Cartas a un joven poeta de Rilke

Junto a sus libros de poemas, Sonetos a Orfeo y Elegías a Duino, Cartas a un joven poeta es una de las obras más destacadas de Rainer María Rilke, en cuya biografía destacan su amistad con Auguste Rodin y su historia de amor con Lou Andreas-Salomé.

Detrás de cada libro hay una pequeña historia, o grande. Las hay muy azarosas como por ejemplo la de Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn, quien guardaba los manuscritos de la novela en casas de sus amigos, a las que acudía con cualquier pretexto para trabajar en ellos burlando la censura comunista, o la de como Vida y destino de Vasili Grossman, que salió de Rusia en forma de microfilm, también para evitar la censura comunista. Mario Vargas Llosa publicó Historia secreta de una novela, donde relata la intrahistoria de La casa verde, desde que el germen de la novela nació en la mente del escritor hasta que se materializó en papel.

La historia de Cartas a un joven poeta es una de las más peculiares de la historia de la literatura, porque ni en su concepción ni en su publicación participó Rilke, quien murió sin proponerse publicar las cartas y sin saber que se publicarían jamás. El origen de Cartas a un joven poeta son las tribulaciones de Franz Xaver Kappus, un joven estudiante de la Real Escuela Militar Superior en Mährisch-Weisskirchen, que sentía que la noble profesión de las armas era contraria a su sensibilidad y que sentía en su interior la llamada de la tinta.

Un buen día de 1902, mientras Franz Xaver Kappus estaba leyendo un libro de Rilke en el patio de la Academia se le acercó el capellán militar, el sabio y bondadoso padre Horacek, quien tomó el libro de mis manos, contempló la cubierta y agitó la cabeza. «¿Poemas de Rainer Maria Rilke?», preguntó reflexivamente. Hojeó las páginas rápidamente, deslizó la mirada sobre algunos versos, luego miró pensativamente hacia el horizonte y asintió finalmente. «Así que el discípulo René Rilke se ha convertido finalmente en poeta».

Explore la razón que le impulsa a escribir; compruebe si está enraizada en lo más profundo de su corazón, confiese si usted moriría si no le fuese permitido escribir, fragmento de Cartas a un joven poeta tatuado en el brazo de Lady Gaga. Más frases célebres de Rilke aquí

Así es como Franz Xaver Kappus tuvo conocimiento de que Rilke, quince años antes, en la Escuela Militar de Sankt Pölten, había sido también discípulo del padre Horacek, por medio del cual entró en contacto con el poeta, a quien pidió consejo sobre su incipiente vocación literaria.

La correspondencia entre Franz Xaver Kappus y Rainer Maria Rilke se extendió durante cinco años, de 1903 a 1908. A medida que avanza, el dialogo se aleja de desvía ligeramente de la actividad literaria para abordar temas más generales. como el amor, la amistad, la soledad y la familia. En 1929, tres años después de la muerte de Rilke, Franz Xaver Kappus decidió dar a la luz las cartas, diez en total, que se imprimieron por primera vez en Leipzig. Desde entonces se han convertido en la estrella polar de miles y miles de aspirantes a literatos. La última entrada, en la que recordaba 10 consejos del maestro Bukowski para escribir,

me trajo las Cartas a un joven poeta a la memoria, especialmente la primera, en la que Rilke dirige a Franz Xaver Kappus una sencilla pregunta que se debería responder cualquiera que sienta el latido de una vocación en su interior, ya sea literaria o de otra índole, y que a continuación comparto.

A Franz Xaver Kappus

París,

a 17 de febrero de 1903

Muy estimado señor,

he recibido su carta hace unos pocos días. Quiero agradecerle la enorme confianza que deposita usted en mí. Es lo menos que puedo hacer. Pero lamento no poder pronunciarme sobre la calidad de sus versos; pues cualquier intención crítica me resulta completamente ajena. Con nada se acerca uno menos a una obra artística que con el lenguaje de la crítica: de ahí sólo pueden salir malentendidos más o menos afortunados. Las cosas no son tan fáciles de comprender y de decir como frecuentemente nos quieren hacer creer; la mayoría de las experiencias son inenarrables, acontecen en un espacio al que ninguna palabra tiene acceso, y los más indescriptibles de todos son las obras artísticas, entidades misteriosas cuya vida corre paralela a la nuestra, pero que en lugar de caducar, perduran.

Y una vez hecha esta observación, lo único que puedo decirle es que sus versos carecen de estilo propio, más bien son indicios de una personalidad. Donde más claro percibo esta impresión es en el último poema Meine Seele (Mi alma). Ahí hay algo que busca un modo de expresión propio. Y en el precioso poema An Leopardi (A Leopardi) se percibe cierta familiaridad con el estilo de ese genio solitario. En cualquier caso, los poemas no son todavía nada en sí mismos, nada autónomo, ni el último ni el dedicado a Leopardi. La amable carta que los acompañaba me ha aclarado algunos de los defectos detectados durante la lectura de sus versos, sin poder detenerme a detallarlos en profundidad.

Usted se pregunta si sus versos son buenos. Usted me pregunta. Usted ha preguntado a otros antes. Usted los envía a periódicos. Usted los compara con otros poemas, y se incómoda cuando ciertas redacciones rechazan sus propuestas. Ahora le ruego (ya que usted ha solicitado mi consejo) que renuncie a todo eso. Usted mira al exterior y eso es lo peor que puede hacer en este momento. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo existe un camino. Busque en su interior. Explore la razón que le impulsa a escribir; compruebe si está enraizada en lo más profundo de su corazón, confiese si usted moriría si no le fuese permitido escribir.

Ante todo pregúntese en la hora más tranquila de le noche: ¿debo escribir? Busque en su interior una respuesta sincera. Y si la respuesta es afirmativa, si usted puede responder a esta grave cuestión con un rotundo y sencillo debo, entonces oriente su vida hacia la satisfacción de esa necesidad; su vida debe convertirse, incluso en su hora más insignificante y minúscula, en símbolo y testimonio de esa obligación. Entonces acérquese usted a la naturaleza. Entonces intente expresar, como un hombre sencillo, lo que usted ve y siente y ama y pierde.

No escriba usted poemas de amor; evite al principio ese tipo de composiciones tan corrientes y populares: son las más difíciles de todas, pues se necesita una gran fuerza para dejar huella allí donde confluyen una gran cantidad de tradiciones ricas y opulentas.

En consecuencia sacrifique usted los temas universales en favor de aquellos que la vida cotidiana le ofrece; describa usted sus tristezas y deseos, sus pensamientos pasajeros y su fe en algún tipo de belleza. Describa usted todo eso con sinceridad, serenidad y humildad y utilice para expresarse los elementos de su entorno, las imágenes de sus sueños y los objetos de sus recuerdos.

Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe a ella; cúlpese a usted mismo, dígase que no es usted suficientemente poeta para invocar sus riquezas; pues para el creador no hay ninguna pobreza ni ningún lugar estéril o indiferente. Y si usted estuviera en una prisión, cuyas paredes impidieran que los sonidos del mundo llegaran hasta sus oídos, ¿no dispondría usted todavía de su infancia, ese reino encantador y majestuoso, ese tesoro de recuerdos? Dirija usted su atención hacía ella. Intente recuperar las sensaciones olvidadas de ese pasado lejano; su personalidad se forjará, su soledad se ensanchará y se convertirá para usted en un nuevo hogar, protegido del bullicio del mundo. Y si de ese mirar en el interior, de esa inmersión en el propio mundo brotan versos, entonces no pensará usted en preguntar a nadie si son buenos versos. Tampoco intentará llamar la atención de los periódicos sobre su trabajo: pues usted verá en él su propiedad más preciada e íntima, una parte y la voz de su vida.

Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad. En la razón de su origen reside su juicio: no existe ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no sabría darle otro consejo aparte de este: mire en su interior y bucee en las profundidades que son el origen de su vida; en su fuente encontrará usted la respuesta a la pregunta de si debe usted crear.

Acéptela como es, sin buscarle ningún significado. Quizás resulte que está usted llamado a ser artista. Entonces asuma su destino, vívalo tal y como es, con sus miserias y grandezas, sin preguntarse nunca por la recompensa que podría venir del exterior. Pues el creador debe ser un mundo para sí mismo y encontrarlo todo en sí mismo y en la naturaleza, a la cual se ha vinculado.

Pero quizás, después de descender a las profundidades de su interior y su soledad, deba usted renunciar a convertirse en poeta; es suficiente, como le dije antes, sentir que uno podría vivir sin escribir, para no tener que hacerlo en absoluto. Pero incluso en ese caso la introspección que he solicitado de usted no habría sido en vano. Inevitablemente su vida encontrará a partir de ese momento un camino, y le deseo que sea bueno, provechoso y largo con mucho más fervor del que puedo expresar.

¿Qué más puedo decirle? Cualquier cosa que decida hacer me parecerá correcta. Finalmente me gustaría recomendarle, ir con calma y seriedad a través de las distintas fases de su desarrollo; nada podría ser más perjudicial para usted que mirar hacia el exterior y esperar del exterior respuestas a preguntas que quizá sólo pueda encontrar en los sentimientos más íntimos de sus horas más serenas.

Ha sido para mí un placer encontrar el nombre del profesor Horacek en su carta; conservo por ese queridísimo maestro un inmenso respeto y un agradecimiento que no para de aumentar con los años. Por favor le ruego que le haga llegar éstos mis sentimientos; es muy agradable saber que todavía se acuerda de mí y yo sé valorarlo como se merece.

Le devuelvo los versos que tan amablemente me ha confiado en su carta. Y le vuelvo a manifestar mi agradecimiento por la magnitud y cordialidad de su confianza, de la cual espero, por medio de esta respuesta honesta y manifestada con la mejor de intención, haberme hecho un poco más merecedor de lo que es el desconocido que en realidad soy.

Con toda devoción y simpatía,

Rainer Maria Rilke

Para quien quiera seguir leyendo

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

4 comentarios sobre “Cartas a un joven poeta de Rilke

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