Madrid de corte a checa, de Agustín de Foxá. Forma y fondo en la literatura

Madrid de corte a checa de Agustín de Foxá es una novela que aborda la Guerra Civil Española desde la perspectiva de los vencedores. Como todo lo relativo a ese período, la novela despierta odio y admiración, pero no deja indiferente a nadie. En el prólogo, Jaime Siles la tilda de una de las mejores novelas de la primera mitad del siglo XX, es hora de ver cuánto hay de cierto en ello.

Los libros tienen su historia, te los puedes encontrar tirados en la calle o en un anaquel perdido de una librería parisina, como Patrick Modiano encontró Al hilo de la noche de Friedo Lampe, suplicándole que se lo llevara a casa. La historia de cómo Madrid de corte a checa llegó a mi vida es mucho más común, me lo prestó un buen amigo, uno que curiosamente no tiene ninguna simpatía por los vencedores de la Guerra Civil, algo que añadía interés a la recomendación.

El título es muy revelador en dos sentidos. Primero porque, incluso antes de empezar a leer, nos ubica en el tiempo: los convulsos años que van desde la caída de la monarquía de Alfonso XIII, por cuya corte se pasean varios de los personajes, a la caída de la República, en cuyas checas recibieron el denominado paseo también varios de sus personajes. A grosso modo desde los años finales de la dictadura de Primo de Rivera en 1930 al segundo año de la Guerra Civil en 1937.

En Madrid de corte a checa el contexto histórico es tan importante que bien se puede considerar una novela histórica, impresión que se acentúa por el imponente número de personajes históricos que habitan sus páginas: José Antonio Primo de Rivera, Franco, Manuel Azaña, Negrín, Indalecio Prieto, Miguel Maura, Largo Caballero, el propio Alfonso XIII… Pero en sus páginas no sólo encontramos políticos sino también muchos personajes de la vida cultural: Valle Inclán, García Lorca, Jacinto Benavente, Rafael Alberti, Pedro Salinas… La lista es larga. En definitiva la novela sucede en aquellos ambientes que mejor conoció Agustín de Foxá, literato y diplomático. Sin embargo, Madrid de corte a checa describe la transición de la monarquía a la república, un pueblo que se acuesta monárquico y se levanta republicano, pero no indaga en sus causas, ni a través de diálogos ni de digresiones, y en este sentido al final de la novela sabemos tan poco como sabíamos al principio.

Este es un tema sobre el que conviene detenerse, porque en Madrid de corte a checa las cosas suceden a la velocidad de la luz. Muy rara vez o nunca he visto a un autor con tanto talento para saltar de un escenario a otro o hilvanar unas escenas con otras, como quien chasca los dedos. Agustín de Foxá es una mago. En cualquier caso la agilidad de la novela sucede a costa de la claridad de exposición, y si bien para el lector familiarizado con los sucesos históricos de la época en cuestión puede ser un placer, aquel que no lo esté pude sentirse perdido y desorientado en ella y quizás no pase de las primeras páginas. Madrid de corte a checa es una novela histórica, pero sobretodo es una novela coral, con un censo de personajes que sobrepasa de largo la centena.

Agustín de Foxá

Pero en esa miríada de personajes destaca sobre todo uno y aquí es donde el título vuelve a ser revelador: Madrid. La capital es el gran protagonista de la novela, con sus edificios y lugares emblemáticos: El Ateneo, el Retiro, la Plaza de Oriente, el Palacio Real, el Círculo de Bellas Artes, Gran Vía, El Prado, el Manzanares, la Estación del Mediodía, la Casa de Fieras… Podría seguir ad infinitum, porque toda la ciudad parece recogida en esta hermosa guía de Madrid, especialmente los teatros, los cafés y las tertulias que son el alma de la ciudad y, aunque algunos lugares han cambiado de nombre y los tranvías han desaparecido, cualquiera que conozca la ciudad la reconocerá como suya al instante. Madrid ha cambiado poco en estos casi cien años, juzgue cada cual si eso es bueno o malo.

Si la construcción de la novela es un éxito, el estilo no lo es menos. Merece la pena leer la novela por la brillantez estilística de Agustín de Foxá. En Madrid de corte a checa los coches palpitan en calles estrechas, los literatos se alborotan de ingenio, los libros de Freud son zoológicos, los ventanucos están turbios de telarañas… Algo sorprendente si se considera que Agustín de Foxá escribió sobretodo poesía -también algo de teatro- y, en mi opinión, con algunas excepción, los poetas son malos prosistas, pero el estilo de Agustín de Foxá es sencillamente deslumbrante, incluso cuando, deliberadamente o no, hace uso del laísmo o no selecciona el tiempo verbal más correcto, todo redunda en mejorar el estilo. Con su estilo Agustín de Foxá creo escuela, no es difícil escuchar ecos suyos en la prosa de Camilo José Cela, F. Umbral o Juan Manuel de Prada, bien por influencia directa, bien porque hayan bebido de las mismas fuentes.

Todo lo dicho hasta ahora se puede resumir en una frase: Madrid de corte a checa es formalmente impecable. La lectura de la novela da pie a hablar de los dos pilares sobre los que se erige una obra de arte: Fondo y forma. En atención a su forma, Madrid de corte a checa es una joya de la literatura de vanguardia, que nada tiene que envidiar a Manhattan transfer de J. Dos Passos, Berlín Alexanderplatz de Alfred Doblin o las novelas de Faulkner. Pero estas novelas disfrutan del estatus de obras maestras universales no sólo por su originalidad formal, sino porque el fondo está a la altura de la forma. ¿Podemos decir lo mismo de Madrid de corte a checa?

La novela está dividida en tres partes. La primera, Flores de Lis, abarca hasta la llegada de la república en 1931 y arranca con una silba al himno en la Zarzuela frente a la infanta Isabel -¿a alguien le suena esto?-, seguida de una protesta estudiantil en la Universidad de San Carlos contra la dictadura de Primo de Rivera, en la cual nos encontramos a José Félix, estudiante de derecho y enfermo de literatura, por cuya participación es llevado a comisaría y poco después expulsado de su familia por su padre, un mayordomo de la casa real. Sin embargo, ¿cuál es el motivo de la rebeldía de José Félix? No está claro, podría ser sencillamente rebeldía juvenil, podría ser rebeldía política contra el régimen monárquico, pero me inclino a pensar que lo que verdaderamente le duele a José Félix es su amor imposible por Pilar, alta, morena, de ojos almendrados color de uva y labios frescos y un seno fino y breve bajo la seda… Soñadora y apasionada. El amor de José Félix y Pilar se ve frustrado por el deseo de los padres de ella, una familia aristocrática venida a menos, de casarla con Miguel Solís, 30.000 duros en cosecha de aceituna, un señorito andaluz que va de montería con el rey. José Félix no la olvidaría nunca, se revolvería contra los padres de ella, contra sí mismo y contra una sociedad que permitía una boda por hectáreas. Porque Madrid de corte a checa es una novela coral, pero sobretodo es una novela de amor.

En cualquier caso, la primera parte es la mejor. La mirada de Flores de lis es crítica, con la monarquía, la ranciedad burguesa, aquella era una familia típica de la burguesía española, la esposa, doña Carlota, sólo sabía hablar de partos, armarios, defunciones y criadas, la estulticia de los señoritos de provincias, la pasividad de los intelectuales, con todo, y encaja con el carácter rebelde de José Félix. Es un placer contemplar la maestría con que Agustín de Foxá teje las peripecias de José Félix al mismo tiempo que asistimos al desmoronamiento de la monarquía.

Personalmente, cada día esperaba con ansiedad que llegara mi momento de encontrarme con Madrid de corte a checa. Literalmente devoraba las páginas y a lo largo de toda esta primera parte no dejaba de pensar que tenía entre las manos una obra maestra.

Bonita edición antigua de la novela

Esa impresión se atenúa en la segunda parte, Himno de Riego, donde asistimos a la caída de la monarquía y el estallido de la guerra civil. Como en toda la novela, nos encontramos con muchos sucesos históricos, por ejemplo la marcha de Alfonso XIII de España, la frialdad con que la burguesía y la nobleza recibieron la República, el asesinato de Calvo Sotelo, la sublevación de Jaca, la fundación de la Falange en el Teatro de la Comedia y en relación a esto hay un hecho curioso porque Agustín de Foxá estuvo vinculado a la Falange y colaboró en la creación del Cara al sol, cuyo proceso relata en la novela haciendo un breve cameo.

En la segunda parte asistimos a los coqueteos de José Félix con la bohemia después del matrimonio de Pilar con Miguel Solís, pero lo más importante es su transformación ideológica, de republicano rebelde, que quería destruir todo el viejo estado, hacer una revolución auténtica, a falangista reaccionario, que piensa qué viejo nos ha salido el nuevo régimen. Porque Madrid de corte a checa es una novela de amor, pero sobretodo es una novela política. Lo más irónico es que José Félix acaba defendiendo el mismo régimen que lo alejó de Pilar y rebelándose contra aquel que habría permitido su reunión, vía divorcio, una vez que el matrimonio de Pilar y Miguel Solís se reveló un fracaso completo. ¿A qué se debe su transformación ideológica? A José Félix no parece molestarle mucho las políticas de la república, que se concediera el voto a la mujer, que se aprobara el divorcio o que se quitaran los crucifijos de las escuelas -de las cuales, dicho sea de paso, no dice nada-, más bien le molesta que los carpinteros, carboneros, porteros, verduleras, cocheros, en resumen, los obreros se apoderen de su Madrid. Todo el ambiente de la ciudad había cambiado, los obreros se atrevían a llegar al centro. José Félix no tiene juicios, tiene prejuicios y, si se me permite la expresión, en la segunda parte se nos revela como un clasista de mierda.

No hace falta que diga que en esta segunda parte mis deseos de encontrarme con Madrid de corte a checa menguaron, pero seguía pasando páginas con interés. Sin embargo en la tercera parte, La hoz y el martillo, empecé a contemplar mis encuentros con ella como un dolor de muelas, a pasar las páginas sin interés y si la acabé fue sencillamente porque soy un lector muy disciplinado y se cuentan con los dedos de las manos las veces que no he llegado a la meta (sí, sé lo que significa cruzar desiertos).

En la última parte se resuelve el amor de José Félix y Pilar, después de muchas vicisitudes, entre las que se cuentan un intento de fuga en que Pilar lo deja plantado en la estación de Atocha porque a última hora la retiene el amor por su hija, y una escena en que Pedro salva la vida de Miguel Solís, aunque finalmente morirá a manos de los republicanos dejando el camino expedito a los dos tortolitos. Pero no es la artificiosidad con que se resuelve el amor de José Félix y Pilar lo que me hizo perder el interés por la novela, sino que toda la tercera parte es un inventario de la vileza republicana, mejor dicho, proletaria. No era otra raza invasora que se distinguiera por la piel o el color del pelo. El enemigo era la criada de nuestro cuarto, nuestro portero, el lavacoches de nuestro automóvil, el guarda del Retiro de nuestra niñez, el panadero, el maquinista del tren de nuestros veraneos.

Cuando empecé a leer Madrid de corte a checa sabía que era la novela de los vencedores, un símbolo de la literatura fascista, personalmente esto en sí ni me atraía ni me echaba para atrás. Siempre tengo presente aquellas sabias palabras de Baudelaire: No confundir la tinta con la virtud. Ahí está Louis-Ferdinand Céline, coloboracionista nazi y antisemita, pero a cuyo Viaje al fin de la noche no se le puede discutir la condición de literatura, gran literatura. Sería estúpido pensar que los fascistas no sienten amor, amistad miedo, dolor, pena, rabia, odio… Esos son los ladrillos con los que se hace literatura y una novela fascista puede ser tan buena como una republicana. En Por quién doblan las campanas, Hemingway mira a la Guerra Civil desde el bando de los perdedores, pero su mirada es imparcial, el horror y la crueldad es patrimonio de ambos bandos. Madrid de corte a checa es maníquea, el heroísmo y la bondad son propiedad exclusiva de unos y la inquina y la abyección de otros, con lo cual deja de ser literatura para convertirse en propaganda. Al atardecer comenzaban los registros. Les gustaba mucho entrar en los pisos lujosos, humillar a los burgueses, hacer que les sirvieran copas y puros, y que les llorara la señora que iba en automóvil cuando ellos marchaban a pie. Siempre, además, se llevaban una pitillera de oro o un encendedor. Porque Madrid de corte a checa es una novela formalmente impecable, pero sobretodo es una novela sin fondo, vacía, como una chica guapa y tonta.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

3 comentarios sobre “Madrid de corte a checa, de Agustín de Foxá. Forma y fondo en la literatura

  1. Coincido en que la primera parte es apasionante y después, poco a poco, se va haciendo difícil de leer por el partidismo que se respira. No la veo sin fondo, pero no me gusta especialmente el que hay en la tercera parte, sobre todo.

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