España invertebrada de José Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset, nació en Madrid en 1883, concretamente en la calle Alfonso XII. Miembro destacado de la generación del 14, su biografía y filosofía quedó marcada por su educación alemana. Entre sus mejores frases está la celebérrima yo soy yo y mis circunstancias y en su obra hay títulos fundamentales, La rebelión de las masas, la deshumanización del arte o España invertebrada, precisamente de este último me ocupo en esta entrada.

España invertebrada llevaba mucho tiempo en mi radar, pero todavía no había tenido el gusto de leerlo por unos motivos u otros, principalmente porque otros títulos se habían interpuesto en mi camino, muchos de ellos no tan interesantes ni fecundos. Pero antes de entrar en materia, me gustaría hacer dos breves reflexiones.

La primera, recientemente asuntos de índole privada me llevaron al madrileño barrio de Malasaña, donde satisfechos los cuales me acerqué a la librería Arrebato para comprar un ejemplar de España invertebrada. Arrebato es una excelente librería, orientada al artículo de segunda mano, donde disfruté ojeando sus anaqueles y conversando con su dueño. Pero lamentablemente no tenían el ansiado título. No obstante conviene aclarar que poseían una excelente representación de la obra de Ortega y Gasset. De hecho, curiosamente, el único título que les faltaba era precisamente aquel en el que yo estaba interesado. El librero se ofreció a pedírmelo, pero decliné el ofrecimiento, convencido de que lo encontraría en alguna de las muchas librerías que me encontraría de camino a casa. Bien, yo vivo en la calle Ave María, a unos veinticinco minutos de Arrebato, esto significa que por el centro de Madrid, sin proponérmelo pasé por unas cuatro librerías. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando en los anaqueles de ninguna de ellas no sólo no se encontraba el objeto de mi deseo, sino que no había apenas rastro de OyG!

Arrebato libros, hermoso ejemplo de fachada madrileña

Al día siguiente, salí a dar un paseo en compañía de mi novia por el centro de Madrid, en el transcurso del cual fuimos entrando en todas las librerías que nos salieron al paso, una, dos, tres, cuatro, algunas de ellas de las más famosas de Madrid, como Traficantes de sueños, que tiene dos plantas llenas de libros en las que un madrileño universal como Jose Ortega y Gasset no tenía lugar, ni un solo libro suyo. Por supuesto el pecado hubiera sido el mismo, si no hubiera tenido libros de un argentino universal como Borges, lo cual no comprobé, pero visto lo visto no pondría la mano en el fuego. Por fin me hice con el ansiado título en la quinta librería, sita entre Ópera y el Palacio Real, La buena vida, cuyo nombre trajo a mi memoria buenos tiempos pasado en un bar homónimo de Gijón, perla del Cantábrico, y después de tan arduas pesquisas, agotados, atónitos e indignados, nos dirigimos a disfrutar de un merecido chocolate con churros. ¿A qué viene todo esto? Quien haya leído mi apasionado En defensa de los clásicos sabrá de qué estoy hablando.

Como me temo que esta primera reflexión se ha alargado demasiadp, pondré a prueba mis dotes de síntesis en la segunda. Cuando por fin pude encontrarme en la intimidad con España invertebrada, cuál fue mi sorpresa al descubrir que el prólogo estaba firmado por un político, Federico Trillo. Mi política con respecto a los prólogos es empezar a leerlos y si me gustan sigo y si no aborto misión. He de decir que el de Federico Trillo ni me entusiasmó ni me desagradó. En cualquier caso lo acabé, algo que no puedo decir de muchos firmados por catedráticos y críticos. Con razón decía Rainer Maria Rilke que con nada se acerca uno menos al arte que con el bisturí de la crítica.

Al respecto de lo que dice Trillo en el prólogo sólo quiero mencionar una cosa, España Invertebrada fue el libro más citado y consultado entre los responsables de elaborar la Constitución Española. Dejo al entender de cada cual determinar si esto habla bien o mal del libro, yo me limitaré a señalar que forma parte del tronco de la cultura española. ¿Qué quiero decir con esto? Quien haya leído mi apasionado En defensa de los clásicos lo sabrá.

Hora de entrar en materia. España invertebrada es un breve ensayo, de unas cien páginas, que originalmente apareció en artículos en la revista El sol en 1921 en el que José Ortega y Gasset aborda el problema esencial de la España de la época. A este respecto, mi interés particular en el libro reside en saber si la luz que arroja Ortega y Gasset sobre los problemas de su época nos puede ayudar a entender los problemas de la nuestra. Para que esto fuera posible, parece cabal pensar que los problemas deberían seguir siendo los mismos. ¿Cuál es el principal problema de España para Ortega y Gasset? Si alguien me preguntase cuál es el carácter más profundo y más grave de la actualidad española, yo contestaría con esta palabra, particularismo. ¿Qué es el particularismo? La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. La psicología del particularismo podría resumirse diciendo que es aquel estado del espíritu en el que creemos no tener por qué contar con los demás.

OyG en la tribuna, nadie puede negar que tiene el don de la elocuencia, aunque resulta un tanto cómico

Ortega y Gasset empieza España invertebrada citando la Historia romana de Mommsen: La historia de toda nación, y sobre todo de la nación latina, es un vasto sistema de incorporación. A partir de ahí desarrolla una ley histórica del nacimiento de las naciones en la que defiende el principio de que son un proceso no de dilatación de un núcleo original, sino de incorporación de núcleos diversos. La identidad de raza no trae consigo la incorporación en un organismo nacional, aunque a veces favorezca y facilite ese proceso. Es falso suponer que la unidad nacional se funda en la unidad de sangre y viceversa. La incorporación es la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura. El proceso de formación de una nación sigue tres etapas: Incorporación, constitución de un cuerpo social y colonización.

No hemos hecho sino empezar a abrir el melón y con lo dicho hasta ahora ya daría para un buen debate. A diferencia de la mía, la capacidad de síntesis de Ortega y Gasset es prodigiosa.

En el segundo capítulo aborda la cuestión de cuáles son esos núcleos preexistentes que poseen el poder creador de naciones. No lo son los más inteligentes ni lo más artísticos ni los más científicos, sino aquellos destinados a hacerlo. OyG no emplea esta expresión, pero la deja entrever cuando señala que el talento nacionalizador es un quid divinum, un don que consiste en un saber querer y un saber mandar. Humildemente considero que la geografía tiene mucho que decir en todo esto, lamentablemente OyG ignora este tipo de enfoque, más reciente, y su obra se resiente.

Ahora bien, mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas. Solitaria, la violencia fragua pseudoincorporaciones que duran poco tiempo y fenecen sin dejar rastro. En toda auténtica incorporación la fuerza tiene un carácter adjetivo. La potencia verdaderamente sustantiva que impulsa y nutre el proceso es siempre un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común. Ese proyecto sugestivo de vida en común es el pilar de la filosofia de OyG. En mi humilde opinión un pilar más hermoso que sólido.

Con estas leyes históricas en la mano OyG elabora una brevísima anatomía de la historia de España para llegar a una conclusión muy en boga de un tiempo a esta parte, Castilla es el alma de España. España es una cosa hecha por Castilla. La «España una» nace así en la mente de Castilla. Ignoró de cuándo data la idea de Castilla como origen de España. Sospecho que nació influenciada por el centralismo administrativo francés y la consagraron los noventayochistas -curiosamente todos de la periferia-, pero considero que es muy cuestionable históricamente. Como tantos otros, OyG aquí comete un error conceptual de bulto, confundir el centro con el origen. Por razones de espacio no puedo explayarme al respecto, pero los hechos históricos más importantes de nuestra historia la repoblación de Castilla, la romanización, la arabización, la reconquista, ninguno tiene origen en Castilla. Castilla es el territorio más extenso de España, pero a la luz de los hechos parece más objeto que sujeto de nuestra historia.

A continuación OyG pasa a analizar el origen de los separatismos, movimientos de secesión étnica y territorial, y empieza combatiendo la idea de que los nacionalismos catalán y vasco son movimientos artificiosos, extraídos de la nada, sin causas profundas, promovidos por hombres codiciosos, soberbios o envidiosos, sin los cuales no existiría esa labor de despedazamiento de la masa de homogénea de España. Para OyG los nacionalismos no son un fenómeno exclusivo de catalán o vasco, sino generalizado en España, que en esas regiones se manifiesta con más agresión y músculo retórico, y forma parte de un gran proceso de desintegración nacional.

El proceso incorporativo consistía en una faena de totalización, grupos sociales que eran todos aparte quedaban integrados como partes de un todo. La desintegración es el suceso inverso, las partes del todo comienzan a vivir como todos aparte. Desde 1580 todo lo que acontece en España es decadencia y desintegración. Hasta su cima la historia de España es ascendente y acumulativa, desde entonces es decadente y dispersiva. OyG pertenece a la generación del 14, dieciséis años lo separan de la generación del 98, marcada por la pérdida de las últimas colonias, pero en sus palabras salta a la vista cuanto seguía pesando en su generación la nostalgia del imperio. Dejo a la consideración de cada cual determinar si los kilómetros cuadrados o el número de colonias son la unidad de medida de la grandeza de un país.

OyG, feliz con su cigarrillo

En cualquier caso, ¿cuál es la causa de ese proceso de desintegración? Para buscarlo hay que volver la mirada hacia un viejo conocido, el proyecto sugestivo de vida en común, principio rector de España invertebrada. España se desintegra porque falla el proyecto sugestivo de vida en común, cuya consecuencia inmediata es el origen de particularismos. En consecuencia el propósito de este ensayo es corregir la puntería del pensamiento político al uso, que busca el mal del catalanismo y bizcaitarrismo en Cataluña y Vizcaya, cuando no está allí. ¿Dónde pues? Cuando una sociedad se descompone víctima del particularismo, puede siempre afirmarse que el primero en mostrarse el particularista fue precisamente el poder central. Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho.

A continuación OyG desarrolla la idea de particularismo que, dentro de una sociedad en desintegración, no se limita a grupos étnicos o geográficos, sino que se manifiesta también dentro de los distintos grupos y clases sociales, oficios y gremios. OyG nos da la causa del particularismo y también su efecto, la acción directa. A medida que se desentienden gradualmente del todo, los distintos grupos sociales y regiones abandonan la vía indirecta, representada por las instituciones públicas que están tendidas entre individuos y grupos como resortes y muelles de la solidaridad nacional, para emprender acciones interesadas, egoístas y de alcance particular. La vida social española ofrece hoy un extremado ejemplo de este atroz particularismo. Hoy es España, más que una nación, una serie de compartimientos estancos. En España invertebrada OyG estudia en más detalle el particularismo militar y su modo de acción directa, el pronunciamiento, precursor del golpe de estado.

En este punto acaba la primera parte, Particularismo y acción directa, y empieza la segunda, La ausencia de los mejores, que constituye el germen de la obra magna de OyG, La rebelión de las masas, y versa sobre los conceptos de masa, aristocracia y cómo su relación afecta al bienestar de un país. Tal vez no haya cosa que califique mejor a un pueblo y a cada época de su historia que el estado de la relación entre masa y minoría directora.

OyG habla alto y claro al respecto. Su pensamiento no precisa de intérprete.

Una nación es una masa humana organizada, estructurada por una minoría de individuos selectos. Cualquiera que sea nuestro credo político, nos es forzoso reconocer esta verdad. La forma jurídica que adopte una sociedad nacional podrá ser todo lo democrática y aun comunista que quepa imaginar; no obstante su constitución viva, transjurídica, será siempre siempre la acción dinámica de una minoría sobre una masa… Así cuando en una nación la masa se niega a ser masa, esto es, a seguir a la minoría directora, la nación se deshace y sobreviene el caos social, la invertebración histórica.

El hecho primario social es la organización en dirigidos y directores de un montón humano. Esto supone en unos una cierta capacidad para dirigir, en otros una cierta facilidad intima para dejarse dirigir. En suma: Donde no hay una minoría que actúa sobre una masa colectiva y una masa que sabe aceptar el influjo de una minoría, no hay sociedad o está muy cerca de que no la haya.

Tan absurdo sería querer deformar el sistema de las órbitas siderales, negarse a reconocer que el hombre tiene cabeza y pies y la pirámide cúspide y base como negar la existencia de una contextura esencial a toda sociedad, consistente en un sistema jerárquico de funciones colectivas.

Pues bien en España vivimos hoy entregados al imperio de las masas. Dondequiera asistimos al deprimente espectáculo de que los peores, que son los más, se revuelven contra los mejores.

Más claro el agua. Para OyG esta división de la sociedad entre aristocracia y masa se funda en un hecho innegable, hay hombres mejores que otros, más dotados, y allí donde se encuentran dos hombres, en condiciones normales, el peor seguirá al mejor. A partir de este hecho natural OyG extrae otra ley histórica Hay en la historia una perenne sucesión alternada de dos clases de época: Épocas de formación de aristocracias y con ellas de sociedad, y épocas de decadencia de esas aristocracias y con ellas de disolución de la sociedad. Las épocas de decadencia son en las que la minoría directora de un pueblo, la aristocracia, ha perdido sus cualidades de excelencia, aquellas que ocasionaron su elevación. Contra esa aristocracia ineficaz y corrompida se rebela justamente la mesa.

Llegados a este punto es inevitable pensar, al menos para los que nos hemos educado en democracia y hemos respirados ciertos valores, que acaso hemos aceptado como dogmas de fe, que el pensamiento de OyG suena a rancio, a Antiguo Régimen, a cosa superada. Esto bien puede deberse a lo que OyG denomina la magia del deber ser, nuestra tendencia a querer que la sociedad sea de una manera determinada, ideal, y no como es. Sólo debe ser lo que puede ser, y sólo puede ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es… Toda recta sentencia sobre cómo deben ser las cosas presupone la devota observación de su realidad… Antes que ser justa una sociedad tiene que ser sana, es decir, tiene que ser una sociedad… Una sociedad sin aristocracia, sin minoría egregia, no es sociedad.

En este punto conviene recordar que la palabra aristocracia etimológicamente significa gobierno de los mejores y este es el sentido con que la usa OyG. Una tosca sociología tergiversa estos conceptos de masa y minoría selecta, entendiendo por aquella el conjunto de las clases económicamente inferiores, y por esta las clases más elevadas. Mientras no corrijamos este quid pro quo no adelantaremos un paso en la inteligencia de lo social. Nada pues más lejos de mi intención cuando hablo de aristocracia que referirme a lo que por descuido suele aún llamarse así.

Como ya he dicho OyG habla tan alto y claro que considero innecesario puntualizar nada. Después de haber mirado y remirado largamente los diagnósticos que suelen hacerse de la mortal enfermedad padecida por nuestro pueblo, me parece hallar el más cercano a la verdad en la aristofobia u odio a los mejores.

Bonita edición antigua

En cualquier caso, para OyG el hecho que explica todos los males de España no es la rebelión de las masas, sino la falta de talento. No es casualidad que la segunda parte se titule La ausencia de los mejores. Mírese por donde plazca el hecho español de hoy, ayer o anteayer, siempre sorprenderá la anómala ausencia de una minoría suficiente. Este fenómeno explica toda nuestra historia, incluso aquellos momentos de fugaz plenitud. Para OyG España, a lo largo de su historia, ha sido incapaz de producir suficientes hombres de primera calidad como para disponer de una minoría selecta suficiente que impulsara el perfeccionamiento del cuerpo social. Para OyG la ausencia de los mejores en nuestra historia es tan destacada que en España lo ha hecho todo el pueblo y lo que no ha hecho el pueblo se ha quedado sin hacer.

Esta es la parte más débil España invertebrada, no me refiero a si en España faltan suficientes hombres de valor o no, dejo a la inteligencia de cada cual juzgar este punto, tras la debida comparación con la cuantía de hombres de valor que ha dado al mundo Francia, Inglaterra o Alemania, sino a la explicación que OyG da para este fenómeno. OyG busca las raíces de este fenómeno en la Edad Media, concretamente en la particularidades del feudalismo español. Para OyG las naciones del occidente europeo son la ecuación resultante de la raza autóctona, la cultura romana y el vigor del pueblo germano. OyG no considera que haya sustanciales diferencias raciales, por ejemplo entre Francia y España, el sedimento cultural romano es el mismo en ambos casos, pero cuando el Imperio Romano se derrumbó y los pueblos germanos conquistaron el oeste y sur de Europa, Francia fue invadida por los Francos, un pueblo joven y vigoroso, y España por visigodos, un pueblo viejo, deformado y anquilosado. Va de Francia a España lo que va del franco al visigodo. Por desgracia del franco al visigodo va una larga distancia.

Las visiones de OyG sobre el feudalismo son atractivas e interesantes, lamentablemente por razones de tiempo no puedo mencionarlas aquí, pero atribuir la pobreza social española, concretamente su incapacidad para crear elevados tipos humanos, a la influencia visigoda es insostenible, como si fuera una aleación que se hubiera debilitado al fundirse con un metal de inferior calidad. Repito, es insostenible desde cualquier punto de vista.

Con esto llegamos al final de España invertebrada, la obra de un hombre sinceramente preocupado por el destino de su país. OyG dijo que la obra nació de su deseo, más bien necesidad, de encontrar respuesta a los males de la España de su tiempo, e incapaz de encontrarla en ningún libro, se dispuso a ir en su búsqueda. En sus pesquisas OyG elabora una ley general de las naciones, las cuales se generan por acumulación de grupos sociales más o menos diversos, se cohesionan de acuerdo a un proyecto sugestivo de vida en común y prosperan por el establecimiento de una sana relación social, en la cual los mejores asumen las riendas y la masa, aquellos que no se destacan por su excelencia, aceptan ser guiados.

Todo merece comentario. Lamentablemente me he excedido con mucho del tiempo y espacio que pensaba dedicar a esta entrada. Me limitaré a indicar que, en mi opinión, las visiones de OyG están lastradas por tomar como modelo del origen de las naciones al Imperio Romano, que es centrífugo. Hay otros modelos, generados por fuerzas centrípetas u otras energías distintas de asociación. En relación al proyecto sugestivo de vida común, sinceramente me suena a eslogan político, es más hermoso que real. Aunque no descartó su eficacia a nivel psicológico.

En cualquier caso, la médula del ensayo es la aristocracia y su papel social. En mi opinión OyG da un papel demasiado relevante al concepto de raza. No puede extrañar, la cuestión racial era muy relevante en su época, en mi opinión derivada de las teorías de Darwin, que no mucho antes sacudieron el mundo intelectual y sin las cuales no se podría explicar fenómenos como el fascismo. Hoy no es políticamente correcto pensar en términos de raza, incluso es muy poco recomendable hacerlo, se prefiere esa actitud ante la realidad que OyG definió como el deber ser.

Nada más lejos de mi intención que señalar que hay razas mejores que otras, pero no me parece descabellado pensar que hay razas distintas, en algunas puede predominar la creatividad como en otras la belicosidad. Es una cuestión compleja, sobre la que tengo más dudas que certezas. En honor a la verdad siempre he preferido pensar en términos de individuos. Aquí no cabe duda, todos los individuos son diferentes, en algunos impera la veta artística como en otros la científica, en unos la alegría, en otro la melancolía. Sea como fuere, sin negar que hay individuos extraordinariamente dotados, como los hay extraordinariamente obtusos, es mi sincera opinión que en general las potencialidades humanas están repartidas de forma muy pareja entre todos nosotros. Sean cuales sean los dones que la naturaleza nos ha confiado, como todos los filones, hay que explotarlos. La excelencia se extrae con pasión, voluntad, paciencia y esfuerzo. No en vano hace más el que quiere que el que puede. En mi opinión son problemas estructurales los que hacen que el hombre de genio sea una rara avis de nuestra sociedad.

En España invertebrada OyG arroja una visión muy pesimista de la sociedad española, tanto que no autorizó hasta muchos años después su traducción a otros idiomas, porque no quería dar una impresión negativa de España en el extranjero. Esto se explica por su año de concepción, 1921. El mayor fracaso de toda sociedad es una guerra civil, OyG escribió España invertebrada 15 años antes de una. Es tarea de cada cual responder a la pregunta de si en España se han articulado los mecanismos para que los mejores, que ahora y siempre no nacen, se hacen, lleguen a las posiciones donde son capaces de infundir su talento en el plasma social.

Vosotros, que habéis llegado a estas páginas, a los que los nombres de Sócrates y Thoreau, Céline o Camus, no os son desconocidos, estáis más capacitados que nadie para responder a esa pregunta, porque sois la aristocracia del espíritu, los que se esfuerzan por elevarse, por ser hoy mejores de lo que erais ayer, vosotros sois los mejores entre los mejores, por lo cual nadie está más capacitado para responder si ¿es hoy el tejido social más fértil para que se formen los mejores? ¿Ha disminuido la aristofobia? Y en última instancia, si ¿ocupan por fin los mejores el lugar que les corresponde en la sociedad? Pero antes de aventurar una respuesta, recordad las líneas con las que se iniciaba esta entrada, aquellas en las que relataba mi odisea por las librerías de Madrid en busca de España invertebrada.

Al que le haya resultado de interés este artículo, no debería perderse La política como profesión de Max Weber, en el que se indaga no el mismo tema, pero como indica el título sí en uno estrechamente relacionado.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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