La genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche

Friedrich Nietzsche (Alemania, 1844-1900), entre cuya obra se encuentran algunos de los libros más importantes de la filosofía, como Así habló Zaratustra o Más allá del bien y del mal, ha pasado a la historia popular por una de su frases más célebres, Dios ha muerto. Aquí ya nos hemos ocupado de su historia de amor con Lou Andreas-Salomé y ahora lo hacemos de uno de sus libros más interesantes, La genealogía de la moral, en el que indaga en las raíces inmorales de la moral.

Friedrich Nietzsche es un gigante del pensamiento. Si tuviese que responder a qué lo hace tan especial diría que, primero, una honestidad absoluta en la búsqueda de la verdad, en su empeño por dar respuesta a las grandes preguntas jamás se dejó intimidar por las convenciones políticas, religiosas, académicas o sociales de su tiempo, a las cuales presentó batalla con una ferocidad nunca antes vista; y segundo, una capacidad de indagación y penetración sin igual. Su particular forma de mirar la realidad lo llevó a formular las hipótesis más provocadoras y radicales de la filosofía. Y su lengua nunca fue más afilada que cuando habló de moral.

La moral fue una de las grandes obsesiones de Nietzsche. En La genealogía de la moral Nietzsche se propuso encontrar sus raíces, como aquellos exploradores de otra época se proponían encontrar las fuentes del Nilo, y como a estos sus pesquisas lo llevaron a terrenos jamás hollados por la mente humana. La genealogía de la moral, el título es hermosísimo, y es que en Nietzsche todo es hermoso o no es.

Como ya apuntamos abordamos su historia de amor con Lou Andreas Salomé, que también fue amante de Rainer Maria Rilke y Sigmund Freud, dos firmas muy estimadas en este blog, Nietzsche fue un artista, cuya sed de conocimiento, voluntad de verdad (Wille zur Wahrheit) sería la expresión correcta, lo llevó a dedicarse a la filosofía. Pero Nietzsche no dejó nunca de lado su voluntad artística, sino que la materializó en su obra filosófica, dando a sus formulaciones y postulados siempre la forma más hermosa posible. La obra filosófica de Nietzsche refleja una voluntad de estilo igual o mayor a la de cualquier gran estilista de la literatura. Su pensamiento se manifiesta tanto en lo que dice como en cómo lo dice y convierte su lectura en una experiencia intelectual incomparable. Están todos los novelistas, poetas y filósofos que han sido y serán, y luego está Nietzsche.

Pero dejemos las cuestiones de forma, para ocuparnos del fondo de La genealogía de la moral, escrita en Sils María, en el verano de 1887, en un rapto de inspiración, como Nietzsche confesó en una carta escrita a Meta von Salis, sólo tenía en mi mente el título, el resto, el contenido, me fue susurrado. Debí haber experimentado un estado de inspiración casi ininterrumpida, de tal forma que el texto surgió como la cosa más natural del mundo. No se detecta en él ningún esfuerzo. La genealogía de la moral esta dividida en tres partes, Bien y mal, Culpa y Mala conciencia. Los títulos de estas partes revelan su contenido en extremo.

La genealogía de la moral es una exploración sobre el origen inmoral de la moral, tal es la provocativa hipótesis de Nietzsche. Esta idea ya está presente y comentada en Aurora y Humanos, demasiado humanos. Esto se debe en gran parte a la vida errante de Nietzsche. Después de abandonar su cátedra en la Universidad de Basilea, Nietzsche careció de residencia fija durante el resto de su vida y vivió a salto de caballo, mayormente entre Alemania, Austria e Italia. Debido a las dificultades de las mudanzas no siempre tenía a mano los libros que necesitaba, ni siquiera los suyos propios, por lo cual en sus últimas obras, cuando sus constantes problemas de salud se agravaron profundamente, no siempre era consciente de lo que había dicho previamente, como con motivo de la segunda edición de La gaya ciencia confesó en una carta a Peter Gast, siento curiosidad por ver lo que pude haber escrito entonces. Ha desaparecido completamente de mi memoria.

En cualquier caso no se puede considerar La genealogía de la moral una repetición, sino un libro con carácter propio, en el cual se profundiza y se aborda desde otra perspectiva temas ya antes tratados o apuntados. En el primer capítulo, Bien y mal, Nietzsche considera que la moral nace del resentimiento, y que bajo las ideas de bien y mal subyace las de vornehm, bueno,y schlecht, malo. Parece obvio que el concepto de bueno y malo sea el germen de las ideas de bien y mal, pero no se puede olvidar que estamos hablando de moral, que no se ocupa de cosas u objetos, sino de personas, y cuando Nietzsche habla de personas buenas se refiere a personas nobles, elevadas, que se estiman y se aman, por lo cual cuando les afrentan son capaces de vengarse; y cuando habla de personas malas habla de personas ruines, que no se estiman y por lo tanto son incapaces de afirmarse ni de defenderse. Es hora de dejar caer todos los velos del lenguaje y decir bien claro quién son unos y otros, los buenos son los fuertes y los malos los débiles.

Nietzsche dijo en una ocasión que no era un hombre, era dinamita, pero a juzgar por la imagen parece más plomo

Obviamente esta clasificación choca frontalmente con las concepciones morales que sirven de base a la sociedad moderna, pero Nietzsche no está aquí analizando la moral imperante, sino cómo llegamos a ella y en busca de sus raíces viaja en el tiempo hasta la noche de los tiempos, a un estadio de la evolución previo a la formación de cualquier sedimento cultural, cuando imperaba la ley de la selva, la ley del más fuerte. La noche de los tiempos es insondable, ninguna inteligencia puede alumbrar su oscuridad, qué y cómo pasó está abierto a la especulación, pero cerrado a la certeza; pero Nietzsche sostiene que entonces inevitablemente debió surgir una moral de la fuerza, de acuerdo con la cual se consideraban buenos los valores propios de los fuertes, el orgullo, la venganza, el derroche, la sensualidad, la violencia, tal y como todavía se puede observar en los dioses de la mitología antigua. Y por la misma razón se debían considerar malos aquellos valores propios de los débiles, la moderación, la humildad, la tolerancia, la compasión, la frugalidad o la obediencia.

Nietzsche postula que, en un proceso natural de autodefensa, los débiles realizaron un largo proceso de inversión de valores, por el cual empezaron a declarar malos a los fuertes y malas sus virtudes. La rebelión de los esclavos en la moral empezó porque el resentimiento también es creativo y da a luz valores: El resentimiento de aquellos seres que no pueden reaccionar con hechos, que sólo pueden resarcirse mediante una venganza imaginaria. La moral es la venganza imaginaria de los débiles, que se completa cuando los fuertes ya no puede sino contemplarse a través de los ojos y valores de los débiles. La capacidad de inspirar compasión en ellos es el arma de los débiles. La capacidad de sentir compasión es el talón de Aquiles de los fuertes y los débiles lo explotan para realizar una inversión moral. Los débiles han encontrado un medio para hacer daño. Los fuertes son derrotados cuando aceptan y se someten a esa moral del resentimiento. Desde esta perspectiva, la moral es un combate que gira en torno a quién define a quién y cómo.

En el segundo capítulo, Culpa, Nietzsche indaga en el trabajo prehistórico que a través del cual se formó el ser moral. ¿Cómo se dotó de la capacidad de graduar los afectos, estableció rituales y normas de comportamiento y se dio una conciencia que le permite poner freno al instinto, en una palabra, ¿cómo se convirtió el hombre en un un animal que puede prometer? Nietzsche, que fue capaz de dotar a su filosofía de una profunda percepción psicológica, que a mi entender la enriquece profundamente y la hace tan singular, descubre que el proceso de formación del individuo moral está íntimamente relacionada con una división interior. El ser humano es un ser dividido, dentro de todos nosotros hay algo que vive y algo que piensa, hay algo que ordena y algo que obedece, hay algo que desea y una conciencia que censura. En la moral el ser humano no se comporta como un individuo, sino como un dividuo.

¿Cómo se llegó a esa división? Probablemente nunca lo sabemos, pero Nietzsche aventura la hipótesis de que en los tiempos primordiales, cuando los fuertes ordenaban y los débiles obedecían, las órdenes de los primeros debieron ser recibidas por los segundos como algo ajeno, un cuerpo extraño, que dejaba una herida de orgullo, de la cual surgió la conciencia y que lentamente, durante millones de años, transformó la pasión por obedecer de los débiles en la obsesión por mandar. Esa es la oscura biografía del alma humana, ese laberinto de pulsiones ocultas, razonamientos confusos y absurdos inexplicables.

Sea como fuere esa división, si es que fue una división interior lo que dio lugar a la conciencia, hoy pertenece a la condición humana. Y de nuestra condición de diviudos Nietzsche concluye que la principal relación del ser humano es consigo mismo. El hombre es el animal no determinado, dentro del cual fluye un torrente inextinguible y variable de apetencias, impulsos y voces interiores. El objetivo final es ser capaces de determinarnos a nosotros mismos. Tú debes ser señor de ti mismo, también señor de tus virtudes. Previamente ellas fueron tus señoras, pero sólo deben ser un arma más de tu arsenal. Tú debes obtener control sobre tus virtudes y defectos, y aprender a activarlos y a desactivarlos, siempre de acuerdo con tu objetivo final. Debes aprender a captar la perspectiva en cada valoración

El último capítulo, aunque no definitivo ni especialmente prolongado, de esta historia de la moral es el cristianismo, que con su moral de caridad, humillación y humildad significa una victoria de la moral de los esclavos, que implica poner fuera de juego la energía de los fuertes a través de una red de normas, compromisos, disimulos e indirectas.

En conexión con la moral cristiana, en el tercer capítulo, Mala conciencia, Nietzsche realiza una digresión sobre el significado del ideal ascético. Nietzsche describe el origen y la personificación del ideal ascético y lo interpreta como la forma que adquiere la fuerza vital en una moral religiosa de la humildad y la humillación. El asceta demuestra el poder de su naturaleza en la medida en que ejerce un dominio total contra el propio cuerpo y en lugar de satisfacer sus apetitos sensoriales los extingue. El asceta es la encarnación de la moral cristiana, el fuerte viviendo de acuerdo con la moral del resentimiento, que con su inversión de valores ha convertido lo bueno en malo y lo malo en bueno. Por lo tanto el asceta no dice sí a la vida, no derrocha su fuerza, no cultiva el placer, no se embriaga, no disfruta ni se exalta, sino que dice no a la vida, se abstiene, se humilla, se atormenta, se aísla.

La genealogía de la moral termina con una serie de reflexiones sobre las que no entraré, porque considere que carecen básicamente de interés filosófico y no son sino el intento de Nietzsche de conciliar su obra filosófica con su existencia, pues si la primera es una exaltación del vitalismo y la fuerza, la segunda fue ascética, sacrificada al conocimiento. Por lo que a mí respecta, podría decir muchas cosas sobre las principales ideas contenidas en La genealogía de la moral, decir por ejemplo que esa primordial moral de la fuerza, para ser real, acaso recuerda en exceso a Dionisio, dios del vino y la fertilidad, inspirador del éxtasis, estrella polar del firmamento Nietzscheano; o incluso decir que acaso sea exagerado dignificar con la palabra moral a sea lo que fuera que hubiera en los tiempos primordiales, cuando tal vez no merezcan más que la del instinto. Aunque al respecto no conviene olvidar que a diferencia de como por ejemplo vimos en El mito de Sísifo de Camus, que es un trabajo de pura especulación filosófica, Nietzsche a lo largo de su vida se interesó por un rango muy amplio de materias, ciencias naturales, física, biología y un largo etcétera e intentó integrarlas todas en su pensamiento para adquirir el máximo grado posible de comprensión de la realidad. Pero como iba diciendo me abstendré de comentar su filosofía, no como tantas veces por razones de tiempo ni espacio, sino simplemente por respeto a aquella vieja ley de urbanidad que dice que, cuando hablan los grandes, los pequeños debemos callar.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

2 comentarios sobre “La genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche

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