Rivalidades literarias I

Sin duda, los escritores son un gremio civilizado, quizás uno de los más civilizados que existe, es muy difícil que una diferencia de opiniones sobre la sinécqdoce o el uso del acento diacritico derive en enemistades tan enconadas y duraderas como ocurre entre políticos o deportistas, donde las palabras suben fácilmente de tono y pueden dar lugar a auténticas guerras, como entre Joe Louis y Max Schmelling, la más grande todos los tiempos.

Sin embargo, de cuando en cuando, surge la inquina entre dos ilustres ciudadanos de la república de las letras, cualquier pequeño comentario puede desencadenarla y entonces, para deleite de todos los que amamos las letras, asistimos a la más brillante esgrima verbal posible, pues si bien más civilizados que otros, nuestros queridos maestros son consumados expertos en el uso de los recursos literarios, hasta el punto de convertir el insulto en arte.

Otro circunstancia apasionante de las rivalidades literarias es que nos revelan el lado más humano de los grandes, la facilidad con que en muchos casos sucumben al ego, la envidia, los celos, la maledicencia, pasiones humanas que conocen mejor que nadie pues son la materia prima con la que insuflan vida a sus personajes y a las que uno les creería inmunes. Las rivalidades literarias son prueba irrefutable de que al final todos, hasta los genios, estamos hechos de barro.

Me temo que esta introducción se esta haciendo un poco larga, lo cual espero que no sea sinónimo de pesada, en cualquier caso, sin más dilación, procedo a algunas de las rivalidades literarias más grandes de todos los tiempos.

Gabriel García Márquez Vs. Mario Vargas Llosa.

Bien, olvidad todo lo que he dicho en la introducción sobre la fina esgrima verbal y el dominio de los recursos literarios, porque Gabriel García Márques Vs. Marios Vargas Llosa fue un combate de dos pesos pesados de la literatura, ambos Premios Nobel, que llegó a las manos, aunque en el momento de los puñetazos ninguno lo era todavía.

12 de febrero de 1976, los dos escritores se encontraron en Ciudad de México en el estreno de una película. Gabo estaba feliz de ver a su amigo de muchos años y se levantó a saludarlo con los brazos abiertos, pero cual sería su sorpresa cuando, en lugar del esperado abrazo, recibió un directo a la mandíbula de don Mario que, según testigos presenciales, le gritó: ¡Cómo te atreves a saludarme después de lo que hiciste con Patricia en Barcelona!

Don Mario enseña el puño sonriente. Gabo con cara de estupefacción y el ojo morado.

Los hechos merecen comentarse. Según la leyenda, meses antes de este azaroso encuentro don Mario había perdido la cabeza por una hermosa azafata sueca que había conocido durante un vuelo, así que, peruano de sangre caliente, dejó a su esposa en Barcelona y viajó a verla a Estocolmo. Patricia, su esposa de entonces, a la que esa repentina escapada le había puesto la mosca detrás de la oreja, fue a ver a Gabo, por entonces uno de los mejores amigos de su marido, quien le aconsejó que se divorciara y después, colombiano de sangre caliente, se ofreció a consolarla como se merecía. La leyenda no dice que si Patricia aceptó el consuelo de Gabo o no, lo que parece cierto es que cuando don Mario regresó al nido le habló de ello.

De ahí la famoso foto de Gabo con un ojo morado. Tomé la fotografía dos días después del incidente, cuando vino a mi casa, dijo el amigo y fotógrafo Rodrigo Moya, no fue fácil sacar una fotografía en la que saliera bien, tengo varias fotografías en las que parecía realmente golpeado, como golpeado por la policía mexicana.

Desde ese día los escritores no volvieron a hablarse, en realidad, no volvieron a hablarse entre ellos ni hablaron jamás públicamente del incidente. Hay quien dice que toda la pelea se debió a cuestiones políticas, derivadas del distanciamiento de don Mario de la causa comunista, pero esta versión nunca ha fascinado al público como la otra y es que donde está una pelea por amor que se quite cualquier otra.

Ernest Hemingway Vs. William Faulkner

En honor a la verdad, Hemingway y Faulkner siempre se respetaron personalmente y, aunque ambos pertenecían a la lost generation, sus diferencias eran más artísticas que personales. Nada que no se hubiese podido solucionar con un par de tragos, pues ambos se cuentan entre los grandes bebedores de la literatura, pero competían por ser el número uno de las letras americanas y uno no suele ir de copas con sus rivales.

Hemingway y Faulkner se criticaron en privado y se hicieron saber sus diferencias por medios de terceros, nunca en público, pero en 1947 durante una visita a la Universidad de Mississippi, alguien pidió a Faulkner que se clasificara a sí mismo en relación a sus contemporáneos, su respuesta publicada en Western Review fue la siguiente: 1. Thomas Wolfe: Tiene mucho coraje y escribe como si no le quedara mucho tiempo de vida. 2.William Faulkner. 3. Dos Passos. 4. Ernest Hemingway: No tiene coraje. Nunca ha usado una palabra que haya hecho a alguien ir a buscar un diccionario. 5. John Steinbeck.

Ser listado como el cuarto mejor escritor de su generación constituye un elogio en sí mismo, pero cuando Hemingway supo del comentario que acompañaba su posición respondió: Pobre Faulkner, se cree que las grandes emociones surgen de las grandes palabras. Se cree que no conozco las grandes palabras. Las conozco muy bien. Pero hay palabras más antiguas, simples y mejores y esas son las que uso. ¿Has leído su último libro? No es más que prosa etílica, pero una vez fue bueno. Antes del alcohol, o cuando sabía cómo mantenerlo a raya.

Hemingway fue un gran aficionado al boxeo, aquí haciendo sombra consigo mismo frente al espejo. Mejor no hacerlo enfadar, salvo que tengas la derecha de Vargas Llosa.

A diferencia de Faulkner que permaneció fiel a su mujer durante toda su vida, Hemingway era un hombre enamoradizo que se casó repetidas veces y de quien Francis Scott Fitzgerald dijo que necesitaba enamorarse para escribir un libro. Al final de su vida, víctima de la depresión, se voló la tapa de los sesos de un tiro, circunstancia que su viejo rival aprovechó para comentar que su suicido era consecuencia de sus muchos matrimonios, lamentablemente Hemingway ya no estaba vivo para contestar. De lo contrario habrían saltado chispas, pues nunca rehuyó una buena pelea y quien quiera saber qué tipo era Faulkner sólo tiene que echar un vistazo a su biografía.

Marcel Proust vs. Jean Lorrain

Probablemente una de las pocas veces en la historia de la literatura en que la reseña de un libro acabó en un duelo a pistola. En 1896 Lorrain reseñó el libro Los placeres y los días, en ella insinuó que a juzgar por su estilo Proust debía ser homosexual.

Proust es uno de esos chicos guapos que se quedan preñados de literatura

Jean Lorrain

No quedó ahí la cosa, sino que posteriormente Jean Lorrain insinuó que Proust estaba teniendo una aventura con Lucien Daudet, hijo de Alphonse Daudet. Eso era más de lo que Proust podía tolerar y envió a sus padrinos a visitar a su calumniador, con unas palabras escritas de su puño y letra, en las que venía a decir que si había alguien homosexual a juzgar por su estilo ese era Jean Lorrain.

Marcel Proust y Jean Lorrain.

Los dos hombres se encontraron pocos días después en un parque de París, dos disparos destruyeron la paz de la mañana, afortunadamente ninguno dio en el blanco, probablemente ambos dispararon a fallar a propósito, y el honor y la virilidad de ambos quedó restaurada. Lo más cómico de esta historia es que tanto Marcel Proust como Jean Lorrarin eran homosexuales.

Truman Capote Vs. Gore Vidal.

Una rivalidad nacida de la envidia. Vidal se enfadó cuando en la revista Life apareció una foto bajo el título, Jóvenes escritores estadounidenses, un grupo de recién llegados a la escena literaria está listo para abordar cualquier tema. Por supuesto, Gore Vidal estaba incluido, en una pequeña foto, mientras que la de Capote ocupaba tres cuartos de la página.

En público siempre se mostraron educados entre ellos, pero por la espalda se despedazaban. La mentira es el arte de Truman Capote, pequeño, pero paradójicamente auténtico, dijo Gore Vidal. Uno puede observar el proceso. Mencionar un nombre famoso. El feto de cara redonda registra una especie de tic, como si pulsara un interruptor. «Eleanor Roosevelt. Oh, la conozco íntimamente».

Eso del feto de cara redonda tuvo que hacer daño y Truman Capote no perdió ocasión para hacer un comentario aquí, una burla allá y una mala crítica al día siguiente.

Conocí a Truman Capote en el apartamento de Anaïs Nin, mi primera impresión fue que era una colorido sofá, cuando me senté sobre él, chilló. Era Truman.

Gore Vidal

En una ocasión, según la biografía de Frank Kaplan, Gore Vidal llamó a Tennessee Williams y, haciéndose pasar por Capote, le sonsacó algunos comentarios negativos sobre sus propios libros. Luego, cuando se volvió a encontrar con Williams, hizo alusión a esos comentarios para hacerle creer que Capote lo había traicionado aireando la conversación.

Gore Vidal y Truman Capote, sonrientes antes de que los celos hicieran mella en su amistad

Cierto, eso es pasarse de la raya. ¿Puede, en realidad, venir tan mala uva de los celos originados por una foto, de la cual ni siquiera Capote era responsable?

Según muchos contemporáneos de los escritores, el odio de Vidal por Capote -ambos hijos de madres alcohólicas- era simple y pura envidia de su capacidad literaria. Vidal nunca escribió nada ni remotamente parecido a Desayuno con diamantes o A sangre fría. La sombra de Capote era demasiado alargada para Vidal, unos celos que se exacerbaban porque además, en las reuniones sociales que frecuentaban, Capote era también el otro homosexual en haber salido del armario.

Siempre siento lástima por Gore, mucha lástima de que respire cada día.

Truman Capote

Realmente odiaba a Capote, de la forma que se odia a un animal, a un animal asqueroso que ha entrado en casa.

Gore Vidal, tras la muerte de Capote

A.S. Byatt Vs. Margaret Drabble

Las rivalidades literarias no son sólo una cosa de hombres, las hay entre hombres y mujeres como la que sostuvo Richard Ford con Alice Hoffman, que daría para una buena entrada, pero voy a centrarme en una entre dos mujeres.

Byatt Vs. Drabble no sólo es única en esta lista por tratarse de mujeres, además eran familia, hermanas. No un caso singular, los hermanos Thomas y Heinrich Mann también tuvieron su enfrentamiento particular, pero como me ocupé de ello en la biografía del primero, prefiero centrarme ahora en estas dos hermanas literarias.

Su enemistad empezó mucho antes que sus carreras literarias. Fueron niñas muy competitivas, una rivalidad instigada por su madre que favorecía a Drabble. De acuerdo con el periódico The Telegraph, su relación se deterioró totalmente cuando Drabble decidió hacerse novelista. Sue siempre quiso escribir, pero yo no, dijo Drabble. Simplemente me puse a escribir una novela cuando me quedé embarazada y no tenía nada que hacer. Y aún así su primera novela se público antes que la de su hermana mayor.

Foto de Margaret Drabble sentada en su escritorio

Pero la gota que derramó el vaso fue El juego de Byatt.

Quizás no supo lo que estaba haciendo hasta que la escribió, dijo Drabble, así son los escritores, pero es un libro malintencionado sobre una rivalidad entre hermanas y me lo envió con una nota firmada que decía “Con amor, Creo que te debo una disculpa…” Ahora no tiene solución. Es triste, pero insoluble, ya no pienso mucho sobre ello.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

6 comentarios sobre “Rivalidades literarias I

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