El caso Céline y Ernst Jünger

Como titulaba en la entrada anterior Céline fue un autor genial y una persona deleznable. Él mismo hizo mucho por arruinar su reputación con sus escritos antisemitas y pronazis, pero su mala fama, especialmente en Alemania, se debe en gran medida también a las opiniones que otros autores difundieron de él, concretamente Ernst Jünger, con quien tuvo una intensa rivalidad, no exactamente una rivalidad literaria, sino más bien personal.

Según las anotaciones de su diario, la tarde del 7 de diciembre de 1941 Ernst Jünger, entonces miembro del ejército alemán de ocupación, se encontró en el Instituto Alemán de París con un francés que describió como grande, huesudo, fuerte y un poco torpe, con la mirada torcida de los maniáticos, quien lo sorprendió por sus violentos comentarios antisemitas ¿Por qué los alemanes no fusilaban o ahorcaban a los judíos? Si los bolcheviques estuvieran en París les mostrarían cómo se limpiaba la ciudad, barrio por barrio, casa por casa. Y si yo tuviera una bayoneta sabría lo que hacer con ella.

Posteriormente Ernst Jünger anotó en su diario: Para mí fue ilustrativo escucharle desbarrar así durante dos horas, porque reflejaba la inmensa fuerza del nihilismo. Ernt Jünger se refirió al tipo en cuestión como un tal Merlín y, a pesar de que el nombre del propio Jünger sale a relucir siempre que se habla de literatura y fascismo, dejó constancia en su diario del desprecio que le merecían tales sujetos: Su ansia los lleva a bastiones desde los cuales el fuego alcanza a multitudes y el odio se disemina.

Céline en su juventud

Desde la publicación de Radiaciones, los diarios de Ernst Jünger, la crítica no ha dejado de preguntarse ¿quién se escondía detrás de la identidad del tal Merlín? ¿Era Louis-Ferdinand Céline, que ya había llamado la atención con sus panfletos antisemitas? La pregunta de si Merín era Céline se discutió durante décadas, incluso llegó a los tribunales de justicia franceses durante los años cincuenta, cuando Céline fue juzgado por colaboracionismo. Aunque la opinión mayoritaria es que lo era, Manfred Ruppel, experto en la obra de Céline dice que Merlín era un tal Philippe Merlen, un fascista, que firmaba artículos bajo ese seudónimo.

En 1949, poco antes del regresó de Céline a Francia del exilio, apareció la traducción francesa de los diarios de Jünger, Radiaciones. El diario de los años 1941 hasta 1945 contiene las anotaciones sobre MerLín, pero por algún extraña razón en la edición francesa en lugar de ese nombre aparecía el de Céline. Jünger juró no ser responsable del cambio y culpó a una amiga francesa de nombre Banine, incluso escribió una carta a Céline: Muy estimado señor Céline, un lamentable suceso me obliga a escribirle. Durante la revisión de la traducción de mis diarios, que acaba de publicarse en París, me encontré con su nombre en un pasaje en el que en el original alemán aparece el nombre Merlín. Este cambio que lamentó profundamente y cuyos motivos desconozco sucedió sin mi conocimiento. Yo rechazo sus opiniones, pero nada más lejos de mi intención que causarle algún problema. Si por motivo de ese pasaje le atacan, le ruego que se dirija a mí. Yo negaré que se trata de usted. Atentamente, Ernst Jünger.

Nada de lo cual evitó que Céline acudiera a los tribunales, aunque retirara poco después la demanda, supuestamente para no llamar más la atención con el suceso. ¿Llegaron Céline y Jünger a algún especie de acuerdo extrajudicial? Sea como fuera ese malentendido editorial no hizo más que aumentar las sospechas de que que Céline se encontraba detrás de la identidad de aquel misterioso francés que pretendía liquidar a los judíos a golpe de bayoneta en 1941.

Ernst Jünger vestido de militar

Los diarios de Jünger no carecen de importancia para la historia de la literatura. Nadie ha alentado más el debate entre arte y moral que la figura de Louis-Ferdinand Céline, Es muy probable que Céline fuera Merlín, pero sólo había una persona que podía confirmarlo, el propio Ernst Jünger, a quien el escritor Helmut Krausser preguntó por la identidad de Merlín y la respuesta no deja lugar a las dudas: Identifiqué a Céline como Merlín. Cuando confirmó su identidad contaba 99 años -llegaría a los 104- y vivía retirado en Wilflingen, a las puertas de la muerte no hay razones para mentir. Entonces la pregunta quizás no sea si Merlín era Céline, sino ¿por qué si era Céline Ernst Jünger encubrió su identidad? ¿Por qué si Céline era Merlín no quería que se le reconociera como tal, si nunca se retractó públicamente de sus opiniones antisemitas?

Las motivaciones de nuestras acciones son un misterio, ya no hablemos de las de los demás. Los dos escritores, aproximadamente de la misma edad, Céline nacido en 1894 y Jünger en 1895, se habían conocido previamente en París y experimentado un rechazo mutuo e instintivo el uno como el otro, como el que experimentan dos polos opuestos. En París, durante la guerra, Jünger había conocido a muchos escritores franceses como Jean Cocteau, Henry de Montherlant, Jean Paulhan y también a Céline, por quien sentía curiosidad, pero conocerlo me decepcionó.

Ambos escritores tenían mucho en común, ambos héroes de guerra, desprecio por la república de Weimar y la francesa y ambos lucharon en el mismo bando, pero lo que los separaba era todavía mucho mayor. En 1988 el biógrafo de Céline, Frederic Vitoux, declaró que Céline no soportaba a Jünger y que representaba todo lo que odiaba: Militarismo aristócrata, refinado esteticismo, alguien interesado en mineralogía y botánica, que se extasiaba hablando de rosas y un instante después lamentaba el destino de los judíos que estaban siendo deportados en masa. A Céline le divertía decir barbaridades en presencia de Jünger, como si quisiera decirle «usted esperaba ver un monstruo, un colaborador sediento de sangre, yo le sirvo un ejemplo con mucho gusto. Y Céline le dio de lleno».

No hay motivo para no pensar que la bajeza de Céline produjera en Jünger el mismo tipo de aversión que al primero le producía su elitismo. En cualquier caso ambos debieron verse con cierta frecuencia, en el Instituto Alemán de París o en otros lugares de la Francia ocupada, que entre ellos debió haber algún tipo de relación parece fuera de toda duda, la pregunta es qué tipo de relación. Obviamente no buena, pero eso no es responder a la pregunta, sólo acotarla. Intentar responder a estas cuestiones es tantear en la oscuridad y no puedo menos que dejar correr la imaginación y pensar que entre ellos debió suceder algo que los impelió a guardar silencio. En el París ocupado todo era posible, delaciones, ordenes de asesinato, intercambio de información, ajustes de cuentas… Que cada cuál decida qué pudo pasar entre Céline y Jünger que los empujó a realizar ese extraño pacto de caballeros, o quizás de miserables.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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