Rilke, el poeta errante

Rainer Maria Rilke, autor de las Elegías de Duino, se cuenta entre los poetas modernos más importantes en lengua alemana. Para muchos representa la encarnación del genio poético, no sólo por su creación artística, sino también por su vida libre. Publicó numerosos libros epistolares, entre los que destacan Cartas a un joven poeta, aforismos, cuentos y una novela. Además fue un gran traductor literario.

Infancia y juventud en Praga.

René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke nació el 4 de diciembre de 1875 en Praga. Fue el segundo hijo de sus padres, Josef y Sophie, y al igual que su hermana, nacida un año antes y muerta pocas semanas después de venir al mundo, Rilke fue un niño prematuro, sietemesino, que durante el resto de su vida arrastró problemas de salud.

Su padre, Josef Rilke (1838-1906), intentó hacer carrera militar en el Imperio Austro-húngaro, pero acabó trabajando como discreto funcionario del Servicio de Ferrocarriles de Praga. Su madre, Sophie Entz (1851-1931), pertenecía a una familia de la alta sociedad de la ciudad, su padre era una comerciante muy respetado y consejero personal del káiser. Ambos pertenecían a la minoría germano hablante de Praga, con escaso o nulo contacto con la población de habla checa. El matrimonio se conoció cuando Josef todavía vestía uniforme militar, un joven galán con sable y charreteras, con fama de rompecorazones en los cafés de Praga. Sophie se enamoró de su aura heroica y su aspecto marcial, pero la felicidad entre ellos duraría poco. Rápidamente se hicieron notar las diferencias, no sólo de edad, él era 13 años mayor que ella, sino de estamento social, Sophie estaba acostumbrada a un nivel de vida que Josef nunca pudo darle, especialmente después de fracasar como militar. Frustrada matrimonialmente, Sophie buscó consuelo en la religión. Su profunda religiosidad influiría a Rilke, cuya obra poética está impregnada por una profunda espiritualidad.

Después de 9 años salieron a la luz los problemas entre mis padres y mi madre dejó a su marido, era una mujer nerviosa y melancólica, que no sabía qué quería en la vida, yo debía llevar ropa muy bonita y hasta la hora de ir al colegio me puso ropa de chica, mi madre jugaba conmigo como con una muñeca grande

Rilke

El detalle de la ropa es significativo, Rilke parecía haber venido al mundo para satisfacer las ambiciones frustradas de sus padres. Por un lado a llenar el vacío dejado por la hija muerta en el corazón de la madre, durante sus primeros años de vida Sophie lo educó como a una chica, incluso lo vestía como tal. En compañía de su madre, una amante de las letras que publicó dos libros de aforismos que dejan entrever un espíritu liberal y feminista, Rilke aprendió a leer y a escribir y cuando manifestó su deseo de ser poeta ella le apoyó totalmente.

Por otro lado, a cumplir las ambiciones militares frustradas del padre. Por expreso deseo suyo, Rilke ingresó como cadete en la Escuela Militar de St. Pölten, donde se debía preparar para ser oficial. Sin embargo, el joven Rilke era un espíritu en extremo sensible y ningún destino podía ser más contrario a las inclinaciones de su alma que el militar, con su rigidez, rudeza y acento en el valor físico. De constitución frágil y salud quebradiza, Rilke sufrió en la escuela y sólo podía cumplir con la disciplina militar del centro a base de mucho esfuerzo.

Me gustaría borrar todos los recuerdos de mis cinco años en la escuela militar

Rilke, sobre sus años en St. Pölten, que consideró el gran drama de su vida

A pesar de todo consiguió sacar los cursos y sus notas en las disciplinas intelectuales fueron siempre muy buenas y en 1890, como Robert Musil unos pocos años después, ingresó en la Escuela Superior Militar de Mährisch-Weißkirchen -a quien se quiera hacer una idea de cómo era allí la vida le recomiendo la lectura de Las tribulaciones del joven Torless de Musil, pero advierto que es un libro duro-. Pese a todo, en la Escuela Superior Militar sus relaciones con el resto de alumnos y profesores fue aceptable. La vida militar aceptó a Rilke, pero Rilke nunca aceptó la vida militar. En ese universo extraño surgieron los tres acordes que definen su lírica: Soledad, sensibilidad y extrañeza.

Sin embargo, Rilke no reaccionó sólo emocionalmente sino físicamente a su situación en la Escuela Militar, enfermó y en junio de de 1891 tuvo que abandonar el centro por razones de salud, que posteriormente siguiendo el ejemplo de Nietzsche lo llevaron al vegetarianismo y a renunciar al alcohol. A continuación regresó a Praga -a vivir con su madre, pues sus padres se habían separado-, hasta que en otoño de ese mismo año se trasladó a Linz para estudiar en la Escuela de Comercio. Su inclinación por la vida comercial no era mucho mayor que por la militar, pero no fueron las malas notas las que pusieron fin a su estancia en Linz, sino su relación con Olga Blumauer, una mujer mayor que él que lo inició en los misterios del amor. La familia de Rilke se escandalizó tanto con su relación que su padre le hizo volver a Praga, donde se alojó en casa de su tío, quien financió las clases particulares que necesitaba para preparar el examen de ingreso en la universidad.

Primeros escritos.

Como Thomas Mann, que a lo largo de su vida nunca fue capaz de seguir una educación sistemática, Rilke, en lugar de emplear los libros para hacer los ejercicios, los utilizaba para pergeñar poemas. Así, en 1895, apareció su primera colección de poesía, con 48 poemas bajo el largo título Vida y canciones, imágenes y hojas del diario de René María Rilke, publicado por la editorial Jung Deutschland. Ese mismo año ingresó en la universidad de Praga, donde además de historia del arte, literatura y filosofía, por expreso deseo de sus padres, cursó también algunos cursos de leyes.

En esos años de iniciación, el joven poeta buscó y encontró cobijo en una comunidad de artistas y escritores alemanes en Böhmen (Concordia) con quienes vivió y publicó su segunda colección de poemas, Ofrenda a los lares, que contiene el ciclo de Poemas de Praga. En 1896 publicó tres ediciones de una revista propia, Wegwarten, y por primera vez viajó a Viena, Budapest y a Salzburgo, el inicio de una larga vida errante por Europa, en la que alternaría pensiones con residencias temporales y comunas de artistas con los palacios de la nobleza europea, que sólo se acabaría con su muerte.

Los versos de esas primeras publicaciones están todavía demasiado verdes, especialmente si se comparan con los inicios de otros contemporáneos como Hugo von Hoffmantahl o el francés Paul Verlaine. Son todavía demasiado sentimentales para ser buenos, la emoción está, pero les falta la técnica y la disciplina para domarla. Rilke es consciente de sus imperfecciones y se forma estudiando a los clásicos alemanes: Goethe, Hölderin y sobretodo Nietzsche, una fuente inagotable de inspiración para él.

Rilke en Munich.

Rilke, decidido a llevar una vida artística, abandonó Praga, que le parecía una ciudad demasiado burguesa no sólo para un poeta, sino para cualquiera que quisiera entrar en contacto con la realidad de la vida. En el mundo alemán hay tres capitales culturales, Viena, Berlín y Munich y finalmente, después de algunas consideraciones, se decidió por Munich. En aquella época, la gran metrópoli era un centro de artistas e intelectuales, allí entró en contacto con Hugo von Hoffmanthal, Jakob Wassermann y Michael G. Conrad, fundador del movimiento naturalista y de la revista Die Gesellschaft.

En mayo de 1897, un año después de dar a la imprenta su poemario Coronado de sueños, en una tertulia literaria en casa de Jakob Wassermann, realizó uno de los contactos más importantes de su vida: Lou Andreas-Salomé (1861-1937), una mujer famosa en los círculos intelectuales europeos no sólo por su inteligencia, discípula de Sigmund Freud, el explorador del subconsciente, sino también por su belleza, que se había hecho un nombre con la publicación de una de las primeras biografías de Nietzsche, con quien previamente había mantenido una de las relaciones amorosas más turbulentas de la historia de la literatura, y cuyos escritos autobiográficos escandalizaban a la burguesía por su extravagante modo de vida.

El joven Rainer me impresionó no por el gran poeta que estaba destinado a ser, sino sobretodo por su singularidad humana. Y esto, a pesar de que ya en sus principios, desde la más tierna infancia, se sentía llamado hacia un destino poético y nunca se alejó de ese camino

Lou Andreas-Salomé

Como previamente Nietzsche y Freud, Rilke, que por entonces contaba 21 años se enamoró de Lou Andreas-Salomé, 15 años mayor, y como el sentimiento fue recíproco en el verano de 1897 ambos pasaron varias semanas de pasión en Wolfratshausen, Baviera. Pero la influencia de Lou Andreas-Salomé en la vida de Rilke iría mucho más allá del amor, le instó a encontrar su verdadera voz poética y fue ella quien le instó a cambiar el nombre de René por el más masculino de Rainer, proposición que Rilke aceptó y con la que simbolizó el fin de su juventud.

Rilke y Lou Andreas-Salomé.

Rilke se consolidó como poeta en Munich, pero no renunció por ello a la vida errante. La escritura le daba libertad de movimiento, entre 1898 y 1899 vivió a caballo entre Munich y Berlín, donde disfrutaba de la protección de Lou Andreas-Salomé, primero en Wilmersdorf y luego en la Villa Waldfrieden en Schmargendorf, donde escribió la narración lírica Canción de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, según la leyenda en una sola noche de inspiración, pero que no se publicaría hasta 1906, y donde reelaboró sus Impresiones Muniquesas (publicadas póstumamente) en un cuento, en el cual se narra la historia de Ewald Tragy, quien huye de su ciudad natal para buscar su suerte en Munich. Los paralelismo con la vida de Rilke son evidentes y sobre los primeros días de Ewald en Munich escribió:

Las primeras semanas las pasó siempre fuera de casa, sin ningún plan fijo, siempre preguntándose: ¿Qué quiero realmente? Visitaba las galerías y los cuadros le decepcionaban. Compraba una guía de la ciudad de Munich y se cansaba pronto de ella. Finalmente se propuso comportarse como si llevara años viviendo allí y eso no es fácil. Los domingos se sentaba entre los parroquianos en la terraza de una cervecería y paseaba hasta el Parque de Octubre, donde estaban los chiringuitos y carruseles y de noche iba en un simón al barrio inglés. Ahí a veces había una hora que no quería olvidar. Entre las 5 y 6, cuando los colores y formas de las nubes en lo alto del cielo se volvían fantásticas y de repente se elevaban como montañas detrás de los campos llanos del barrio inglés, de forma que uno debía pensar: Mañana voy a escalar esa cumbre. Pero mañana era una día lluvioso y la niebla se cernía densa y pesada sobre las infinitas avenidas.

Como para el ficticio Ewald, Munich no fue el hogar que Rilke iba buscando, como no lo fue París, Venecia, Roma ni ninguna de las muchas ciudades en las que vivió. Rilke fue un hijo del viento y su hogar fueron las estaciones de tren, las carreteras polvorientas y las pensiones sin nombre en ciudades de paso. En el verano de 1899, en compañía de Lou Andreas-Salomé, viajó por primera vez a Rusia. A los amantes los acompañó el marido de Lou, el orientalista Friedrich Carl Andreas, a quien Lou le había puesto como condición para casarse que el compromiso matrimonial no fuera en ningún caso un limite a su libertad ni un obstáculo a su placer.

Un año después Rilke y Lou volvieron a visitar Rusia, esta vez sin la compañía del marido, en principio para conocer mejor la patria rusa de Lou, que había nacido en San Petersburgo cuando su padre estaba destinado allí. Rilke no volvería siendo el mismo y esa transformación de su visión del mundo se reflejó en su obra. Durante su periplo visitaron a los grandes nombres de la cultura rusa, entre ellos Leon Tolstoi, quien para Rilke era el máximo exponente del alma rusa. El primer encuentro con Tolstoi tiene lugar en su casa de invierno en Moscú y el segundo en su casa de campo. La estepa rusa causaría una indeleble impresión en Rilke, pero aún más el contacto con el sencillo pueblo ruso, especialmente la profundidad de su sentimiento religioso. Esa impresión adquirió forma poética en El libro de horas, dividido en tres partes: El libro de la vida monástica, El libro del peregrinaje y El libro de la pobreza y la muerte.

Rilke en Worpswede

De regreso en Alemania Rilke emprende un largo viaje por el norte del país. Primero pasa un tiempo como invitado en el palacio de Haseldorf del príncipe Emil von Schönaich-Carolath, un admirador de su obra, luego en la mansión de Bremen de Heinrich Vogeler, a quien había conocido en abril de 1898, durante un viaje a Florencia, y le había invitado a pasar las navidades con él.

Vogeler y Rilke visitan Worpswede, donde existe una importante colonia de artistas y Rilke queda fascinado con su modo de vida basado en las lecturas de textos, los debates literario-filosóficos y las interpretaciones musicales. Worpswede se convertiría en uno de los lugares a los que regresaría siempre a lo largo de su vida, de forma que entre 1898 y 1905 pasó allí año y medio en total. Muchos de los poemas de esta época se refieren a Worpswede y algunos de ellos se incluirían en la colección Libro de las imágenes (1902).

Cuando, después de cuatro años, se rompió la relación amorosa, intelectual y artística con Lou Andreas-Salomé, Rilke buscó refugió en Worpswede, donde inició una relación sentimental con dos mujeres al mismo tiempo, Paula Becker y Clara Wesfhoff. Rilke se sentía fuertemente atraído por ambas, consideraba que las cualidades de una complementaban a las de la otra y que en conjunto satisfacían el ideal femenino. Aunque, como dice la canción de Iván Ferreiro, el equilibrio es imposible y finalmente, en abril de 1901, se casó con Clara y el 12 de diciembre de ese año nació su hija Ruth.

Paula y Clara, las dos mujeres de las que se enamoró Rilke

Sin embargo Rilke no era un hombre destinado a conocer la felicidad familiar y, si lo hizo, fue por poco tiempo. Rilke era un espíritu libre, destinado a llevar una vida poética hasta el extremo, lo que a sus ojos requería soledad e independencia; desde el primer momento sintió que el matrimonio y la vida familiar eran un obstáculo para el desarrollo de su creatividad y no tardó en abandonar a su esposa e hija. A pesar de la espantada, Clara y Rilke siguieron siendo amigos durante el resto de su vida e incluso volvieron a vivir juntos durante algunos períodos e hicieron muchos viajes juntos. A partir de 1911 la relación entre ambos se distanció más, pero nunca llegó a una ruptura total.

El matrimonio es la marca definitiva de una existencia burguesa

Rilke, pincha aquí para leer otras frases célebres de Rilke

Cuando en junio de 1902 Rilke tuvo conocimiento de que iba a perder el apoyo financiero que hasta entonces le prestaba su familia de Praga, empezó a buscar desesperadamente alguna forma de ingreso fijo. En mayo, por encargo de la editorial Velhagen & Klasing, empezó a trabajar en Monografías de artistas, que debía ser una descripción de los artistas de Worpswede, estructurada en cinco ensayos, a través de la cual pretendía presentar al público su concepto de la vida y el arte.

Rilke pasó el verano de ese año en la casa de campo de su amigo el príncipe Emil von Schönaich-Carolath, quien le sirvió de puente para entrar en contacto por carta con el escultor Auguste Rodin, a quien dedicó un libro y que en Cartas a un joven poeta dijo que encarnaba su ideal de artista.

Rilke, Rodin y París.

El 26 de agosto de 1902 Rilke viajó a Paris con el pretexto de escribir una monografía sobre Rodin. Su mujer Clara, una admiradora del trabajo de Rodin, entusiasmada por el proyecto abandonó un mes después su casa de Westerwede, dejó a su hija a cargo de sus padres y siguió a Rilke a París. En la ciudad de la luz, bajo la influencia de Rodin, una influencia que en su obra es sólo comparable a la de Nietzsche, la concepción del arte de Rilke se transformó considerablemente.

Rodin fue para Rilke una liberación, le mostró la realidad tal y como es, sin falsear por la subjetividad, con su ejemplo le enseñó el fruto de unir vida y creación y cuya única ley y mandamiento del «toujours travailler» expandió su creación artística.

Lou Andreas-Salomé
Auguste Rodin y Rainer Maria Rilke en París

Rilke se convirtió en secretario personal de Rodin, sin embargo la relación entre ellos no duró mucho debido a la marcada diferencia de caracteres de ambos. En París, en 1903, Rilke escribió a Franz X. Kappus, joven aspirante a poeta y, como el propio Rilke tiempo antes, alumno de la Escuela Superior Militar, la primera de las cartas que posteriormente conformarían Cartas a un joven poeta, la obra más famosa de Rilke en prosa y uno de los mejores libros breves de siempre. La correspondencia se extiende por un período de cinco años y lleva sellos de lugares tan distintos como Pisa, Bremen, Roma, Jonsered (Suecia) o París, entre otros, y en ella encontramos al Rilke más íntimo, en lo que probablemente constituye la mejor introducción a su pensamiento.

Cartas a un joven poeta, lectura obligada de muchas generaciones de artistas

Como atestiguan las Cartas a un joven Poeta, Rilke era un espíritu inquieto, incapaz de echar raíces en ninguna parte, aunque durante la primera década del siglo XX pasó mucho tiempo en París. La ciudad de la luz fue una gran fuente de inspiración, durante su estancia allí escribió innumerables poemas, los mejores de los cuales se recogieron en Nuevos poemas, entre ellos su famoso La pantera:

Su vista está cansada del desfile

de las rejas, y ya nada retiene.

Las rejas se le hacen innumerables,

y el mundo se le acaba tras las rejas.

Blando andar de flexibles fuertes pasos,

y girar en el más pequeño círculo

como danza de fuerza por un centro

en que su voluntad se halla aturdida.

Sólo a veces se alza mudo el telón de sus pupilas.

Luego entra una imagen,

va por la tensa calma de sus miembros

y se extingue al llegar al corazón.

París inspiró a Rilke, pero el anonimato y la brutalidad de la gran ciudad lo impactaron tanto como casi dos décadas antes sus experiencias como cadete en la Escuela Superior Militar. La problemática que presenta la vida en una gran ciudad y finalmente su fracaso para encajar en la vida parisina son el tema central de su única novela, ambientada en París, Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910).

En ese mismo año Rilke aceptó la invitación de la princesa Marie de Thurn y Taxis, a la cual lo unía una larga amistad, para pasar una larga temporada alojado en su castillo Duino de Trieste, en él surgen Vida mariana y como Nietzsche en Sils María, donde tuvo el golpe de inspiración que dio lugar a la idea del eterno retorno, en el hermoso entorno Adriático Rilke tuvo ese instante de inspiración mágica que se convertiría en las Elegías de Duino.

Castillo de Duino, imposible no sentirse inspirado por su belleza

Munich y la Primera Guerra Mundial

La I Guerra Mundial estalló en uno de los momentos de mayor creatividad en la carrera de Rilke. Como muchos de sus amigos y colegas artistas, Rilke participó del entusiasmo colectivo que se apoderó de prácticamente toda la población alemana con la declaración de guerra y que en su caso particular se manifestó en los famosos Cinco Cantos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que ese entusiasmo se transformara en un intenso terror. La guerra se convertiría para Rilke en un suceso tan traumático que su producción literaria se interrumpió casi totalmente, como un pozo del que deja de manar agua, y retrasaría casi una década la finalización de las Elegías de Duino.

A finales del verano Rilke se mudó nuevamente al valle Isar, el mismo lugar de Baviera donde 15 años antes había pasado el verano con Lou Andreas-Salomé. En esta ocasión, allí, conoce a la pintora Lulu Albert-Lazard, de la que se enamora y a la que dedica un ciclo de 15 poemas.

En noviembre de 1915, las autoridades de reclutamiento juzgan a Rilke apto para la guerra. A primeros de enero de 1916 lo trasladan a Nordböhmen como miliciano, sin embargo después de un mes, debido a su pobre salud y mala condición física, lo retiran del frente y lo destinan a realizar trabajos administrativos. En las oficinas militares coincidió con el escritor Stefan Zweig, con el que entablaría una amistad que duraría toda su vida, su cometido básicamente consistía en traducción de información extranjera, elaborar informes de guerra y fabricar historia heroicas para la propaganda nacional.

Afortunadamente para Rilke, gracias a la intervención de un amigo, en junio fue relevado del servicio en el ejército austríaco y regresó a Munich, donde alquiló una habitación en la Villa Alberti de la calle Kefer. Por esa época su mujer Clara y su hija Ruth también estaban viviendo en Munich, lo que le dio oportunidad, como tantas veces a lo largo de su vida, de volver a participar de la vida familiar. Rilke las ayudó económicamente, en parte gracias a la herencia que le había dejado su padre muerto y también con los ingresos que le procuraban algunas conferencias que impartía sobre la antigüedad romana que por entonces despierta gran interés en la sociedad muniquesa.

Cuando en julio de 1917 debió renunciar a su vivienda de Villa Alberti, pasó casi un año hasta que volvió a tener una casa propia. Al principio vivió en la propiedad de Hertha König en Westfalia, luego en Berlín y por último en el Hotel Continental de Munich. Finalmente cuando por fin se instaló en una casa de la calle Ainmiller de Munich, se dio cuenta que Munich era una ciudad que nunca había cautivado su corazón y sintió el deseo de abandonarla y emprender un viaje sin destino concreto. La decisión final la tomó durante la Revolución de Munich, cuando su vivienda fue registrada, a consecuencia de una carta de Ernst Toller, pero no la llevó a efecto hasta junio de 1919, cuando abandonó Munich, esta vez para siempre.

Suiza, fin de trayecto.

Rilke acudió a Berna, luego al lago Genfer, pasó por Zurich y St. Gallen y finalmente, en la primavera de 1920, desembocó en el castillo de la familia Burckhardt, en Irchel. Desde allí realizó varios viajes a Venecia y París y finalmente, con la llegada del invierno, se estableció durante seis meses en el castillo de Irchel.

Cuando, con la llegada de la primavera, debió abandonar ese idílico lugar, entre las muchas invitaciones de amigos y mecenas, Rilke se decidió por el Château de Muzot, un pequeño castillo del siglo XIII, aislado del mundo por montañas, en la localidad suiza de Wallis. Ahí recuperó la creatividad perdida con el estallido de la guerra y en unas pocas semanas escribió los 55 sonetos que componen sus Sonetos a Orfeo y, lo que es más importante, recobró la paz de espíritu necesaria para terminar, después de muchos años, las Elegías a Duino. Ambos libros aparecieron en 1923 y constituyen la cúspide de su creación poética.

Por fin, princesa, por fin ha llegado el bendito día en que puedo mostrarle las elegías, diez, todas terminadas en unos pocos días, ha sido como una tormenta, un volcán que explota, como me sucedió entonces en Duino, era incapaz de pensar en comer, porque me nutría del todo lo que había y temblaba dentro de mí

Rilke, en una carta a Marie de Thurn y Taxis

Las Elegías de Duino versan sobre el amor fati, una tema muy presente en la filosofía nietzscheana, y constituyen una explicación filosófico-religiosa del mundo en lenguaje lírico, en la que se abordan preguntas como el sentido de la vida y el destino del hombre y la respuesta de Rilke a estas cuestiones esenciales es un rotundo sí a la vida, no porque la vida sea maravillosa o libre de dolor, sino porque cada individuo constituye una singularidad irrepetible,

Con las Elegías de Duino Rilke se consideró realizado como poeta, pero no renunció a la escritura, siguió escribiendo, quizás por hábito o por necesidad, en muchas ocasiones en francés, pero el timbre de su voz no volvió a ser el mismo ni a resonar en la eternidad.

En mayo de 1924 Clara visitó al que todavía era oficialmente su marido, acompañada de su hermano Helmuth Westhoff, y a juzgar por su correspondencia posterior debió adivinar que sería el último encuentro de ambos. En diciembre de ese mismo año, Rilke, debilitado físicamente, ingresó en el sanatorio Valmont. Tras una breve mejoría inicial, su salud empeoró considerablemente sin que los médicos llegasen a diagnosticar correctamente su enfermedad: una forma rara de leucemia.

En esta época final de su vida, Rilke sentía todavía el latido de la inspiración, con frecuencia cogía lápiz y papel, garabateaba las primeras líneas de algún poema, pero pocas veces conseguía terminarlos antes de que la enfermedad interrumpiera su proceso creativo.

Pero la enfermedad no pudo embridar su espíritu ni poner fin a su vida errante. Los últimos meses de 1925 los pasó en París y en otoño regresó a Muzot, donde su estado se agravó tanto que pasó más tiempo en el sanatorio de Valmont que en su residencia suiza. El 30 de noviembre de 1926 ingresó por última vez en el sanatorio, un mes después, el 29 de diciembre de 1926, murió a los 51 años de edad.

Por expreso deseo suyo, fue enterrado el 2 de junio de 1927 en el cementerio de la iglesia alpina de Raron, perteneciente al canton de Wallis. La tumba está rodeada por una cerca de hierro, la cruz lleva grabadas las iniciales R.M.R y los años 1875 y 1926. La lápida lleva grabado como epitafio un verso del propio poeta: Rose, oh reiner Widerspruch, Lust, niemandes Schlaf zu sein unter soviel Lidern (Rosa, oh pura contradicción, deseo de ser el sueño de nadie bajo tantos párpados).

Tan discretamente como entraba en una habitación, tan discretamente como pasó por nuestro tiempo tan deseoso de atención, así nos abandonó. Estaba enfermo y nadie lo sabía. Murió y nadie previó que se moría, también el secreto de su sufrimiento, de su enfermedad, de su agonía, también eso lo interiorizó para darle una forma poética y hermosa, para perfeccionar esa última obra largo tiempo preparada: Su propia muerte.

Stefan Zweig, sobre la muerte de Rilke

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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