¿Merece la pena leer tochos?

A finales del siglo XX Miguel Delibes declaró que en el futuro las novelas serían cada vez más cortas. La lógica de la declaración cae por su propio peso, a diferencia de la vida ociosa y relajada de las damas y caballeros de siglos anteriores, nuestra vida moderna es demasiado ajetreada, trabajo, amigos, familia, deporte, cine, conciertos… Falta tiempo y la literatura tiene que ponerse a dieta de páginas para poder hacerse un hueco en agendas tan apretadas como las nuestras.

Considerando que los hombres y mujeres de hoy en día cada vez disponemos de menos tiempo para sentarnos acompañados de un buen libro, o uno malo, conviene preguntarse si cuando lo hacemos merece la pena hacerlo con un mastodonte entre las manos. En busca del tiempo perdido y Los Buddenbrook son clásicos, Guerra y Paz o Vida y destino están entre las mejores novelas bélicas de todos los tiempos, pero ¿son con compatibles con la vida moderna? ¿Sean los que sean, compensan los tesoros ocultos en sus páginas por el esfuerzo que demanda su lectura?

La cuestión se las trae y ciertamente no estoy seguro de poder dar una respuesta satisfactoria, pues hay lectores y lectores, como hay libros y libros. A este respecto Milan Kundera decía que El hombre sin atributos -novelón en la frontera de las 2000 páginas- era una de sus dos o tres novelas preferidas, pero que no le pidieran admirar su desorbitado tamaño.

Hay límites antropológicos, proporciones humanas que no se deberían sobrepasar, es como un castillo que no se abarca con la mirada, es como un cuarteto de cuerda que dura nueve horas.

Milan Kundera, sobre El hombre sin atributos

Sin duda la lectura de El hombre sin atributos, como cualquier mastodonte, requiere tiempo y esfuerzo, más esfuerzo que tiempo, pues no es una novela precisamente fácil, pero comparado con el tiempo y esfuerzo que su escritura requirió a su autor es una gota de agua en el océano. El austríaco Robert Musil empezó a escribir su obra maestra a principios de 1920 y seguía escribiéndola cuando murió repentinamente en la primavera de 1942. En las notas que dejó no se vislumbraba el final, el libro bien podría extenderse hasta el infinito. Todas las grandes obras están parcialmente incompletas, dijo Milan Kundera en alguna otra parte, aunque creo que se refería más a la imposibilidad de alcanzar la totalidad, la perfección, que a un muerte prematura.

Retrato de Robert Musil, que dedicó gran parte de su vida a la escritura de El hombre sin atributos.

Bromas aparte, en los últimos 22 años de su vida Rober Musil hizo poco más que trabajar en El hombre sin atributos, primero viviendo de los adelantos del editor y cuando estos se acabaron, en parte porque empezaba a ver que el proyecto era un pozo sin fondo, en parte por el ascenso al poder de Hitler, el führer de las drogas, del mecenazgo de gente de posibles, amigos del arte que confiaban en la importancia de la obra. Uno siente la fuerza vital que contienen libros que han sufrido una creación tan azarosa, es como si el autor en lugar de tinta hubiera escrito cada palabra con su sangre y, después de leerlos, algo de esa pasión queda en nosotros para siempre.

Por supuesto, como el valor de un hombre no se puede medir en centímetros, el valor de la literatura no se puede medir en páginas, Desayuno con diamantes o El viejo y el mar no son sólo algunos de los mejores libros breves, sino de los mejores libros en general, pero algo especial pasa cuando leemos un libro muy, muy largo. Hay un antes y un después. Para bien o para mal, la mayoría de las veces para bien, no se es la misma persona después de navegar por las miles y miles de páginas que abarcan los Episodios nacionales de Galdós, uno ha vivido los momentos más convulsos de la azarosa historia de España. El libro alcanza regiones de nuestra mente generalmente vacías, de forma que se apodera profundamente de nuestra imaginación y acaba formando parte de nuestra vida. No es exactamente el mismo proceso que cuando entre las manos tenemos una trama apasionante, cuyo final queremos saber a toda costa.

Colección completa de los Episodios Nacionales de Galdos. ¿Una sola novela o muchas novelas juntas?

La obsesión que generan libros tan extensos como La montaña mágica de Thomas Mann se basa en algo más profundo. Las manías, problemas, preocupaciones y rarezas de los personajes empiezan a ser nuestras manías, problemas, preocupaciones y rarezas. Un día quedas con un amigo para tomar unas cañas y de repente te das cuenta de que hablas como Alexei de Los hermanos Karamazov de Dostoyevski con el que llevas semanas conviviendo, miras a tus amigos sonriendo al otro lado de la mesa e incluso te parecen menos reales que él y cuando regresas a casa sientes que conoces menos a tu mujer que a Ana Karenina de Tolstoi, con la que llevas acostándote desde hace un par de semanas, te paras a pensar y te das cuenta de que te has enamorado de ella. Esto rara vez pasa con libros en el orden de las 200, 300 o 400 páginas, sólo los libros realmente largos diluyen la frontera entre ficción y realidad.

Esta sensación vivir en las páginas del libro no sólo ocurre con novelas. Cualquier libro realmente largo produce el mismo efecto de inmersión. Tírate de cabeza en las miles de páginas de la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano de Edward Gibbon y acabarás oyendo rugir a los gladiadores en el Coliseo y a Marco Aurelio hablando en el senado. Intenta llegar al final de las 4000 páginas de Mi lucha de Karl Ove Knausgaard y cuando llegues al final sentirás que el escritor noruego se ha convertido en tu mejor amigo o quizás en tu peor enemigo, todo es posible. Lee El Capital de Marx y nunca volverás a ir al trabajo sin pensar que hay una parte de tu esfuerzo que no está remunerada, la plusvalía. Lee todas las novelas ubicadas en Yoknapatawpha de William Faulkner, que en realidad no es más que una gran novela, y sabrás de que hablo. Recientemente, acabé Franco, una biografía personal y política de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, no un volumen especialmente largo, sólo unas 600 páginas y durante días, cada vez que quedaba con alguien, acababa discutiendo sobre Franco. Es inevitable, el libro te acompaña durante horas, su contenido te acaba influenciando.

Colección completa de la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, la obra total sobre la época.

Sin duda, parte del efecto se debe a que se trata de una experiencia excepcional. Los mastodontes asustan, no se digieren tan fácilmente como un thriller de 300 páginas, ningún libro puede mantener la tensión durante 3000 páginas; aquí no estamos hablando de correr los mil quinientos, estamos hablando de correr una maratón, a lo largo del camino hay momentos difíciles, las fuerzas fallan, se quiere abandonar, en ocasiones la lectura es como una travesía en el desierto, especialmente si la historia no nos engancha del todo, por eso mismo parece imprescindible que haya que armarse de valor antes de sacar de la librería uno de esos gruesos volúmenes generalmente cubiertos de polvo. Enfrentarse a La Regenta de Clarín es algo que los lectores hacen de cuando en cuando.

En cierto sentido esto parece contradictorio, si nos gusta leer y leemos todos los días un poco, de camino al trabajo, antes de acostarnos -mi hora preferida es bien temprano por la mañana, nada más desayunar, antes de que el mundo despierte, rodeado por un silencio absoluto-, en cualquier caso, sea cual sea tu momento preferido para leer, si lo haces con regularidad ¿por qué es más difícil leer La broma infinita -1000 páginas- de David Foster Wallace que cuatro novelas de 250 seguidas? El lector es un cazador insaciable y, para el mismo tiempo y esfuerzo, prefiere cortar cuatro cabelleras que sólo una, pero la razón principal es que la distancia intimida porque requiere compromiso, el lector necesita resistencia y fuerza de voluntad para llegar hasta el final de Fortunata y Jacinta de Galdós, a nadie le gusta quedarse por el camino y saltarse 400 páginas para saber cómo acaba no es elegante.

Estuche con la colección de En busca de el tiempo perdido, en realidad 7 libros.

En la dificultad está parte de la grandeza de leer un mastodonte, al llegar al final uno tiene la misma sensación de triunfo que cuando cruza la línea de meta de un maratón, de liberación porque nos encontramos al limite de nuestras, de felicidad porque hemos hecho algo grande y de tristeza porque abandonamos un mundo único y singular. Además del placer intrínseco a la lectura, tenemos el placer de haber derrotado a un gigante y nos sentimos con derecho a lanzar un grito de júbilo. Nos hemos convertido en lectores de raza.

Aunque deberían ser fácil de leer, pues son algunas de las mejores novelas de humor de todos los tiempos, cuando acabamos El Quijote o Las aventuras del buen soldado Svejk, la sensación de alivio es casi física, a pesar de las muchas carcajadas que nos regalan ambas joyas. Al llegar al final sabes que lo conseguiste. La felicidad no sólo surge de haber triunfado, sino de saber que serás siempre una de esas pocas personas que ha leído El Quijote y que parte del ingenio de Cervantes permanecerá siempre contigo.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

2 comentarios sobre “¿Merece la pena leer tochos?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: