Klara y el sol de Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro, Nobel de 2017, acaba de publicar Klara y el sol, en el que continúa explorando temas iniciados en Nunca me abandones. Desde la publicación en 1989 de Lo que queda del día, la joya de la corona de su obra, Premio Booker y del que nos ocupamos recientemente hablando de las mejores adaptaciones cinematográficas, cada nuevo libro de Ishiguro es esperado fervientemente por su gran número de admiradores. Después de casi siete años sin publicar, con Klara y el sol la espera ha merecido la pena

La particularidad de Klara y el sol no es que su protagonista sea un robot, sino que es una novela narrada por un robot. Hay muchas novelas que pertenecen a la primera categoría, hasta el punto de que el género de la ciencia ficción no se entendería sin la presencia de robots. Pero esta es la primera novela narrada por un robot de que tengo noticia, aunque estoy muy lejos de ser un experto en el género, así que no descarto la posibilidad de que tenga que tragarme mis palabras, en cuyo caso lo haré con gusto, porque siempre he considerado que tragarse las propias palabras es una dieta muy saludable.

El lector conoce a Klara expuesta en la tienda de un escaparate, donde el dependiente la mueve de lugar para atraer la atención de más clientes. Un escaparate es un buen lugar para observar el mundo. Las impresiones de Klara nos revelan que dispone de algo más que cierto grado de consciencia, algo impreciso que sólo acierto a describir con la palabra humanidad. ¿Cuánto y de qué calidad? En su inocencia Klara recuerda a un niño. Ve a un mendigo durmiendo y se sorprende cuando despierta porque piensa que estaba muerto. En la calle ve a un hombre y una mujer abrazarse tan fuerte que se pregunta si el abrazo no les causará más daño que placer. A veces, le responde el dependiente, en momentos especiales como esos, la gente siente dolor junto con la alegría.

La ingenuidad de Klara parece fuera de lugar -si es que se trata de ingenuidad y no de esa estupidez tan característica de las máquinas, que todos hemos experimentado en alguna ocasión tratando con ellas, y que lejos de la resultar encantadora resulta profundamente irritante-, porque es de suponer que en el futuro, cuando sean un elemento más de la cotidianidad, como el microondas o el móvil, los robots saldrán de fábrica conociendo ciertos aspectos básicos del mundo.

Asumo que es una licencia de autor, porque como se verá más adelante la IA es un excusa que sirve de base a la propuesta del libro. Pero quizá me equivoque y en el futuro, al objeto de hacerlos lo más parecidos al ser humano, los robots participen de los más elementales rasgos humanos ingenuidad, estupidez, candor… Esto es lo que pasa en el libro. Klara se da cuenta de que resulta más humana si comete errores. Cometer errores no tiene mucho sentido en un robot de cocina, nadie quiere que la Thermomix se equivoque con las proporciones de agua y harina de una masa de pan, pero Klara es una AA, amiga artificial y nadie quiere amigos perfectos. Me pregunto si los futuros fabricantes, dependiendo de los gustos de los consumidores, fabricaran AAs juerguistas, deportistas, cachondo… En cuyo caso no se puede descartar que fabriquen también AAs malvados. Pero que nadie se preocupe al respecto, habrá una versión superior configurable.

Kazuo Ishiguro en una foto reciente

Tal y como dice Klara, el rol de los Aases combatir la soledad y servir. Como ya he dicho, para hacer funcionar la novela Ishiguro se toma muchas licencias, y en el futuro, tal y como él lo contempla, desaparecerán los gatos y los perros, en quienes hasta ahora mayormente recaía la responsabilidad de aliviar la soledad de los seres humanos. ¿Puede un robot cumplir estas funciones mejor que un animal? Hay que reconocer que Klara está excepcionalmente dotada es leal, sensible y responde al sufrimiento con ternura. Klara está desarrollada para observar y entender humanos, y sus reacciones se parecen tanto a la empatía que calificarlas de otra manera sería descalificarlas. Creo que albergo muchos sentimientos, cuanto más observo de más sentimientos dispongo.

Sinceramente, Klara es mejor que muchos de mis AR, amigos reales. ¡Qué diablos! Es mejor que todos ellos. Y aunque esto no es difícil, porque no son más que un puñado de HPs, hijo putas, Klara podría estar a la altura del mejor de los amigos posibles. De hecho para maximizar las ventas, sugiero a los futuros fabricantes que cambiar su denominación comercial de AA a MA, mejor amigo.

Klara no es una amiga, es la amiga. ¿Quieren los humanos a Klara? ¿Por qué no iban a quererla? El mundo está lleno de chiflados que quieren a sus tazas de café, sus chaquetas preferidas, sus coches, sus vinilos, sus móviles… Yo mismo me acabo de comprar una sartén de hierro colado y ahora mismo la quiero más que a mi vida, aunque el otro día se me pegó la tortilla y eso es algo que no me pasaba desde hace muchos años. Y aunque en cierto modo me parece más natural querer a estos objetos que a un AA, ¿por qué no se iba a querer a Klara? Aunque la pregunta correcta es ¿cómo se quiere a Klara? Porque no pasa nada si hoy compramos un smartwatch y mañana lo subimos a Wallapop, pero no está bien si mañana dejamos de coger el teléfono a un amigo.

Klara es una AA a quien compran para que haga compañía a Josie, una niña de catorce años que sufre una rara enfermedad. Klara y el sol está ambientada en un futuro supuestamente cercano, aunque no hay referencia a una fecha concreta. La realidad es que en Klara y el sol, al igual que Nunca me abandones, primera incursión de Ishiguro en la ciencia ficción -otra grandísima novela-, no está ambientada en el futuro, sino en el presente. El mundo es idéntico al que todos conocemos, salvo que en Nunca me abandones había granjas en las que se criaban clones humanos -en la novela se presenta de una forma mucho menos truculenta de lo que suena- para donar órganos y en Klara y el sol hay AAs que combaten la soledad. Estos dos detalles dan a las novelas su característica de ciencia ficción y nos hacen saber que transcurren en un futuro, supuestamente próximo. Pero todo lo demás es tan idéntico a la vida tal y como la conocemos que me parece justificado afirmar que las novelas transcurren en el presente.

En principio, a la hora de contar la historia de la amistad entre un robot y una niña la mayor dificultad radica en la verosimilitud, a mi juicio la característica más importante de cualquier historia. A pesar de tomarse muchas licencias Ishiguro consigue hacer su historia muy, muy verosímil gracias a la economía con la que administra la información. Pequeños detalles, tan sencillos y naturales que cuando el fondo empieza a adquirir forma no podemos sino asentir conformes. Al igual que en Nunca me abandones, gradualmente vamos conociendo los detalles del funcionamiento de Klara y la enfermedad de Josie, así como su peculiar relación con su padre divorciado o con su amigo Rick, o la de la madre de esta con su antiguo amor, Vance. Antes de que el argumento se dibuje ante nosotros, ya hemos establecido un vínculo emocional tan fuerte con los protagonistas que inevitablemente nos sentimos parte de la historia.

La perfecta economía de la información de Ishiguro es responsable de la relación emocional que el lector establece con Klara. Porque el lector sabe lo justo en cada momento, pero siempre sabe más que Klara, sabe lo que Klara no sabe, concretamente el destino trágico de la vida. Esto sucede cuando nos damos cuenta de la gravedad de la enfermedad de Josie y empezamos a conocer qué planes tiene su madre con respecto a su AA.

Llegados a este punto, quien espera que Klara se rebele o inicie un complot para acabar con la humanidad es que no conoce a Ishiguro. Las máquinas no son malvadas y sus relaciones con los hombres son cordiales. No hay conspiración de las máquinas contra los hombres, no se trata de ese libro. Las cuestiones sociales y políticas resultan indiferentes a Klara. En general los humanos son respetuosos con los sentimientos de Klara, si es que se los puede llamar así. Cuando Klara se propone salvar a Josie cuanta con la colaboración de los humanos. No comprendo como esto puede ayudar a Josie. Pero si tu dices que lo hace, entonces ayudaré, dice Rick.

Como todas las novelas de Ishiguro ha sido publicada por Anagrama

Klara se alimenta del sol y se asusta cuando el mundo se oscurece. La ausencia de luz, hace que se empiece a preguntar si le pasa algo malo. Es imposible diferenciar la necesidad de luz de Klara de una emoción humana. El sol es bueno, procura una alimento especial. La dependencia de Klara del sol es simbólica, porque en última instancia ella no es menos dependiente de él de lo que lo somos los humanos. Cuando Klara mira al cielo lo ve color limón o gris. Pero cuando Josie está mala se vuelve del color de su vómito o heces pálidas. En la psicología del robot, su vital relación con el sol es el origen de un pensamiento mágico que una vez más es simbólico, porque recuerda a las religiones primitivas. Klara adquiere espiritualidad y finalmente empieza a rezar para pedir la curación de Josie.

Aunque lo parece y muchos la consideren así, Klara y el sol de Ishiguro no es una novela sobre la IA, inteligencia artificial. Personalmente considero que la IA es el pretexto no el tema. Fácilmente puedo concebir un futuro con AA, amigos artificiales, e incluso con NA, novios y novias artificiales, AA, amantes artificiales, etcétera. Es posible que las posibilidades de la IA sean ilimitadas, y en el futuro la técnica permita realizar robots tan humanos que al final desarrollen consciencia y conciencia. Estos robots necesariamente serían antropomórficos, hechos a imagen y semejanza del hombre, pero de ahí no se sigue que las creaciones de estos robots lo sean. En una entrevista reciente el propio Kazuo Ishiguro decía que en un futuro muy próximo podría haber una literatura hecha por robots de una naturaleza totalmente distinta a la humana: No se trata de que la IA pueda producir una novela que no puedas distinguir de una de Ian McEwan, sino de que puede producir un nuevo tipo de literatura, como el modernismo transformó la novela. Porque la IA ve las cosas de forma distinta. No es una posibilidad tan descabellada, en 2016 un ordenador produjo una novela que casi ganó el Shinichi Hoshi, un premio literario japonés -no entiendo la fascinación con la robótica de los japoneses, dicho sea de paso, mi única explicación al respecto es que debe ser una sociedad muy infantil-. En cualquier caso, que la IA evolucione y se constituya en entidad creadora no significa que la naturaleza humana cambie, y sigo pensando que en un momento determinado cualquier niño normal se aburriría de su AA, como los niños se aburren de todos los juguetes, y le abriría las entrañas para ver qué hay dentro.

Aunque están presentes y se perciben, Ishiguro no explora estas posibilidades en Klara y el sol, porque no es una novela sobre el futuro, ni sobre el presente, sino más bien pobre lo eterno, lo que hay de constante en el hombre. Si no nos dijeran que se trata de un robot, nadie podría diferenciar a Klara de un ser humano, la tristeza, el miedo, la alegría y empatía que experimenta son de naturaleza indudablemente humana. Esta es la magia de Klara y el sol, la contradicción entre un ser de naturaleza artificial y las emociones humanas que experimenta hace que nos preguntemos qué consiste exactamente ser humanos. Esa pregunta es la médula de Klara y el sol.

Ishiguro se sirve de un robot para explorar la esencia del ser humano, el verdadero tema del libro. El parecido de Klara con el ser humano es la mayor licencia que se toma Ishiguro. La frontera que separa lo humano de lo artificial desaparece. ¿Es el ser humano algo más que un robot? ¿Es su psicología distinta a un complejo software hecho de instintos, subconsciencia y educación? ¿Son los miembros y órganos del cuerpo algo distinto a hardware que con las técnicas de clonación adecuada se pueden sustituir alargando la vida? ¿Es la religión un virus que afecta al buen funcionamiento del sistema? Hasta ahora la esencia del ser humano consistía en su irrepetibilidad y singularidad de cada uno de nosotros, pero si con las técnicas genéticas adecuadas los seres humanos se podrían fabricar en serie en una cadena de montaje ¿cuál es la esencia de la humanidad? Ishiguro plantea las preguntas, para las respuestas habrá que esperar a la llegada de los EA, escritores artificiales.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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