia de la evocación.
  • Siempre me parece que me sentiría mejor en otro lugar.
  • A través de lo desconocido llegamos a lo nuevo.
  • Incapaz de deshacer el amor, la Iglesia encontró una forma de descontaminarlo, el matrimonio.
  • La música sondea los cielos.
  • El sentido común nos enseña que las cosas terrenales sólo existen a medias, que la verdadera realidad está en los sueños.
  • El estudio de la belleza es un duelo en el que el artista grita antes de su derrota.
  • Progreso, la gran herejía de los degenerados.
  • Glorificar el culto a las imágenes, mi primera, mi única, mi mayor pasión.
  • Cuanto más cultiva un hombre las artes, menos se excita.
  • La modernidad es la mitad del arte, la parte fugitiva y transitoria.
  • Siempre me ha sorprendido que las mujeres pudieran entrar a las iglesias. ¿Qué clase de conversación pueden tener con dios?
  • Hemos hecho psicología como el loco, quien empeora su locura tratando de entenderla.
  • El hombre libre siempre celebra el mar.
  • Tú me das barro y yo lo convierto en oro.
  • ¿Para qué vale terminar proyectos, cuando el proyecto es placentero?
  • Para el mercader, incluso la honestidad es una mercancía.
  • No hay placer más dulce que sorprender a alguien dándole más de lo que esperaba.
  • El observador es un príncipe que disfruta de incógnito en todas partes.
  • Un artista es artista gracias a su exquisito sentido de la belleza.
  • Las mujeres no saben cómo separar el alma del cuerpo.

Charles Baudelaire, el rey de los poetas

En la obra de Charles Baudelaire, crítico, traductor y poeta, se encuentran libros como El spleen de París, El pintor de la vida moderna o Las flores de mal, que recoge algunos de los poemas más famosos de todos los tiempos. Su biografía se podría resumir con una de sus frases más célebres, hay que estar siempre borrachos. De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.

Al final de su vida, Baudelaire describió a su familia como un conjunto perturbados, llegando incluso a afirmar que descendía de una larga saga de idiotas y locos, que vivían en apartamentos melancólicos, todos ellos víctimas de terribles pasiones. Es imposible determinar si esta afirmación fue producto en un arrebato de ira contra los suyos o de un juicio frío y calculado, pero no cabe duda de que pertenecía a una familia desgraciada, las cuales según la famosa primera línea de Ana Karenina, una de las mejores novelas de amor de todos los tiempos, son todas distintas entre sí.

Charles Baudelaire fue el único hijo de François Baudelaire y Caroline Defayis, aunque su padre -un alto funcionario civil que previamente había sido cura-, tenía otro hijo de un matrimonio anterior. El hermano de Baudelaire, Alphonse, era dieciséis años mayor que él. Una gran diferencia de edad, pero no tan grande como la que existía entre sus padres. François contaba sesenta primaveras cuando se casó con Caroline, de treinta y seis. En este caso decir que podía ser el padre de su madre y el abuelo de su hijo no parece exagerado.

Aunque Baudelaire tenía sólo seis años cuando su padre murió, este influyó poderosamente en su pasión artística. No en vano François era un artista aficionado y las paredes y muebles de la casa familiar estaban plagadas de pinturas y esculturas suyas. Sin embargo, la madre de Baudelaire no sólo carecía de sensibilidad estética, sino que tenía una vena puritana que la empujaba a censurar aquellas obras en las que su marido daba rienda suelta a su lado más sensual. Caroline era tan pacata que se avergonzaba de estar rodeada en su propia casa por imágenes de ninfas desnudas y robustos sátiros, que acostumbraba a esconder, cambiándolas por otras menos indecentes. Y mientras leo estos datos, por esos caprichos de las asociaciones mentales, no puedo sino acordarme de que Baudelaire en una ocasión dijo que los críticos le recordaban a una puta de cinco francos con la que solía ir al Louvre y que se escandalizaba antes los desnudos inmortales.

El padre de Baudelaire murió en febrero de 1827 y durante los dieciocho meses siguientes vivió solo con su madre en un suburbio de París, en los cuales forjó un fuerte vínculo con ella, yo siempre me sentía vivo en ti, tú eras completamente mía. Que cada cual determine si esta frase manifiesta un inquebrantable amor maternofilial o uno de esos complejos que pueblan la literatura psicológica.

Retrato del joven Baudelaire por Emile Deroy. El parecido es discutible

El idilio de Baudelaire con su madre se acabó cuando esta, en noviembre de 1828, se casó con el capitán Jacques Aupick, para disgusto de su hijo, cuando una mujer tiene un hijo como yo no se vuelve a casar otra vez. En los años siguientes su padrastro alcanzó el rango de general y se convirtió en embajador francés en el Imperio Otomano y España y posteriormente senador con Napoleón III. La familia se mudó a Lyon en 1831 y Baudelaire se matriculó en el Collège Royal, donde no fue feliz. No puedo pensar en escuelas sin sentir pánico, como me llena de pánico pensar en mi padrastro. Y aun así lo quiero.

La familia regresó a París en 1836 y Baudelaire continuó sus estudios en el Lycée Louis-le-Grand. Entonces con 16 años empieza a destacar como poeta, aunque sus profesores censuraban frecuentemente el contenido de sus poemas, emociones impropias de su edad, dijo uno de ellos al respecto. La adolescencia de Baudelaire combinó períodos de melancolía y rebeldía, a consecuencia de los últimos fue expulsado del Lycée en abril de 1839, después de lo cual se matriculó en el Collége Saint-Louis donde en agosto del mismo año aprobó su examen de baccalauréat.

Finiquitados sus estudios, su padrastro instó a Baudelaire a hacer carrera militar. Sin embargo, Baudelaire estaba decidido a ser escritor, dando lugar a grandes disputas familiares, especialmente con su madre, quien posteriormente diría, si Charles hubiera seguido el consejo de su padrastro, su carrera habría sido muy diferente. Es cierto, no se habría hecho un nombre en la Literatura, pero habría sido mucho más feliz. En su deseo de gloria literaria Baudelaire went all de way, como dice el poema de Bukowski, pero para satisfacer los deseos de sus padres se matriculó en la École de Droit, sin asistir a las clases.

Una vez independizado, con residencia en el legendario Barrio Latino, Baudelaire llevó una vida marcada por la promiscuidad sexual y los excesos. En esta época se relacionó con una prostituta a la que llamaba afectuosamente Sara la bizca, que fue la musa de muchos de sus poemas de juventud. Pero el libertinaje se paga y fue en esta época cuando contrajo sífilis, a pesar de lo cual no abandonó la bohemia, que compartía con ese gran número de escritores que se reunían en el literario Club des Hachichins.

Aunque placentera, la vida de un dandy no es barata, especialmente de uno que como Baudelaire cultivaba la elegancia y la distinción en el vestir, un dandy debe vivir y morir frente al espejo, y pronto se vio acosado por los acreedores. Baudelaire se dirigió a su hermano en busca de asistencia financiera, pero en lugar de la ayuda que buscaba se vio denunciado a sus padres. En 1841, en un intento por alejarlo de las malas influencias del Barrio Latino, su padrastro lo embarcó en un crucero de tres meses a la India. El viaje dejaría cierta huella en su obra, en la que de cuando en cuando aparece un guiño a oriente, acaso demasiado mitificado para ser real, pero en general fue una experiencia desagradable. En el trayecto estuvo constantemente acosado por dolores de estómago, que intentó curar yaciendo boca abajo, con las nalgas expuestas al sol, con el inevitable resultado de que no se pudo sentar durante varios días. En la escala en Isla Mauricio, curiosamente la misma de La cuarentena de Le Clezio, abandonó el barco y después de una pequeña estancia en la isla y posteriormente en Isla de Reunión compró un pasaje para regresar a Francia en 1842.

Ese mismo año Baudelaire tuvo acceso a su herencia y se independizó económicamente de sus padres. Rebosante de dinero, alquiló una habitación en el Hôtel Pimodan en la Île Saint-Louis, y empezó a escribir en serio y a dar recitales poéticos. Su herencia habría alcanzado para el resto de su vida si se hubiera conducido con prudencia, pero Baudelaire siempre mostró el desprecio por el dinero que uno espera de un verdadero poeta, yo no quiero dinero, me conformo con un crédito infinito, y en poco menos de dos años ya había despilfarrado la mitad de su herencia en ropa, arte -entre ellos Mujeres en su apartamento de Argelia de Delacroix-, libros, vino, hachís y opio. No contento con eso se había enredado en la letra pequeña de varios prestamistas sin escrúpulos.

Mujeres en su apartamento de Argelia de Delacroix, que Baudelaire tenía colgado en su habitación. Si entonces hubiera valido tanto como hoy, todos sus problemas financieros habrían estado solucionados.

Preocupados por las finanzas de sus hijos, sus padres tomaron control legal de su herencia y lo limitaron a una modesta paga mensual. Volver a depender económicamente de sus padres sacó a Baudelaire de sus casillas, especialmente cuando se vio obligado a abandonar su elegante habitación del Hôtel Pimodan. Baudelaire sufrió una fuerte depresión y en 1845 realizó un intento de suicidio.

Poco después de su regreso de su fracasado viaje a la India, Baudelaire conoció a Jeanne Duval, quien se convirtió en su amante y con el tiempo también en su administradora. Con interrupciones, Jeanne lo acompañó durante el resto de su vida y fue la musa de algunos de los mejores poemas de amor de Baudelaire, como por ejemplo La cabellera. La madre de Baudelaire jamás aprobó su relación con Jeanne, quien no sólo era pobre, sino también mestiza y para colmo actriz. Huelga decir que hoy actriz no sólo es una profesión respetable, sino envidada, pero no siempre fue así.

Jeanne Duval, de origen haitiano, la eterna amante de Baudelaire. Salta a la vista porque le dedicó un poema titulado La cabellera

En cualquier caso, a pesar de todos sus traspiés personales, en esos años Baudelaire desarrolló un estilo literario único, en el que frecuentemente buscaba ideas para sus poemas en el transcurso de largos paseos en soledad por las calles de París y las orillas del Sena. En esa época también empezó a colaborar en varias publicaciones como crítico de arte. Baudelaire era un devoto del arte, amigo de numerosos pintores como Émile Deroy, pero carecía de una educación formal en Historia del arte. Su universidad en la materia habían sido sus frecuentes visitas a galerías y museos, sus lecturas y sus conversaciones con su círculo de amigos artistas. En los círculos culturales parisienses del XIX el nombre de Charles Baudelaire sonó antes como crítico que como poeta.

Baudelaire veía el Romanticismo como un puente entre lo mejor del pasado y el presente. Se sentía especialmente fascinado por Eugène Delacroix, quien le inspiró el poema Les Phares y en base a cuya obra, junto con la de Constantin Guys y Manet, formuló su filosofía del arte figurativo en la que el este representaba el heroísmo de la vida moderna y el verdadero pintor seria aquel capaz de destilar las cualidades épicas de la vida contemporánea, y de mostrarnos y hacernos comprender, a través del color y el dibujo, qué grandes y poéticos somos con nuestras corbatas y botas. Baudelaire también teorizó sobre el lugar del critico de arte, cuya misión era ofrecer al inexperto amigo del arte una guía útil que lo ayudé a desarrollar su propia sensibilidad artística y a demandar de un verdadero artista moderno, una expresión honesta y fresca de su temperamento, asistido por cualesquiera ayuda su maestría de la técnica le puede ofrecer.

Baudelaire se consideraba a sí mismo el representante literario de su concepción del arte. En 1847 publicó la noveleta La Fanfarlo en la que traza una analogía con el autorretrato de un pintor moderno. Por esa época también se vio involucrado en los disturbios que supusieron el fin del reinado de Louis-Philippe en 1848, a los que asistió en compañía de su amigo Gustave Courbert -a uno de cuyos cuadros este blog debe su nombre-. Pero en lugar de limitarse a observar, Baudelaire se unió a los rebeldes.

En mi opinión, este comportamiento es absolutamente impropio de un dandy, que en lugar de juntarse con revolucionarios debería estar en casa haciéndose el nudo de la corbata o la curva del tupé para deslumbrar en los cafés y teatros de París con su elegancia, así que no descarto en absoluto que, como sugieren algunos críticos, la única motivación del radicalismo de Baudelaire haya sido enfadar a su familia, especialmente a su padrastro, que era un símbolo del régimen, algunos incluso aseguran que Baudelaire asió un mosquete y gritó muerte al general Aupick.

Sea como fuere, cuando el rey Carlos X suprimió los disturbios, Baudelaire volvió a centrarse en sus pesquisas literarias y 1848 cofundó la revista literaria Le Salut Public, gran nombre para una publicación literaria. Aunque los fondos sólo dieron para dos números, ayudó a popularizar su nombre. En diciembre de 1851 tomó parte en la resistencia a Bonaparte, pero inmediatamente después declaró que se desentendía permanentemente de la política para dedicarse en cuerpo y alma a escribir.

Entre 1848 y 1865 Baudelaire abordó una de sus más grandes empresas literarias, la traducción de las obras completas de Edgar Allan Poe. Personalmente nunca entendí la fascinación de Baudelaire por Poe, pero era absoluta, he descubierto a un autor americano que ha elevado mi interés a un nivel increíble. Más que la crítica y la poesía, las traducciones se convertirían en su fuente de ingresos más estable. No obstante, la relación de Baudelaire con Poe no estuvo exenta de polémica, en ocasiones se ha acusado al último de plagiar al primero, aunque el estudio comparativo de sus obras ha refutado esas acusaciones completamente. Pero la influencia de Poe fue notable, artística y personalmente, en el último a apartado acentuando su misantropía.

En 1860 realizó su otra gran traducción Las confesiones de un comedor de opio inglés de Thomas de Quincey, a quien también consideraba un alma gemela, y cuya obra le inspiró Los paraísos artificiales, en el que Baudelaire narra sus experiencias con las drogas.

Su fama creciente como crítico y traductor abrió la puerta de las editoriales a su poesía. Sin embargo, consolidarse como poeta no solucionó los problemas económicos del manirroto Baudelaire, que tenía el admirable talento de gastar siempre más de lo que disponía. Entre 1847 y 1856 sus deudas eran tantas y su crédito tan bajo que por largos períodos durmió en la calle y no tuvo qué comer. En esos años una nueva musa emergió en su horizonte poético, la cortesana Apollonie Sabaier, a quien dedicó varios poemas, también tuvo una breve relación con la actriz Marie Daubrun, pero no dejó de verse con su amante Jeanne Duval.

Baudelaire también hizo sus pinitos con el pincel. Aquí su amante Jeanne Duval representada por él.

La reputación de Baudelaire como maldito se confirmó con la publicación en junio de 1857 de Las flores del mal. Aunque se trataba de una antología de su obra publicada, Baudelaire siempre sostuvo que existía cierta sinergia entre los poemas seleccionados y que cada uno de ellos sólo alcanzaba su completo significado en relación con los demás. Con respecto a la poesía de juventud de Baudelaire, Las flores del mal manifiestan un profundo cambio en la percepción del amor, el sexo y el papel del artistas, que se representa alternativamente como mártir de la belleza, un visionario, un descastado o incluso un imbécil.

1ª edición de Las flores del mal, con anotaciones del propio Baudelaire

El sector más puritano de la sociedad francesa consideró Las flores del mal pornografía y el 7 de julio de 1857 el ministro del interior conminó al fiscal general del estado a actuar contra el libro por ofensa a la moral pública. La edición del libro fue secuestrada y en el juicio celebrado el 20 de agosto Las flores del mal fueron condenadas por indecentes. Además de una multa de trescientos francos, el juez obligó a Baudelaire a eliminar los poemas más escabrosas. En respuesta, Baudelaire no sólo se negó a eliminar esos poemas, sino que escribió unos veinte más, que aparecieron en una edición extendida en 1861. La censura a la edición original no se retiró hasta 1949.

Baudelaire nunca comprendió la controversia originada por sus poemas, nadie, ni yo mismo, podría suponer que un libro imbuido con una espiritualidad tan evidente podría convertirse en objeto de juicio, o incluso dar pie para la malinterpretación. Con el tiempo se ha sabido que el juicio y condena de Las flores del mal se debió sobre todo a una campaña de prensa organizada para denunciar un libro maldito. Y aunque el escándalo, como en el caso de Henry Miller, despertó la curiosidad del público por Baudelaire también impidió que su fama se tradujera en ventas.

El estrés del juicio, la mala vida y las penurias económicas pasaron factura a Baudelaire que una vez más cayó en la depresión. Además las complicaciones derivadas de la sífilis, combinadas con el incremento de su consumo de opio para y su siempre excesivo consumo de alcohol formaron una triple alianza letal, que finalmente desembocaría en la temprana muerte de Baudelaire.

A consecuencia del juicio se complicó aún más la compleja relación que siempre tuvo con su madre, que nunca perdonó a su hijo la vergüenza que le había traído al ser denunciado como pornógrafo.

En 1862 Manet pintó una retrato de Jeanne Duval, la eterna amante de Baudelaire. A raíz de lo cual poeta y pintor forjaron una amistad que se convertiría en una de las más fructíferas de la historia del arte y que impulsaría la transición del romanticismo al modernismo, fruto de la cual Baudelaire abandonó definitiva el verso y se centraría en la prosa, o lo que Baudelaire denominó composiciones poética no métricas. Aunque este era un terreno ya hollado por la pluma del poeta francés Friedrich Hölderin, Baudelaire ha pasado a la historia por ser el padre de la poesía en prosa, por ser quien más flagrantemente ignoró la convención de la métrica. Los primeros frutos de este nuevo estilo fue una colección de veinte poemas en prosa publicados en La Presse en 1862, seguido de otros seis titulados El Spleen de París y publicados en Le Figaro dos años después.

Música en las tullerías de Manet, en el que aparece Baudelaire

En 1863 Baudelaire publicó El pintor de la vida moderna -mi libro preferido suyo, en el que la prosa de Baudelaire alcanzó un nivel de elegancia jamás igualado-, que se convertió en el manifiesto fundacional del impresionismo. Este breve ensayo está inspirado en la figura del pintor Constantin Guys, lo que no deja de ser un paradoja, considerando la estrecha amistad que por esos años Baudelaire mantuvo con Manet, quien acabaría convirtiéndose en el emblema del impresionismo.

En 1864 Baudelaire intentó mejorar su situación financiera por medio de conferencia y audiciones. Este mismo año pasó una larga estancia en Bruselas, intentando convencer a un editor local de la publicación de sus obras completas, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto, su depresión se agudizó y una vez más jugó con la idea del suicido. Nunca creas nada de lo que se dice del buen talante de los belgas, escribió en una carta de la época dirigida a Manet, quien a su vez le respondió quejándose amargamente por la mala recepción que había tenido su obra Olimpia en el Salón de París. ¿Crees que eres el primer hombre en esa situación? ¿Es tu talento mayor que el de Chateaubriand o Wagner? Ellos también fueron rechazados. El rechazo no los mató, respondió Baudelaire.

En el verano de 1866 Baudelaire sufrió un ataque en la iglesia de Saint-Loup de Namur, Bruselas. Su madre fue a recogerlo inmediatamente y lo llevó de vuelta a París, donde lo ingresó en un hospital, del que nunca salió. Baudelaire murió a la edad de 46 años en brazos de su madre.

Charles Baudelaire, hacia el final de su vida

En la fecha de su muerte era difícil encontrar en cualquier biblioteca de París las obras de Baudelaire, mucha de la cual permanecía sin publicar. Sin embargo, pese al ostracismo de la crítica, el público y los editores, a su entierro en Montparnasse acudieron una legión de jóvenes poetas franceses, encabezados Stephane Mallarmé, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, que inmediatamente se declararon sus discípulos y rescataron su obra, que en los años siguientes fecundó movimientos como el simbolismo, impresionismo y las vanguardias.

Hoy la obra de Baudelaire está presente en todas las librerías del mundo y nadie le discute un lugar de honor en la literatura universal. André Breton, Walter Benjamin, Jean-Paul Sartre y muchos otros han competido por capturar el rasgo esencial de la figura de Baudelaire, quien ha sido denominado campeón de la imaginación o el héroe de la modernidad, entre otras muchas expresiones grandilocuentes, pero nadie se acercó más a la verdad que un joven bohemio que acudió a su entierro, uno que en los años siguientes se convertiría en la encarnación del malditismo, uno que de cuando en cuando aparece citado en estas páginas, Baudelaire fue el rey de los poetas.