Thomas Mann, el último clásico.

Amado, odiado y muy leído. Thomas Mann es uno de los escritores más importantes del siglo XX. Pese a su indiscutible talento literario, su figura es una de las más polémicas de la cultura alemana: demasiado intelectual para la derecha, demasiado patriota para la izquierda y demasiado burgués para un gremio, el de los artistas, con tendencia a la bohemia.

Incluso los galardonados con el Premio Nobel tienen que empezar de cero. Thomas Mann, Lübeck, 1875, tuvo que repetir curso tres veces durante sus años de escuela. Incluso en la asignatura de Alemán no pasó de suficiente. Sus malas calificaciones preocuparon sobre todo a su padre, un comerciante de Lübeck muy respetado, que en su testamento dispuso que tras su muerte su empresa fuera ser disuelta. No confiaba que sus dos hijos mayores, Heinrich y Thomas, fueran capaces de seguir sus pasos.

La madre de Thomas Mann tenía otra visión de la vida. Hija de un emigrado alemán, hasta los seis años se crió en una plantación brasileña de caña de azúcar. Otro clima, otro temperamento. Entusiasta pianista, desde el principio mostró comprensión por las ambiciones artísticas de sus hijos y las patrocinó.

Dos exiliados de nivel, Princeton, 1938.

Thomas Mann siempre fue consciente de moverse entre dos polos y el tema central de su literatura es las diversas y muy diferentes influencias que recibió de sus padres y donde más se aprecia es en su novela Tonio Kröger de 1903. En ella el joven Tonio se siente excluido de los anodinos placeres que procuran la vida rutinaria, del mundo de la gente práctica y sencilla. Tonio quiere ser escritor y sin embargo, al mismo tiempo, anhela las comodidades burguesas: Como artista uno ya experimenta suficiente aventurera en su interior, se dice en la novela. Pero también hay que vestir con elegancia, diablos, y comportarse como una persona de bien.

Thomas Mann estaba firmemente decidido a obtener una posición de respeto en la sociedad. Gracias a la herencia de su padre, que murió en 1891, pudo patrocinar tertulias artísticas y literarias en su casa, incluso cuando todavía no era más que un escritor en ciernes. Hasta 1901, con el éxito de su saga familiar Los Buddenbrook, para Faulkner su mejor novela, no consiguió vivir de la literatura.

En 1904 dio el paso que le faltaba para llevar una perfecta vida burguesa, a pesar de sus inclinaciones homosexuales pidió la mano de Katia Pringsheim, hija de una de las más familias más acaudaladas entre la intelectualidad muniquesa.

El matrimonio celebrado en 1905 marcó el inicio de una perfecta camaradería entre hombre y mujer que se extendió a lo largo de toda su vida. Katia luchó a su lado todas las batallas de la vida y se entregó a él tan sin condiciones que incluso su nombre desapareció del encabezamiento de sus cartas, en favor del formal Señora de Thomas Mann.

Thomas y Katia Mann.

Nunca pareció molestar a Katia que su marido siempre tuviera un ojo puesto en algún hombre joven, según Thomas Mann por puro placer estético, tema de su celebrada novela La muerte en Venecia. A juzgar por los recuerdos familiares de los seis hijos del matrimonio, la vida entre ellos debió ser tan feliz como se pueda concebir.

Poco antes de la Primera Guerra Mundial la vida sonreía a Thomas Mann. Las ventas de sus novelas le permitieron comprar una villa en Munich, en la calle Poschinger, a la que sus hijos se referían con cariño como Poschi. Pero a causa de la guerra se produjo una ruptura entre Thomas Mann y su hermano Heinrich, que también era un autor de éxito. Mientras Heinrich Mann se mostró públicamente en contra de la guerra, Thomas se posicionó con sus defensores –aquí puede consultar otras grandes rivalidades literarias-.

En 1918, con el conflicto ya terminado, expuso sus razones en su ensayo Consideraciones de un apolítico. La civilización occidental y sus valores de libertad, igualdad y democracia son incompatibles con la cultura alemana, espiritualidad, profundidad y tragedia.

Alemania debía seguir su propio camino, dentro de los márgenes de un estado conservador y autoritario, a medio camino entre las democracias de occidente y el socialismo que estaba surgiendo en Rusia.

Thomas y Heinrich Mann, reconciliados después de la guerra.

En 1922, con su discurso La república alemana, Thomas Mann revisó sus puntos de vista políticos y se convirtió en un defensor de la democracia de Weimer. Si lo hizo de corazón o por interés, sigue hoy en día abierto a interpretación. Lo único seguro es que las Consideraciones de un apolítico no encontraron el eco que esperaba entre el nacionalismo conservador, pero irritó en cambio a muchos liberales.

Sin embargo, en 1929, pese al descrédito que sufría en su propio país, recibió el Premio Nobel de Literatura, según el discurso oficial de la academia sueca por los méritos de Los Buddenbrook, sin referirse a su novela de 1924 La montaña mágica, para el artista un dolor de cabeza.

En la ceremonia de entrega del Nobel en Estocolmo un periodista recomendó a Thomas Mann que dejase una parte del dinero del premio en el extranjero. Sólo cuatro años después vería cómo los nazis le privaban de su fama y reputación, luego de la mayor parte de su patrimonio y finalmente de la nacionalidad alemana.

En la primavera de 1933, después de que Hitler llegara al poder, después de un viaje de trabajo por Europa occidental, Thomas Mann decidió no volver a Alemania. Después de varios rodeos se asentó en Suiza con su familia. En el exilio se sintió desarraigado y sufrió constantemente de depresión.

El mejor antídoto contra ella lo encontró en la escritura de su diario, cada mañana, a las nueve en punto, se ponía a escribir durante tres horas. Luego iba a dar un paseo, la comida del mediodía y más tarde se documentaba para el proyecto que tenía entre manos. Después del té y la siesta se ocupaba de la correspondencia y después de la merienda leía a su mujer e hijos lo que había escrito horas antes. Los logros literarios de Thomas Mann se deben sobre todo a su disciplina de hierro, no a la repentina inspiración de un genio.

Foto de la familia Mann durante su exilio americano.

En 1938 Thomas y Katia finalmente se decidieron mudarse a los Estados Unidos. Nada más poner pie a tierra le salió otra vez el espíritu luchador. A la pregunta de un reportero de si sentía el exilio como una carga, respondió con una de las frases más célebres de Thomas Mann: ¡Alemania está donde yo estoy! Llevo mi cultura conmigo y no me considero un hombre caído.

Desde 1940 instó a los alemanas a resistir en mensuales discursos radiofónicos. La BBC británica se encargó de difundir los mensajes en la patria del escritor por medio de una frecuencia de onda larga capaz de burlar la censura nazi.

Por esa época empezó la escritura de su novela Doctor Fausto, versión literaria del Fausto de Goethe. El libro apareció finalmente en 1947 y se basa en el pacto entre el compositor Adrian Leverkühn con el diablo y constituye una furiosa ajuste de cuentas con todas los fundamentos de la cultura alemana que permitieron el ascenso del nazismo.

Sin embargo ese radical trabajo de autoexploración no es del agrado de los alemanes, que optaron por el olvido como camino para curar las heridas de la guerra. Después del fin de la Segunda Guerra Mundial sus compatriotas negaron al exiliado Mann el derecho de emitir juicios de opinión sobre la vida bajo el nazismo. Los alemanes le guardarían rencor mucho tiempo por quitar importancia al bombardeo de sus ciudades con la frase todo será pagado.

En consecuencia Thomas Mann no regresó nunca a vivir a ninguna ciudad alemana, pero sí a Europa. Previamente, durante los años de la caza de brujas, el propio escritor, burgués de los pies a la cabeza donde los haya, tuvo que responder ante el Comité para actividades antiamericanas por supuesta simpatía por el Partido Comunista. Poco después se estableció en Suiza.

El 12 de agosto de 1955 Thomas Mann murió a los 80 años en Zurich por una hemorragia interna. Pocos años antes había publicado Confesiones del estafador Félix Krull, joya de la literatura picaresca alemana, en la que empezó a trabajar en 1905 y que forma por derecho propio parte de nuestra lista de las 10 mejores novelas de humor.

¿Qué queda de un autor al que amigos, colegas y enemigos, a veces con cariño, a veces con desprecio, llamaron maestro de las letras? Hoy en día sus libros son clásicos, el placer que procura su lectura reside en su sabor añejo, su estilo literario ya era poco pasado de moda para su época y enlaza con los clásicos de siglos anteriores. En el violento y caótico siglo XX Thomas Mann asumió el tono de las epopeyas de otra época.

No se discute su oposición al nazismo. Para Thomas Mann esa posición fue siempre una consecuencia de su forma de entender la cultura alemana. Elevó la raya del pantalón a principio artístico, dijo Alfred Döblin de él con algo de sorna. Este sencillo comentario resalta su carácter burgués, que en última instancia fue lo que lo convirtió en enemigo acérrimo de los nazis, a quienes veía como bárbaros.

Thomas Mann es alemán como si lo fuera en África, así los expresó el escritor húngaro Sándor Márai. El quiere mantener con vida el alemán que lleva dentro y al mismo tiempo matarlo. Seguramente no sea el alemán ideal, pero sin duda es el más sincero.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

8 comentarios sobre “Thomas Mann, el último clásico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: