William Faulkner, el escritor del Sur

William Faulkner ganó el Premio Nobel de 1949 por su descripción del Sur posterior a la derrota de la Guerra Civil estadounidense. Sus novelas desafiaron todas las convenciones literarias existentes, creó el ficticio condado de Yoknapatawpha y gracias a títulos como El ruido y la furia, ¡Absalon, Absalón! o Mientras agonizo tiene un lugar en el Panteón de los grandes.

Juventud y familia

William Cuthbert Falkner (la forma real de su último apellido) nació en el pequeño pueblo de New Albany, Mississippi, el 25 de septiembre de 1897. Sus padres, Murry Falkner y Maud Butler, lo bautizaron en honor a su bisabuelo paterno. El Viejo coronel, como casi todo el mundo lo llamaba, fue el fundador de la dinastía familiar, su legendaria sombra se extendió sobre sus descendientes, los mitos y leyendas sobre su vida cautivaron la imaginación del bisnieto, que lo convertiría en una figura literaria inolvidable, el coronel Sartoris.

Un breve vistazo a la vida de su bisabuelo basta para comprender que se convirtiera en héroe de juventud del autor, en 1839 escapó de casa después de abrir la cabeza de su hermano con un hacha y recibir una soberana paliza de su padre por ello. Se dirigió a Mississippi, a casa de su tío, que a la sazón estaba en prisión, acusado de asesinato; finalmente fue absuelto y siguiendo su consejo inició la carrera de leyes, aunque a lo largo de su vida la única ley que respeto el Viejo coronel fue la de la fuerza.

Por aquellos años el Sur florecía y con ello su importancia en Washington. Las plantaciones prosperaban y dieron lugar a una aristocracia basada en la esclavitud. Los terratenientes estaban convencidos de obrar de acuerdo con la ley de Dios en su trato con los negros y reaccionaron violentamente cuando el norte exigió la abolición de la esclavitud. Estalló la guerra y al coronel Falkner le faltó tiempo para ir a luchar contra el Norte, donde destacó por su valor, heroísmo y crueldad.

El Sur aún se está recuperando de la derrota en la Guerra Civil, el estado natal de Faulkner tiene hoy en día la renta media per capita más baja de los Estados Unidos. Pero si las consecuencias económicas fueron inmensas para el Sur, las sociales no le fueron a la zaga, el odio contra el Norte se apoderó de todos sus habitantes y las banderas confederadas todavía ondean en las fachadas de muchas casas. El Go home, Yankee nació en el Sur.

Tanto como las de sus antepasados masculinos, las historias de las mujeres de la familia también causaron impresión en el joven William Faulkner, la languidez, melancolía y romanticismo de las mujeres de los hacendados están muy presentes en sus novelas, tanto como el sentido trágico de la vida de las negras. La abuela de Faulkner, Lelia Butler, y su madre Maud, eran lectoras voraces, pintoras de mérito y fotógrafas y de ellas heredó la vena artística.

Entre las mujeres de la familia, por supuesto, también hay que contar a su niñera, Caroline Barr, una mujer de raza negra. Ella lo crió desde la cuna hasta el día en que abandonó el nido y fue tan importante en su desarrollo como la niñera de Jack London fue en el suyo. En su funeral, Faulkner dijo a los presentes que había sido un honor ser criado por ella, que le había enseñado a diferenciar entre el bien y el mal y que había sido fiel a su familia hasta el final. En sus últimos escritos, Faulkner señaló a Caroline Barr como el origen de su fascinación por los tabús sexuales y raciales.

Faulkner exploró con maestría inigualable las profundidades del alma humana y lo hizo por nosotros

Javier Marías

La violencia corría por la sangre de la saga Faulkner, como corre por la tinta de sus novelas. Al igual que el Viejo coronel, las vidas del abuelo y del padre de Faulkner también están llenas de violencia, peleas a puñetazo limpio y duelos a pistola. Pero como ocurre con el nieto del protagonista de Los Buddenbrook de Thomas Mann, una de las novelas preferidas del autor, el genio de sus antepasados con Faulkner se transformó en una fantasía desbordante y nada más, pero a esa fantasía debe su gloria el apellido.

Faulkner de adolescente.

Fue un niño especialmente soñador, incapaz de diferenciar entre su imaginación y la realidad, y esa virtud o defecto, juzgue cada cual, no lo abandonaría durante el resto de su vida. Se dice que los granjeros del sur son grandes contadores de historias, anécdotas y leyendas, William Faulkner se emborrachó con ellas como don Quijote se emborrachó con novelas de caballerías, los mitos y leyendas del Sur se convirtieron en su verdadera educación, a su lado palidecían las verdades de los libros de historia, religión, ciencias…

Faulkner nunca aprobó la High School. Después de abandonar sus estudios, trabajó a ratos como carpintero, a ratos como dependiente en el banco fundado por su abuelo, el primero del condado de Oxford. En sus ratos libres dibujaba, leía y escribía poesía.

Durante esos años de diletantismo juvenil conoció a Estelle Oldham, una mujer popular y vital de la que se enamoró locamente. Ambos salieron durante un tiempo, pero finalmente Estelle, presionada por sus padres, prefiero a un tal Cornell Franklin. Uno difícilmente puede culpar a su padres por preferir al abogado de una prestigiosa familia antes que a un joven sin oficio y beneficio, que se pasaba el día vagabundeando y al que se le veía con demasiada frecuencia por las destilerías clandestinas de whisky. No es difícil imaginar el impacto que el compromiso matrimonial entre Estelle y Cornell tuvo en una naturaleza soñadora como la suya, inmediatamente se mudó a New Haven, Connecticut, donde bajo la tutela intelectual de Phil Stone hizo sus primeros intentos literarios serios.

Faulkner con cazadora de cuero de aviador, listo para pelear en la I Guerra Mundial.

Los días de fama y gloria aún estaban muy lejos, en New Haven Faulkner vivió de su discreto salario en la fábrica de la prestigiosa Winchester Repeating Arms Company. Entonces estalló la I Guerra Mundial y Faulkner vio en ella la oportunidad de imitar las hazañas del Viejo coronel. Pero la US Air Force lo rechazó por bajito, circunstancia física que lo acomplejaría durante el resto de su vida. En cualquier caso Faulkner estaba dispuesto a luchar y en 1918 se alistó en la British Royal Flying Corps, para lo cual tuvo que mentir sobre varios hechos, entre otras cosas su lugar de nacimiento, y para dar más verosimilitud a la mentira de ser inglés cambió su apellido, de Falkner a Faulkner, para parecer más british, mutación que resultaría permanente.

Luz de agosto es una obra maestra

Mario Vargas Llosa

Pese a su ardiente deseo de luchar, Faulkner aterrizó en Francia cuando acabó la guerra, justo a tiempo para celebrar el alto el fuego. Las historias que corrían sobre las borracheras de whisky del Viejo coronel eran legendarias y las del propio Willian Faulkner no le irían a la zaga. Borracho como una cuba, se cayó por las calles de París y se fracturó una pierna. Hombre de imaginación portentosa, de vuelta en casa entretuvo a sus amigos y familiares contando asombrosas hazañas bélicas, para dar veracidad a sus batallitas vestía uniforme de teniente por las calles de Oxford e incluso mostraba la cicatriz de la pierna como una herida de guerra.

PRIMEROS ESCRITOS

En 1919 Faulkner, que no había acabado la high school, por una de esas rarezas inexplicables del Sur, se matriculó en la Universidad de Mississippi. Allí escribió para el periódico universitario Mississippian, donde aparecieron sus primeros poemas y cuentos. Sin embargo, Faulkner era absolutamente incapaz de cualquier instrucción metódica y sistemática y abandonó la universidad después de un año, sin haber aprendido nada, por supuesto.

En los años siguientes trabajó como mano de obra barata, en lo que iba saliendo, mayormente cuando necesitaba dinero para whisky: librero, cartero, scout. Vagabundeó de un rincón a otro de Estados Unidos, pasó dos años en Nueva York y escribió poesía que sus amigos ilustrados encontraban buenas, pero que todas las editoriales rechazaban. Finalmente, en 1924, por mediación de Phil Stone consiguió publicar una colección de sus mejores poemas, El fauno de mármol, con un editor de Nueva Orleans, en edición de mil ejemplares.

Faulkner se mudó a la ciudad, donde colaboró con una revista local The Double Dealer y frecuentó la bohemia. En una tertulia literaria conoció a Sherwood Anderson, un grueso escandinavo, que hoy en día pasa por ser el padre de la literatura americana moderna. Ese encuentro cambiaría su vida, o al menos la orientó hacia donde estaba destinada a ir, la prosa.

Bajo su influencia escribió en tiempo récord Soldiers’ Pay, una historia sobre el triste regreso a casa de un combatiente y la lenta muerte de una voluntario, con la I Guerra Mundial como telón de fondo. En sus páginas ya se adivina la singular voz de la Generación perdida, que había inaugurado poco antes Hemingway, con quien sostuvo una intensa rivalidad literaria, con su exitosa novela Fiesta. Soldiers’ Pay fue publicada en 1926 por Boni & Liveright, la novela distó mucho de ser un éxito pero los derechos de autor alcanzaron para un largo viaje a París, la capital cultural mundial a principios del siglo XX. Faulkner vivió durante meses en el Le Grand Hôtel des Principautés Unies y escribió sobre los Jardines de Luxemburgo que estaban a poca distancia, pero París no ejerció sobre él el mismo embrujo que ejercería sobre otros escritores americanos de su generación, como Francis S. Fitzgerald o Hemingway, con quien sostuvo una larga rivalidad literaria.

Aprendí a escribir leyendo a Faulkner

Gabriel García Márquez

Faulkner pertenecía al Sur y devuelta en Louisiana Sherwood Anderson lo convenció para escribir sobre él, sus gentes, su pasado, su orgullo y su dolor. Entusiasmado con la idea, empezó a poner blanco sobre negro la historia familiar, empezando por el Viejo coronel y muchos otros personajes reales con los que había crecido o conocido de oídas, todo ello entretejido con los mitos y leyendas de su tierra natal.

Con Sartoris dio por primera vez rienda suelta a su universo interior y rindió un hermoso homenaje a su bisabuelo y abuelo, a los que describe acaso con pinceladas demasiado románticas. Sin embargo su editor, después de leer el manuscrito, no mostró ningún interés por la novela y el frustrado genio siguió trabajando en otros proyectos. En 1929 Faulkner declaró algo estalló dentro de mí y escribí mis entrañas en «sound».

Resultado de ese esfuerzo creador, en 1929, publicó su aclamada The Sound and the Fury, cuyo título se debe a unos versos de su tocayo Shakespeare, ubicada por primera vez en el ficticio condado de Yoknapatawpha, transposición literaria del condado de Lafayette, en el que se encuentra Oxford y que sería el germen de otros territorios literarios como Macondo de Gabriel García Márquez o Región de Juan Benet o Comala de Juan Rulfo.

La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa

Machbeth, William Shakespeare

The Sound and the Fury se basa en el declive de los Compson, una de las grandes dinastías de Faulkner. El original y complejo estilo que Faulkner empleó, la estructura en cuatro partes con diferentes puntos de vista, los saltos en el tiempo -quería pintar las páginas de cada tiempo en distinto color para facilitar la lectura, pero la editorial se negó-, una primera parte casi incomprensible, narrada por un idiota, la particular puntuación, adaptada al libre flujo de consciencia, técnica inspirada por el monumental Ulises del irlandés James Joyce; amores incestuosos, suicidios, duelos, el material dejó perpleja a la crítica tanto como sigue dejando perplejos hoy en día a cuantos lectores se aventuran en sus páginas. The Sound and the Fury una de las cumbres de la literatura y el libro más influyente del siglo XX.

LA FAMA

Faulkner se hizo famoso por su fiel y preciso empleo del dialecto sureño. También abordó con valor problemas de naturaleza social que muchos otros escritores americanos prefirieron obviar, principalmente las cicatrices dejadas en la sociedad americana por la Guerra Civil, la esclavitud, el club de los good old boys y la aristocracia sureña. En 1930 publicó As I Lay Dying, una breve novela llena de humor negro y en 1931 Sanctuary, siguiendo el consejo de su padre, que le aseguraba que para ganar dinero con la literatura tenía que escribir un thriller, una historia basada en la violación y rapto de una joven en Ole Miss. Chocó y horrorizó a muchos lectores, pero tal y como había pronosticado su padre fue un éxito de ventas -un millón de ejemplares hasta hoy y sumando, dos adaptaciones cinematográficas-, tanto que años después, en 1950, publicaría una especie de secuela, Requiem for a Nun.

Sanctuary es la historia más terrible que se me ocurrió cuando necesitaba dinero

Willian Faulkner, una de sus frases más célebres.

En el plano personal, esta etapa de su carrera estuvo marcada por el éxtasis y la tristeza. En el tiempo entre las publicaciones de The Sound and the Fury y Sanctuary, Estelle Oldham, su primer amor, se divorció de Cornell Franklin. Donde hubo llamas, quedan rescoldos y a Faulkner le faltó tiempo para decirle que seguía enamorado de ella y seis meses después eran marido y mujer. Estelle quedó embarazada en junio de 1931 y dio a luz a una ñiña prematura a la que llamaron Alabama. Trágicamente la niña sólo vivió una semana. Faulkner dedicó a la memoria de Estelle and Alabama su colección de cuentos titulada These 13.

Faulkner y Estelle, el día de su boda.

En 1932 Faulkner publicó Light in August, cuyos protagonistas son los marginados del condado de Yoknapatawpha. Joe Christmas, hombre de incierto origen racial; Joanna Burden, una mujer que defiende el derecho a votar de los negros y es brutalmente asesinada; Lena Grove, una mujer en busca del padre de su hijo; el reverendo Gail Hightower, un hombre que ve visiones. La revista Time la considera una de las mejores novelas en inglés del siglo XX, junto con The Sound and the Fury.

Las novelas de Faulkner son la más formidable caja de Pandora del presente, en la que no falta ningún horror, desde la corrupción al incesto

Jean Paul Sartre

Hollywood

Después de haber publicado varias obras maestras, Faulkner seguía necesitado de dinero y no pudo resistirse a los cantos de sirena de Hollywood. Empezó con un contrato de seis semanas para la Metro-Goldwyn-Mayer, trabajó en el guión de Today We Live, protagonizada por Joan Crawford y Gary Cooper. En 1933 Estelle dio a luz a Jill, el único hijo de la pareja y Faulkner, desesperadamente necesitado de dinero, vendió los derechos de Sanctuary, que llegaría a las salas de cine americanas con el titulo de The Story of Temple Drake. Entre 1932 y 1945, Faulkner viviría a caballo entre Mississippi y Hollywood y malgastaría su talento en innumerables películas, en muchas ocasiones adaptando las malas novelas de otros. Con el paso de los años quedaría tan asqueado de Hollywood que cuando con el nobel en su CV le ofrecieron una indecente cantidad de dinero por adaptar algunos de sus cuentos, ignorando el consejo de Hemingway sobre Hollywood, take the money and run, respondió simplemente filming its not my business.

Durante este período siguió ampliando los límites del condado de Yoknapatawpha y sucesivamente publicó ¡Absalom, Absalom!, 1936, The Hamlet, 1940, primera entrega de la trilogía de los Snopes, una de las mejores trilogías literarias de todos los tiempos, donde nos encontramos con otra de las grandes dinastías faulknerianas, y Go Down, Moses, 1942. De entre estas merece especial atención la primera, en ¡Absalom, Absalom! Thomas Sutpen quiere entrar a formar parte de la aristocracia sureña y es destruido, junto con su descendencia, por su orgullo.

En ¡Absalom, Absalom! Faulkner indagó en las raíces del odio racial con más certeza que nadie antes y nadie después, al describir la reacción de un terrateniente blanco frente a su hermanastro (un bastardo de su padre), por el que corre sangre negra, su desesperado deseo de obtener una justificación por el orgullo y arrogancia de su raza; su incapacidad para sentir ningún sentimiento por el hermano, excepto odio, un odio salvaje y frío, imposible de ignorar que lo llevará al homicidio.

¡Absalom, Absalom! es tan buena como El ruido y la furia, no se me ocurre ningún elogio mejor

Jorge Luis Borges

El Premio Nobel

El universo literario de Faulkner obtuvo el reconocimiento que se merecía cuando recibió el Premio Nobel en 1949, por su significativa contribución a la novela estadounidense contemporánea. Faulkner había metido tanto el dedo en la llaga en las heridas de la sociedad estadounidense que, antes de concederle el Nobel, la Academia Sueca le hizo un documento en el que afirmaba que no era racista.

El whisky ocupa muchas páginas de sus libros, en ellos abundan los destiladores caseros y traficantes que burlaban la ley seca. Sin duda Faulkner sabía de lo que hablaba, está entre los grandes borrachos de la literatura. A veces corría tanto alcohol por sus venas que permanecía tirado inconsciente durante días y sólo volvía a la vida por medio de inyecciones.

Faulner recibiendo el Nobel, no se aprecian rasgos de resaca.

De hecho, su viaje a Estocolmo para recoger el Premio Nobel estuvo a punto de no ocurrir por culpa de la botella. Faulkner llevaba días borracho como una cuba y sus familiares le rogaban que dejara de beber antes de salir de viaje. En ese momento Faulkner echó un vistazo al calendario y anunció tranquilamente: Voy a beber todavía dos días más. A la hora convenida montó en el avión, dio en la Academia Sueca un bonito discurso, que curiosamente Philip Roth consideró indigno del hombre que había escrito páginas tan brillantes como las de Sanctuary y regresó al Sur, a donde pertenecía.

El Nobel trajo consigo más premios, entre ellos el dos Pulitzers, dos National Book Awards y la Legión de honor de Nueva Orleans.

Últimos días y legado

En junio de 1961, anticipando el final, Faulkner legó todos sus manuscritos y documentos personales a la William Faulkner Foundation de la Universidad de Virginia. Un año más tarde murió de un ataque al corazón, el 6 de julio de 1962, curiosamente la fecha de su muerte coincidió con la fecha de nacimiento de el Viejo coronel.

Desde entonces sus obras no han dejado de leerse y estudiarse. Probablemente es la figura literaria más influyente del siglo XX. Su estilo literario ha sido calificado por los críticos como laberíntico, selvático, gargantuesco y por muchos lectores como insufrible e ininteligible. Quizás nadie expresó mejor la contradicción entre belleza y dificultad que caracteriza su literatura que el crítico francés Marcel Brion, sin duda es bueno, pero para qué es bueno. Acaso la respuesta a esa pregunta es echar un vistazo al número y la calidad de escritores que sus libros han inspirado. Acaso Faulkner sea más un escritor para escritores que un escritor para lectores.

Un escritor que pertenece a los más grandes de nuestra literatura

Robert Penn Warren

La particularidad de Faulkner es que, a diferencia del resto de escritores de su generación, su literatura no nació del trauma generado por las dos guerras mundiales ni de los problemas políticos y morales derivados de ellas, sino de otra guerra bien distinta, ocurrida treinta años antes de su nacimiento, la Guerra Civil entre los estados del Norte y los estados confederados y esclavistas de el Sur, su hogar. Para Faulkner la Guerra Civil supuso la pérdida irreparable del sueño americano. Sus antepasados habían venido a América para escapar de la miseria e injusticia de Europa y habían trabajado con denuedo para construir un mundo mejor, pero con ellos habían traído el impulso al mal y la vergüenza y el triunfo de ese impulso es la maldición que según Faulkner hizo del Sur un lugar incluso peor que Europa.

Mapa del condado Yoknapatawpha

El mérito de Faulkner es haber contado la historia del Sur, una historia hecha de sagas familiares, esclavitud, decadencia, incestos, bastardos, violencia, rebeldía, alcohol y, sobre todo, el dolor y la humillación de una derrota jamás aceptada del todo e imposible de borrar. Faulkner heredó esa derrota y la transformó en literatura, entrelazando el pasado histórico con la propia historia de su familia, mostrando toda la belleza y oscuridad del Sur. Para contar esa historia Faulkner creó un territorio mítico, Yoknapatawpha, en el que habitan los protagonistas de sus novelas, conectados unos con otros, una técnica que aprendió de Honoré de Balzaz y que Mario Vargas Llosa a su vez aprendió de él. Faulkner incluso creó un mapa del condado de Yoknapatawpha, a cuyo pie se puede leer William Faulkner, único dueño y señor.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

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