Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, un amor de verano

Hace no mucho escribía una entrada sobre las rivalidades literarias, tema apasionante, casi tanto como los amores literarios. Entre estos últimos, pocos han dado tanto que hablar como el de Friedrich Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, acaso sólo comparable al trágico amor de Abelardo y Eloísa. En una ocasión Nietzsche se definió así mismo como un sismógrafo de emociones, pues bien, siguiendo con la metáfora, la aguja nunca debió registrar temblores más fuertes que durante su breve romance con Lou Andreas-Salomé.

Roma, escenario de un triángulo amoroso.

A pesar de haber sido una intelectual de primer orden, Lou Andreas-Salomé, ha pasado a la historia por haber conquistado, entre otros, el corazón de Nietzsche y Rainer María Rilke, el poeta errante, además de ser discípula de Sigmund Freud, el explorador del subconsciente, con quien mantuvo una relación muy cercana. Lou fue la hija de un general de origen francés destinado en San Petersburgo, donde se crió, hasta que en 1880 murió su padre y se trasladó a Zurich con su madre. Sin embargo su estancia en la ciudad sería breve, pues sufrió una grave afección pulmonar y siguiendo los consejos del médico de la familia se trasladó con su madre a Roma, donde rápidamente se hizo un nombre en los círculos intelectuales por su inteligencia, belleza y pasión.

Por la época del traslado el filósofo Paul Rée estaba visitando a Nietzsche en Génova y el 13 de marzo de 1882 viajó a Roma, donde en casa de Malwida von Meysenbug, mecenas y madrina de las artes, conoció a Lou Andreas-Salomé, a la sazón una inteligente y bella rusa de 20 años, de la que se enamoró a primera vista. Durante días ambos pasearon a solas por las calles de Roma, hablando de filosofía, literatura y arte. Paul Rée quedó fascinado con Lou y en su siguiente carta a Nietzsche se expresó sobre ella en términos superlativos, jamás había conocido a una conversadora mejor, ni más perspicaz e ingeniosa, hablara sobre lo que hablara, Lou no sólo parecía seguir su pensamiento, sino adivinarlo. Pero Paul Rée no se limitó a compartir su entusiasmo con Nietzsche, sino que lo instó a viajar inmediatamente a Roma y tomar parte en sus conversaciones filosóficas.

De esas charlas filosóficas debían surgir ideas revolucionarias sobre la interacción entre moral y religión, pero acabaron derivando en un triángulo amoroso del que ninguno saldría indemne. Quizás todo estaba escrito en el gran libro, quizás las cosas no podían suceder de otra manera, pues Paul Rée no fue el único que invitó a Nietzsche a viajar a Roma, también Malwida von Meysenburg, en cuyo salón se reunía la intelectualidad germano hablante de la ciudad, deseaba el encuentro entre Nietzsche y Lou y le escribe una carta en los siguientes términos: Lou es una chica extraordinaria… Mi impresión es que ella ha llegado a las mismas conclusiones filosóficas que usted… Rée y yo compartimos el deseo de verlo alguna vez conversar con este ser maravilloso.

Messina, un intento de esquivar el destino

En realidad ni el talento de Lou ni su nombre no son noticia para Nietzsche, un año antes, en 1881, había publicado un poema en una revista de Zurich titulado Lebensgebet, cuyos versos fascinaron a Nietzsche, en concretos las líneas: «Cierto, así ama el amigo al amigo, / como yo te amo, misteriosa vida. / ¡Tener mil años!¡Existir! / Abrázame con ambos brazos. / Ya no tienes ninguna alegría para mí / Bueno, todavía tienes tu dolor». No es difícil comprender la excitación que la perspectiva de conocer a su autora debió provocarle.

La hermosa Lou Andreas-Salomé

Sin embargo, en lugar de viajar directamente a Roma, Nietzsche se dirigió a Messina. En una carta del 21 de marzo, poco antes de partir, escribe a Paul Rée: Salude usted a la rusa de mi parte… Anhelo el contacto con esa clase de almas. Los motivos de esta decisión son inciertos. Quizás Nietzsche, que un año antes, en Sils María, había tenido la revelación del eterno retorno, la idea central de su filosofía, expresada en Así habló Zaratustra, buscaba la paz y soledad necesarias para trabajar en ella. Quizás adivinaba las emociones que Lou había despertado en su amigo Paul Rée, sospechaba que su corazón iba a ser igual de sensible o más a sus encantos y temía la formación de un triángulo amoroso. Quizás el deseo de hacerse esperar, pues algunos biógrafos ven en su decisión uno de los gestos teatrales a los que era tan aficionado,

Demasiados quizás y sólo una certeza: Su decisión causó una gran impresión en Lou Andreas-Salomé, como el propio Paul Rée le confirmó por carta: Con su decisión de viajar a Messina, sobretodo, ha asombrado y preocupado a la joven rusa. Se deseo de verle y hablar con usted ha aumentado considerablemente. Es fácil imaginar a Lou en las calles de Roma, rodeada de belleza milenaria, pensando cuándo llegaría el momento de conocer a Nietzsche, ese genio del que tanto había oído hablar. Lo que no es fácil de saber es si Lou anhelaba conocer al filósofo o al hombre. Así pues, la relación entre Nietzsche y Lou Andreas-Salomé empezó incluso antes de que se conocieran personalmente.

Roma, una proposición matrimonial rechazada

Habría de pasar un mes más para que ese anhelado encuentro sucediera y el escenario no podía ser más más hermoso y acaso menos propicio para el amor: La basílica de San Pedro.

De qué estrellas nos hemos caído para encontrarnos aquí

Friedrich Nietzsche, frase con la que se presentó a Lou Andreas-Salomé

Nietzsche podía haber demorado su encuentro con Lou, pero cuando se produjo no perdió el tiempo y, como seis años antes con Mathilde Trampendach, le propuso matrimonio pocos días después de conocerla. Las razones de esa urgencia son otro de los grandes interrogantes de su biografía sentimental. ¿Un rapto de pasión? Nietzsche fue el último gran filósofo, pero también fue un corazón apasionado con dificultad para dominar sus emociones, capaz de oscilar en segundos entre polos filosóficos o afectivos. ¿Interés? El matrimonio como perfecta tapadera para su escandalosa vida sexual, desde luego no sería el primero que se casa en busca de respectabilidad. ¿Espíritu práctico? Desde muy joven Nietzsche sufrió graves problemas de salud y hay quien piensa que más que una esposa, buscaba una secretaria que le ayudase con los aspectos prácticos de la vida y a realizar su obra filosófica. En este sentido apunta el contenido de una carta a su amigo Franz Overbeck, fechada poco antes de su encuentro con Lou: Necesito una persona joven cerca de mí, que sea suficientemente inteligente y cultivada para poder trabajar conmigo. Incluso estaría dispuesto a tener un matrimonio de dos años. Si esta era su intención, nadie mejor que Lou Andreas-Salomé. Pero lo más probable es que estos tres aspectos hayan influido en su decisión de pedirle matrimonio, lo difícil es saber en qué proporción cada cual.

Nietzsche, como en todas sus fotos, esconde la mirada

En cualquier caso, este capítulo de la vida de Nietzsche está condenado a permanecer siempre en las sombras, pues no pidió personalmente matrimonio a Lou, sino que utilizó a su amigo Paul Rée para ello, quien, no lo olvidemos, también pretendía a Lou. Nunca sabremos en qué términos Paul Rée expuso a Lou la proposición de su amigo y rival, como nunca sabremos qué habría pasado si hubiese sido el propio interesado quien se hubiese declarado, lo que sabemos es que Lou rechazó su proposición, supuestamente alegando razones económicas.

En cualquier caso, de esa conversación entre Rée y Lou surgió la idea de una pequeña comunidad intelectual de tres, para la cual podrían alquilar un piso en París o Viena. Esta idea parece haber salido de Lou, que en sus Memorias se refiere a ella en los siguientes términos: soñaba con una bonito salón lleno de libros y flores, flanqueado por dos dormitorios y con compañeros de trabajo con los que formar un círculo serio y elevado. Aunque, tras el rechazo de su propuesta matrimonial, compartir a Lou con Rée pudiera parecer un premio de consolación, la idea fue del agrado de Nietzsche, quien estaba decidido a fundar su idea del eterno retorno sobre una base científica y veía con buenos ojos un grupo de trabajo que le ayudara con la bibliografía. Durante los siguientes meses la idea se mantendrá con vida, pero nunca se llegaría a realizar.

Monte Sacro, un momento sagrado.

El siguiente encuentro entre Nietzsche y Lou se produce en mayo, en su viaje de regreso a Alemania, cuando ambos hacen parada y fonda en el lago Orta, un hermoso enclave alpino al norte de italia. Por primera vez Nietzsche y Lou tienen la oportunidad de pasear a solas, por los senderos de Monte Sacro. En el futuro Nietzsche, con una mezcla de melancolía y tristeza, se referiría a este encuentro como un momento sagrado, lleno de augurios que no se cumplieron, lleno de promesa que no se mantuvieron.

No hay foto de Nietzsche y Lou a solas, en la que encabeza esta entrada están acompañados por Paul Rée, así que valga esta de la película Lou Andreas-Salomé

Y como era habitual en él, siempre se refirió a él de forma enigmática, así que es imposible saber qué pasó exactamente. Y por boca de Lou, lo único que sabemos es que pocos días después comentó a una amiga: Si besé a Nietzsche en Monte Sacro, es algo que no sé. Que ambos hayan guardado silencio sobre qué pasó realmente en Monte Sacro quizás sea más elocuente que un millón de palabras. Quizás Nietzsche estaba en lo cierto, quizás fue un acontecimiento sagrado que no se podía expresar con los medios del lenguaje.

Lucerna, segunda proposición matrimonial

En cualquier caso, pasara lo que pasara en Monte Sacro, fue suficiente para animar a Nietzsche a hacer una segunda proposición de matrimonio, esta vez en persona, durante su siguiente encuentro en Lucerna. Desde entonces han pasado unos pocos días, Lou también ha tenido tiempo para pensar y reflexionar sobre sus emociones, a juzgar por sus escritos parece claro que, después de conocer a Nietzsche, se siente más atraída por el filósofo que por el hombre, más atraída por el aventurero del pensamiento que por la persona real, cuya rigidez y formalidad a veces la asusta. Lou una vez más declina la proposición, aunque vuelve a hacer mención a el grupo de trabajo.

Somos tan parecidos como dos hermanos de sangre

Friedrich Nietzsche, en referencia a Lou Andreas-Salomé.

Nietzsche se aferrará desesperadamente a la idea del grupo de trabajo para mantener su relación con Lou viva. A partir de ese momento, en su correspondencia, se referirá a Lou siempre como una amiga. Primero en una carta a Peter Gast manifestó que la cuestión del amor está fuera de lugar aquí. Y, posteriormente, en una a Malwida von Meysenbug definió su relación con Lou como fuerte amistad. Tras el rechazo de su segunda proposición matrimonial, Nietzsche parece haber renunciado definitivamente a su mano, en una carta del 24 de mayo de 1882 dirigida a la propia Lou afirmaba: Rée es en todo mejor amigo de lo que yo soy y podría ser, ¡sé muy consciente de esta diferencia! Y en una fechada el 26 de junio, también a Lou, en referencia al grupo de trabajo, se expresa en los siguientes términos: Nunca he pensado en que usted me tuviese que leer y escribir, pero deseo de corazón ser su profesor. Por último, para decir toda la verdad: Estoy buscando personas que puedan ser mis herederos; tengo algo dentro de mí que no se puede leer en mis libros y por eso buscó para mí la más hermosa y fértil tierra de cultivo. Esas palabras no necesariamente se deben leer como una declaración de amor, aunque contenga una metáfora sexual. Pero Nietzsche apostilla: Debo callar, porque hablar de usted siempre me deja abrumado.

Esto no es extraño, la ambigüedad es una de las señas de identidad de la filosofía de Nietzsche, en su obra nada es lo que parece y todo es lo que no parece, en parte ahí reside su magia, que dos lectores puedan extraer de ella conclusiones completamente opuestas, sin ninguno haber malinterpretado su significado. Pero en una carta, fechada también en mayo, y dirigida a Paul Rée, parece dejar claro que ambos están compitiendo por el amor de la misma mujer: No podría haber una amistad más extraña que la que ahora tenemos.

Tautenburg, tres semanas de verano

El siguiente encuentro entre Nietzsche y Lou se produjo en verano, las tres intensas y maravillosas semanas de Tautenburg sobre las que descansa la leyenda de su romance. En cualquier caso tres semanas que no estuvieron libres de tensión. Antes de aceptar la invitación de Nietzsche para pasar el verano con él, Lou había asistido al Festival de Bayreuth, donde había entrado en contacto con el círculo social del compositor Wagner, donde se respiraba una intensa acrimonia contra Nietzsche desde el fin de su amistad con el compositor.

En el festival de Bayreuth también se encontraba Elisabeth, la hermana de Nietzsche, en cuya compañía hizo el viaje a Tautenburg. Elisabeth pasó con ellos el verano en Tautenburg, sin embargo, desde el primero momento, Nietzsche y Lou hicieron como si no existiera y la excluyeron de su paseos y conversaciones. Nos hemos pasado las tres semanas hablando, escribió Lou en su diario, y si alguien nos hubiera escuchado, sin duda, habría pensado que ahí se entretienen dos diablillos.

Elisabeth Nietzsche recida por Hitler, el führer de las drogas en persona. Elisabeth acabaría casándose con un jerarca nazi, régimen que corrompería la idea del superhombre nietzscheano para fundar la superioridad de la raza aria

En cualquier caso, la intimidad entre ellos se envenenaría por la presencia de Elisabeth en Tautenburg. La relación entre Nietzsche y su hermana fue muy compleja, algunos biógrafos apuntan a que durante su adolescencia mantuvieron una relación incestuosa que con el paso de los años derivaría en una relación de amor-odio. Fuera por celos o por diferencias personales, Elisabeth y Lou no tardaron en convertirse en enemigas irreconciliables. En vista del cariz que estaba tomando su relación con Lou, tan pronto como Elisabeth tuvo ocasión de hablar con su hermano a solas, la acusó no sólo de haber participado en las críticas que el círculo de Wagner dirigía contra él, sino de haberlas fomentado y la acusó también de haber dicho que era un hipócrita que quería aprovechar la excusa de la amistad para inducirla al matrimonio. Qué dijo realmente Lou en Bayreuth nunca se sabrá, eso es lo que Elisabeth dijo que dijo y que a Nietzsche lo puso al borde de la locura, como él mismo declararía en una carta posterior.

La ruptura es tan violenta que Lou desaparece de Tautenburg sin despedirse. Ese es el momento que Paul Rée estaba esperando y en su siguiente encuentro con ella saca a colación la idea del grupo de trabajo, pero esta vez sin Nietzsche, para lo cual ambos alquilan una apartamento en Berlín. Nietzsche no sólo se siente engañado por su amada, sino también traicionado por el amigo. Acosado por el dolor, da crédito a todo lo malo que su hermana Elisabeth tiene que decir de Lou y a la acusación de que habían perseguido sus propósitos sexuales bajo la apariencia de la amistad, se suman la de egoísta y la de que su obra filosófica es la de un loco.

Nosotros somos espíritus libres en extremo, pero en algún rincón oculto de nuestro ser estamos completamente opuestos. A veces pienso que algún día podemos ser incluso enemigos

Lou Andreas-Salomé, sobre Nietzsche

Los sentimientos de Nietzsche hacia Lou fluctuaron entre el odio y el amor durante el resto de su vida. En septiembre de 1882 se sintió obligado a defenderla de las acusaciones de su hermana, con una frase heroica: Cualquier difamación contra ella, está dirigida primero contra mí. Pero, por ejemplo, en una carta de julio de 1883, dirigida al hermano de Paul Rée, la tilda de: Mona apestosa, sucia y árida con falsos pechos. ¡Una maldición! Como siempre pasa con Nietzsche, es imposible saber su verdadero pensamiento, todo es posible, nada es imposible, pero si pidieran mi opinión personal diría que al final, en su memoria, lo bueno pesó más que lo malo. ¿Por qué? La gran pasión de Nietzsche fue la música, en una ocasión dijo que la vida sin música sería un error. En 1887, años después de su ruptura con Lou Andreas-Salomé y Paul Rée, puso música al poema Lebensgebet de Lou, bajo el título de Himno a la vida, y fue la única de sus composiciones musicales que quiso conservar. Acaso consciente de que hay amores que fracasan en la vida, pero triunfan en el arte. Nada sería más nietzscheano.

El himno a la vida compuesto por Nietzsche sobre un poema de Lou e interpretado por la orquesta de Como.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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