10 Mejores novelas de amor

El amor es una de los grandes temas de la literatura, quizás el más grande de todos. Así que no es extraño que los libros de amor sean los preferidos de tantos lectores, copen las listas de libros más vendidos y sean una opción segura cuando nos preguntamos qué libro leer. El amor tiene su género propio, la literatura romántica. No obstante, existe una relación inversamente proporcional entre el éxito comercial del género y su calidad literaria. Generalmente la literatura romántica exagera tanto los rasgos del amor que del drama pasa al melodrama. En consecuencia, más que representar, caricaturiza el más noble de todos los sentimientos. En esta lista voy a evitar ese tipo de literatura para seleccionar títulos en los que el amor se presenta en su forma químicamente más pura y en sus manifestaciones más variadas posibles.

  1. Madame Bovary de Gustave Flaubert.

Siempre que confecciono una lista otorgo las posiciones aleatoriamente, según vienen a mi memoria, pero en esta ocasión me permito hacer una excepción, al menos por lo que respecta a la primera posición, porque como dice Mario Vargas Llosa en el excelente prólogo de la edición de Alianza: Madame Bovary es el patrón literatura y aún lo es más cuando hablamos de amor.

Gustave Flaubert era un gran admirador de El Quijote, se decía que se lo sabía de memoria, y siempre dijo que Madame Bovary era El Quijote con faldas. No le faltaba razón, pues si a uno se le nubló el entendimiento leyendo pésimos libros de caballerías, a la otra se le nubló leyendo libros de amoríos. La Bovary soñaba con los éxtasis y frenesíes del amor más exaltado y cuando por los azares de la vida se vio casada con un modesto médico rural y envuelta en la monotonía de la vida matrimonial, no dudó en lanzarse al adulterio en busca de la pasión.

Madame Bovary es una gran novela de amor porque tensa al máximo los resortes del drama y la tragedia, sin caer en el patetismo o cayendo lo mínimo imprescindible, porque el amor es el sentimiento patético par excellence. Sería imposible resumir aquí todas las virtudes de esta obra maestra, pero en la larga historia de la literatura hay pocos momentos más conmovedores como cuando la Bovary, después de haber buscado en vano el amor en los brazos de seductores y diletantes, descubre su expresión más pura, más allá celos, culpas y reproches, en el amor sencillo, tranquilo y discreto de su marido Charles.

Esta historia de adulterio fue prohibida por la Iglesia católica. Gustave Flaubert se defendió de las acusaciones de inmoralidad aduciendo que pretendía demostrar los peligros de una educación equivocada, lo que no deja de resultar irónico, si se considera que la señorita Bovary se educó en un convento. No por falso, sino por defenderse extendiendo más la acusación sobre aquellos encargados de absolverlo.

Madame Bovary, más que una novela de amor, la novela del amor.

Vargas Llosa hablando sobre Flaubert

2. El amor en los tiempos del cólera Gabriel García Márquez.

En alguna ocasión escuché decir a Gabo que con El amor en los tiempos del cólera se había propuesto escribir la historia de amor que siempre había querido leer. No lo hizo mal, la historia de Florentino Ariza y Fermina Daza es inolvidable. Personalmente la considero mejor incluso que Cien años de soledad. No hay más que decir.

Toda gran historia de amor requiere un obstáculo, generalmente una convención social, que se oponga a su realización. De esa contradicción entre las pasiones y su universo nace el drama, consustancial a toda historia de amor. En El amor en los tiempos del cólera esa convención no es ni mucho menos original: Fermina Daza es una burguesa y Florentino Ariza es un don nadie. Pero todo lo demás es extremadamente original, maravilloso y sublime.

Después de una breve relación epistolar, la familia de Fermina Daza rápidamente pone punto y final a su relación, después de lo cual ella se casa con Juvenal Urbino, médico y respetado ciudadano de la ciudad de Cartagena, quizás la más hermosa de toda Colombia. Durante el resto de su vida Fermina Daza vivirá un matrimonio corriente, alternando las alegrías con las penas, y no tardará en olvidarse completamente de su pretendiente juvenil. Pero Florentino Ariza nunca se olvidará de ella y vivirá una soltería extraordinaria, esperando durante toda su vida la muerte del doctor Juvenal Urbino, para pedir la mano de la única mujer que ama.

Por cierto, la muerte del doctor Juvenal Urbino sucede al principio de la novela. Una muestra del dominio de Gabriel García Márquez de los recursos narrativos.

Gabriel García Márquez sobre el amor

3. Romeo y Julieta de W. Shakespeare.

Hay pocas historias más conocidas que Romeo y Julieta. Forma parte de la cultura universal, si es que tal cosa existe, e incluso aquellos que no la han leído podrían dar cuenta de su argumento fácilmente. Poco queda por decir al respecto.

Romeo y Julieta es la primera gran historia de amor de la literatura. Y siguiendo la metáfora que establecí en mi En defensa de los clásicos es el tronco original del que parten todas las demás historias de amor. El de Romeo y Julieta es el proverbial amor a primera vista, una pasión ciega y arrebatadora que los une y les hace la vida inconcebible sin el otro; pero su amor se ve obstaculizado por su pertenencia a dos familias rivales, los Capuleto y los Montesco. Con Romeo y Julieta W. Shakespeare estableció el modelo que desde entonces han seguido todos los escritores de historias de amor, el del amor enfrentado a un obstáculo. Una historia de amor es más grande cuanto más grande es ese obstáculo y los amores más grandes de todos son los imposibles.

Romeo y Julieta se enfrentan a una rivalidad familiar feudal, que hoy nos puede parecer un tanto obsoleta, e incluso caprichosa -aunque la palabra precisa sería teatral, pues no se puede olvidar que la historia está concebida para las tablas-, porque históricamente los matrimonios servían para zanjar muchas rivalidades y establecer alianzas políticas. En cualquier caso posteriores escritores recogieron ese testigo y, como se puede apreciar en esta entrada, en sus novelas enfrentaron a sus tortolitos con obstáculos cada vez más complejos como la moral imperante, las diferencias religiosas, raciales o de clase, enriqueciendo profundamente el género. Pero el mérito es de W. Shakespeare.

4. El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.

En el prólogo de su colección de maestros modernos norteamericanos Carlos Fuentes dice que si se votara la mejor novela norteamericana del siglo XX sin duda ganaría El gran Gatsby. No le faltan méritos para reclamar tal honor. La novela ha sido aclamada por su retrato de los felices años 20, regados de alcohol y ambientados por la música Jazz. Pero pocas veces se ha catalogado como novela de amor. Pues bien, sin negar todo lo anterior, El gran Gatsby es sobre todo una novela de amor, todo el artificio se sostiene sobre la pasión de Jay Gatsby por Daisy Buchanan. Saca su amor de la ecuación y no hay novela.

Parte del misterio de la novela gira sobre quién es Jay Gatsby. Las especulaciones sobre su identidad se suceden entre los invitados a sus suntuosas fiestas. El misterio no hace sino añadir atractivo a su persona. La crítica ha vertido ríos de tinta elucidando el significado de la antítesis entre la falta de identidad de Gatsby y la sólida genealogía de Daisy Buchanan y su marido Tom, de quien sabemos todo y cuyas raíces se pueden trazar hasta los orígenes de la nación americana. Pero lo importante es que Jay Gatsby es un hombre dispuesto a todo por amor.

Después de un amorío adolescente, Gatsby se separa de Daisy para luchar en la I GM -ha cumplido su deber con la patria-. Cuando regresa, consciente de que ambos pertenecen a mundos distintos, se dispone a cerrar la brecha que los separa y amasa una fortuna, por medios ilícitos, contrabando de alcohol, si no recuerdo mal. Pero entretanto Daisy se ha casado con Tom, pero ni el matrimonio es suficiente para que Gatsby renuncie a su sueño de recuperarla. Derrocha fortunas en fiestas, se convierten en el hombre más popular de la ciudad y todo para llamar la atención de Daisy. Pero sólo para descubrir que entre ellos hay una diferencia que ni el dinero ni el éxito podrán cerrar nunca, una diferencia de nacimiento. 

Personalmente encuentro que la historia sería más redonda si la fortuna de Gatsby fuera legítima, porque aunque lo haría menos misterioso y atractivo, acentuaría los privilegios de la aristocracia WASP con respecto a los demás miembros de la sociedad norteamericana. Quizás el objetivo de F. Scott Fitzgerald fue indicar que para ciertas personas sólo hay un camino abierto hacia el sueño americano. En cualquier caso, una novela que le valió la inmortalidad.

5. Lolita de Vladimir Nabokov

Hablando de inmortalidad, sin duda Vladimir Nabokov debe la suya a Lolita, la novela de amor más sórdida jamás escrita. Dicho lo cual he de confesar que el adjetivo sórdido no me satisface, porque si por un lado el amor pederasta de Humbert Humbert por Lolita no merece otro calificativo, por el otro el estilo de Nabokov es cualquier cosa menos sórdido y alumbra todo el texto.

Pero llegados a este punto no puedo evitar caer en la cuenta de que varios de muchos de los títulos aquí citados aparecen también en mis lista de mejores novelas censuradas, lo cual invita a reflexionar sobre la compleja relación entre el amor y la moral social. Quizás toda la moral sea un intento de domar el instinto de amar.

Y hablando de moral, si hemos dicho que el requisito de toda gran historia de amor es enfrentarse a un obstáculo que impida su realización, precisamente son los preceptos morales los que impiden el amor entre Humbert Humbert y Lolita, concretamente el tabú concerniente a las relaciones entre padres e hijas. Humbert Humbert no es el padre biológico de Lolita, sino político, dicha circunstancia atenúa el caso. Pero lo que no admite atenuantes es la violación del precepto moral que prohibe las relaciones entre hombres y niñas, o mujeres y niños. El primer requisito del amor es haber llegado a la edad de amar, la naturaleza anuncia ese momento.

En cualquier caso, un vistazo al mundo basta para constatar que el amor puede adoptar formas terribles. Hay amores violentos, tóxicos, fatales… La lista es larga. Lolita, la novela más perversa, escrita por la pluma más tierna.

6. Las penas del joven Werther de Goethe.

El romanticismo no es mi estilo artístico preferido, pero ¡qué clase de lista de novelas de amor sería esta si no incluyera al menos una novela de esa época cuya sola mención provoca que nuestro corazón lata un poco más rápido.

Goethe, acaso el más alto represente del romanticismo, aunque sólo sea porque tuvo su origen en Alemania, dijo que el sentimiento lo es todo y esa expresión bien podría definir al joven Werther, quien es todo sentimiento. En comparación con los títulos anteriores, en los que la afinidad de sentimientos entre sus protagonistas se frustra por circunstancias ajenas a su voluntad, en Las penas del joven Werther el amor entre Werther y Lotte se frustra porque esta no corresponde a sus sentimientos. ¡A quién no le ha pasado! Y el título no podía ser más acertado, porque quien no conoce las penas de amor no conoce la pena. En el caso de Werther se vuelve tan intolerable que acaba suicidándose. Excepto en El amor en los tiempo del cólera, que es una rareza en su género, todas las novelas citadas acaban en muerte o suicido. La muerte es el elemento más característico de las novelas de amor, el que revela más que ningún otro su patetismo.

En consecuencia no es un novela de amor, sino de desamor. Una confusión muy habitual. ¡Qué importa! A fin de cuentas amor y desamor no son sino dos caras de una misma moneda.

La penas del joven Werther fue un gran éxito de la literatura europea, una lectura obligada en las cortes del siglo XIX. Curiosamente está basado en un rechazo amoroso que sufrió el propio Goethe, quien lo escribió con veinticinco años de edad. A diferencia de su protagonista, a diferencia de otros escritores románticos como nuestro Larra, Goethe no se suicidó, afortunadamente para la literatura.

7. Ana Karenina de Leon Tolstoi.

Tolstoi está considerado uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Guerra y paz es una de las mejores novelas bélicas y Ana Karenina es una de las mejores novelas de amor. Aunque tanto la primera como la segunda son mucho más que eso, dos novelas colosales, con un amplio elenco de personajes, en las que tiene cabida de todo: Amor, crítica social, costumbrismo, etc.

Es imposible resumir en un par de renglones una novela que ronda las mil páginas, me aventuraré a decir que Ana Karenina es un gran culebrón, con todos sus elementos propios, celos, pasión, traición, pero mezclados y dosificados con maestría, para que el resultado no resulte demasiado especiado, sino al gusto de los paladares más delicados.

Ana Karenina arranca con una de las líneas más famosas de la literatura, todas las familias felices se parecen, pero las desdichadas lo son cada una a su manera y es básicamente la historia de una mujer casada que se enamora de Vronski y a quien la satisfacción de su amor le cuesta su posición en la sociedad, hasta llegar a su fatal destino en la estación de tren de Moscú, casualmente la misma en la que se encontró con Vronski por primera vez. Casualmente la muerte de Tolstoi también ocurrió en una estación de tren, en Astapovo, y de una forma no menos poética que la de su heroína.

Por cierto, hay otra novela que empieza exactamente igual que Ana Karenina. Curiosamente, su autor también es ruso y también se encuentra en esta lista.

8. Orgullo y prejuicio de Jane Austen.

Hablando de frases mundialmente famosas de la literatura, aquella con la que arranca Orgullo y prejuicio no le va a la zaga a ninguna, es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

A pesar de ser una de las novelas más famosas y leídas de todos los tiempos, he pensado mucho si incluirla en esta lista o no. No por falta de méritos, sino porque en ella no se da ese elemento de drama, que surge de enfrentar el sentimiento privado con la moral pública, que es el nervio de toda gran novela de amor y que se tensa tanto que acaba indefectiblemente rompiéndose. Orgullo y prejuicio es la historia de amor entre Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, y si bien es cierto que la posición social de él es superior a la de ella, no lo es tanto como para que esto constituya un impedimento a su amor, sino más bien, como dice el título, para desencadenar los prejuicios de él y el orgullo de ella.

En esta lista llena de dramones, Orgullo y prejuicio resalta por ser una comedia que gira en torno a la convención del matrimonio y la necesidad de las mujeres de la época de buscarse el mejor marido posible, sopesando fríamente todos sus atributos. En parte su éxito se debe a los tipos perfectamente definidos: La madre casamentera, el cura, la joven inteligente y romántica y el aristócrata duro por fuera y tierno por dentro. Pero lo que convierte su lectura en una delicia es el ingenio de Jane Austen, que alcanza su máxima expresión en los flirteos entre Elizabeth y Fitzwilliam.

No se si Orgullo y prejuicio es la primera, pero sin duda sentó las bases de la comedia romántica, como Romeo y Julieta las sentó del drama romántico, y su huella ha llegado hasta nuestros días: El diario de Bridget Jones, Love actually, Nueve bodas y un funeral..

9. La historia de Jettchen Gebert de Georg Hermann

Quizás la menos conocida del lote, pero no por ello la peor, no en vano La historia de Jettchen Gebert fue un éxito tal en Alemania que superó el centenar de ediciones y fue una de las primeras novelas en ser adaptada a la gran pantalla.

Jettchen Gebert es una huérfana que se educa con sus tíos, una familia de origen judío propietaria de un próspero negocio de telas con sede en Berlín. Sin embargo, en contraposición el espíritu práctico, utilitario y burgués de sus padres adoptivos, gracias a la influencia de su diletante tío Jason, Jettchen desarrolla un espíritu idealista. Estas dos visiones del mundo chocan cuando Jettchen se enamora de Kössling, un joven escritor carente de medios. Quizás la familia de Jettchen podría haber pasado por alto la pobreza de Kössling, pero no su condición de cristiano. La situación se complica cuando entra en escena Julius, un primo lejano, con quien su familia quiere casarla para alejarla de Kössling. Jettchen accede a los deseos de su familia movida por un sentimiento de gratitud hacia las personas que la educaron, pero el día de su boda la tensión entre los sentimientos de Jettchen y su sentido del deber saldrán a la luz con consecuencias trágicas.

La historia de Jettchen Gebert es una tragedia en toda regla, en la que dos enamorados se ven separados por sus diferencias religiosas. Aunque quizás no haya sido el objetivo de su autor, a medida que la historia avanza, en la insistencia de su padres adoptivos en que Jettchen se case dentro de la familia, al lector se le revelan las claves de la endogamia que permitieron sobrevivir al pueblo y a la cultura judías durante milenios en ambientes extraordinariamente hostiles. No sin coste, porque las tensiones culturales entre judíos y cristianos que refleja la novela son el germen de futuros genocidios por todos conocidos. El propio Georg Hermann murió en Auschwitz.

10. De profundis de Oscar Wilde.

De profundis no es propiamente una novela, sino una larga carta. Razón de más para cerrar la lista con este título, pues hay una larga relación entre el amor y el género epistolar. Hoy, por supuesto, ya nadie escribe cartas. Pero a lo largo de los siglos ha sido el primero medio de comunicación entre amantes, ya fueran mataselladas por el servicio público de correos o entregadas secretamente, como ocurría entre Florentino Ariza y Fermina Daza. Yo mismo, mientras escribo esta entrada, recuerdo cómo me temblaban las manos de emoción cuando recibí mi primera carta de amor, siglos atrás. Y no puedo evitar sentir cierta lástima por todos aquellos que nunca escribirán ni recibirán cartas de amor. Incluso me temo que el wasap haya acabado con los mensajitos que solían circular por las aulas de los colegios.

Pero el verdadero motivo para incluir De profundis es que sin ella en esta lista no estarían representados un gran números de mujeres y hombres que aman de forma distinta a la convencional. Si hemos quedado en que una gran historia de amor debe enfrentarse a un gran obstáculo, no hay historias de amor más grandes que las de los homosexuales, cuyo amor hasta muy recientemente estaba completamente prohibido por las convenciones sociales y en muchos países sigue estándolo. Curiosamente sus historias apenas tienen representación en la literatura y reconocidos autores homosexuales como Truman Capote, cuando abordaron el amor, siempre lo hicieron en la forma convencional de hombre y mujer. En cualquier caso, a la hora de incluir un libro que abordara el amor homosexual he dudado entre De profundis de Oscar Wilde y Orlando de Virginia Woolf, pero finalmente he descartado este último porque, porque aunque habla de su historia de amor con Vita Sackville, otra escritora, es más una biografía sui generis que una historia de amor per se.

Oscar Wilde fue un niño prodigio de las letras, cuya fama traspasó fronteras después de escribir El retrato de Dorian Grey, convirtiéndose en una de las personalidades más famosas de su tiempo. Estuvo casado y tuvo dos hijos, pero parece ser que siempre le tiraron más los pantalones que las faldas. Esa querencia lo llevó a entrar en relaciones con Lord Alfred Douglas, por la cual después de un escandaloso juicio dio con sus huesos en la cárcel de Reading, donde escribió una larga carta de despecho a su ex amante.

La condena por sodomía puso punto final a los días de éxito de Oscar Wilde, quien después de cumplir condena se exilió en París, donde murió en la pobreza y el anonimato. Una gran tragedia que en nada tiene que envidiar a todas las arriba mencionadas, y es que cuando hablamos de amor también la realidad supera a la ficción.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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