Jesús de Nazaret, a la luz de los evangelios

No sería exagerado decir que Jesús de Nazaret fue la figura más importante de la historia universal, si se considera que desde su muerte en la cruz su persona se ha convertido en el pilar de la religión más difundida sobre la tierra y su doctrina, más que ninguna otra, ha influenciado las costumbres, leyes y normas morales de numerosas civilizaciones a lo largo de los siglos. Sin embargo, a pesar de su universalidad, es muy poco lo que se sabe de él y lo que se sabe no siempre corresponde con la realidad histórica.

La vida de Jesús y su ministerio se narra en los Evangelios, palabra que proviene del vocablo griego evaggelion, que significa «buenas noticias», concretamente la buena noticia que representó su vida. Los Evangelios forman parte del Nuevo Testamento y se dividen entre los Evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, escritos aproximadamente cincuenta años después de su muerte, y Juan, escrito con posterioridad. Estos cuatro textos forman los Evangelios canónicos, a diferencia de los Evangelios apócrifos, un conjunto de aproximadamente setenta obras cuya escritura la Iglesia no considera de inspiración divina.

Sus páginas recogen las historias que circulaban sobre la vida y obra de Jesús, a veces de boca de quienes lo conocieron personalmente y otras veces en adulteradas versiones de segunda mano. Este desfase temporal y las mutaciones que inevitablemente sufrían las historias en la tradición oral explican las diferencias existentes entre unos y otros.

Sin embargo, las mayores desviaciones de la realidad se deben a los intereses políticos y religiosos de sus autores. Por ejemplo, Marcos y Juan registraron su nacimiento en el pueblo de Nazaret, perteneciente a la provincia de Galilea, una localización que parece confirmada por el resto de referencias bíblicas a su origen, sin embargo Mateo y Lucas lo situaron en Belén. La causa de esta discrepancia hay que buscarla en el deseo de estos últimos de confirmar el estatus de Jesús como mesías, que de acuerdo con la predicción del profeta Miqueas vendría del sur, concretamente de Belén, en la provincia de Judea.

La figura de Jesús ha impregnado la cultura occidental hasta nuestros días, escena de La vida de Brian, película de Jesús de Nazaret, en la que se representa El sermón de la montaña.

Otro ejemplo del intento de moldear la biografía de Jesús de acuerdo con intereses políticos lo encontramos en Lucas, cuando afirma que Jesús «pertenece al linaje y la casa de David», quien había reinado 1000 años antes de su nacimiento, aunque no existe ninguna evidencia histórica de tal parentesco. La genealogía de Lucas no se contenta con rastrear los ancestros de Jesús hasta el rey David, en un intento por legitimar su condición de rey de los judíos, sino que se propone relacionarlo con Adán, el primer hombre.

En cualquier caso, toda esta ingeniería genealógica se vuelve irrelevante cuando posteriormente Lucas cuestiona la paternidad de José, con el propósito de ajustarse a la creciente convicción entre los primeros cristianos de que María, la madre de Jesús, había quedado embarazada siendo virgen, como había pronosticado siete siglos antes el profeta Isaías.

Posteriormente, los teólogos de la Iglesia demostrarían tanto desprecio como Lucas por el rigor histórico y llegarían a afirmar que María permaneció virgen a lo largo de toda su vida, obviando completamente las referencias bíblicas a los hermanos y hermanas de Jesús, que sin duda fueron concebidos sin mediación divina.

Papiro Bodmer, copia casi integra del evangelio de Juan descubierto en Egipto en 1952.

A diferencia de las versiones armonizadas de los Evangelios que se cuentan en las celebraciones navideñas, la realidad es que no sólo discrepan en relación al lugar, sino también en relación a la fecha de nacimiento de Jesús. Julio el Africano, uno de los primeros eruditos de la Antigüedad en convertirse al cristianismo, intentó elaborar una cronología coherente de la vida de Jesucristo. Según sus cálculos, su nacimiento ocurrió en el año 5500 después de la creación del mundo.

Posteriormente, en el siglo sexto, Dionisio el Exiguo se basó en su cronología para fijar el annus Domini, con el que puso punto y final a la Era Diocleciana. La realidad es que los cálculos de Julio el Africano situaban la muerte de Herodes el Grande (73-4 a.C.) tres años más tarde de su fecha real y como tanto Lucas como Mateo sitúan el nacimiento de Jesús en el último año del reinado del Herodes, lo más probable es que su nacimiento ocurriera tres años antes de la fecha generalmente aceptada.

Año arriba, año abajo, lo que es indudable es que Jesús vino al mundo en un contexto políticamente convulso. Herodes fue investido rey en el año 37 a.C. por el Senado romano para que defendiese en calidad de vasallo los intereses del Imperio en la región.

Según las crónicas de la época fue un rey despótico y megalómano que realizó grandes proyectos arquitectónicos, entre los que se encuentran la reconstrucción del Templo o la fortaleza de Masada, y sometió a sus súbditos a fuertes cargas fiscales para llevarlos a cabo. En cualquier caso, la razón por la que tanto fariseos como saduceos, las dos facciones judías más importantes, se opusieron a Herodes parece estar más relacionada con su política exterior que interior, especialmente por su sometimiento a los intereses de Roma.

Portada de la revista Descubrir la historia en la que este artículo apareció por primera vez.

Aunque los Evangelios prácticamente no dicen nada de la infancia y juventud de Jesús, sabemos que su padre José era carpintero y que su familia se trasladó de Nazaret a Belén, probablemente atraídos por el crecimiento que el sector de la construcción experimentó durante el reinado de Herodes. Estos hechos nos permiten deducir que la infancia de Jesús se desarrolló en un entorno social humilde y que fue educado como judío en las tradiciones de su pueblo.

Aunque la lengua materna de Jesús era el arameo, en Mateo se narra una conversación en griego con una mujer cananita que le rogó que curara a su hija aquejada de problemas mentales. El hecho de que Jesús pudiera expresarse en griego sugiere que, a pesar de su humilde extracción social, poseía cierto grado de educación. En la sociedad de su época, la sinagoga era el único lugar en el que el hijo de un carpintero podía adquirir una educación.

La sinagoga, palabra que en hebreo significa «casa de reunión», era una institución singular dentro de la Antigüedad. Además de ofrecer a los ciudadanos un lugar donde poder rezar y leer las escrituras, como indica su etimología también ofrecía un foro donde tratar los problemas comunales y asumía la responsabilidad de educar a los más jóvenes.

En este último punto reside su particularidad, pues a diferencia de la mayoría de las instituciones culturales del mundo helénico, no se limitaba a educar a los hijos de las élites, sino que su entrada estaba abierta a todos por igual, y su actividad se centraba en el estudio de las leyes y la moral judía.

En el arte moderno, no sólo la película de los Monty Phyton abordó la figura de Jesús de Nazaret, también José Saramago en su libro El evangelio según Jesuscristo, los colegas de La piedra de Sísifo lo analizan en su blog.

A pesar de la importancia que las sinagogas tenían en el día a día, la institución más importante de la sociedad judía de la época era el Templo de Jerusalén, reconstruido y ampliado por Herodes, del que aún se conserva en pie el Muro de las Lamentaciones.

La importancia del Templo trascendía su actividad religiosa y las decisiones del sumo sacerdote tenían una gran influencia en la vida política y social de la ciudad y por extensión de toda Judea. Históricamente los cargos más relevantes del Templo eran asumidos por miembros de la facción de los saduceos, pero su sumisión primero a los griegos y luego a los romanos, les granjeó la antipatía de un gran sector de la población.

Los fariseos explotaron este descontento en su favor y aprovecharon el apoyo de las masas para solicitar una renovación de las estructuras de gobierno y el fin de la identificación entre realeza y sacerdocio. Estas demandas produjeron una escalada de las tensiones ya existentes en la sociedad judía. El mismo año del nacimiento de Jesús se produjo un levantamiento popular liderado por el fariseo Saddoq que fue reprimido violentamente por el jefe militar romano Varo.

Jesús no dejó ningún documento escrito, a excepción de unos garabatos escritos en el barro el día que salvó a una mujer de ser condenada por adulterio, probablemente debido a su creencia en el inminente fin del mundo. Sin embargo, a lo largo de su ministerio demostró una gran preocupación por el papel del Templo en la vida de los judíos, especialmente por los abusos que los sacerdotes hacían desde sus cargos.

Como otros líderes judíos de la época, el desarrollo intelectual de Jesús estuvo marcado por las tensiones existentes entre las diferentes facciones por el control del Templo y el sometimiento de su pueblo a una potencia extranjera, pero en su caso el deseo de intervenir en las cuestiones de interés público adquirió un sesgo más espiritual que político.

Jesús estaba firmemente convencido de su misión como emisario de Dios. De acuerdo con Lucas, el ministerio de Jesús empezó con su bautismo en el río Jordán por Juan Bautista, de quien dice que era su primo. Cuando empezó su campaña pública, según algunas fuentes incitado por el ejemplo de su primo, contaba treinta años de edad. De acuerdo con esta información, la muerte de Jesús ocurrió en algún momento entre los años 29 y 32, dependiendo de cuántos años se prolongó su ministerio y asumiendo que su nacimiento tuvo lugar en el 4 a.C.

Sábana Santa de Turín, considerada la imagen real de Jesús, he de decir que tengo fotos peores, especialmente de sábado noche.

Los Evangelios también discrepan en este punto. Juan dice que se extendió durante tres años, a diferencia de los Evangelios sinópticos que dicen que se limitó a un año. Las diferencias también se refieren a su lugar de actividad. Según los Evangelios sinópticos su ministerio tuvo lugar mayormente en Galilea, con algunas incursiones en el territorio de los samaritanos y un viaje final hacia la ciudad de Jerusalén. Contrariamente, Juan asegura que su actividad se concentró en Judea, principalmente en el área urbana y los barrios alrededor del Templo.

Junto con las cartas de Pablo, no ha habido a lo largo de la historia ningún texto tan estudiado como los Evangelios, con el propósito de averiguar qué dijo Jesús exactamente y en qué consistían sus enseñanzas. Los predicadores ambulantes no eran ninguna rareza en la Antigüedad, pero ¿qué había de especial en la persona de Jesús que lo destinase a dejar una huella tan indeleble en la historia?

Aquellos que busquen algo novedoso u original en su mensaje probablemente se sentirán decepcionados. El núcleo de sus enseñanzas se basaba en lo que se conoce como la regla de oro de la Filosofía Antigua, una verdad tan universal que se ha convertido en el pilar moral de todas las escuelas filosóficas: «no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti».

Junto con la sensación de que Jesús tenía la prerrogativa de hablar con más autoridad que el resto de los profetas de la Antigüedad, el único con el derecho a referirse a Dios como «padre», los Evangelios transmiten una imagen de Jesús que en muchos casos revela más humanidad que divinidad. Jesús era irónico y mordaz, le gustaba hacer reír a su público y, acaso por envidia o rivalidad, disfrutaba ridiculizando al resto de predicadores y sus enseñanzas.

En muchos casos su figura se asemeja a la del rebelde, debido a su tendencia a desafiar las leyes y costumbres judías, como cuando aconsejó a uno de sus discípulos: «Deja que los muertos entierren a los muertos», una directriz que la Iglesia católica jamás se ha molestado en seguir.

Si hay algo de verdad en las historias que atribuyen a Jesús la capacidad de multiplicar los panes y los peces, obrar curaciones milagrosas o resucitar a los muertos, no es de extrañar el éxito que disfrutó dentro del gremio de los predicadores ambulantes. No obstante, milagros aparte, Jesús era un maestro en el arte de captar la atención del público.

Para asegurarse de que su mensaje llegaba tanto a la cabeza como al corazón de sus oyentes se sirvió de una novedosa herramienta retórica: la parábola. En la tradición judía no existen testimonios del uso de las parábolas antes de Jesús, pero abundan entre los maestros y rabinos después de su muerte y en ellas reside la clave de su éxito como predicador.

Las parábolas de Jesús eran historias cortas, emocionantes e instructivas. En su mayor parte se basaban en mitos y leyendas que formaban parte del imaginario colectivo de la Antigüedad y que se transmitían oralmente de una generación a otra. Jesús era un maestro del arte de adaptar estas leyendas populares a sus intereses particulares, de esta manera hacía su mensaje mucho más accesible para el público al que iba dirigido.

Esta tendencia a la alteración haría carrera en la futura Iglesia católica que a lo largo de los siglos no tendría reparos en alterar el mensaje original de Jesús en beneficio de sus propios intereses políticos. En ningún lugar es más evidente este rasgo que en el discurso de Jesús conocido como el Sermón de la Montaña, y que según Lucas ocurrió en una llanura.

El Sermón de la Montaña constituye una declaración de amor a los oprimidos, explotados y desheredados de la tierra y a lo largo de los siglos ha servido para recordar el verdadero sentido de su doctrina a los príncipes de la Iglesia que con demasiada frecuencia olvidaban sus obligaciones espirituales en favor de intereses más terrenales.

El mensaje principal de las parábolas es la inminente transformación del mundo por la llegada del reino de Dios. Jesús reunió a su alrededor doce apóstoles con el propósito de transmitirlo a todos los rincones del mundo. El número no es accidental, doce eran el número de tribus dispersadas por Israel, y su elección simbolizaba que las fracturas del pasado serían subsanadas con la llegada del reino de Dios.

La figura de los discípulos disfruta de gran importancia en los Evangelios, gracias a su testimonio sabemos que Jesús habló del pan como de su cuerpo y del vino como de su sangre. La Iglesia convertiría esta metáfora en el centro de su adoración a Dios: la eucharistia, palabra que todavía se utiliza en griego para decir «gracias».

A pesar de los milagros obrados en su camino a Jerusalén, la parte más importante del ministerio de Jesús ocurrió después de su llegada a la gran ciudad de Judea. Su gran preocupación era el Templo y el trato con la clase sacerdotal sacó a relucir su lado más contestatario. En cualquier caso, las disputas fueron de carácter más político que teológico. Su denuncia de la corrupción y del abuso que el sumo sacerdote hacía de sus prerrogativas provocó una gran revuelo en la ciudad.

Cristo de Rávena.

Las autoridades del Templo, asustadas tanto por la dimensión que la figura de Jesús estaba adquiriendo como líder político como por la posibilidad de que la indignación popular derivase en una revolución social, solicitaron a las autoridades romanas que procedieran a su arresto por agitador. Posteriormente Jesús fue juzgado y ejecutado junto a dos delincuentes comunes en una colina fuera de la ciudad, con la terrible costumbre romana de la crucifixión.

La Pasión, palabra derivada del verbo latino patior que significa «sufrir», constituye el punto culminante de los Evangelios. La última cena con sus discípulos, la traición de Judas, su aprehensión por las autoridades romanas, la humillación, tortura y muerte en la cruz y su posterior resurrección fueron los episodios fundamentales de la vida de Jesús.

Sin embargo, una vez más, la narración de la Pasión se ajustó más a los intereses políticos de quienes la escribieron que a la realidad de los hechos. No hay que olvidar que los Evangelios se escribieron aproximadamente cincuenta años después de su muerte, cuando la supervivencia de las primeras comunidades cristianas dependía del beneplácito del Imperio Romano. En ningún pasaje se observa tan claramente el deseo de agradar a la autoridad como en la benévola descripción que se hace de Poncio Pilatos durante el interrogatorio que realiza al condenado Jesús.

En su deseo de exculpar a los romanos de la muerte de Jesús, Mateo culpa de su muerte directamente al pueblo judío que después de conocer su muerte en la cruz recorre las calles de Jerusalén gritando una de las frases más grandilocuentes de todo el Nuevo Testamento: «su sangre pesará sobre nuestras conciencias y la de nuestros hijos».

Aunque no cabe duda de que hubiera sido mejor que la culpa hubiera recaído en los verdaderos responsables, la Iglesia cristiana elevó la versión de Mateo a la categoría de doctrina oficial e indirectamente ha sido responsable de la larga historia de animadversión, persecuciones e injusticias que los judíos han sufrido a lo largo de la historia.

Jesús pertenecía al mundo judío y si su historia hubiera acabado con su larga agonía en la cruz, su figura habría quedado encerrada dentro de las fronteras culturales y religiosas de ese mundo. Pero la vida de Jesús no acabó en la cruz, empezó en ella. Jesús resucitó al tercer día y la historia de su resurrección no solo es la «buena noticia» a la que los Evangelios deben su nombre, sino también un símbolo, el de la victoria de la vida sobre la muerte, sobre el que los primeros cristianos edificaron su Iglesia.

Trailer de La Pasión, película de Mel Gibson.

Los Evangelios terminan con la ascensión de Jesús al cielo, pero curiosamente en ningún lugar se describe la resurrección de Jesús, a pesar de que es el momento culminante de su historia. En este sentido, como apunta el historiador Diarmaid MacCulloch, los Evangelios son libros que contienen una página en blanco e irónicamente esa página en blanco es el clímax de su narración.

La resurrección de Jesús constituye la afirmación más polémica de la religión cristiana y se basa en el hecho de que su tumba se encontró vacía. Se pueden dar muchas explicaciones a por qué su tumba estaba vacía y que los primeros cristianos eligieran la más inverosímil de todas se basa en el hecho de que varios testigos que lo habían conocido en vida declararon haberse encontrado con Jesús después de muerto.

El más famoso de estos encuentros sobrenaturales se narra en Lucas, cuando dos de sus apóstoles se encontraron con un extranjero en la carretera de Jerusalén a Emaus. Los tres hombres realizaron juntos el resto del camino y durante la cena que compartieron en Emaus los dos apóstoles descubrieron la verdadera identidad del extranjero.

Interpretación de la cena de Emaus por el maestro Caravaggio.

La resurrección de Jesús no se puede verificar ni inferir a partir de los documentos históricos disponibles, de la misma manera que no se puede verificar ni inferir que no haya ocurrido. El único argumento en contrario es que contradice todas las leyes naturales conocidas, pero su resurrección es un acontecimiento que sobrepasa los límites del estudio histórico para entrar en los delicados dominios de la fe religiosa.

Lo que sí se puede confirmar es que Jesús vivió y que su mensaje de amor al prójimo supuso una novedad en el mercado espiritual de la época que le granjeó el favor de los más necesitados y el odio de los más poderosos y que las particulares circunstancias de su muerte empujaron a otros a escribir sobre su persona en los términos más extraordinarios y que sobre esas escrituras se fundó un culto que durante dos milenios ha inspirado las acciones más heroicas y terribles por igual y que probablemente seguirá haciéndolo en el futuro.

Este artículo apareció originalmente en la revista Descubrir la historia.

Publicado por Miguel A. Álvarez

Miguel A. Álvarez, escritor, traductor y redactor. Su primera novela, Vida de perros, ganó el I premio Corcel Negro de Literatura. Su cuento Verano del 88 ha sido distinguido con la mención de honor en el 66º Premio Internacional a la Palabra 2019. Su cuento Balbodán ha sido finalista del XIX Concurso Cuento sobre Ruedas 2019. Escribe en las revistas Quimera y Descubrir la Historia y colabora con los magazines Letralia, Revista de Historia y Maldita Cultura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: