El mito de Sísifo de Albert Camus

Albert Camus fue un escritor argelino, premio Nobel de 1957, entre cuyos libros se encuentran obras maestras de la literatura como El extranjero o la La peste, una de las mejores novelas sobre virus. En cualquier caso su actividad creadora no se limitó a la ficción. El hombre rebelde es una cima del pensamiento existencialista, donde se encuentra una de sus mejores frases: Me rebelo, luego existo. Pero en mi opinión si hay una obra por la que merece ser recordado es El mito de Sísifo.

Antes de entrar propiamente en materia, no quiero dejar de pasar la oportunidad de señalar que, como tantos y tantos libros, El mito de Sísifo se inicia con una cita. Personalmente no me gustan esos libros cuya primera página está saturada de citas, como si sus autores nos quisiera mostrar cuánto han leído; en mi humilde opinión una cita, dos a lo sumo, deberían ser suficientes para capturar la esencia del libro. Albert Camus selecciona unos versos de Píndaro, que capturan perfectamente la esencia de su filosofía y que no podrían ser más hermosos: Oh, alma mía, no aspires a la vida eterna, sólo agota los límites de lo posible.

El mito de Sísifo se publicó en 1942 y rápidamente se clasificó como existencialismo. En cualquier caso, a diferencia de la mayoría de los existencialistas, lo que preocupa a Camus no es si la vida tiene sentido, sino las implicaciones que conlleva responder a esa pregunta. En cierto sentido El mito de Sísifo es libro más importante jamás escrito, porque la respuesta que demos a esa pregunta es una cuestión de vida o muerte. Sólo existe un verdadero problema filosófico, el del suicidio. Juzgar si la vida merece o no la pena equivale a resolver la principal cuestión filosófica. Todo lo demás, si la realidad tiene tres o más dimensiones, el número de categorías mentales, si se puede viajar en el tiempo, es secundario. Esto son juegos, primero hay que responder. Si es cierto, como dice Nietzsche, que un filósofo para merecer nuestro respeto debe predicar con el ejemplo, se comprenderá la importancia de la respuesta.

Camus dice más adelante que el sentido de la vida es la más importante de todas las cuestiones. Para Camus la vida ni tiene ni deja de tener sentido, simplemente es absurda. ¿Qué es el absurdo? El divorcio entre un hombre y su vida, el actor y el escenario. Y el objeto de El mito de Sísifo es la relación entre el absurdo y el suicidio, el grado exacto en qué el suicidio es una solución al sentimiento de absurdo.

Unos antes y otros después, todos experimentamos el absurdo de la vida, sería imposible no hacerlo, es demasiado evidente. Levantarse, coche, cuatro horas de ofician o fábrica, coche, comida, otras cuatro horas de oficina o fábrica, lunes, martes, miércoles, una semana tras otra, un año tras otro, hasta que un día nos preguntamos «Por qué». Ese por qué es nuestra primera visión del absurdo, el despertar de la consciencia, después del cual podemos volver o no a nuestra rutina. Según Camus el hombre consciente es «el hombre absurdo».

Hermosas palabras de A. Camus que merece la pena escuchar

Si la vida carece de sentido ¿por qué seguir viviendo? ¿Qué evita que pongamos fin a tanto sin sentido? La esperanza de otra vida que «debemos merecer» o el truco de aquellos que no viven por la vida misma sino por una gran idea que la trasciende, la perfecciona, le da sentido y la traiciona.

Para Camus que la vida carece de sentido es evidente, tanto que no se molesta en demostrarlo. Simplemente, en unas pocas páginas, se limita a recordar el deseo humano por encontrar un principio rector o una verdad absoluta, el Uno de Parménides (sea lo que sea), algo que pueda servir de guía a la humanidad, y la incapacidad de la mente humana para hacerlo. De quién y de qué puedo decir: «Sé esto». Puedo sentir mi corazón y dictaminar que existe. Puedo tocar el mundo y decir igualmente que existe. Ahí acaba mi conocimiento y lo demás es construcción.

Y un poco más adelante añade, en uno de los párrafos más reveladores de la filosofía moderna: Y aquí están los árboles y conozco su superficie rugosa, agua y siento su tacto. El aroma de la hierba y el brillo de las estrellas, ¿cómo voy a negar este mundo, cuyo poder y fuerza experimento? Pero todo el conocimiento del mundo no me proporciona nada que me garantice que este mundo es mío. Tu me lo describes y me enseñas a clasificarlo. Tú enumeras sus leyes y por mi sed de conocimiento admito que son verdad. Tú analizas sus mecanismos y mi esperanza aumenta. Finalmente me dices que este mundo maravilloso y multicolor se puede reducir al átomo y que el mismo átomo se puede reducir al electrón. Todo suena bien y espero que continúes. Pero me hablas de un sistema invisible donde los electrones gravitan alrededor de un núcleo. Me explicas este mundo con una imagen. Me percato de que has sido reducido a poesía: Nunca sabré. ¿Tengo tiempo para indignarme? Tú ya has cambiado de teorías. Así que la ciencia que iba a enseñarme todo acaba en hipótesis, la lucidez naufraga en metáforas, la incertidumbre se reduce a una obra de arte. ¿Qué necesidad tenía de tanto esfuerzo? La suave línea de las montañas y la caricia de la noche sobre mi corazón afligido me enseña mucho más. He vuelto al principio. Me percato de que si a través de la ciencia puedo apoderarme de los fenómenos y enumerarlos, no puedo por ello aprehender el mundo. Y tú me das a elegir entre una descripción que es cierta y que no me enseña nada y una hipótesis que me enseña pero que no es cierta. Camus on fire, lucidez y elegancia de expresión, después de leer esto nadie puede dudar de que tiene aquello que se necesita para ser un clásico de la literatura.

A continuación Camus dedica unas líneas a la noción del absurdo. El absurdo no existe en sí mismo, sino que nace siempre de la confrontación de dos realidades. Camus pone un ejemplo, un hombre armado con una espada enfrentándose a un ejército armado de armas de fuego. El hombre con la espada no es absurdo, el ejército no es absurdo, el absurdo nace cuando se enfrentan estos dos hechos, el absurdo nace de la desproporción entre una realidad y otra. En el ámbito de la inteligencia, puedo decir que el absurdo no está en el hombre, no en el mundo, sino en su existencia conjunta. Eliminar uno de sus elementos es destruir el conjunto. No puede haber absurdo fuera de la mente humana. Así que, como todo, el absurdo acaba con la muerte.

A nadie le quedó mejor el cigarrillo colgado del labio que a Camus

Pero el absurdo no es el objeto de El mito de Sísifo, sino cómo el hombre reacciona al absurdo, al sin sentido de la vida, la confrontación entre el mundo irracional y el deseo de claridad cuyo eco resuena en el corazón humano. A tal efecto en la siguientes páginas Camus aborda la obra de varios filósofos existencialistas, Jaspers, Heidegger, Kierkegaard, Chestov, Husserl. ¿Qué tienen en común todos estos grandes de la filosofía? Bien, como ya se dijo, todos están más o menos relacionados con el existencialismo, pero lo relevante es que todos ellos se percataron del absurdo y, en sus sistemas filosóficos, todos ellos intentaron superarlo mediante un salto. El salto es seguir razonando allí donde la razón ha alcanzado sus límites, el salto la racionalidad apelando a la irracionalidad. El salto es oponer al absurdo la esperanza, de dios, del más allá, de algo intangible, inverificable e inexistente de lo que al final pende todo el sistema filosófico de los pensadores arriba mencionados. El salto es la filosofía de hoy incurriendo a las más burdas mentiras de ayer. El salto es lo que Camus denomina suicidio filosófico, para evitar el real al que impele el absurdo.

Para el hombre consciente, ¿hay alguna alternativa al salto o la muerte? Es de lo que se ocupa El mito de Sísifo en las siguientes páginas, concretamente de si se puede vivir en el absurdo, si es posible vivir en «sin encanto». Camus no tiene dudas al respecto, la vida es mucho mejor sin sentido. Esto puede resultar chocante, a simple vista parece mejor un mundo regido por un dios todopoderoso, que entregara a la humanidad una tablas de la ley, cuyo cumplimiento garantizara la vida eterna en el paraíso. Pero Camus extrae tres consecuencia inmediatas del absurdo, rebeldía, libertad y pasión, sobre las cual construye un imperativo vital.

Empecemos por la primera, la rebeldía. Para Camus la consciencia del absurdo no conduce al suicidio, porque el suicidio, como el salto, es aceptación en extremo. Camus invita a rebelarse contra el absurdo. Una de las únicas posiciones filosóficas coherentes es la rebeldía, una constante confrontación entre el hombre y su oscuridad… La rebeldía da valor a la vida… Es importante morir irreconciliado y no por propia voluntad. El suicidio es repudiar (la vida). El hombre absurdo exprime todo hasta el final y se vacía. ¿No ha quedado claro contra qué se rebela el hombre absurdo? Contra su destino, contra la muerte. ¿Cómo lo hace? Exprimiendo la vida hasta la última gota. La rebeldía da valor a la vida.

Sigamos con la segunda, la libertad. En El mito de Sísifo hay ciertos comentarios sobre la libertad de Albert Camus que considero de lo más interesantes y reveladores, por lo cual lo transcribo en un entrada aparte a la cual se puede acceder en el enlace. Aquí basta resumir la idea principal. El absurdo nos libera porque no hay ningún futuro (más allá) y esta es la razón de mi libertad interior. En esencia el razonamiento de Camus no puede ser más sencillo. Para el hombre que considera que la vida tiene sentido, sea cuál sea, dios, la lucha de clases, el cambio climático, la liberación de la mujer, ese mismo sentido forja sus grilletes, le impone un destino hacia el cual debe orientar su vida y una escala de valores a la cual debe ajustar su comportamiento. En cambio, para el hombre absurdo todas las posibilidades están abiertas. El retorno a la consciencia, escapar del sueño cotidiano son los primeros pasos de la libertad absurda.

¿Pero de qué nos sirve la libertad en un mundo sin encanto? Aquí es donde entra el juego la tercera, la pasión. El absurdo equivale a sustituir la calidad de las experiencias por la cantidad. Porque para el hombre absurdo no cuenta vivir mejor, sino vivir más. ¿Qué significa vivir más? Romper los récords de experiencias vitales, romper los récords significa ante todo enfrentarse con el mundo tan a menudo como sea posibleEl presente y la sucesión de presentes frente a un alma constantemente consciente es el ideal del hombre absurdo… Por la mera actividad de la consciencia transformo en una norma de vida lo que era una invitación a la muerte y rechazo el suicidio.

El mito de Sísifo es un libro muy corto, cuando uno lee esta frase está en la página 48 de noventa, acaba de pasar el ecuador del libro. Para mí, que lo he leído tres veces, el libro siempre ha acabado aquí. A continuación Camus explora la vida absurda a través de cuatro arquetipos humanos, el seductor, el actor, el conquistador y el creador. He de decir que esta parte del libro siempre me ha resultado muy confusa, no porque la lectura sea más o menos difícil que en la páginas precedentes, sino porque nunca me ha quedado clara la relación con lo precedente. Más cuando el propio Camus recalca que lo que verdaderamente define al hombre absurdo es el estado de consciencia y que cualquiera puede serlo, un taxista, un abogado, un médico, cualquiera; más cuando por la misma razón los cuatro arquetipos anteriores pueden no ser conscientes.

Quizás dada la brevedad del libro Camus se sintió obligado a añadirle más páginas. El caso es que esta parte, a través de cada uno de los arquetipos, a mí siempre me ha parecido una exploración en la naturaleza del amor, el arte, la vida de acción y la literatura, cuya relación con lo anterior siempre me ha parecido un poco artificiosa, por lo cual no diré más al respecto.

El verdadero hombre absurdo es Sísifo, cuyo mito da título al ensayo y a quien Camus dedica las últimas páginas del libro, son unas palabras hermosas, que transcribo literalmente en una nueva entrada, cuya lectura recomiendo encarecidamente, porque el mito de Sísifo es una poderosa metáfora de la vida.

Albert Camus es un grande, para mí su lectura siempre ha sido compleja, con lo cual no quiero decir difícil, que también puede serlo o no, dependiendo. El mito de Sísifo me gusta sencillamente porque me entretienen sus razonamientos, adoro las sutilezas filosóficas que contiene, las perspectivas con que contempla el mundo abren mi mente, multiplican mis puntos de vista, me dan ideas. Pero en muchos sentidos también la considero una lectura estéril.

Los planteamientos de Camus sobre el sentido de la vida, los límites del conocimiento y las alternativas que nos plantean me parecen sencillamente fascinantes, aunque en ocasiones lamentó su terminología. Porque, por ejemplo, uno no puede dejar de tener la impresión de que detrás de la vida consciente de Camus se esconde el viejo carpe diem. Pero es su sello, su originalidad, la marca de su sistema. Todos los filósofos visten verdades viejas en ropas nuevas, la obligación del lector es desvestirlas. En cierto sentido todo está dicho y la literatura consiste en decir las cosas de forma nueva. Camus tiene el mérito de hacerlo con clase.

Camus conocido por sus dotes de galán, poniendo ojitos

Pero en el fondo el El mito de Sísifo decepciona intelectualmente, porque la falta de sentido de la vida, de la que yo no tengo ninguna duda, impele al suicidio. Un pensamiento así es provocativo, desafiante y genial, pero más importante aún coherente. Si Camus hubiese dicho eso y después de firmar el libro se hubiese pegado un tiro habría hecho el acto filosófico más radical del que se tiene constancia. Pero Camus era un vitalista, conocido por sus dotes de seductor, y me temo que no tenía ninguna gana de morir. Pero en el plano intelectual, si bien estoy de acuerdo que se puede derivar del absurdo la idea de libertad, en modo alguno la de rebeldía y pasión. Todos los razonamientos por los cuales trata de justificar esa relación son pura ingeniería verbal, en última instancia Camus incurre en el pecado intelectual del que previamente acusaba a Husserl, Kierkegaard, etc., también el da el salto, no en nombre de dios o un principio absoluto, sino para construir una filosofía heroica, que invita a rebelarse frente a la muerte. Pero saltar sigue siendo saltar, por más hermoso y elegante que sea el salto, traicionar la razón.

En cualquier caso, como decía antes, todo esto es estéril. El mito de Sísifo es una obra de filosofía pura, un dejar divagar a la razón, un hermoso entretenimiento de cultos, como los que han llegado a este blog. Yo considero que el no sentido de la vida impele a acabar con ella, pero no tengo ninguna gana ni deseo de hacerlo, porque como Camus también soy un vitalista, y si la humildad y la discreción no me obligarán a guardar silencio al respecto, debería añadir que también un seductor. Del mismo modo, dudo mucho que los suicidas, digamos por ejemplo Kurt Cobain, por citar a un conocido de este blog, haya acabado por su vida siguiendo los razonamientos expresados por Camus. El camino que lleva al suicidio no es un exceso de razón, sino una falta de energía.

Pero dudo mucho que los motivos que llevaron a Kurt Cobain o a Hemingway al suicidio interesaran a Camus en la redacción de El mito de Sísifo, porque su interés es mantenerse dentro de los límites de la razón, es una obra de pensamiento puro, donde se procura que los razonamientos no se contaminen con nada ajeno a la razón. Precisamente por eso resulta estéril. Porque en última instancia la vida es un hecho biológico, no mental. La razón siempre va a la zaga.

¿Tiene sentido la vida? Yo no le veo mucho, sinceramente. Quizás sea tarea de cada cual encontrárselo, leer un buen libro, cultivar tu jardín, animar a tu equipo o amar a tu familia, cualquier cosa puede llenar ese hueco. Pero tanto si lo encontramos o no, no veo mucho motivo para preocuparnos, el instinto seguirá empujándonos hacia delante.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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