10 mejores libros breves

A diferencia de lo que ocurre en otros aspectos de la vida, en la literatura el tamaño no importa. Nada mejor para ilustrarlo que la poesía, en ocasiones un par de versos bastan para comunicar los sentimientos más profundos y las emociones más complejas, en realidad quizás sólo esté al alcance de la poesía comunicar el verdadero significado del amor, la amistad, la alegría, la vida… Cierto que las novelas largas procuran un placer muy singular, pero a lo largo de la historia de la literatura hay muchos ejemplos que confirman aquel viejo refrán de que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Antes de entrar en materia me gustaría aclarar qué entiendo por libros breves, nada más y nada menos que aquellos que se leen en una tarde o un día, es decir los que no pasan de las cien páginas. Balada del café triste, Nieve, Opio, Réquiem por un campesino español,… Hay tantas y tan buenas que se podría hacer una lista sólo de novelas, pero al objeto de demostrar convincentemente que en literatura el tamaño no importa, independientemente del género que hablemos, he incluido algún ensayo y algún libro perteneciente a este genero.

  1. El lazarillo de Tormes (Anónimo)

Sí, no podría haber empezado por ningún título mejor. En una ocasión comenté a José Luis Martín, poeta y fundador de la revista Clarín, que consideraba El lazarillo incluso mejor que el propio Quijote y recuerdo cómo me miró, como si hubiera perdido el juicio. Admito que mi declaración pudo haber sido un tanto precipitada, pero cuando la formulé acababa de releer recientemente ambos y mi impresión fue que El lazarillo había envejecido mejor que el Quijote, de ser mucho más moderno y acorde con el gusto del lector actual. Tener 500 años y ni una sola arruga en la cara es algo sólo al alcance de los verdaderos clásicos, en parte porque nada rejuvenece más que la risa y El lazarillo hace gala de un corrosivo sentido del humor, sin duda un buen candidato a estar entre las mejores novelas de humor de todos los tiempos.

2. Desayuno en Tiffany’s de Truman Capote

Si alguien me pidiera una sola razón para leer Desayuno en Tiffany’s, respondería sin dudar que Holly Golightly es el personaje más encantador de toda la literatura. Su mezcla de inocencia y descaro la convierte en la chica ideal para empezar el día, pasar la tarde y acostarse con ella entre las manos. Truman Capote sustuvo una intensa rivalidad literaria con Gore Vidal, aunque hay muchas teorías sobre su origen, los celos profesionales parecen haber jugado un importante papel, Gore Vidal siempre envidió las obras de Capote y leer algo tan bueno como Desayuno en Tiffany’s debió doler.

Por cierto ¿soy el único que odio la traducción del título original que se hizo para la película, quién pudo convertir Breakfast at Tiffany’s en Desayno con diamantes?

Audrey Hepburn está encantadora, pero no tanto como la real Holly Golightly, la de tinta.

3. Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke

Como bien reza el título se trata de un libro epistolar, y el más famoso de Rainer Maria Rilke, el poeta errante, que por cuya curiosa génesis y la sabiduría que encierran sus páginas merece capítulo aparte. Nadie se ha expresado con tanta sencillez y certeza sobre los grandes temas como Rainer Maria Rilke en las diez cartas que dirige Franz Kappus, un joven aspirante a poeta, entre 1902 y 1908.

Lo que confiere a las cartas su carácter universal y hace de ellas un clásico imperecedero es que uno no tiene que ser un aspirante a poeta para leerlas, disfrutarlas y amarlas, ni siquiera escritor, cualquier puede disfrutar de sus reflexiones sobre la infancia, el amor, la naturaleza o la esencia del arte. Una lectura adecuada para cualquier joven que se cuestione su futuro o para cualquier adulto que se cuestione su pasado. Se me olvidaba, la foto que encabeza esta entrada es un fragmento de las Cartas a un joven poeta que Lady Gaga lleva tatuado en el brazo.

Uno de los grandes placeres de mi vida, haber traducido Cartas a un joven poeta.

¿Quieres saber si eres escritor? La respuesta está una de las Cartas a un joven poeta, a qué esperas para descubrirlo.

4. Novela de ajedrez de Stefan Zweig

Novela de ajedrez es tan breve que no sólo se puede leer en una tarde, se puede leer casi durante un viaje en metro. En realidad sería más justo decir que es un cuento largo que una novela, pero sirve para ilustrar perfectamente el punto de esta lista, en literatura el tamaño no importa. La obra más corta del austriaco Stefan Zweig y, sin embargo, considerada universalmente su obra maestra.

Novela de ajedrez fue la última obra de Stefan Zweig, terminada poco antes de su suicido. Aunque originalmente fue interpretada como una crítica contra el nazismo y los métodos que usaba la Gestapo de Hitler -Stefan Zweig se exilio y murió sin regresar a Austria-, lo que otorga a la novela su carácter de clásico es su capacidad de describir la pasión y obsesión que un juego tan aparentemente trivial como el ajedrez puede despertar en sus jugadores.

5. Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda

Los volúmenes de poesía no suelen destacar por su tamaño, excepto si se trata de antologías u obras completas, pero incluso para los parámetros del género la obra maestra de Pablo Neruda es especialmente corta. Veinte poemas de amor y una canción desesperada es todo lo que se necesita para crear un libro inolvidable, uno puede emplear millones de palabras, rellenar miles de cuartillas y quemar cientos de bolígrafos y no habrá expresado mejor el dolor del amor de lo que lo hizo Pablo con su soneto número 20:

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
           árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
          brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Bonita imagen del chileno Pablo Neruda acompañado por su inseparable pipa.

6. El príncipe de Maquiavelo

Con El príncipe de Maquiavelo esta lista demuestra que en literatura el tamaño tampoco importa cuando nos referimos al ensayo. Hay caracteres quijotescos, hay situaciones kafkianas y hay políticos maquiavélicos, hay pocos libros que acuñen nuevos términos y cuando lo hacen es que son siempre grandes libros, aunque no abulten más de unas pocas páginas.

La gente se indigna con frecuencia con sus gobernantes, aunque natural y comprensible, la indignación surge de un gran malentendido, pensar que el principal interés de la política es el bienestar general. Tras leer El príncipe a uno le queda claro que la política es el juego del poder, lo que interesa a la clase política es alcanzar el poder y conservarlo, ningún político dudará en tomar antes una medida que le garanticé seguir en la poltrona antes que una que eleve un poco la calidad de vida de sus ciudadanos y Maquiavelo provee los medios para hacer ambas. A pesar de su contribución a la filosofía política, este pequeño tratado tiene un valor literario indudable. Quien quiera saber quién es el mejor prosista italiano deber leer a Maquiavelo.

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen

Maquiavelo

7. Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda

El recientemente fallecido Luis Sepúlveda logró el premio Tigre Juan en 1989 con esta novela y el reconocimiento de crítica y público. En su viaje a recoger el premio se enamoró de la tierra asturiana y se quedó a vivir en ella, donde murió recientemente. El color verde de Asturias debía recordarle a su amada selva amazónica, donde transcurre la historia de Un viejo que leía novelas de amor.

Un poblado en el corazón de la jungla llamado El idilio, un alcalde llamado el Babosa, una tigrilla que ataca a los gringos que han acudido a explotar la tierra, una tribu indígena llamada Shuar y un viejo que sólo lee novelas de amor, con estos ingredientes, en unas cien páginas, Luis Sepúlveda construye una novela inolvidable sobre la avaricia y el poder de evocación de la literatura, pero Un viejo que leía novelas de amor es sobre todo un canto de amor a la naturaleza.

Trailer de Un viejo que leía novelas de amor.

8. El viejo y el mar de Hemingway

De un viejo que leía novelas de amor a uno que pesca. La opinión pública decía que Hemingway estaba acabado, demasiado alcohol, demasiadas aventuras amorosas, cuando de repente publicó esta pequeña novelita cuya belleza y poder simbólico convenció a la Academia Sueca de que era digno del Nobel.

La historia no podía ser más sencilla, un viejo pescador lleva 70 días sin pescar nada cuando se lanza al mar e inicia una legendaria lucha con un pez gigante. En sus cartas Rainer Maria Rilke aconseja acercarse a la naturaleza, la naturaleza es uno de los grandes temas, si no el más grande. La historia de la humanidad no es sino la historia de la lucha del hombre contra la naturaleza. Exteriormente, por moldear el mundo a su medida y segundo e interiormente, por dejar atrás su pasado animal y hacerse humano o, lo que es lo mismo, por cambiar los instintos por la moral; toda esa inmensa lucha de siglos está simbolizada en El viejo y el mar, de ahí su carácter de clásico universal. Curiosamente poco antes, su gran rival literario Faulkner escribió un cuento de temática parecida: El oso, que bien podría tener cabida en esta lista.

9. Los santos inocentes de Miguel Delibes

Aquí y allí, de cuando en cuando, en las conversaciones sale ese término tan manido de «la España profunda», pues bien si uno quiere saber exactamente qué se esconde detrás de él, nada mejor que adentrarse en las páginas de Los santos inocentes.

Primera novela que el vallisoletano Miguel Delibes ubicó fuera de Castilla, en un pequeño pueblecito de Extremadura, donde el tiempo parece haberse detenido y los campesinos viven sometidos a los señoritos en un régimen casi feudal, nos encontramos el gran drama de España, la fractura entre los que tienen y los que no tienen.

La combinación de temática realista y estilo lírico crea una atmósfera inolvidable, con muy pocos otros libros uno tiene la sensación que los protagonistas son de carne y hueso, Azarías, Paco el Bajo, el señorito Ivan, la Régula, son personajes que una vez que se conocen nunca se olvidan. Por si eso fuera poco, Los santos inocentes nos regala un final que es pura justicia poética.

Lo digo siempre, si lo hubiera escrito un escritor americano o inglés aparecería en todas las listas de mejores novelas del siglo XX.

10. Pedro Páramo de Juan Rulfo

Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo, es tan breve que se puede leer dos veces a lo largo de una noche, pero tan largo que no se acaba nunca.

Esa noche no pude dormir hasta que leí Pedro Páramo por segunda vez

Gabriel García Márquez

Pedro Páramo es un relato onírico en el que la vida se confunde con la muerte, el pasado con el presente y la realidad con la ficción. Ubicado en el territorio mítico de Cómala, el gran mérito de la novela es haber servido de piedra fundacional del realismo mágico, quizás por ello el Instituto Nobel la incluyó entre las cien obras que forman el patrimonio literario universal.

Bonus track: ya que al hablar sobre Pedro Páramo ha salido a relucir el nombre de Gabriel García Márquez no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar una de sus mejores novelas, Crónica de una muerte anunciada, un novela muy breve y la lectura más adecuada para un aspirante a escritor que quiera aprender sobre el uso del flashback.

Bonus track 2: Hay muchas buenas novelas breves, pero una que no puede faltar es Rebelión en la granja. George Orwell necesitó menos de cien páginas para trazar una despiadada crítica del comunismo, para lo cual se sirvió de dos encantadores cerditos que simbolizaban a Stalin y a Trotzsky.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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