Literatura y música

La música y la literatura son salvavidas a los que muchos recurrimos para combatir el tedio vital, como otros recurren a la fluoxetina. Nietzsche dijo que la vida sin música sería un error, yo digo simplemente que sin ella, como sin el cine, la pintura y todas las manifestaciones en las que se revela lo mejor del espíritu humano, hace mucho tiempo que me habría volado la tapa de los sesos. En cualquier caso el objetivo de esta entrada no es indagar en cómo el arte nos mantiene a flote, sino la relación entre estas dos disciplinas artísticas.

La música y la literatura han tenido evoluciones dispares, determinada por los medios técnicos que hacían posible su disfrute. Saltemos un par de siglos atrás, al Renacimiento por ejemplo, entonces no existía ningún medio de grabación de sonido y el disfrute de la música estaba limitado al empleo de instrumentos, bien por uno mismo en su propia casa, por una orquesta en un teatro, un organista en una iglesia o unos músicos ambulantes en una taberna. Pero sí existían medios de impresión y sin lugar a dudas la literatura era el ocio principal de aquellos pocos privilegiados que primero sabían leer y, segundo, podían adquirirlos. El pueblo sólo muy recientemente adquirió acceso a la cultura. Esto tiene su cara, tan evidente que no necesita explicación, y su cruz, la cultura se ha convertido en una industria y el arte se ha banalizado. Afortunadamente, a pesar de su industrialización, los artistas siguen existiendo, nuestra responsabilidad es ir a buscarlos, aunque sea a los últimos confines de la tierra, como fue el capitán Ahab en busca de Moby Dick, aunque sea al infierno, como fue Rimbaud en busca de sus versos.

Desde la Edad Media a nuestros días, los libros han sido el ocio principal de aristócratas, eclesiásticos y más recientemente burgueses. Dos consecuencias inmediatas: los libros eran tochos, porque esta gente la gente tenía mucho tiempo que matar, y Goethe, Cervantes, Quevedo, Byron eran los héroes de los cultos. Sin embargo, a medida que los medios técnicos acercaron a los hogares otras formas de arte, principalmente la música y el cine -sobre el cual aquí no diré nada-, estos desplazaron a la literatura del trono. Una causa y una consecuencia: La lectura es una actividad exclusiva e incompatible con cualquier otra, no se puede leer y salir a correr, pero se puede escuchar música mientras se limpia la casa o se cocina un delicioso pote asturiano, manjar que vive a la sombra de la fabada, pero que no tiene nada que envidiarle, y la consecuencia: Elvis, The Beatles, Bob Dylan son ahora los héroes de los cultos.

Dicho lo cual, es hora de estudiar un poco más de cerca la relación entre literatura y música. Concretamente aquí nos vamos a ocupar de si existe música en la literatura y viceversa, con la esperanza de que este enfoque arroje algo de luz sobre la peculiar naturaleza de cada disciplina. Curiosamente los que más se han ocupado de la literatura son los filósofos, como el propio Nietzsche, Richard Wagner, en su faceta de escritor, o Adorno, pero aquí difícilmente veo relación alguna y si la hay no es más significativa que la que se establece entre cualquier objeto y sujeto. La filosofía no tiene nada que enseñarnos sobre ese verdadero lenguaje universal que es la música, en palabras de Carl Maria von Weber. Aquí se cumple aquella sentencia de Rainer Maria Rilke: Nada está más alejado del arte que la crítica.

La tarea del novelista es distinta, no quiere analizar la música, sino reproducirla en sus libros. Así el papel de la música en las novelas ha variado ha medida que ha variado su papel en la sociedad, siempre en relación con los medios tecnológicos que han permitido embalsamar su melodía. Y si en en la literatura clásica sólo encontramos música interpretada en vivo como hace Johann en Los Buddenbrooks o como tema de discusión como cuando Jane Austen hace decir a uno de los personajes de Orgullo y prejuicio: Una mujer debe tener un extenso conocimiento musical; en la literatura moderna nos encontramos con mucha música, desde Richard el rockero indie de Libertad de Jonathan Franzen al Rob Fleming de Alta Fidelidad de Nick Hornby que se pasa todo el día hablando de música con su colegas.

En cualquier caso esto son excepciones, en la literatura moderna la música forma parte del atrezzo, como un jarrón o un cuadro, que algunos incluso cuelgan en la puerta, como Haruki Murakami en Norwegian Wood de The Beetles o Kazuo Ishiguro en Nunca me abandones, como se tradujo al español Never let me go, una vieja canción de Judy Bridgewater, en una pésima decisión editorial, a mí humilde entender, pues los títulos de las canciones no se traducen. El uso que la mayoría de los novelistas hace hoy en día de la música es similar al que hacen los directores de cine, acompañan la acción de los personajes, cuando van a una fiesta o entran en un bar, donde quizá esté sonando Be my baby de The Ronettes, y que alcanza la perfección en las novelas de Bret Easton Ellis, en las que las canciones nos acompañan desde la primera hasta la última página, formando una especie de banda sonora de cada una de sus novelas, la mejor de las cuales en este sentido para mí es Imperial Bedrooms. Pero, y esto es lo que verdaderamente importa, ¿podemos decir que hay música en la literatura? No, ningún novelista puede hacer realmente que suena música en sus novelas, ni siquiera Victor Hugo, de quien Borges dijo que escribía con el estilo de Dios.

Para ver esto con más claridad lo mejor es dirigir nuestra mirada a la poesía, el más musical de todos los géneros literarios. Sin duda en la poesía nos encontramos con ciertos elementos comunes a la música, como ritmo, melodía, armonía, matices… Pero juzgar que hay música en la poesía a partir de una mera coincidencia verbal es jugar con las palabras. No hace falta reflexionar mucho para que a la mente vengan expresiones como el juego del Real Zaragoza es armónico y, por seguir con esta ilustre institución, también se podría decir que tiene mucho ritmo y que sus jugadores no desafinan, ¿pero existe o puede existir música en el fútbol? Igual que en la literatura, sólo en la medida en que la música se utiliza como metáfora.

En realidad con respecto a la música, esa aritmética de los sonidos, en palabras de Claude Debussy, la literatura se halla tan impotente como cualquier otro arte. Ernst Hähne realizó una hermosa estatua de Beethoven en la Münsterplatz de Bonn, pero nadie ha visto a ese coloso de piedra componer una sola nota. Picasso creó un emocionante cuadro de un guitarrista, pero de su guitarra no sale ninguna nota. A mi entender el problema reside en que literatura y música poseen naturalezas opuestas. ¿Qué es la literatura? Ideas, espíritu, expresados a través del lenguaje. ¿Qué es la música? Una cuerda de violín que se rasga, física, sonido, concretamente aquel que nos agrada y emociona, a diferencia de todos los demás, que son ruido. Y el espíritu nunca puede contener la materia, intentar que haya música en la literatura es intentar que el perfume contenga el frasco.

Una vez determinado que en la literatura no hay música, corresponde indagar si hay literatura en la música. La respuesta es no, al menos en lo que respecta a la música pura. ¿Qué es la música pura? Permítaseme responder con ejemplos: Música pura es lo que hizo Bethoveen con la Sinfonía Heroica o Franz Zappa con Peaches in regalia o lo que hacen en nuestros días Los Coronas. ¿Por qué es música pura? Porque es música instrumental y los sonidos de sus instrumentos se articulan para crear aquello que Tolstoi definió como la taquigrafía de los sentimientos. ¿Por qué no hay literatura en ella? Porque en ella no hay ideas, pensamiento, conceptos, todo aquello que constituye la razón de ser de la literatura. La Sinfonía Heroica puede componer un ánimo descompuesto, como decía Cervantes que podía hacer la música, pero no importa cuántas veces la escuchemos, ni cuantas veces nos componga el ánimo, jamás sabremos que está inspirada en Napoleón y sus pasajes más arrebatadores jamás traerán a nuestra memoria el puente de Lodi, la batalla de Arcole, la marcha hacia Leoben, la victoria en las pirámides o el 18 Brumario, si no sabemos de antemano que están ahí, en algún lugar entre las notas, quizás en los silencios, donde Mozart decía que residía la magia de la música; evocar todos esos episodios es privilegio exclusivo de la literatura, ya sea a través de la historia, la filosofía, la novela o la poesía, y en menor medida también de la pintura o la escultura.

Pero si en la música pura no hay literatura ni puede haberla, no quiere decir que no la haya en la música impura, porque que el espíritu no pueda contener la materia, no significa que la materia no pueda contener el espíritu, como el cuerpo contiene el alma y el frasco el perfume. Ejemplos de música impura son L.A. Woman de The Doors o Common People de Pulp, donde la música busca la asistencia de la literatura para llegar allí donde no puede llegar, a contar una historia.

A la luz de esta conclusión debemos reconsiderar aquella afirmación lanzada al principio de esta entrada, cuando decíamos que una vez que los medios tecnológicos permitieron llevar la música a todos los hogares, esta adelantó a la literatura en las preferencias del público y que nombres como Bruce Springsteen, Axl Rose o Johnny Cash se convirtieron en los héroes de la clase culta, pues todos ellos son representantes de la música impura y quizás su gloria se deba tanto o más a la literatura que hay en sus canciones que a la música, a fin de cuentas quién no preferiría dos por el precio de uno.

Como colofón a este tema, a quien haya llegado hasta aquí le recomiendo echar un vistazo a estas 10 canciones literarias, perfectos ejemplos de la literatura hecha música.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

6 comentarios sobre “Literatura y música

  1. Excelente texto. Me llamó la atención la cantidad de coincidencias en cuanto a los ejemplos utilizados: en las eternas discusiones con amigos “cultos” aparecen casi los mismos. Los comentarios sobre la Heroica -mi preferida de Ludwig- son tal cual. Ojalá quienes tienen la responsabilidad de velar por la educación poseyeran el criterio amplio que se percibe en los argumentos de la nota.

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